El Águila Sangrienta, por el Clan del Cuervo (grupo de recreación histórica)

12, diciembre, 2009 at 2:39 am (Vikingos)

Es muy conocida la supuesta costumbre vikinga de realizar un tipo de ejecución denominada “el águila sangrienta”, que supuestamente consistiría en practicar una incisión en  la parte posterior de la caja torácica de la víctima para más tarde extraer los pulmones, de forma que éstos se asemejasen a unas alas. Las fuentes primarias utilizadas para justificar la existencia de este tipo de tortura son la Saga de las Islas Orcadas (Orkneyinga Saga), la Norna-Gests Tháttr y la Crónica Anglosajona.

En realidad, el mito sobre el “águila sangrienta” tiene su origen en un skald o poema que narraba la ejecución del rey Aella de York en el año 867. En él se dice que, tras su muerte, fue dejado “como pasto para las águilas”. Esta expresión es frecuente en la poesía nórdica.  De hecho, un kenning muy habitual para referirse al guerrero es “el que alimenta a los cuervos”.

La poesía escáldica hace uso continuo del heiti (“significado”), una especie de símil o metonimia, así como del kenning o metáforas más o menos estandarizadas. Así, por ejemplo, haciendo uso de un heiti se dice “el tilo” en lugar de “el escudo”, pues éste se fabricaba con ese tipo de madera. Y utilizando un kenning se dice “el corcel de las olas” para referirse a un barco. Los kenningar pueden encadenarse, formando complejas sucesiones de metáforas. Esto, unido a las continuas alusiones mitológicas o a costumbres de esa sociedad, en ocasiones oscuras para nosotros, junto con el uso de aliteraciones y metafonías, hace que muchas veces su interpretación sea difícil.

Entre los antiguos indoeuropeos, celtas y germanos en particular, estaba muy extendida la costumbre de dejar los cadáveres de los muertos en batalla a las aves carroñeras, pues creían que de esta forma su alma iba al Más Allá. Sitio Itálico en su poema “Púnica” cita esta costumbre entre los celtíberos y Eliano en los vacceos. Según la mitología celta irlandesa, la diosa Morrigan adoptaba forma de corneja para llevar el alma de los caídos al Más Allá. Esta deidad adoptaba en ocasiones forma de tríada, siendo una de ellas Bobd (corneja). Entre los celtas hispanos, Morrigan es conocida como Nabia y en la mitología nórdica germánica, son las valkirias quienes realizan esta función, llevándose a los caídos al Valhöll o Valhalla.

En realidad, el mito del “águila sangrienta” es una malinterpretación de ese kennning realizado por historiadores posteriores, ya de época cristiana, lo que acabó creando una “bola de nieve” que ha llegado a nuestros días. Así, en la Saga de las Islas Orcadas ocurre algo similar. Einarr aplica este supuesto ritual al cadáver de Hálfdan el Zanquilargo. Cuando se entera de las amenazas de los hermanos del difunto, recita un skald cuyas últimas estrofas son: “Pero no va a saber / hasta que no me maten / quiénes serán presa / de las garras de las águilas”. De nuevo un escritor tardío “interpreta”  un poema escrito siglos antes. Otro ejemplo es que en la Crónica Anglosajona se dice simplemente que en la batalla de Thetford “los daneses ganaron la batalla y mataron al rey San Edmund”. Sin embargo, cronistas muy posteriores afirman que el santo de marras fue capturado vivo y sufrió martirio por los paganos, quienes lo mataron recurriendo al “águila sangrienta”.

Malinterpretaciones similares son la supuesta costumbre de usar como copa los cráneos de los enemigos muertos, basándose en un poema que habla de beber en el “recipiente que surge del cráneo”, lo cual es un kenning que hace referencia a los cuernos de ganado vacuno.

Lo cierto es que los escandinavos de la Era Vikinga demostraron una gran facilidad para matar, pero no torturaban. Realizar este acto supondría una ofensa al mannhelgi (donde mann es “hombre” y helgi es “sagrado”, similar al inglés holy). Y aquel que atenta contra el helgi es considerado un nithingr: un infame. El antiguo nórdico no conocía un insulto mayor.

Tampoco hay pruebas serias de que se realizasen sacrificios humanos en la Era Vikinga, aunque sí en periodos más antiguos. Lo cierto es que la creencia popular es que los vikingos vivían en una sociedad en la que imperaba la ley de la jungla, la del más fuerte. Sin embargo, se trataba de una sociedad regida por un complejísimo código legal que era conocido por todos y se esperaba que todo bondi o jarl lo conociese. Algunas sagas, como la de Nial, son auténticos manuales de derecho escandinavo. En ellas, se distinguía entre lo que generalmente se traduce como “homicidio” y “asesinato”; la diferencia entre ambos era si la muerte había sido cometida en secreto, lo cual era ignominioso, o si se habían dejado pruebas de autoría o había realizado frente a testigos. En el primer caso, se imposibilitaba a la familia poder pedir una compensación, que podía ser económica o no. En la Saga de Egil Skallagrimson, por ejemplo, el protagonista siempre se preocupa de evidencias suyas si ha matado a otro guerrero estando los dos solos.

Por otro lado, la pena de muerte sólo existía obligatoriamente si se trataba de un crimen que  no podía ser compensado de ninguna forma. Y ésto incluía la violación y el homicidio “vergonzoso”, aquel realizado cuando la víctima se encontraba dormida o indefensa. La peor condena era el skoggangr, o proscripción, en el que a un reo se le despoja de su condición humana y se le obliga a vivir en el bosque, ajeno al mundo de los humanos. Se convierte en un vargr, término que al igual que ulf significa “lobo”, y este tipo de penas, peores que la muerte, estaban reservadas también para aquellos que atentaban contra el mannhelgi.

Por otro lado, no hay que olvidar que esta sociedad no hacía distinción muy clara entre el mundo de los vivos y de los muertos y que si una persona no había sido muerta “apropiadamente” (lo cual incluía un correcto ritual funerario), su espíritu podía “volver” de forma poco amistosa.

En definitiva, una vez más hay que dejar claro que no existe ninguna evidencia objetiva de que los vikingos fueran más crueles que sus coetáneos, sino más bien, en ciertos sentidos, al contrario. Se trata una vez más de una visión condicionada por la ideología de algunas de las fuentes que nos los describen.

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