Edad Antigua de Japón

15, diciembre, 2006 at 12:03 pm (Japón)

Período Asuka
Hasta el fin del siglo VI, el poder real se encontraba consolidado. Los palacios se trasladaban cada vez que un nuevo rey ocupaba el trono. A través de las reformas inspiradas en China, se desarrolló un sistema burocrático vinculado con el sistema de los clanes.
Los clanes grandes y la familia real construían los templos budistas. Los edificios y las esculturas religiosas son una muestra de las bellas artes de la primera civilización refinada en Japón.
En la península coreana, Japón (Wa) y un país coreano (Baekje) se aliaron y lucharon contra China Tang y otro país coreano (Silla). La armada japonesa fue derrotada por Tang en la batalla de Hasusuki no E de 663. Japón perdió la influencia en Corea después de la guerra. Los exiliados que huyeron del ruinoso territorio de Baekje inmigraron a Japón.
Wa cambió su nombre a Nippon (Japón) en este período y ha llamado a su monarcas emperadores desde entonces.


Período Nara
Después de la caída del Imperio Han, el archipiélago japonés emprendió un camino propio, aunque bajo la influencia de los monjes budistas provenientes de China. Hacia el siglo VI d.C. comenzó la institución del Mikado, llamada también el Trono del Crisantemo, el largo linaje de emperadores japoneses que han gobernado por lo menos unos quince siglos, y es la dinastía más antigua del planeta actualmente en el trono. El año 710, el Mikado abandonó su existencia seminómada a lo largo de todo el sur del Japón (la región conocida como Yamato), para instalarse como gobierno sedentario en Nara, donde permanecería durante casi un siglo. El plano y distribución de la ciudad se trazaron siguiendo el modelo de las ciudades chinas.
En el período de Nara, el código (Ritsuryo) regulaba las instituciones políticas y varios aspectos de economía y sociedad. El estado hacía los registros civiles. Los funcionarios oficiales manejaban la administración de documentos dentro de las oficinas centrales y locales según el código. Los clanes poderosos y la familia real monopolizaban las cúpulas de la jerarquía. El clan más importante era el clan Fujiwara.
Frecuentemente se enviaban barcos con diplomáticos y estudiantes a Tang para aprender de las instituciones, las religiones y la cultura de China. Los habitantes de Hokkaido y el norte de Honshu se llamaron Emishi. Entre Japón y las tribus de Emishi se repetían las guerras.


Período Heian
La capital fue trasladada en 794 a la nueva ciudad de la Capital Heian (Heian-kyo), la actual Kioto. Japón intensificó la invasión al territorio de Emishi en el fin del siglo VIII y en el comienzo del siglo IX, pero abandonó la conquista en el camino frente de la resistencia. Las tribus independientes de Emishi fueron asimiladas gradualmente, hasta el fin del período Heian por los conflictos entre influenciales locales.
Durante todo el período de Nara, y la primera parte del período de Heian, la influencia china sobre la cultura japonesa fue muy marcada. Posteriormente, hacia los siglos IX y X, los japoneses desarrollaron una cultura con caracteres propios, llegando a la cúspide de su civilización.

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Prehistoria de Japón

11, diciembre, 2006 at 11:03 am (Japón)

Período Jomon
Podemos conocer concretamente las vidas de los habitantes del archipiélago desde el período Jomon, que se inició hace aproximadamente 12.000 años. La cultura del pueblo Jomon fue similar en el ámbito de todas las islas, desde Hokkaido hasta Okinawa. Subsistían mediante la caza, la pesca, recolectando frutos o granos y gracias a una agricultura primitiva de cereales. Una de las particularidades de esta cultura fueron las vasijas Jomon, que reciben este nombre por los dibujos de cuerda en su superficie.


Período Yayoi
El archipiélago japonés ha tenido las influencias de culturas externas como la del norte de Siberia, la del sur de Taiwán, Filipinas o de distantes islas del Océano Pacífico y, las más importantes, del oeste, desde la península coreana hasta China. El período Yayoi se inició con la importación de la técnica de cultivo y regadío de arrozales, proveniente de Corea o de China. Se supone que el comienzo de este período fue durante el siglo III adC.
El nuevo estilo de vida se extendió rápidamente en Kyushu, Shikoku, y Honshu. Historiadores de la antigua China la llamaron el área Wa. Ellos anotaron que los reinos de los pequenos países de Wa eran tributarios del Imperio Han en el siglo I y del siguiente imperio, en el siglo III. Yamatai-koku (koku = país) del siglo III fue una confederación de muchos pequeños países, pero su ámbito está bajo debate entre historiadores.
Pero los habitantes de Hokkaido y del norte de Honshu no adoptaron el sistema de arrozales de agua por su hábitat frío. El pueblo se llama emishi, ezo, o ainu. El período Zokujomon (jomon continuado) siguió hasta el siglo VII en Hokkaido.
Los habitantes de Okinawa fueron influenciados de la cultura Yayoi. Pero ellos no adoptaron el arrozal de agua y dependían de los productos del mar. El período Kaizuka se prolongó hasta el siglo XII en Okinawa.


Período Kofun
Se llama Kofun a las tumbas antiguas de los jefes locales en Kyushu, Shikoku y Honshu. En el período Kofun, desde el siglo III hasta el siglo VII, Kofun demostró el surgimiento del poder político local. Las diversas y similares formas de Kofun son consideradas como el signo de emergencia del estado Yamato, el estado unido de Japón. Pero hay divergencias de opiniones respecto a si este período fue signo de la independencia local.
Los historiadores chinos registraron que una serie de reyes de Wa, conquistadores de muchos países, quisieron la aprobación de la hegemonía sobre Corea en el siglo V. Nihonshoki, la historia escrita en el siglo VIII, anota detalles del período. Sin embargo, los estudiosos no coinciden sobre la confiabilidad de Shoki.
En el siglo V o VI, el Budismo y el Confucianismo llegan desde China y Corea. El gobierno de Yamato recibió y protegió el budismo como nueva religión.
Los habitantes de Okinawa y Hokkaido no fueron influenciados por la cultura Kofun.

Extraído de Wikipedia.

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Las aventuras de Ibn Fadlan

11, diciembre, 2006 at 10:51 am (Vikingos)

Ahmed Ibn Fadlan fue un cronista persa enviado por el Califa de Bagdad con una embajada al Rey del Búlgaros, en el año 921, en una región del Volga. Allí escribió todo aquello que vio y escuchó a lo largo del viaje, cosa que ha sido de gran ayuda para los historiadores actuales, aunque siempre teniendo en cuenta los posibles prejuicios propios de un Ibn Fadlan habituado a unas costumbres palaciegas de una de las sociedades más refinadas de la época.
Para aquéllos a quienes les suene el nombre o algo de lo que relata el persa, hay una explicación: es la otra fuente de información que utilizó Michael Crichton a la hora de escribir “Los Devoradores de Cadáveres”, la novela en la que se basó la película protagonizada por Antonio Banderas y Vladimir Kulic “El Guerrero número 13”.
Gran parte de su crónica está dedicada a los vikingos, que se encontraban allí para comerciar, a los que llama Rus; tal es el nombre que los nórdicos recibieron en Oriente y que daría lugar al nombre de Rusia, reino que ellos fundaron con base en la ciudad de Kiev.
Ibn Fadlan se asombra por la perfección física de aquello hombres altos, fuertes, de piel muy blanca y rubios o pelirrojos, que vestían unos atuendos para él desconocidos. No menos estupefacto quedó con las armas que aquellos hombres portaban (hachas arrojadizas o espadas rectas y acanaladas) o los tatuajes que cubrían sus brazos de color verde oscuro. En aquel viaje, posiblemente de manera extraordinaria, les acompañaban sus esposas, que llevaban prendida en su túnica una cajita metálica, cuyo valor indicaba la riqueza de su esposo, además de unos caros collares de oro y plata. Se extraña así mismo el cronista del precio exagerado que llegan a pagar estos mercaderes por las cuentas de vidrio con que también se adornan sus mujeres.
Pero no todas las observaciones resultan positivas o tan siquiera indiferentes. Al parecer, la higiene no ocupaba un valor muy importante entre aquella gente. “Son las criaturas más asquerosas que Dios ha creado”, escribe el persa. El caso es que los vikingos no se lavaban después de mantener relaciones sexuales ni después de comer, y eso resultaba inexcusable para un musulmán; por las mañanas si que se lavaban, pero he aquí un nuevo motivo de queja, ya que todos lo hacen en la misma palangana, cuando las normas islámicas decían que el agua con que alguien se lava (purifica) no debe tocar a nadie más.
Si alguno de ellos caía enfermo se apartaba del grupo a una tienda de campaña, alimentándose sólo de pan y agua, sin que los demás fuesen tan siquiera a visitarlo; si se recuperaba, volvía con los demás; si moría, lo incineraban. En caso de que fuese un esclavo, tenía más posibilidades de que fuese comido por los perros o por los buitres.
El rey de los Rus tenía en su palacio 400 hombres: los mejores guerreros y los que merecían su confianza, capaces de morir por él. Cada uno de ellos tenía dos esclavas, una que le servía la comida y otra con la que dormía. Aquí otra de las costumbres inexcusables: a veces el rey no dudaba en desfogarse con alguna de sus cuarenta esclavas sin bajarse siquiera del trono, y sin importar quien estuviese mirando. “Son como asnos salvajes”, es la conclusión del persa.
Cuando los Rus desembarcaban, lo primero que hacían era clavar una especie de poste con una cara labrada, ante la que se postraban invocando a alguno de sus dioses, al que piden que llegue algún mercader con muchos dinares y con ganas de comprarle las mercancías que ellos han traído desde tan lejos. Dejan una ofrenda a su dios, cosa que volverán a repetir otros días en caso de que las transacciones comerciales no salgan como desea. En cambio, si todo a salido a pedir de boca, les ofrecen un sacrificio en toda regla, dejando parte de la carne ante los ídolos y clavando la cabeza de los animales en estacas.
Especial relevancia en la crónica de Ibn Fadlan tiene la ceremonia de cremación de un personaje importante, debido a la minuciosidad con que la describe. No hay ningún otro escrito que pormenorice tanto un ritual funerario vikingo.
Primero hacen un entierro preliminar del cadáver y lo mantienen así durante diez días; mientras tanto, los familiares del difunto preguntan a sus esclavas quien quiere acompañar a su amo al más allá. La esclava que se presenta voluntaria recibe un tratamiento especial que la mantiene en un permanente estado de felicidad; se pone todo tipo de adornos, bebe, canta y se entrega a los hombres, mientras las demás preparan la ropa que el muerto llevará más tarde. Estas ropas son muy importantes en el ritual; para hacerlas se han apartado un tercio de los bienes dejados por el difunto; otra parte es para la familia y la restante para comprar la hidromiel que se consumirá durante las ceremonias de esos días, que llegan a adquirir carácter orgiástico.
Los amigos del muerto llevan su barco a tierra, varándolo sobre unos soportes de madera, y acampan a su alrededor. Entonces entra en escena una anciana de aspecto más bien siniestro a quien llaman el ángel de la muerte, que viste al muerto, tras ser sacado de la tumba, con la lujosa ropa nueva. Los amigos lo suben al barco y lo acuestan dentro de una tienda de campaña, sobre mantas y cojines. A su lado van depositando comida y bebida, además de sus armas. Fuera del barco, descuartizan su perro y sus dos caballos, así como dos bueyes, un gallo y una gallina, echando los pedazos sobre la cubierta del barco. Mientras tanto, la esclava recorre sucesivamente las tiendas de los amigos del muerto y mantiene relaciones sexuales con ellos, cosa que es considerada como un homenaje especial que estos hacen al difunto. Ella protagoniza después un pequeño ritual en que es alzada sobre un armazón de madera y, mirando a lo lejos, dice ver a sus padres, a su parientes muertos y por fin a su señor que la llama. La suben al barco y le dan varias veces de beber hidromiel, cuyos efectos le hacen cantar y despedirse de sus seres queridos. La anciana la mete en la tienda y los hombres que permanecen cerca del barco golpean sus escudos con las lanzas, provocando un ruido ensordecedor. Seis de ellos entran también en la tienda y mantienen con la esclava una nueva sesión de sexo antes de que cumpla con su misión; finalmente la vieja le clava un cuchillo mientras dos de los hombres la estrangulan con un cordón. Después, el pariente más próximo del difunto, desnudo y caminando de espaldas, tira una antorcha a la leña amontonada bajo el barco; los demás amplían la hoguera con su propias antorchas. Aproximadamente una hora después, cuando todo ha quedado reducido a cenizas, erigen sobre ellas un montículo y sobre él un poste donde graban con runas el nombre del muerto y el de su rey. El funeral termina con la borrachera general de todos los asistentes, sin ningún tipo de muestras de dolor.
Ante la extrañeza del persa por el hecho en sí de la cremación, a parte del resto de parafernalia, un vikingo le increpa con la costumbre de los musulmanes de poner a los muertos bajo tierra, donde los gusanos los devorarán.

Información extraída de El Drakkar.

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Beowulf y Grendel

10, diciembre, 2006 at 10:26 pm (Cine y TV)

Bien, esta vez traigo la revisión de una película que aquí no se ha estrenado en el cine, sino directamente en Dvd (aunque en mi caso la ví antes de su salida en España, en versión original).
Esta película, con Gerard Butler (uno de esos actores que tanto me gustan) haciendo de Beowulf, Stellan Skaargard (el de hace de Goya en la película de Milos Forman) haciendo el rey Hrothgar, y Sarah Polley como la bruja del lugar cuyo nombre no recuerdo como actores más conocidos; el resto del casting es prácticamente desconocido, de origen nórdico en su mayoría (incluyendo la colaboración de los chicos de Ulfhednir, un grupo de recreación vikinga de Dinamarca).
Es una película muy bien hecha, que sigue la historia del enfrentamiento de Beowulf con Grendel de un modo realista y siguiendo bastante el poema épico del que hablaba en mi anterior post. Grendel es de una “raza” que podría identificarse con los neandertales: un tipo grande, de aspecto primitivo y una cultura poco desarrollada en comparación con la de los vikingos. Lo humanizan muchísimo, e incluso Beowulf termina por sentir cierta simpatía por él. También se nos muestra la llegada del cristianismo a las tierras del norte.
Los actores están todos realmente bien en sus papeles, la historia está muy bien desarrollada y gustará a todos los que deseen ver cómo era la vida de estas gentes, ya que en ese aspecto está muy cuidada.
Por cierto, los que hayáis visto “El Guerrero número 13” veréis un gran parecido en ciertas partes, ya que el “Beowulf” fue una de las inspiraciones de Michael Crichton cuando escribió “Los Devoradores de Cadáveres” (título original de la novela en la que se basó la película).

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Beowulf, poema épico sajón

8, diciembre, 2006 at 9:42 pm (Vikingos)

El Beowulf, poema épico sajón, cuenta las aventuras del héroe del mismo nombre contra criaturas sobrenaturales, aunque también se hacen acotaciones de otros sucesos históricos.
Aunque la historia puede datar del siglo V o VI y haber pasado oralmente a Inglaterra con la invasión sajona, el único manuscrito existente data del año 1000; es muy posible que existieran otros con anterioridad, pero este ha sobrevivido primero a la destrucción de los monasterios por parte de Enrique VIII y después al incendio que sufrió la biblioteca de Sir Robert Bruce. Actualmente se encuentra en el Museo Británico.
El Beowulf se desarrolla a lo largo de 3.182 versos sobre todo en la región danesa de Zelandia, aunque también se citan pequeños reinos y tribus de otras áreas de Dinamarca, Suecia, Alemania, Polonia y los Países Bajos. En los tiempos en que se sitúa la acción del Beowulf, los reyes de la isla de Zelandia vivían en la zona de Lejre, donde se han encontrado restos arqueológicos del siglo VI que bien podrían ser el gran salón del rey Hrothgar.
Bien es cierto que no hay ninguna evidencia histórica de la existencia del personaje Beowulf, pero el poeta dejó claro que conocía bien la historia de su pueblo y del contexto en que se movía. Algunos de los personajes que cita a lo largo de su poema también son citados en otros textos contemporáneos, como es el caso del rey anglo Offa, que aparece en el “Widsith”, o Hengest, que lo hace en el “Finnesburh” y que pudiera ser el mismo que acompañó a Horsa en el siglo V tras ser invitado por el rey Vortigern (antecesor de Uther Pendragon y el rey Arturo) para combatir a los pictos que cada verano bajaban a saquear sus tierras desde el norte escocés.
El poema nos muestra un mundo donde la violencia es norma común. Pero no sólo contra otras tribus o pueblos, sino también con monstruos sobrenaturales que una noche determinada salen de una laguna, atacan y devoran, sin que apenas se pueda hacer nada contra ellos. Claro que para eso estaban los héroes, siempre dispuestos a jugársela por aquello de que su estatus exigía el cumplimiento del deber. Y Beowulf está en la tradición de los héroes solares que luchan contra el poder de las tinieblas.
Al principio del poema se hace un recuento de los ancestros del rey danés Hrothgar, comenzando por su bisabuelo Shild. El rey, ya viejo, ha sido un gran guerreo y tiene una gran fortuna, por lo que manda construir una lujosa mansión, a la que llama Heorot. Cuando está terminada, ofrece un banquete suntuoso, al que invita a los grandes señores de la región. Cuando la fiesta acaba, todos se retiran excepto el cuerpo de guardia del rey, que va a tener allí su alojamiento. A la mañana siguiente, encuentran el salón manchado de sangre y ningún rastro de los hombres; sólo unas pisadas que se dirigen hacia una cercana laguna. Nada más oírlo, Hrothgar supo que se trataba de Grendel, un monstruo que fue expulsado hace tiempo por un mago; por algún terrible motivo ha regresado y continúa sus fechorías. Como él se siente ya muy viejo, promete una generosa recompensa para quien se ofrezca a librar a la región de aquel monstruo. Diez de sus hombres pernoctan en el salón y corren la misma suerte que sus compañeros. Un trovador huido al reino de los geates o jutos (que podríamos considerar pre-vikingos daneses), relata los hechos en la corte del rey Hygelic, que está acompañado por su sobrino Beowulf. Este, inmediatamente decide partir al reino de Hrothgar, acompañado de 14 de sus hombres.
Beowulf pasa la noche en el salón y no sólo consigue arrancarle un brazo a Grendel sino que al día siguiente, después de que la madre del monstruo haya atacado ella misma, la busca en su guarida, bajo las aguas de la laguna, y la mata.
Tras introducirse en el “mundo subterráneo” y terminar con la fuente del mal, Beowulf regresa a su tierra. En la última parte del poema, ya es casi un viejo, ocupa el trono y debe enfrentarse nuevamente a otro monstruo. Esta vez se trata de un dragón al que, tras una ardua lucha, consigue vencer. “Esa fue la última victoria de Beowulf y su última obra en este mundo”, dice el poema.
Así es, pues el héroe ha sido herido y el veneno corre por sus venas. Tras pronunciar sus últimas palabras, es incinerado en una enorme pira funeraria; sus cenizas se depositarán en un montículo erigido en su honor sobre una colina, que hasta sirve como baliza para los marineros. Sus hombres le ofrendan el tesoro, “tan inútil a los hombres como lo había sido antes”, que guardaba el dragón en su guarida.
El poema está pasado por el tamiz de la cristiandad, ya que fue transcrito por monjes en algún monasterio inglés. Así, a Grendel y su madre (a ella nunca se le da nombre) se les hace pasar por descendientes de Caín, que, tras matar a Abel fue desterrado por Dios, dando origen a todo tipo de monstruos. Difícilmente los sajones podían dar aquella ascendencia a los seres sobrenaturales que aparecen en sus leyendas.

Extraído de El Drakkar

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007 Casino Royale

4, diciembre, 2006 at 4:49 pm (Cine y TV)

Tuve que convencer a mi novio (que era de los que renegaban de Daniel Craig) para ir a ver al cine “007 Casino Royale”, y he de decir que tras la ardua tarea tuve una grata sorpresa, ya que la película en sí resultó ser muchísimo mejor incluso de lo que yo me esperaba (ya no digo nada sobre lo que se esperaba él).
En sí nos cuenta la primera misión de 007 tras conseguir la Licencia para Matar y el numerito “oo”. Nos encontramos con un Bond “sin domesticar”, que aún está cogiendo los gustos y manías que tan famoso lo han hecho; y es un tipo más macarra y bruto de lo que nos solíamos encontrar. Lo cuál está muy bien, porque así ves cómo es su evolución, como pasa de “macarrilla con pistola” a “tipo con estilo”. Además, con esta película se recobra el humor tan británico que tenían las primeras películas con Sean Connery (aunque aún hay que refinar un poco tanto al personaje como al propio Daniel Craig, eso sí, apunta grandes maneras).
No contaré nada, pero hay varias frases que continuarán con nosotros una buena temporada.
En general, aunque el director no es ninguna maravilla, el guión y los actores lo suplen con creces. Hay grandes actuaciones (a pesar de que Craig es un poco “cara-palo”, pero supongo que es lo que buscanban también), diálogos memorables, y aunque no tenemos un gran malo, ¡para qué nos vamos a engañar!, la historia está bien.
Estoy segura de que Pierce Brosnan hubiese matado porque en alguna de sus cuatro películas como Bond le diesen un guión que se pareciese a éste (a ver, me gustaba Pierce Brosnan, aunque para mí siempre será Remington Steele, pero sus pelis como James Bond son tirando a malillas). Y seguro que Daniel Craig debe de estar riéndose en las narices de todos los que renegaban/renegábamos de él, porque entre las críticas que está recibiendo y la cantidad de gente que va a ver Casino Royale, apuesto a que seguirá unos años más vistiendo el smoking de Bond (por cierto, ¡pedazo brazos que se gasta este hombre!¡Quién lo hubiera dicho!).

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