Otra de tonterías Made in USA

20, junio, 2006 at 6:28 pm (Uncategorized)

Ala, otra que tiene que ver con algunas chorradas que se producen en USA (aunque aquí empezamos a estar sembrados también, con ladrones indemnizados por mordeduras de perros de las casas a las que iban a robar, o que son puestos en libertad por razones de lo más peregrinas -luego les extrañará que los cacos rumanos se pitorreen del sistema y llamen a sus compatriotas diciendo que España es Jauja :p) ).
Los Stella Awards son unos premios judiciales que se dan anualmente en USA para poner en evidencia su ridículo sistema judicial.Estos premios llevan el nombre de Stella Liebeck, la cual, en 1992, a la edad de 79 años, sufrió un accidente en un McDonalds al caérsele por encima el café produciéndole quemaduras de diversa consideración.Fue indemnizada con 2.9 millones de dólares. Desde entonces, en las tazas de café se advierte de que el contenido está muy caliente y de su peligro.
PREMIOS:
SÉPTIMO PUESTO
Kathleen Robertson de Texas fue indemnizada con 780.000 dólares por un jurado tras romperse un tobillo después de tropezar y caerse por culpa de un niño que estaba corriendo en una tienda de cocinas. Los dueños de la tienda se sorprendieron al ser obligados a pagar dicha cantidad, más aún al saber que el niño que tan mal se había comportado era el hijo de la señora Robertson.
SEXTO PUESTO
Carl Truman de Los Ángeles y de 19 años, ganó 74.000 dólares más los gastos médicos cuando un conductor pasó por encima de su mano con el coche, un Honda Accord. Carl Truman no se dio cuenta de que había alguien al volante del coche cuando se puso a robarle los tapacubos.
QUINTO PUESTO
Terrence Dickson, de Pennsylvania, estaba abandonando una casa después de robarla, y decidió salir por el garaje. No fue capaz de salir por la puerta del garaje porque estaba rota, y al intentar volver a la casa se dio cuenta de que la puerta que conectaba ambas estancias era de un único sentido y no podía salir o volver a la casa. La familia estaba de vacaciones, y el señor Dickson estuvo encerrado en el garaje durante 8 días. Para sobrevivir, lo hizo a base de Pepsi y un enorme saco de comida para perros que encontró. Denunció al dueño de la casa por los daños morales sufridos por aquel incidente, y el jurado accedió a situar la indemnización del propietario al ladrón en 500.000 dólares.
CUARTO PUESTO
Kara Walton de Claymont, Delawere, denunció con éxito al propietario de un pub nocturno de la ciudad cuando ella se cayó desde la ventana del baño al suelo y se rompió los dientes contra el suelo. Esto ocurrió mientras la señorita Walton intentaba colarse por la ventana del baño de mujeres para no pagar la cuenta de 3,50 dólares. El propietario tuvo que pagarle 12.000 dólares y gastos dentales.
TERCER PUESTO
Un restaurante de Philadelphia tuvo que pagar 113.500 dólares a Amber Carson, después de que resbalara con un refresco y se rompiera el coxis. Dicho líquido estaba en el suelo porque ella se lo había lanzado a su novio media hora antes durante una discusión.
SEGUNDO PUESTO
Jerry Williams, de Arkansas, percibió 14.500 dólares más los gastos médicos después de ser mordido en el culo por el perro de su vecino. El perro estaba encerrado en una jaula dentro del jardín de su propietario. La indemnización fue menor al percibir el jurado una cierta provocación en el hecho de que el señor Williams estuviera disparándole al perro desde arriba de la jaula con una pistola de bolas.
CAMPEÓN
Mr. Merv Grazinski, de Oklahoma City, en Noviembre de 2000 se compró una caravana marca Winnebago de las grandes (de las que son a la vez coche y caravana). En su primer viaje, estando en una autovía, seleccionó el dispositivo que fija una velocidad de crucero a 70 millas por hora (unos 120 km/h) y se fue a la parte de atrás a prepararse un café, con la caravana en marcha a semejante velocidad. No sorprende el hecho de que el camión/caravana siguiera recto y tomara la tangente en la primera curva y colisionara. Mr. Grazinski contrariado denunció a Winnebago por no advertirle en el manual de uso de que el programador de velocidad no es un piloto automático que toma curvas, frena cuando es necesario e incluso detiene el vehículo si preciso fuere. Por ello, fue recompensado con 1.750.000$ más una nueva caravana. Actualmente, Winnebago advierte de tal circunstancia en sus manuales, para el caso de que algún otro imbécil compre uno de sus vehículos.
Después de esto, ¿a quien le sorprende que en el cuestionario que te dan en el avión cuando vas a los EEUU te pregunten si vas a cometer un delito o un acto terrorista?

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Carta de Francisco I a su mujer

16, junio, 2006 at 3:05 pm (Uncategorized)

Por esos foros por los que me muevo, he encontrado este texto de Pérez-Reverte (en Inforol, para ser exactos). Y como todos sabéis, adoro todo lo que este hombre escribe, así que lo dejo por aquí para amenizar la tarde del viernes.
La peripecia de este rey francés comienza cuando desafiando a Carlos V marcha hacia Italia para arrebatarle los territorios que tenia él alli. En la primera de todas las batallas que se produjeron (la de Pavía) los franceses se llevaron las suyas y las de un pulpo hasta el punto de que los españoles consiguieron coger prisionero al rey francés, algo que pocas veces se ha dado. Fue llevado a Madrid como prisionero. Y Arturo Pérez-Reverte ha escrito este texto en forma de carta que Francisco I escribe a su mujer:

QUERIDA MIMÍ:
Aquí me tienes, voilá, de turista forzoso en Madrid. Alojado en una torre que llaman de Los Lujanes, con ese cabroncete de Carlos, emperador de los alemanes y de los españoles y de la madre que los parió a todos, visitándome cada tarde para chotearse entre tapices gobelinos y mucho vuesa merced, primo, hermano, monarca francés y toda la parafernalia. «Estáis en vuestra casa, rey cristianísimo», dice, como si esto fuese otra cosa que una cárcel; y me muerdo de rabia los encajes almidonados viendo la sonrisa guasona que le apunta bajo la barbita. Menudo cabrón, mi primo el Ausburgo. Vaya suerte la suya, oyes; y eso que lo suyo fue de pura chamba, hay que fastidiarse. Que si Fernando de Aragón e Isabel de Castilla no llegan a hacer aquella boda –menudo braguetazo-, y Felipe el hermoso, su yerno osterreiche, no se va a criar malvas y deja a la Juana Majareta esa viuda, y al chaval este, al flamenco Carlitos que Dios y el turco confunda, no le toca la corona imperial en una rifa, a lo mejor yo no me veía ahora aquí pintando la mona de huésped forzoso, y el emperador europeo sería el menda, como el yayo Carlomagno, que en gloria esté con Roldán y los doce pares; y no estaría escribiéndote desde la Torre de los Lujanes, plaza de la Villa, Madrid, Spain, sino retozando contigo en Blois, a orillas del Loira. Yo comiendo fuagrás, mon petit chú. Y tú lo que ya sabes.
RECORDARÁS QUE MI ÚLTIMA CARTA TE LA ESCRIBÍ EN PAVÍA con fecha de 23 de febrero de 1525, la noche antes de la batalla. Leída ahora supongo que te parecerá un poquillo confiada, a ver si me entiendes, sobre todo aquello de «a esos españoles muertos de hambre nos los vamos a comer sin pelar», lo que «entre ellos y nosotros no hay color», o lo de «vamos a darles de hostias hasta en el carnet de identidad». Pero las cosas, Mimí, hay que considerarlas en su contexto. Ponte en mi lugar: rey de un país glorioso que te cagas, caballero de pro, rodeado de la flor y la nata de caballeros choisís entre la nobleza más granada de la France, y encima con una pasta gansa para pagar la soldada a un ejército de treinta mil fulanos suizos, alemanes y franceses, con más cañones que el enemigo y con una caballería a la que daba gloria verla, con sus penachos, y sus gualdrapas, y sus armaduras relucientes de Sidol, y sus camisitas, y sus canesús. La créme, para que me entiendas. Unos soldados que estaban, te lo juro, para comérselos. Y enfrente, como enemigos, con muchísimos menos jinetes y cañones, cuatro mil españoles morenos y bajitos oliendo a ajo y a vino tinto, imagínate a los muy tiñalpas, con diez mil alemanes –borrachos y amotinados, como de costumbre- y tres mil italianos apellidados Luchino, y Moschino, y Armani y todo eso, calcula las perlas de la milicia, todos de extrema sensibilidad y mucho diseño, con uniformes divinos, eso sí, pero de escasa eficacia a la hora de tararí, tararí, sobre el hombro, marchen, etcétera. Que entre todos, en fin, componían las tropas imperiales, y además iban ya medio en retirada y muy hechos polvo, hasta el punto de que yo estaba plantado allí con mi campamento y mis banderas con la flor de lis, asediando Pavía tan ricamente, y con ansias de terminar la campaña para volver a Francia y darte, mon amour, las tuyas y las de un bombero.
TOTAL, QUE ALLÍ ESTÁBAMOS, YO ASEDIANDO comme il faut y los enemigos, o sea, Antonio de Leyva –veterano de treinta y dos batallas y cuarenta y siete asedios, el jodío- dentro de la ciudad y su colega el marqués de Pescara en la otra punta, donde a Cristo el pusieron el gorro. Y a todo esto se le ocurre a los imperiales aprovechar la noche y la lluvia y la niebla para jugarme la del chino. Como te lo cuento, cheríe. Nada de presentarse después del desayuno con trompetas y banderas y todas esas cosas propias de gentilhombres y gente bien educada; sino que los muy perros se ponen camisas encima de los petos para reconocerse en la oscuridad, hacen tres brechas en la muralla del parque frente a Pavía, y se cuelan por allí después de oír misa y confesarse, y de que Pescara, que es soldado viejo y conoce el paño, les diga eso que con los españoles en cuestión de guerras y de conquistas es mano de santo y no falla nunca: «Hijos míos, estáis muertos de hambre, y yo también. El pan está en el campo francés, y así que maricón el último». Y encima el muy borde va y me los caliente más contándoles –lo que además era una cochina mentira-, que yo había ordenado degüello general y no dar cuartel a ningún español, y que o ganaban o iban listos de papeles. Así que figúrate. Con la mala leche que ya de natural tienen esos prójimos, allá fueron todos, o más bien vinieron, o sea, imagina con qué talante, blasfemando en arameo, que si Santiago y Cierra España y que si Dios y la Virgen y San Apapucio, y el Copón de bullas y la Puta de oros a caballo. Y resulta que en plena noche están mis centinelas allí, de guardia tan campantes, saboreando el vino de Burdeos y los caracoles a la borgoña que esa noche teníamos de rancho, au clair de la lune como quien dice, mon ami Pierrot, y de pronto se lía la pajarraca, pumba, zaca, cling, clang, y se monta un cipote de tres pares de cojones. La de Pavía.
EN FIN, QUE YO SALGO DE LA TIENDA DE CAMPAÑA EN CAMISA, con la armadura flordelisada a medio poner. Y pregunto qué coño pasa, mondieu, y un imbécil de mi estado mayor, el marqués de Les Couilles Violets, va y dice: «Es que los españoles huyen, majestad». Y añade que lo sabe de buena tinta, el muy subnormal. Entonces yo contesto que parfait, que me traigan el caballo y la espada y la lanza que vamos a perseguirlos hasta hacerlos picadillo. Una carga de caballería voy a darles, digo, que se van a ir de vareta por la pata abajo. Pour la France, con un par. Así que entre la niebla y el amanecer organizamos la galopera, y los dos bandos nos acometemos con unas ganas que para qué te cuento, mon amour. Lo primero de todo le hacemos filetes a los malos un escuadrón de caballería, y nos quedamos con sus cañones por todo el morro, vive la France y todo eso, mientras ellos intentan su movimiento de flanqueo. Lástima que no me vieras, chochito mío, tan gallardo como acostumbro, cargando a la cabeza de mis gendarmes y caballeros como en los torneos, la caballería andante rediviva, sus y a ellos, deliciosamente feudal, como te digo, el espectáculo, que no me daba besos a mí mismo porque con el casco y la armadura no podía. Y fíjate cómo le pondríamos de chunga la cosa a los imperiales, que luego me contaron que un capitán italiano, viendo el panorama, le dijo al de Pescara: «Pardiez, paréceme cordura recogernos un poco en aquel bosquecillo». Pero el otro, un abuelo correoso que no veas, con más batallas a cuestas que le gran pére Cebolleté, le dijo anda y que se recoja tu puta madre, chaval, que yo estoy viejo para ir corriendo de un lado para otro. Así que se volvió a la infantería española, los arcabuceros de las compañías vizcaínas y guipuzcoanas y castellanas y los otros que por allí andaban hasta sumar mil y pico, y les dijo: «Señores, mecagüentodo. No hay que esperar sino en vuestros arcabuces y en Dios, por ese orden». Y entonces todos se pusieron a gritar: «Olé tus huevos, aquí están los españoles, aquí está Pescara, Es-pa-ña, Es-pa-ña», como si aquello fuera una final de liga, que en realidad lo era. Y a todo esto, mientras tanto, allá les vamos nosotros, o sea, yo, moi, le ori, con toda mi flamante caballería pesada de la nobleza francesa y con los lansquenetes alemanes que nos siguen pasito misí, pasito misá. Y cuando veo a los jinetes enemigos hechos una piltrafa, considero que la batalla está ganada, pues como buen caballero y gentilhombre desprecio a la chusma de a pie, y creo –hasta ese momento te juro por mis muertos más frescos que lo creía- que es la flor y nata a caballo, la elite montada, la que decide ese tipo de cosas. Así que toco carga, tía. Una carga preciosa, las cosas como son, espadas y banderas en alto y todo eso. Pero aquellos fulanos chaparros y morenos y barbudos de enfrente, asómbrate, con los cojones duros y pegados al culo como los de los tigres, aguantan, cherie, o sea, maldita la madre que los parió: se mantienen en sus posiciones junto al bosquecillo de marras aunque les viene encima cientos de toneladas de caballos y de armaduras y de mis piqueros tudescos; y cuando decido retroceder un poco y me reagrupo para ordenar las filas y tomar aire, veo que me han dejado en el campo, a bote pronto y allí mismo, por la cara, cinco mil palmados. Los hijoputas.
Y ENCIMA RESULTA QUE EN EL RESTO DEL FRENTE LAS COSAS NO VAN MEJOR. Para ser exactos, van de pena. Mis mercenarios alemanes de la Banda Negra, o sea, lo mejor de cada casa –tendrías que verles el careto a esos animales, si hubiera quedado alguno vivo- se enfrentan a los también alemanes que se lo curran para el Emperador. Imagínate el cuadro, habida cuenta que unos y oros se odian a muerte, todo ese cipote de tudescos dándose hostias unos a otros, hasta arriba de cerveza y marcando, supongo, el paso de la oca: up, aro, up, aro. Aberrante, o sea. Kafkiano. Al final ganan los imperiales, que también es mala suerte la mía, y al mismo tiempo me entero de que, en el otro lado, el grueso de infantería española, al grito de «Santiago, España, cierra, cierra», está pasándose por la piedra, ris-ras, a mis pobres mercenarios suizos, que con esa cara de intelectuales que suelen tener los suizos ponen pies en polvorosa, por primera vez en su larga y honorable historia de tropas a sueldo del mejor postor; y de suizos sólidos y fiables pasan a convertirse en suizos de café con leche. A esas alturas de la feria, comprendo que no es mi día. Ni mi año. Tengo quince mil muertos, que se dice pronto, y el río Tesino baja lleno de fiambres de orilla a orilla. En realidad me encuentro, te lo confieso, bastante confuso. No logro explicarme cómo un ejército tan caballeresco y flamante como el mío, en orden y bien alimentado, un ejército francés de la Francia, acaba de ser hecho trizas ante mis ojos en poco rato por una chusma meridional y sudorosa que carece de modales, ni cómo esos arcabuceros impasibles y con tan mala follá han sido capaces, contra toda lógica, de destrozar en una sola mañana y en campo abierto a lo mejor caballería de Europa, la francesa, y a la mejor infantería de Europa, la suiza. Histórico, nena. Como para aplaudir, si n fuera yo quien pagara la juerga. Y ahora todo es bang, y ziaang, y chas, y me veo con toda mi estupenda caballería emperifollada en el centro de aquella merienda de negros. Y de ti para mí, lo confieso: bastante acojonado.
PORQUE IMAGÍNATE EL CUADRO, PRENDA MÍA. En este paisaje, sólo quedo yo en el centro con mis mejores jinetes, bien agrupados y a caballo, la créme de la créme esa de la que te hablaba antes, mis marqueses y mis condes y mis duques y sus hijos y sus cuñados, todos con sus armaduras floridas y sus penachos y sus caballos purasangres que valen un pastón largo, en busca de un hueco no para cargarle al enemigo, que eso ya es lo de menos, sino para largarnos de allí como quien se quita avispas del culo, entre las filas de arcabuceros españoles que nos rodean arrojándonos encima una nube de plomazos que repica contra los arneses como si granizara. Al final empiezan a pegarnos tiros a los caballos, con una grosería y una falta de modales inaudita, y cada vez que uno de mis leales vasallos da con la armadura en tierra, con mucho cling-clang y mucho ruido, los españoles dejan sus arcabuces, y a la carrerilla se meten entre nosotros, espada o daga en mano, para rematarlo en el suelo. Yo grito mucho vive la France, a mí, uníos a mí, sus y a ellos, etcétera, que es lo que se espera, supongo, que un rey francés diga en esos casos; pero de allí no hay quien salga, y los españoles ya se meten ahora entre las patas de los caballos, desjarretándolos o destripándolos con sus dagas, para hacernos caer al suelo –imagínate el hostiazo, cubiertos también de coraza, cataclás, quinientos kilos de carne y acero viniéndose abajo con jinete incluido- y se arrojan como lobos sobre mis pobres gentilhombres, a los que degüellan sin misericordia metiéndoles los puñales entre las junturas de petos y yelmos mientras éstos intentan levantarse del barro con las pesadas armaduras que los cubren; y da lástima verlos protestar a los probrecillos, pero quesquesé, esto no es jugar limpio, pardieu, qué falta de etiqueta, etc, etc, mientras los otros les meten los aceros por el garganchón, chaf, ras, glup. Así los míos pasan de ser florida caballería a montones de solomillo sangrante bajo los armaduras: al pobre Couilles Violets le levantan la visera del yelmo y le destrozan la cara con la moharra de una pica. Al duque de La Refanfiflére le sacan el caso, y mientras unos le quitan la cadena de oro y las sortijas, otros le echan atrás la cabeza y lo desangran como a un cerdo. A La Soufflebottoniére y a no sé cuántos les levantan los faldetes del peto y les disparan el arcabuz en las entrañas, reventándolos dentro de su armadura, pumba, chof, que da grima, te lo juro, sólo recordarlo. Así me los van haciendo palmar uno por uno, a mes enfants de la patrie, bang, ris, bang, ras, y me quedo más solo que la una. Alone, que diría el gordinflas de mi primo Enrique VIII, el hijoputa, ahí tan campante en Londres descabezando esposas y ñaca-ñaca, mientras disfruta con el espectáculo de ver los toros desde la barriére.
Y EN ESAS SALE MI NÚMERO, O SEA, QUE ME LLEGA EL TURNO. Quiero decir que a mi caballo, el fiel Gastón Royal Fashion, le pegan varios tiros en la cabeza, bang, bang, y me voy abajo con todo mi golpe de armadura, zaca, pegándome una costalada de veinte pares de cojones. Pero mucho ojito, cherie, soy un rey francés y para cojones los míos; así que intento levantarme a pesar de la armadura, y cuando casi lo he conseguido meneo la espada dispuesto a morir empachado de gloria como el resto de mis pobres muchachos. Pur la France. Pero cuando echo un vistazo alrededor y veo la que se me viene encima, el tropel de fulanos barbudos con los ojos inyectados en sangre que se arroja directamente a mi real pescuezo, me lo pienso mejor y digo bueno, vale, voyons, soy el rey, a ver aquí a quién hay que rendirse. A ver si nos organizamos un poco. Pero la cosas no está clara, porque en mitad de la pajarraca me caen encima varios de esos cromañones, y uno, con las manos ensangrentadas, la cara tiznada de pólvora y una cara de loco que te cagas, llega y me dice: «Errenditú, bestela barrabillak mostuko dizkiat». Y yo me digo que tiene delito la cosa, seis años estudiando español con un profesor nativo particular, figúrate, y el tal profesor en plan pelota, perfecto, majestad, un acento que ya lo quisiera Carlos V, etcétera, y ahora resulta que estoy aquí en una batalla y con el ruido y la vorágine no me entero de nada. No comprendo un carajo de lo que suelta este fulano. Barra de billar, me parece que dice, pero no sé qué coño tiene que ver una barra de billar con todo este invento. Así que me levanto la visera del casco, acerco la oreja y le digo, con mucha educación y mucho tacto: «¿pardon?… ¿Qu’esque vudit?». Y el otro, con una cara de mala leche que ni te cuento, me pone la espada en el real gaznate y me pregunta «¿Errenditú?». Y yo le contesto que yo bien, gracias, bien de momento. ¿Y tú?, añado. Pero empiezo a mosquearme, porque de pronto se me ocurre que a lo mejor no me estoy rindiendo a un español, sino a un alemán, o a un suizo, o a un croata, o vete tú a saber. A lo mejor la he cagado, me digo, y éste sólo pasaba por aquí y no manda un huevo, o es de otra guerra. Así que decido no rendirme, y me bajo otra vez la visera del casco, y le tiro al fulano raro ese una estocada, pero le fallo. Y no veas cómo se pone, el tío. Ya ni dice errenditú, ni errendiyó, ni barra de billar ni nada de nada, sino que empieza a darme sartenazos con la espada, que se los voy parando de milagro, y al final, sin resuello, me subo otra vez la visera y le digo vale, tío, me has convencido, me rindo. ¿Capichi? Je suis le roi, y me renduá pero ya mismo. Rendemoi. Así que deja de darme espadazos en los huevos. Y en estas llega otro español, o lo que sean estos fulanos, y le dice al energúmeno: «Juantxu, detente pues. Rey francés es, trincado lo hemos. Aúpa Hernani». Y entonces empieza a llegar gente y a abrazarse y a decir aúpa, aúpa, y resulta, al fin me entero, que los que me han trincado son de una compañía de arcabuceros guipuzcoanos, y que el energúmeno se llama Juan de Urbieta y es de un sitio que por lo visto le dicen Hernani, y que eso que mascullaba del errenditú y la barra de billar significaba literalmente, en su lengua de allí: «O te rindes o te corto los cojones»… Que ese es el problema, ahora me doy cuenta, que tienes con los españoles en esto de las guerras: que vas a rendirte con toda tu buena fe, y si no controlas la cosa lingüística, depende con quién caigas pueden darte matarile por el morro, mientras tú miras alrededor desesperado en busca de un intérprete. Como si ya no tuvieran bastante peligro por sí mismos, estos hijoputas.
EN FIN CHICA. QUE AQUÍ ME TIENES, COMIÉNDOME MÁS TALEGO QUE EL CONDE DE MONTECRISTO, mientras espero que a mi primo el emperador se le ponga en los huevos soltarme. La torre ésta de Los Lujanes no es mal sitio: un poco oscura y húmeda, pero me consuelo pensando que peor están ahora mis nobles caballeros, La Soufflebottonière y los otros, la créme de la créme y todo eso, putrefactos y a dos palmos bajo tierra. Sic transit gloria mundi, que decía no me acuerdo quién. Demóstenes, me parece. O uno de ésos. A mí, volviendo a lo importante, me toca, créeme, la prueba más cruel, lo más duro y terrible, seguir vivo. Pero no me quejo, porque mi vida no es mía –por eso no dejé que me mataran en Pavía, y muy a mi pesar, haciéndome gran violencia ética, pedí cuartelillo- sino de Francia. Y quien vive hoy puede luchar mañana. O pasado mañana. O vete tú a saber cuándo. Respecto a mi libertad, Carlos dice que de rescate ni hablar, que eso es muy antiguo y que desde el Amadís no se usa, y que a ver si me creo que soy Ricardo Corazón de León. Que menos lobos, Paquito, dice –no te puedes imaginar lo que me revienta que me llame Paquito-. Aprovechándose de los trenes baratos, ahora se ha puesto flamenco y quiere que le devuelva la Borgoña, y que abandone mis pretensiones sobre Flandes, y sobre Nápoles y Milán, y un montón de cosas más. Mucho me temo que con esto de Italia y Flandes y con esa gente que los españoles están mandando para América –tiemblo sólo de imaginar al errenditú y sus colegas en América- estos cabrones van a crecerse mucho, y a ese chico, Carlos, y a su familia les espera por delante una buena racha, y que al menos por un siglo o dos nos van a dar bastante por saco a nosotros, a Europa, e incluso a Su Santidad, que les tiene tanto miedo en Italia que no le cabe un cañamón por el ojete. En fin, qué remedio. Ya vendrán tiempos mejores; hasta entonces, ajo y agua. El caso es que dice Carlos que si le doy mi palabra de honor de caballero de que respetaré esos compromisos, me da boleta pero ya mismo. Y la verdad es que me lo estoy pensando. Me refiero a lo de dar palabra de honor, que es gratis, porque lo otro no pienso darlo ni harto de rioja, que es un líquido al que aquí –no te rías, cariño- llaman vino. A fin de cuentas, eso se arregla luego con retractarme de lo prometido cuando esté otra vez libre en Francia. Que de caballerosidad y honra ya tengo lo mío, maldita sea mi estampa. Tengo murga de ésa por un tubo: tararí, tararí, y al final de tanto tararí, uno, por muy caballero y muy elegante y mucho real paquete que marque, termina con el errenditú de los cojones, el Juan de Urbieta ése y toda su cuadrilla de vascongados, de españoles o de lo que sean, encima de la chepa y dándote las del pulpo. Mucho me temo, chata, que los tiempos están cambiando. Y que esta vez, en Pavía, Francia et moi hemos hecho bastante el gilipollas.
Te adoro, etcétera.
François.

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La Profecía y Aeon Flux

16, junio, 2006 at 12:45 am (Cine y TV)

Pues el post de hoy va de cine, de las dos películas que he visto últimamente, una en la sala de cine y la otra en el salón de casa (es que no tuve oportunidad de ver Aeon Flux cuando la estrenaron porque nos pilló de viaje y luego fue la temporada en que tuve mis graves problemas de salud, así que al final y tras una larga odisea que incluyó el instalado de un programa que no quería instalar pero que para verla me hacía falta, he podido visionarla hoy).
El lunes fui a ver La Profecía. Me hacía ilusión verla el día seis, pero no pudo ser, tuve que esperar a que Fer tuviese día libre para ir juntos (me niego a ver una supuesta película de miedo sola). Y digo en mi paréntesis lo de supuesta porque, para ser sincera, de miedo-miedo como que no es, más bien de sustos -pocos y contados, eso sí. La cosa es que la película es un calco de la original con a penas unos detalles originales (que incluyen algunas muertes y los sustos más gordos), con lo que es imposible pasar miedo ya que sabes perfectamente lo que va a pasar en cada momento. Por lo demás, si hubiesen cambiado la música y usado una más parecida a la original habría sido mucho más evocadora y mucho mejor película -eso sí, entonces habría sido un calco de la vieja y supongo que eso fue lo que les echó para atrás-, con lo que se queda en correcta tanto en el aspecto técnico como en el actoral (a mí es que Liev Schreiber me gusta mucho, para qué nos vamos a engañar, y David Thewlis es uno de esos actores que salen en cantidad de pelis frikis, con lo que también me encanta).

En cuanto a Aeon Flux, había leído muchísimos comentarios pésimo sobre la película, con lo que me he llevado una grata sorpresa (y varias alegrías para la vista, para qué nos vamos a engañar aquí también, porque sale un momentín de nada Stuart Townsend -lo único bueno de La Reina de los Condenados y La Liga de los Hombres Extraordinarios- que siempre alegra la vista, y como leí en un comentario de otro blog: ¡cómo está el Csokas!). No me ha parecido mala película, para nada. Que conste que no conozco ni la serie de animación ni los cómics, con lo que no puedo hablar al respecto. La película me ha parecido entretenida y muy visual, una mezcla de Equilibrium, Matrix y Dark City, o algo así, por definirla de algún modo. Así que al final pasamos una buena tarde (a Fer también le ha gustado) y nos hemos preguntado porqué decía la gente que era tan mala (Fer ha dicho que hay mucho intelectualoide guay por ahí suelto, yo mejor no digo nada).

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Te doy una canción, de Silvio Rodríguez

11, junio, 2006 at 12:13 am (Uncategorized)

Leyendo el blog de Gacela recordé años pasados -probablemente la época que recuerdo con mayor cariño-, cuando en Santiago hacíamos mil y un conciertos con Emi y Fernando tocando la guitarra y cantando a Silvio Rodríguez. Me enamoré de este cantautor cubano, defensor hasta la muerte del comunismo, que tiene la facultad maravillosa de convertir una canción de marcado carácter político en una hermosa canción de amor. Ésta que traigo hoy es de ese estilo, y una de las que más me gustan de Silvio, así que os doy una canción, y espero que os guste.
Como gasto papeles recordándote
como me haces hablar en el silencio
como no te me quitas de las ganas
aunque nadie me vea, nunca contigo
y como pasa el tiempo
que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida.
Te doy una canción si abro una puerta
y de las sombras sales tú
te doy una canción de madrugada
cuando más quiero tu luz
te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor
y si no lo apareces, no me importa
yo te doy una canción.
Si miro un poco afuera, me detengo
la ciudad se derrumba y yo cantando
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga
creen que lo digo todo
que me juego la vida
porque no te conocen, ni te sienten.
Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar
te doy una canción con mis dos manos
con las mismas de matar
te doy una canción y digo patria
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo
como un libro, una palabra, una guerrilla,
como doy el amor.

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¡Y además Eowyn!

7, junio, 2006 at 6:13 pm (Uncategorized)

Lo que hace el aburrimiento….

Eowyn

Eowyn

If I were a character in The Lord of the Rings, I would be Eowyn, Woman of Rohan, niece of King Theoden and sister of Eomer.

In the movie, I am played by Miranda Otto.

Who would you be?
Zovakware Lord of the Rings Test with Perseus Web Survey Software

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¡Soy House!

7, junio, 2006 at 1:25 am (Uncategorized)

Según este test soy rara, borde, egocéntrica y suelto todo lo que se me pasa por la cabeza…. A ver si van a tener razón….
Y lo peor es que Fer está de acuerdo….
Dr. Gregory House
65% Eccentricity, 50% Confidence, 35% Kindness

Congratulations, you’re the man himself, Dr. Gregory House! You’re quite strange, and usually do your own thing regardless of what anyone else thinks. This is partially because a person with an ego as large as yours could not care less what anyone else thinks or feels about anything. Unless, of course, they’re your patient and they’re dying–but only if they’re dying of something interesting! You’re a definite asshole to most other people, but at least you know how to be one in style, with an awesome wit, comfortable sneakers, and a never ending variety of facial expressions.

Link: The House, MD Personality Test written by freedomdegrees on OkCupid Free Online Dating, home of the 32-Type Dating Test

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El Día de la Bestia, de Def con Dos

6, junio, 2006 at 8:36 pm (Uncategorized)

Siguiendo el rastro del Ángel Caído,
yendo tras los pasos de un macho cabrío,
derribando el muro que encierra las tinieblas,
hasta notar el aliento de la Bestia.
Sabiendo que el camino está lleno de trampas,
para corromper las almas.
Perdiendo por saber que el mal es el pecado,
soñando con sentir al espíritu malvado.
666, el día de la Bestia.
666, el día de la Bestia.
Explorando el laberinto
para ejecutar al Anticristo,
abriéndose camino con hierro y fuego
hasta tocar las puertas del Averno.
Textos que ocultan otros textos,
datos que ocultan el infierno,
cábalas confusas, cálculos fallidos,
errores que sentencian al mundo de los vivos.
666, el día de la Bestia.
666, el día de la Bestia.
Azufre ardiente en el pentáculo,
invocación con tiros de ácido,
demencia ungida en sangre de doncella
y otra vez conejo en Nochebuena.
En este Apocalipsis no hay jinetes,
y a Satán le sobran seises,
Berriatúa y sus dos sicarios,
tres mortales contra el diablo.
666, el día de la Bestia.
666, el día de la Bestia.

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Una de test….

6, junio, 2006 at 2:10 pm (Uncategorized)

I Am A: Chaotic Good Half-Elf Ranger Bard

Alignment:
Chaotic Good characters are independent types with a strong belief in the value of goodness. They have little use for governments and other forces of order, and will generally do their own things, without heed to such groups.

Race:
Half-Elves are a cross between a human and an elf. They are smaller, like their elven ancestors, but have a much shorter lifespan. They are sometimes looked down upon as half-breeds, but this is rare. They have both the curious drive of humans and the patience of elves.

Primary Class:
Rangers are the defenders of nature and the elements. They are in tune with the Earth, and work to keep it safe and healthy.

Secondary Class:
Bards are the entertainers. They sing, dance, and play instruments to make other people happy, and, frequently, make money. They also tend to dabble in magic a bit.

Deity:
Solonor Thelandria is the Chaotic Good elven god of archery and the hunt. He is also known as the Keen Eye, the Great Archer, and the Forest Hunter. His followers respect nature, and only hunt when needed, but are quick to defend the forest from intruders. Their favorite weapon is the bow, and they tend to be extremely talented with it. Solonor Thelandria’s symbol is an arrow with green fletchings.

Find out What D&D Character Are You?, courtesy ofNeppyMan (e-mail)

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The Saga Begins, por Weird Al Yankovic

4, junio, 2006 at 5:14 pm (Cine y TV)

Weird Al Yankovic es un tipo que se dedica a hacer parodias de canciones, y en este caso hace una con la canción “American Pie” y “La Amenaza Fantasma”. Es para reirse durante horas. Espero que os guste.

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¿Tenemos realmente la momia de Hatshepsut?

4, junio, 2006 at 2:11 pm (Egipto)


Zahi Hawass ha comunicado al mundo que la momia del rey Maat-Ka-Ra, más conocida como Hatshepsut, está por fin en el Museo de El Cairo. Pero ¿tenemos realmente la momia de Hatshepsut?
Es la momia que en los 60 fue identificada como posiblemente Hatshepsut, sí, está en la tumba KV60, junto a la nodriza de la reina, con etiquetas que llevaban su nombre. Se trata de una mujer real (lleva el brazo izquierdo doblado al modo de las reinas de la época), de una edad que coincide -unos 35-40 años-, y junto a ella se encontró también una máscara funeraria de arcilla con el nombre de Hatshepsut y que tenía un agujero para colocar la barba real. Con todos esos datos la han identificado con Hatshepsut. Pero ahora digo yo: ¿y si se tratase de otra reina de la Dinastía XVIII? La mujer lleva la cabeza afeitada (para que luego digan que ese era un dato importante a la hora de la identificación de la Joven Dama como Nefertiti, entonces esta mujer podría ser también identificada con ella, ¿no?), y el brazo izquierdo doblado, pero es que, como bien dijo Salima Ikram, Hatshepsut se haría enterrar al modo de los hombres, no como una mujer (también es posible que al llevar el funeral y enterramiento su hijastro Thutmosis III, éste le negara tal deseo para evitar situaciones similares en el futuro -que conste que es sólo una idea que me ha rondado la cabeza). Hay muchas reinas del periodo que aún no se han encontrado, y con todos los reenterramientos posteriores, es muy difícil poder asegurar al 100% que una momia sin identificación posible es tal o cuál rey o reina (incluso hay teorías que hablan de que las momias reales que se han encontrado hasta ahora están mal identificadas por detalles como éste).

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Temple of Love, Sisters of Mercy

3, junio, 2006 at 10:10 pm (Uncategorized)

Sisters of Mercy es uno de mis grupos favoritos, y esta canción de las que más me gustan (recuerdo oírla una y otra vez durante los fines de semana, hace años -¡vaya fines de semana más raros que pasábamos, la verdad!). Además, me encantaba Ofra Haza, tenía una voz maravillosa.
With the fire from the fireworks up above me
With a gun for a lover and a shot for the pain at hand
You run for cover in the temple of love
You run for another but still the same
For the wind will blow my name across this land

In the temple of love you hide together
Believing pain and fear outside
But someone near you rides the weather
And the tears he cried will rain on walls
As wide as lovers eyes

In the temple of love: shine like thunder
In the temple of love: cry like rain
In the temple of love: hear my calling
In the temple of love: hear my name

And the devil in black dress watches over
My guardian angel walks away
Life is short and love is always over in the morning
Black wind come carry me far away

With the sunlight died and night above me
With a gun for a lover and a shot for the pain inside
You run for cover in the temple of love
You run for another its all the same
For the wind will blow and throw your walls aside

With the fire from the fireworks up above
With a gun for a lover and a shot for the pain
You run for cover in the temple of love
I shine like thunder cry like rain
And the temple grows old and strong
But the wind blows longer cold and long
And the temple of love will fall before
This black wind calls my name to you no more

In the black sky thunder sweeping
Underground and over water
Sounds of crying weeping will not save
Your faith for bricks and dreams for mortar
All your prayers must seem as nothing
Ninety-six below the wave
When stone is dust and only air remains

In the temple of love: shine like thunder
In the temple of love: cry like rain
In the temple of love: hear the calling
And the temple of love is falling
Down

In the temple of love: shine like thunder
In the temple of love: cry like rain
In the temple of love: hear my calling
In the temple of love: hear my name

In the black sky thunder sweeping
Underground and over water
Sounds of crying weeping will not save
Your faith for bricks and dreams for mortar
All your prayers must seem as nothing
Ninety-six below the wave
When stone is dust and only air remains
The only haven you can trust

And the devil in black dress watches over
My guardian angel walks away
Life is short and love is always over in the morning
Black wind come carry me far away

With the fire from the fireworks up above
With a gun for a lover and a shot for the pain you

You run for cover in the temple of love
I shine like thunder cry like rain
And the temple grows old and strong
But the wind blows longer cold and long
And the temple of love will fall before
This black wind calls my name to you no more

In the temple of love you hide together
Believing pain and fear outside
But someone near you rides the weather
And the tears he cried will rain on walls
As wide as lovers eyes

In the temple of love: shine like thunder
In the temple of love: cry like rain
In the temple of love: hear my calling
And the temple of love is falling
Down

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