Murasaki Shikibu (Lady Murasaki: 973-1025?)

31, marzo, 2006 at 11:10 pm (Japón)

Murasaki Shikibu es la escritora mejor conocida de los que emergieron durante el glorioso periodo Heian en Japón. Su novela, El Cuento de Genji (Genji-Monogatari) es considerado una de las más bellas y tempranas novelas del mundo. Algunos argumentan que Murasaki es la primera novelista moderna del mundo.
Shikibu nació en la familia Fujiwara, hija del gobernador de una provincia, que también era un escolar muy bien conocido. Muy inteligente siempre, desde niña aprendía mucho más rápido que su hermano, causando que su padre se lamentase: “Si tan sólo fueses niño, ¡qué feliz sería!”. De todas formas, permitió a Shibiku estudiar con su hermano, incluso permitiéndole aprender algo de los clásicos chinos, lo que era considerado impropio para las mujeres de la época.
Cuando estaba empezando la veintena, Lady Murasaki fue casada con un pariente lejano. Su única hija nació en el 999. Tras la muerte de su marido en el 1001, conociendo su talento para la escritura y su mente brillante, la familia imperial se llevó a Lady Murasaki a la Corte.
En la Corte, Lady Murasaki comenzó un diario qeu mantuvo durante dos años. Ese diario nos da tanto un relato vívido de la vida cortesana, como una visión del interior de los pensamientos de Lady Murasaki. Por ejemplo, a ella no le gustaba la naturaleza frívola de esa vida. Una vez describió una competición de pintura como un “momento de la historia de nuestro país cuando toda la energía de la nación parece concentrada en la búsqueda del método más hermoso de enmarcar rollos de papel”. También sufría enormemente al tener que ocultar su conocimiento de los textos chinos, temiendo la crítica de aquéllos que sentían que era poco femenino leer ese oscuro lenguaje.
Shikibu debió empezar El Cuento de Genji antes de llegar a la Corte, aunque una gran parte fue escrita allí, indirectamente basado en sus años como ama de compañía de la Emperatriz Akiko. Es una novela muy larga a cerca de las complicaciones en la vida de un príncipe ficticio llamado Genji. Como muchas de las damas de la Corte, Shikibu era una maestra en el arte de observar las actividades y actitudes diarias de la clase alta de la sociedad.
Los cuentos del Príncipe Genji, conocido como “el Príncipe Brillante”, se hicieron populares desde el momento en que se hicieron públicos. Se supone que debía ser leído en voz alta, y el manuscrito más temprano se ha perdido. Afortunadamente, unos rollos del manuscrito de Genji del siglo XII sobrevivieron, y a lo largo de los años, la novela ha sido traducida a muchas lenguas, y ha sido estudiado y discutido por muchos escolares.
Poco se sabe de la época tardía en la vida de Lady Murasaki. Debió de retirarse de la Corte buscando la reclusión en un convento alrededor de los cincuenta años. Sus escritos sugieren que al final sintió los violentos cambios que llegaron a su más que decadente vida de clase alta. En la distancia, le llegaban los sonidos de los estruendosos guerreros provinciales -los samurai que en el 1192 derrocaron al poder del emperador y crearon un gobierno militar feudal encabezado por un shôgun.

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La Caída

31, marzo, 2006 at 8:41 pm (Uncategorized)

Mientras caía, el Ángel se preguntó si había merecido la pena, si alguna vez se darían cuenta de lo que habían perdido realmente, si alguna vez se perdonarían por no volver a oír la Voz reconfortante. Roca, magma y cenizas; era lo único que les quedaba, porque ya no volverían a ver la Luz Divina, y nunca más sentirían su Presencia.
De rodillas, sobre la lava todavía caliente, rodeado de los humos sulfurados, levantó la cabeza para ver por última vez el Destello en lo Alto. Cerró los puños, se tragó las lágrimas amargas y se levantó orgullosamente. Ahora tenía todo un Reino para gobernar.

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¡Qué miedo, V!

31, marzo, 2006 at 12:15 am (Cine y TV)

Nada, que ya la han vuelto a fastidiar, que Alan Moore ya ha renegado de “V de Vendetta” (bueno, ya estaba renegando de ella antes del estreno), llegando al extremo de haber devuelto todo el dinero que le habían pagado por los derechos y haber dicho que no quería que lo relacionaran con la película -ha pedido que lo borren de los títulos de crédito.
Dejo aquí un articulín sobre algunas cosas que mosquearon al señor Moore (está en inglés, a ver si puedo poner mañana una traducción). Como podéis ver, las declaraciones ya tienen casi un añito.

Moore on the V For Vendetta film
Lying in the Gutters
May 23, 2005

Alan gave some details about bits of the V For Vendetta shooting script he’d seen. “It was imbecilic; it had plot holes you couldn’t have got away with in Whizzer And Chips in the nineteen sixties. Plot holes no one had noticed.” What Moore found most laughable however were the details. “They don’t know what British people have for breakfast, they couldn’t be bothered. ‘Eggy in a basket’ apparently. Now the US have ‘eggs in a basket,’ which is fried bread with a fried egg in a hole in the middle. I guess they thought we must eat that as well, and thought ‘eggy in a basket’ was a quaint and Olde Worlde version. And they decided that the British postal service is called Fedco. They’ll have thought something like, ‘well, what’s a British version of FedEx… how about FedCo? A friend of mine had to point out to them that the Fed, in FedEx comes from ‘Federal Express.’ America is a federal republic, Britain is not.” David Lloyd was reported to have commented on the script at the recent Bristol comics convention. Superherohype posted a fan report talking to Lloyd, saying “he thinks it was very good for an Action Thriller, but is very much different from the Graphic Novel. He said that the character of Evey is less of a victim in this film and that he had met with The Wachoski Brothers.”

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The Pretender

30, marzo, 2006 at 7:39 pm (Cine y TV)

La canción de Sabina me ha hecho recordar una serie que me ha fascinado durante años (y eso que no he logrado verla entera, y mucho menos ver las películas donde se cuenta todo el final de la historia, o algo similar). “The Pretender” es una serie de finales de los 90, protagonizada por un extraño individuo llamado Jarod y que es uno de los llamados “pretenders”: gente especial que tiene la capacidad de convertirse en cualquier persona que deseen con un poco de documentación al respecto. Jarod se encontraba aislado del mundo en un sitio llamado “El Centro”, en donde estudian a estos “pretenders” y los ponen en situaciones especiales para conocer qué es lo que realmente pasó (en una de las retrospectivas de Jarod cuando era niño lo vemos metido en la piel del mismísimo Lee Harvey Oswald el día del asesinato de Kennedy). Pero se escapa, y desde entonces debe huir de la Señorita Parker (de la que nunca se sabe el nombre, otro de los enigmas de la serie, aunque parece que un ex la llama Mónica) que es enviada por su padre -el jefazo del Centro- para traerlo de vuelta al redil. Sydney, el viejo mentor de Jarod, la debe ayudar; aunque como amigo y confidente de Jarod, termina siendo más un cómplice que otra cosa. Y también está el pobre Broots, el informático del Centro, que es bastante inútil, la verdad, pero un buen tipo en el fondo.
A lo largo de la serie la trama se complica, y pasa de ser -en su primera temporada- Jarod demostrando sus grandes dotes de “pretender” para ayudar a la gente, a una historia mucho más complicada en la que él busca a unos padres desaparecidos, y la Señorita Parker termina buscando al asesino de su madre (todo sazonado con personajes de lo más extraño como el señor Lyle, Angelo o el señor Raines, el gran malvado de la serie).
La serie llegó a las cuatro temporadas, y luego realizaron dos o tres películas para completar la trama.
A mí siempre me pareció increíblemente interesante (sobre todo por todas las complicaciones posteriores). Es una serie que no se estancó en lo que parecía que iba a ser desde un principio y evolucionó (quizá a muchos no les haya gustado la evolución final, pero yo la encuentro entretenida, cuanto menos).
Es una serie que recomiendo siempre, así que, ya sabéis.

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Una de piratas….

30, marzo, 2006 at 7:25 pm (Cine y TV)

Amo a Jack Sparrow desde que lo ví aparecer sobre el mástil de su barco a medio hundir, llegando con esa… “dignidad” de pirata acabado a puerto hostil. Quizá por eso estoy deseando cada vez más que estrenen la segunda parte de Piratas del Caribe (en donde, por cierto, el protagonista indiscutible es Jack Sparrow, y Orlando Bloom y su soso-personaje pasan a completo segundo plano, en el poster Johnny Depp y Keira Knightley están por delante de él).
Ahí os dejo el trailer de nuevo para los que aún no lo hayan visto -si es que queda alguien.
http://disney.go.com/disneypictures/pirates/

Y de postre, una canción de piratas:

No soy un fulano con la lágrima fácil de esos que se quejan sólo por vicio,
si la vida se deja yo la meto mano, si no, aun me excita mi oficio.
Y como además sale gratis soñar y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas, a probarme otros nombres,
a colarme en el traje y la piel de todos los tipos que nunca seré.

Al Caponne en Chicago, legionario en Melilla, pintor en Bombanash,
mercader en Damasco, costalero en Sevilla, negro en Nueva Orleans.
Viejo verde en Sodoma, deportado en Siberia,sultán en un harén,
policía ni en broma, triunfador de la feria,gitanito en Jerez.
Tahur en Montecarlo, cigarrillo en tu boca,taxista en Nueva York,
el más chulo del barrio y tiro porque me toca, suspenso en religión.
Confesor de la reina, banderilero en Cádiz,tabernero en Dublín,
comunista en las Vegas, ahogado en el Titanic, flautista en Hammelin.

Pero si me dan a elegir entre todas las vidas yo escojo
la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo,
el viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera
un par de tibias y una calavera.

Billarista a tres bandas, insumiso en el cielo, dueño de un cabaret,
arañazo en tu espalda, tenor en Rigoletto, pianista de un burdel.
Polizón en tu cama, vocalista de orquesta, mejor tiempo en Lemans.
Cronista de sucesos, detective en apuros,conservado en alcohol,
violador en tu sueños, suicida en el viaducto,guapo en un culebrón.
Morfinómano en China, desertor en la guerra, boxeador en Detroit,
cazador en la India, marinero en Marsella, fotógrafo en Play-Boy.

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Reflexiones sobre el alto coste de la vida (Tori Amos)

29, marzo, 2006 at 4:41 pm (Uncategorized)

“Es curioso pero cuando tengo un buen día no pienso tanto en ella.

La verdad es que nada en absoluto. Cuando me brilla la voz y tengo la tripa llena no se me ocurre decir ni pío. Cuando tengo un mal día hablo con la Muerte constantemente. No del suicidio porque, sinceramente, no es lo bastante dramático. A la mayoría nos gustan los escenarios, y suicidarse es la actuación definitiva; y siendo adicta al escenario, el suicidio estaba descartado desde el principio. Además, la gente se fija y se pone a mirar a ver qué te sobra y no puedes cruzar las piernas para mostrar ese ángulo tan seductor del muslo y es muy deprimente.
Así que hablamos.
Dice cosas que parecen no ocurrírsele a nadie, como vamos a tomarnos un perrito caliente, y entonces parece que nada sea imposible.
Una vez me dijo que en cada uno de nosotros hay parte de ella, aunque Neil cree que soy más Delirio que Tori, y Muerte me enseñó a aceptarlo, o sea, a llevar mis teclas con orgullo. Y una vez aceptado eso, me doy cuenta de que Muerte está dentro de mí, en alguna parte. Era la clase de chica que todas querían ser, desde mi punto de vista porque sabe “aceptar las cosas”. Siempre me recuerda que “las cosas” cambian, pero que no se puede dar ningún cambio hasta que hayas aceptado “las cosas”.
Igual que ayer, todo el equipo de grabación estaba medio estropeado. Casi perdemos una obra maestra, y los músicos se van mañana y no podemos seguir haciendo música hasta que se solucione todo esto. Estamos en medio de la nada en el desierto, y lo que quiere mi ser es meterse debajo de un cactus y hacer como el avestruz. En vez de esto, me teñí el pelo; ella me visitó y empecé a aceptar el lío en el que estaba metida. Lío al revés es oíl y armada con aquella información me sentí mucho mejor. Durante las últimas horas me he permitido sentirme derrotada, y como ella dijo, si te permites sentirte como te sientes de verdad, tal vez deje de darte miedo ese sentimiento.
Cuando estás de rodillas estás más cerca del suelo.
Las cosas parecen estar más cerca en cierto modo.
Si lo único que se me ocurre es decir esto no va conmigo, esto no va conmigo, entonces no habría una cuerda delante de mí ni un cocodrilo detrás, ni una chica sentada en el alféizar comiéndose un perrito, y si me lo creo, entonces morir sería la única respuesta porque no vendría Muerte a decirme que todo va sobre ruedas y, al fin y al cabo, ella tiene un hermano que cree en la esperanza.” Tori Amos, prólogo a “Muerte: El Alto Coste de la Vida”
¿Por qué será que siempre me siento tan identificada con este texto? Al final, si yo soy un poco Delirio, y Delirio es Tori Amos, será que yo también soy un poco Tori Amos.

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Oichi (muerta en 1583), hermana de Oda Nobunaga

28, marzo, 2006 at 9:39 pm (Japón)

Pocas mujeres en la historia japonesa han seguido el camino y la suerte de Oichi, la hermana de Oda Nobunaga renombrada por su belleza. Se casó primero con Shibata Katsuie después de que pidiese perdón por un intento de rebelión en 1557. Siguiendo la conquista de Mino por parte de Nobunaga en 1567, Nobunaga hizo que Shibata se divorciase de Oichi para que pudiese ser enviada como esposa del joven Asai Nagamasa, señor de la provincia de Ômi. Tuvo un hijo (Manjumara) y tres hijas de Nagamasa. Desafortunadamente, Nagamasa traicionó su alianza con Nobunaga en 1570 y fue a la guerra con él en nombre de la familia Asakura. La lucha continuó durante tres años hasta que la familia Asakura fue eliminada y el Castillo Odani de Nagamasa fue rodeado. Nobunaga pidió que le devolviesen a su hermana, y Nagamasa aceptó, permitiendo a Oichi irse para volver con Katsuie (aunque cuando ésto sucedió se convirtió en todo un problema a debatir). En 1583, tras la muerte de Nobunaga, Shibata Katsuie y Toyotomi Hideyoshi fueron a la guerra por la sucesión. El ejército de Katsuie fue destrozado en Shizugatake en las colinas del norte de Ômi, y el viejo general en persona (que no había estado presente en la batalla) se encerró en Ichi no tani con la intención de suicidarse. Le pidió a Oichi que cogiese a sus hijas y se marchase; pero Oichi envió a sus hijas bajo el cuidado de Hideyoshi, y se quedó a morir con Katsuie en el incendio que arrasó su castillo. Una de sus hijas, la futura “Yodogimi” añadió otro elemento de tragedia a esta historia, ya que se casaría con Tokugawa Hidetada -el segundo shôgun Tokugawa- y fue la madre del tercer shôgun, Iemitsu (pero esa es otra historia para otra ocasión).

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Torrijas de Nunca Jamás

28, marzo, 2006 at 3:37 pm (Uncategorized)

Soy una gran aficionada a la cocina. Sobre todo a la cocina japonesa (tengo varios libros) y a la repostería (la tradicional de toda la vida). Y hoy he estado cocinando unas torrijas a mi propio estilo -las he llamado Torrijas de Nunca Jamás.
He cogido pan de molde, le he recortado los bordes, y lo he pasado por una mezcla de leche semidesnatada, azúcar, Calvados de 8 años y canela. A continuación las he pasado por el huevo batido y las he puesto a freír en aceite de oliva vírgen muy caliente. Para finalizar, las he espolvoreado con azúcar y más canela.
Una delicia casera.
La imágen no es de mis torrijas, pero se parece a cómo quedaron. Lo mejor es el sabor. El Calvados les da un toque a manzana realmente delicioso.

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Al nuevo Bond se le ha ido la olla

28, marzo, 2006 at 9:02 am (Cine y TV)

No sé si es por fastidiar a todos los que decimos que no nos gusta un pelo como Bond, pero es que me he enterado de que Daniel Craig ha hecho una serie de exigencias a los productores y director de “Casino Royale” (que espero que no sean ciertas, porque entonces será una película sobre cualquier personaje, pero no sobre James Bond), que paso a enumerar a continuación:
1- Ha exigido llevar otra marca de reloj.
2- Ha exigido utilizar otra marca de coche.
3- Ha exigido que en la película no aparezcan cachibaches, con lo que Q no va a aparecer.
4- También ha dicho que no piensa llevar smoking.
A ver, el que no quiera usar determinado reloj o determinado coche, o no llevar smoking, no son cosas realmente graves (por lo menos no para mí, aunque muchos de los fans de Bond se tirarán de los pelos y se rasgarán las vestiduras, pero vamos, que no es algo realmente imprescindible). Pero que decida no usar los dispositivos que han hecho famoso a un agente especial como Bond, y que por ello no vaya a salir en la película uno de los personajes emblema de la serie como es Q… ¡eso no tiene perdón de dios!
Vamos, que yo sólo le veo sentido a todo esto en que, como los fans están en su contra y no creo que se vea con mucho futuro en la franquicia, se haya decidido por boicotearla, porque es que no hay otra explicación razonable al asunto.
¡Ay! ¡Y yo que siempre dije que Clive Owen era el Bond perfecto!

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Los Caballeros del Templo de Jerusalem (III y última parte)

27, marzo, 2006 at 6:18 pm (Uncategorized)

Cuando encendió de nuevo el mechero, más enfurecido que nunca por la bromita, vio una figuras que se alejaban hacia su derecha. ¡De modo que allí estaban…!. ¡Se iban a enterar!. Y se echó a andar tras ellos. Iba despacito para que no lo oyeran, pero él sí que oía sus pasos delante suyo. Ellos conocían el sitio tan bien que no necesitaban luz para caminar entre las ruinas.
De pronto un golpe de viento abrió la vieja ventana que había a su lado, y la lluvia le golpeó el rostro, apagándole el mechero mientras un rayo lo iluminaba todo.
Maldijo en voz baja y continuó caminando. Ya no oía sus pasos, y el mechero no se encendía. ¡Vaya una perra suerte!. Pero un poco más adelante encontró una puerta abierta que daba al exterior. Salió fuera para ver si estaban allí. Miró hacia los lados. La lluvia comenzaba a resbalarle por la cara. Seguro que ésa era otra de las suyas. Al volverse para entrar de nuevo, la puerta se cerró de golpe. ¡Malditos…!. Así que iban a dejarle allí fuera mojándose como un idiota. ¿Qué era?. ¿Otro truco para que perdiera la apuesta?. Se rió del miedo que había pasado allá abajo. ¡Qué estúpido había sido!. Pero no iba a quedarse allí mojándose, ¡de eso nada!. Y se echó a andar rodeando el monasterio para llegar a la puerta principal.
Al girar la esquina los vio de nuevo. Los tres cubiertos con capas blancas, y se metían por una puerta de un edificio que sobresalía del resto del monasterio. ¿Entonces quién había cerrado la puerta?. El viento, se dijo. Después de todo, el único idiota voy a ser yo. Y se encaminó hacia allí.
La puerta daba a un pasillo, y el pasillo a la parte posterior de lo que había sido un altar. Los rayos iluminaban de vez en cuando las majestuosas vidrieras de una pequeña capilla. Debía haber sido preciosa unos cuantos siglos antes. ¡Malditos curas!. Seguro que vivían como reyes sangrando a los pobre campesinos de la zona.
Se sintió maravillado por los candelabros y los restos de las figuras de santos. La gente había sido tan estúpida como para no mirar nunca en el interior de la capilla. Podría sacar bastante dinero si vendía todo aquello. De pronto se acordó de por qué estaba allí. Miró alrededor y no los vio.
-¡Chicos, salid ya, os he descubierto!.
Pero no salió nadie.
-¡Vamos, no seáis críos!.
Nada de nuevo. Y de pronto, los candelabros se encendieron. Miró a su alrededor buscándolos. Y de nuevo el susurro pronunció su nombre. Y él seguía dando vueltas sobre sí mismo mientras unos pasos metálicos se le acercaban y su nombre sonaba cada vez más cerca. Estaba en medio del pasillo que llevaba al altar, atónito, sin comprender nada, sólo que el corazón le iba cada vez más rápido y que aquello no tenía sentido.
De pronto se abrió la puerta de la capilla y un viento gélido apagó todas las luces, y se quedó allí quieto mirando a la puerta. Entonces algo frío le tocó el hombro, algo como una espada.
-¡Ey, chicos, vaya broma!.-dijo girándose.

Los tres iban corriendo bajo la lluvia con las largas capas empapadas. Se acercaban a la puerta principal del monasterio cuando oyeron el grito que venía de la parte posterior del edificio. Corrieron hacia allí. Él debía de haber encontrado la puerta de atrás. Seguro que estaba muerto de miedo, y ellos no habían hecho nada. No habían podido poner en marcha su plan porque la lluvia les había cogido de camino y habían tenido que guarecerse en una pequeña cabaña en el bosque. Cuando llegaron, la puerta de atrás de la capilla estaba abierta. Entraron, miraron el desvencijado interior y no vieron nada; tan sólo estaban los restos podridos de los bancos, y el viento y la lluvia entraban por las rotas vidrieras.
Lo buscaron en el monasterio, pero no lo vieron, y supusieron que se había ido a casa. Sin embargo, al día siguiente, los padres del muchacho no sabían en dónde estaba. Y no regresó en los días posteriores, y nadie supo nunca a dónde había ido ni si aquel grito había sido suyo.

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Los Caballeros del Templo de Jerusalem (II Parte)

26, marzo, 2006 at 11:04 pm (Uncategorized)

Las escaleras subían y bajaban. ¿A dónde iría primero?. Arriba era un poco más peligroso, el suelo de madera podrida y carcomida podía hundirse en cualquier momento. Abajo sólo había tinieblas. Comenzó a subir. La madera crujía peligrosamente bajo sus pies. Eso estaba mejor. Podía imaginarse que era un aventurero, un arqueólogo como Indiana Jones en busca del Arca de la Alianza. Además, ¿los templarios no venían de donde los judíos?
Al llegar a la penúltima escalera, ésta crujió más que las demás y cedió bajo sus peso. Se sujetó con ambas manos a la pared y a la última escalera, con lo cuál la antorcha salió volando y cayó unos cuantos peldaños más abajo.
-¡Maldita sea!. ¡Maldita sea!.-el tobillo le dolía un poco, pero se levantó para coger la antorcha antes de que provocara un incendio.
Volvió a subir, esta vez con más cuidado, y llegó al primer piso. ¡Al fin!. Con suma cautela caminó contra la pared hasta llegar a la primera puerta. No podía seguir, en el suelo había un enorme boquete que se lo impedía. La puerta también estaba cerrada, pero era tan vieja que se abrió fácilmente. Allí debía de ser donde comían los “curas guerreros”. ¡Pues vivían bien!. Había una larga mesa rodeada por enormes sillas de madera maciza con los restos de finos tapizados. También descubrió que había alguna que otra gotera al caerle una gruesa gota de agua en el cuello. Se le erizó la piel, y pasó la mano para secarse mientras se apartaba.
Entonces oyó el ruido. Era como si hubiesen cerrado una puerta al fondo del pasillo; pero era imposible, el agujero que había en el suelo lo hacía imposible. Además allí no había nadie más.
-Habrá sido el viento.- se dijo.
Pero prefirió salir de allí, por si se hundía o se caía algo más.
Se recordó que debía tener cuidado con las escaleras, y las bajó con toda la precaución posible. Y, ¿ahora qué?. Pues a mirar lo que había abajo. Y comenzó a descender por las escaleras de piedra.
Un crujido en las viejas escaleras de madera le hizo mirar hacia arriba. Volvieron a crujir otra vez, pero no había nada. Y otra. Él estaba allí inmóvil, sujetando la tea mientras el corazón comenzaba a chocarle contra las costillas. Otro crujido. Y de pronto se derrumbaron levantando una polvareda mientras él saltaba hacia atrás. -¡Joder!. ¿Ha sido culpa mía?.- se dijo en alto para tranquilizarse. Y se decidió a bajar con calma y respirando hondamente para calmarse. Se había librado de una buena. ¿Y si se hubieran desmoronado cuando él estaba bajando?. ¡Qué suerte!. Esos peldaños al menos eran de piedra, estaban gastadas, pero siquiera no se hundirían bajo sus pies.
Mientras bajaba, el olor a humedad, un olor rancio y podrido que ya se respiraba arriba, se fue haciendo cada vez más fuerte; y la oscuridad, más negra todavía. El frío le calaba los huesos. Su ropa estaba algo húmeda por la lluvia, pero hasta entonces no la había sentido tan pegada a su piel.
Llegó al fondo, y no se veía el principio de las escaleras. Allí había lo que parecían unas celdas. Debía de ser donde los curas metían a sus prisioneros de guerra. Vio unos bultos a la derecha y se acercó para iluminarlo mejor. Eran viejos instrumentos de madera podrida con metal oxidado. Armas semejantes a las que salían en las películas medievales. ¿Serían para torturar a los presos?. Seguro que sí; todos esos curas en el fondo eran iguales. Inquisidores.
Volvió hacia donde estaban las celdas para mirar a ver si había algún resto humano olvidado en su interior. Entonces oyó algo así como pasos arriba, unos pasos que comenzaban a bajar las escaleras… ¡Son ellos, seguro!. Voy a darles un susto de muerte, pensó. Y cuando se encaminaba hacia el interior de una de las celdas, los pasos cesaron. Se detuvo para escuchar. Nada. Durante unos minutos estuvo en silencio escuchando. Pero nada. ¿Habían visto la luz al fondo de la escalera?. ¿Y si los llamaba?.
-¡Chicos, soy yo!. ¡Estoy aquí!.
Un ruido desde el interior de la celda. La iluminó, y el susto hizo que soltara la antorcha para cubrirse la cara mientras decenas de asquerosos murciélagos salían chillando y comenzaban a subir por el hueco de las escaleras. La antorcha salió rodando para caer en un charco de agua cochambrosa y apagarse con un silbido.
-¡Joder!. ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?.-exclamó estirando los brazos en la oscuridad mientras el ruido del aleteo de los murciélagos se extinguía.
Pues no debían de estar allí, pensó al encender de nuevo el mechero, de lo contrario les oiría siquiera gritar al verse sorprendidos por aquellas ratas con alas. Pero entonces oyó aquel susurro que pronunciaba su nombre, e iluminó las escaleras. Sin embargo allí no había nada. Imposible, debían de estar allí, delante de él, para poder escucharlo con tanta claridad.
El corazón volvió a latirle de nuevo a toda prisa, y sintió como que casi se le salía por la boca cuando escuchó de nuevo aquel susurro, aquella voz que lo llamaba al lado de su oído; y se giró al notar como si una mano le rozara el hombro para llamar su atención. Pero allí no había nada; no veía nada. Se pegó contra la pared, con la boca abierta, la exclamación ahogada, y permaneció unos minutos eternos mirando a la oscuridad y esperando que aparecieran sus amigos de la nada.
Es tu imaginación, se dijo, solamente tu maldita imaginación. Pero el corazón continuaba latiéndole a toda velocidad, y sentía cómo la sangre caliente corría por sus venas congeladas por el pánico que se había apoderado de él. Durante bastante tiempo permaneció inmóvil, maldiciendo aquel condenado sitio, su maldita suerte y a los “curas guerreros”. Cuando se consiguió calmar lo suficiente se encaminó a las escaleras y las subió a la carrera. Por un par de veces se apagó el mechero, y por un par de veces tropezó y se cayó; pero volvió a levantarse y a subir sin pensar en nada, sin asustarse por nada. O al menos eso intentaba.
Al llegar arriba corrió hasta la puerta, pero estaba cerrada. ¡Maldita sea!. La empujó con todas sus fuerzas, pero no cedía ni en broma. ¡Aquellos tres graciosos se iban a enterar cuando los cogiera!. Ahora ya sabía que ellos estaban allí.

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En un Jardín de Fantasía

26, marzo, 2006 at 11:39 am (Uncategorized)

La última ocurrencia que he tenido ha sido crearme otro blog para plasmar en él una historia que estoy escribiendo. Lo he titulado En un Jardín de Fantasía (un pequeño rincón en el reino de la Emperatriz Infantil, recóndito y tan secreto que ni Atreyu ni Bastián tuvieron nunca noticias de él), y he añadido el link a la lista de links, ahí a la izquierda (aunque también sale en mi perfil, pero oye, nunca está de más hacerse publicidad a uno mismo).
Desde aquí quiero también invitar a algunas amigas (y/o/u amigos, porque no hago discriminaciones de ningún tipo) a que, si quieren darle un poco de vida, que me dejen sus mails y -además de así tenerlos para mantener contacto por ese medio- añadirl@s como miembros, para que suban cualquier cosilla que escriban y quieran compartir en mi pequeño Jardín (ya os dejaré también un aviso en vuestros blogs, puestos a hacer publicidad gratuita y por el morro).
Ahí queda eso.

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De las calamidades de Londres en el XVII

26, marzo, 2006 at 9:30 am (Uncategorized)

Hoy, un poco de historia londinense. ¿Por qué estos desastres? Supongo que porque los desastres fraguan el carácter, tanto de la gente como del propio ámbito geográfico en donde se desarrollan. Además, ha sido algo que me llamó mucho la atención (y me recordó también el Gran Incendio de Nueva Orleáns), y que para mí era bastante desconocido hasta hace poco.
El periodo Estuardo se vio dominado por dos desastres en Londres: la Gran Peste y el Gran Incendio. En 1665, la Peste se extendió por la ciudad, traída por un barco desde Holanda. Londres estaba acostumbrada a las pestes desde la Edad Media, pero ésta fue diferente –un brote tan virulento que los que la padecían podían cogerla y morirse en sólo unas horas. La ciudad se vio sumida en el pánico. Los enfermos eran encerrados en sus casas, con sus familiares. Se creía que los perros y los gatos propagaban la enfermedad, así que el Lord Alcalde ordenó matarlos a todos. Así, de un golpe, se eliminó a los enemigos naturales de las ratas, que eran las auténticas propagadoras. A lo largo del largo y cálido verano de 1665, la peste arrasó Londres. La corte huyó, muchos doctores y sacerdotes les siguieron, y todos aquéllos con lo suficiente para escapar, se iban rápidamente. Aunque lo peor de la peste se fue en otoño, no fue hasta la siguiente gran calamidad que se limpiaron las mugrientas calles de Londres de lo que quedó de la plaga. Se estima que la tasa de muertes fue desde 70.000 a más de 100.000.
La segunda calamidad fue el Gran Incendio.

En la mañana del domingo, el 2 de septiembre de 1666, comezó la destrucción del Londres medieval. En cinco días, la ciudad que Shakespeare había conocido fue destruida por el fuego. Un área de más de tres kilómetros y medio por dos y medio fue convertida en cenizas; más de ciento cincuenta hectáreas en el interior de las murallas de la ciudad y veinticinco hectáreas y media del exterior, 13.200 casas y 87 iglesias (incluyendo la vieja catedral de St. Paul) fueron destruidas. Es realmente increíble que en todo este desastre sólo se perdieran ocho vidas (o sólo se tiene conocimiento de la pérdida de esas vidas, vamos). Lo que sí que se sabe seguro es que la destrucción de todas esas casas de madera tan cercanas y otros edifidios, se consiguió poner fin a la Gran Peste que había devastado la ciudad el año anterior.
El fuego comenzó en la casa y la tienda de Thomas Farynor, panadero del rey Carlos II, en Pudding Lane (donde ahora se levanta el llamado Monumento, realizado para conmemorar el Gran Incendio). Farynor se olvidó de apagar el fuego de su horno la noche anterior, lo que provocó que las brasas prendieran fuego en la cesta de leña que había junto al horno. Alrededor de la una de la madrugada, tres horas después de que Farynor se fuese a la cama, tanto la casa como la tienda estaban en llamas. El ayudante de Farynor se despertó encontrando la casa completamente llena de humo, y consiguió despertar a todos los que en ella habitaban. Farynor, su esposa, su hija y un sirviente escaparon trepando hasta una ventana del piso superior, y de allí al tejado. La doncella estaba tan asustada de tener que caminar por los tejados que se quedó en la casa, convirtiéndose así en la primera víctima del fuego.
Las chispas del incendio cayeron en la paja y el heno del patio de la Star Inn en Fish Street Hill. La Londres de 1666 era una ciudad que tenía hechos de madera por lo menos la mitad de sus edificios, con los tejados cubiertos de brea para impermeabilizar la paja. Estos edificios sufrían un riesgo de incendio extremo y se prendía en ellas el fuego de una forma muy fácil. Con los fuertes vientos que soplaban ese día, las chispas se esparcieron rápidamente, prendiendo en los tejados y las casas según iban cayendo sobre ellos. Desde el Star Inn, el fuego se propagó a la iglesia de Saint Margaret, entrando en Thames Street. Ahí había almacenes y muelles llenos de cajas de materiales inflamables: aceite, licores, sebo, cáñamo, paja, carbón, etc. En ese momento, el fuego ya era demasiado voraz como para ser combatido con los pobres dispositivos de los que podían hacer uso (a penas cubos y palas). A las ocho de la mañana, siete horas después de iniciarse el incendio, las llamas habían hecho ya mitad del camino sobre el viejo Puente de Londres. Sólo el hueco dejado por un incendio anterior en el 1633 previno el que las llamas cruzaran el puente y comenzasen un nuevo fuego en Southwark, en el lado sur del río.

Los fuegos ardieron a lo largo de todo ese día y del siguiente. Fleet Street, Old Bailey, Ludgate Hill, Newgate, etc, fueron todas reducidas a cenizas. Se sabe que las piedras de la vieja catedral de St Paul explotaron por el calor, y también se fundió el plomo del tejado, corriendo como un arroyo por las calles. El fuerte viento proveniente del este mantenía el avance de las llamas.
Poco se pudo hacer para detener el avance del incendio. Se habían promulgado varias leyes, obligando a los vecinos de la ciudad -devido al estado y materiales de las casas, ya que no era la primera vez que se provocaban fuegos, aunque nunca tan terribles- a proveerse de calderos, escaleras, ganchos para incendios,… pero mucho de este equipamiento se podría debido a la negligencia; y los suministros de agua, estando lejos de las orillas del río, eran más bien escasos.
Entonces, con muy pocas alternativas, se comenzó a pensar en demoler las casas para crear varios cortafuegos. El Lord Alcalde Bludworth estaba más preocupado en pensar quién pagaría la reconstrucción de esas casas que el ayuntamiento ordenaba derruír. Ciertos “grupos entrenados” fueron llamados para asistir en la demolición, pero comenzaron demasiado cerca del avance del fuego y fueron incapaces de despejar esos lugares antes de que las ruinas se convirtieran en más combustible para las llamas.
Completamente desesperados, optaron por demoler las casas usando pólvora, llegando a tener un éxito desmedido en algunos casos. Durante otros tres días el fuego arrasó la ciudad antes de terminar por apagarse en Temple Church, cerca de Holborn Bridge.
Mientras la ayuda comenzaba a llegar tras los anteriores días de pánico, el incendio moribundo comenzó a arder de nuevo y a trepar por el Palacio de Whitehall. El Duque de York ordenó la destrucción de más edificios y el incendio, por fin, consiguió controlarse.
Al final del incendio sobre cuatro quintos de la City (la zona centro y más histórica de Londres, la que había sido construida dentro de las viejas murallas de la ciudad) habían sido destruidos, lo que contabilizó 13.200 edificios de casas, 87 iglesias y 50 edificios de comerciantes sobre un área de más de ciento setenta y seis hectáreas. Aunque el fuego se llevó unas pocas vidas, por lo menos sirvió también para algo bueno: las ratas que habían ayudado a transmitir la peste bubónica el año anterior murieron en el incendio. El número de las víctimas de la peste disminuyó rápidamente tras el Gran Incendio.
Para aquéllos que lo perdieron todo, la vida les dejó de pronto en la más abyecta miseria. La población de la ciudad se dispersó alrededor de St George Fields y Moorfields, y en las afueras llegó tan lejos como a Highgate. A algunos se les entregaron tiendas de campaña, otros se construyeron refugios con lo que tenían a mano o con lo que podían, levantando cabañas y casuchas. Miles de personas se vieron arruinadas y la prisión de deAngliaCampusors se vio abarrotada.
El Gran Incendio de Londres puso en movimiento los cambios que se convirtieron en la base de la organización de la lucha contra incendios en el futuro. Las casas de madera y los diseños del periodo medieval fueron reemplazados por edificios de ladrillo y piedra, y los propietarios comenzaron a asegurar sus propiedades contra incendios. Las nuevas compañías de seguros se dieron cuenta rápidamente de que sus pérdidas podían ser mínimas empleando hombres que se encargaran de apagar los fuegos.

Christopher Wren, el gran arquitecto inglés del XVII comenzó la reconstrucción de Londres. En unos días presentó un plan para reconstruir la ciudad con amplias avenidas y plazas abiertas reemplazando el laberinto de callejones y travesías. Pero era demasiado caro, sobre todo después del gasto llevado a cabo para sofocar el Gran Incendio. Así y todo, a Wren le dieron el dinero para reconstruir las iglesias, construyendo al final 49 iglesias nuevas y la gran catedral de Saint Paul que todos pueden admirar hoy en día. Muchas de las iglesias actuales de Londres se deben al trabajo de Wren, y es realmente complicado encontrar alguna anterior a esa fecha.
Después del Gran Incendio de 1666, la cara de Londres cambió para siempre.

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Los Caballeros del Templo de Jerusalem (I Parte)

26, marzo, 2006 at 1:02 am (Uncategorized)

Éste es uno de los cuentos que tengo terminados -lo escribí en el instituto, en segundo de BUP, si no me equivoco, así que es viejo, bastante viejo, aunque ha sufrido algún que otro retoque a lo largo del tiempo-, por eso voy a postearlo aquí, para que podáis leer algo que ya tiene un final definido. Bueno, espero que os guste.

Allá por el año 1118 de Nuestro Señor, -tras la toma de Jerusalem por los cruzados cristianos-, Hugo de Payens, Godofredo de Saint-Omer y un grupo de caballeros fundaron la Orden del Templo para la protección de Tierra Santa y de los peregrinos.
Estos caballeros eran a la vez religiosos y militares; organizaban su vida según la regla monástica benedictina, adaptándola a la condición seglar y a las actividades guerreras de sus miembros.
Pero la pérdida de la Tierra Santa, a manos del Islam, cuya defensa había sido la primera razón de ser de la Orden, y sin poder justificar ya su existencia, provocó su disolución en manos de Clemente V en el año de Gracia de 1312.
Sin embargo, de todos es conocido los enigmas que envolvieron, -y que todavía envuelven-, a los sitios donde vivieron y murieron los caballeros del Templo. Son lugares rodeados de misterio –y porqué no, también de magia-, en los que aún es posible escuchar el murmullo de sus oraciones antes de entrar en combate, o incluso hay quien jura escuchar algunas noches el metálico chasquido de las espadas entrechocando. Por lo tanto, la siguiente historia pudo suceder en cualquiera de sus doce provincias de Occidente, o de sus cinco en Oriente, lo único cierto es que ocurrió… o que tal vez haya sido producto de la imaginación de los que se sienten fascinados por su misterioso modo de vida y su desaparición.

Desde pequeños se habían sentido fascinados por la vida de aquellos “caballeros monjes”, los admiraban y se sentían sobrecogidos por el regio monasterio en el cuál habían vivido y por el que habían luchado hasta la muerte. Jugaban de niños en el bosque que ahora lo rodeaba, soñaban con que eran caballeros del Templo de Jerusalem y que daban su vida por proteger sus muros y sus tierras. Por eso no comprendían que aquel muchacho que había llegado al pueblo hacía poco se burlara de sus juegos de infancia y del respeto que mostraban hacia ellos, los templarios.
Le iban a dar una lección, una buena lección. Aprendería a no reírse de ellos ni de aquel lugar que para ellos era tan especial. Le habían apostado a que no era capaz de resistir una noche entre los muros del monasterio. Ellos se disfrazarían con largas túnicas blancas con cruces rojas, las que utilizaran en el baile de disfraces de hacía un par de meses, y lo asustarían hasta que se meara en los pantalones.


Hacía un par de horas que se había hecho de noche. La luna brillaba tímidamente en el cielo de invierno que empezaba a cubrirse de oscuros nubarrones. ¡Mierda!, y todavía no había llegado al maldito monasterio. Perdería la apuesta por culpa de su madre y su insistencia en que tenía que fregar los cacharros después de la cena. Miró el reloj; las once menos cuarto. Tendría que echarse una carrerita si quería llegar antes de las once y antes de que empezara a llover.
En diez minutos estaba ya en el camino que conducía a la entrada del edificio. Se detuvo un momento para tomar aire. El corazón parecía salírsele del pecho por el esfuerzo. En realidad no estaba nervioso ni sentía miedo por pasar unas horas entre aquellos estúpidos cuatro muros medio derruidos. ¿De verdad aquellos tres se creían que le asustaría pasar la noche en lo que fuera una casa de curas? ¡Vale!, luchaban. ¿Y qué?. Eran curas que se habían muerto un montón de siglos antes. ¡Qué estupidez!
Bien, ya se sentía mejor. Miró a su alrededor. Los árboles habían perdido todas sus hojas. Sus formas caprichosas y retorcidas mostraban que ya tenían algún que otro siglo de antigüedad. Avanzó entre ellos con paso firme y decidido. De pronto la luna se ocultó y sintió como comenzaban a caer las frías gotas de agua sobre la piel de su rostro.
-¡Mierda!-exclamó mientras echaba a correr hacia la puerta del monasterio.
Había quedado allí fuera con aquellos tres impresentables, pero no iba a quedarse como un pasmarote bajo la lluvia. Les esperaría dentro. Empujó un poco el viejo portón de madera, pero estaba demasiado oxidado para abrir así de fácil. Tantos siglos y ni una gota de aceite para los goznes…
Un rayo se hizo camino entre las nubes y lo iluminó todo.
Dio un respingo al ver la horrible cabeza que había tallada sobre la puerta, justo encima del escudo de armas. Parecía que hubieran cogido a alguien y le hubiesen hecho atravesar el muro hasta los hombros, de modo que sobresaliera la cabeza de ese lado. ¡Y encima había tormenta!
-Pues yo no pienso mojarme.-y con un pequeño esfuerzo logró que las hojas de la puerta se movieran e hicieran un hueco suficiente para que él cupiera.

Dentro no llovía, pero tampoco se veía nada. Las pocas ventanas que había debían de estar bien cerradas y apuntaladas para que nadie entrara. Allí el máximo peligro que había era el de un derrumbamiento. Encendió el mechero. Y por el estado en el que se encontraban los muros, cualquier día de éstos se vendría abajo. ¡Vaya una mierda de sitio!
Miró a derecha e izquierda. Más allá sólo había tinieblas, así que se echó a andar hacia la derecha sin saber muy bien a dónde ir. Unos metros más adelante encontró unas viejas antorchas. Al menos estaban secas, y tal vez prendieran con el fuego del mechero… ¡Genial!, ya tenía una iluminación algo decente.
Siguió caminando e inspeccionando todas las habitaciones que estaban abiertas. Tan sólo encontró telarañas, alguna rata inmunda, y los restos de lo que semejaban mesas, sillas, camas y candelabros de metal. ¡Pues qué bien! ¡Menuda aventura más aburrida!.

Y los otros tres sin aparecer.
Llegó de nuevo a la entrada. “¿Y ahora qué? ¿Me siento en el suelo y espero a que aparezcan? ¿O habrán llegado ya?”. No. Si hubiesen llegado lo llamarían para asegurarse de que estaba allí, seguro. Así que sólo le quedaba una solución: ver lo que había al fondo de unas cochambrosas escaleras unos metros más allá a su izquierda. Se encaminó hacia allí con paso decidido.

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Algunas esculturas realistas Amarnienses

25, marzo, 2006 at 2:10 pm (Egipto)

A petición de Schere dejo aquí algunas de las esculturas realistas del periodo Amarniense (encontradas la mayoría en el taller del escultor real Thutmose).
Escultura de cabeza de Nefertiti, y otra de Akhenaton de cuerpo entero en una ofrenda.

La escultura de Akhenaton de la que hablé en el post anterior, de cuerpo entero haciendo una ofrenda (aquí simplemente parece un hombre obeso -hay algunos hombres que engordan de la parte inferior del cuerpo de esta forma, aunque suele ser por problemas de glándulas o de hormonas, nada que tenga que ver con el Marfan o el Froelich). El famoso busto de Nefertiti que se haya en el Museo de Berlín.

Otro busto de Nefertiti.Hija de Akhenaton, identificada como Merit-Aton o Ankh-sen-Amon (bueno, algunos también la identifican con Meket-Aton, vamos, que sería una de las tres mayores). Es una escultura en la que la forma del cráneo está muy exagerada, pues en otras imágenes -a parte de las de la época más exagerada del arte Amarniense- no aparece tan deformado. A todo esto, decir que la teoría sobre la supuesta hidrocefalia de las hijas de Akhenaton sería imposible, ningún bebé nacido con esa enfermedad ha llegado a sobrevivir mucho tiempo, y mucho menos a sobrevivir a los primeros años de la infancia.Hija de Akhenaton, identificada como Merit-Aton o Meket-Aton. En esta escultura, aunque aquí no se vea, no se aprecia para nada la tremenda deformación que se veía en la escultura anterior.Reina Amarniense identificada como Merit-Aton o Nefertiti.Posible hija de Akhenaton.Por último, unas esculturas del rey Akhenaton, bastante más normales de las que se suelen encontrar por ahí. Y recuerdo que Thutmose fue el escultor real durante la parte final del reinado del rey (de ahí que se conservasen sus esculturas en su taller, incluída estas últimas de Akhenaton, ya que fue abandonado, no se sabe si al final del reinado de éste o al principio del reinado de Tut-Ankh-Amon, cuando se mudó de vuelta a Tebas).

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