Itako, videntes ciegas de Japón

16, diciembre, 2007 at 12:25 am (Japón)

Artículo de Gabriel Santamaría.

Cientos de japoneses viajan cada año hasta un valle para ponerse en contacto con sus familiares fallecidos a través de las populares itako: mujeres ciegas que son formadas desde su más tierna infancia para hacer de «puente» entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Para convertirse en médiums antes deben superar unas durísimas pruebas. Si no lo logran su única salida es la muerte…


A finales de julio del 2006 viajamos hasta las faldas del Osore-zan (monte del Miedo), volcán dormido de la península de Shimokita, en Japón. Nuestra intención era conocer a las itako, chamanas ciegas que durante cuatro días al año abandonan su aislamiento para entablar contacto con el mundo de los espíritus. Cientos de personas esperan durante horas su turno para hablar, a través de las itako, con sus familiares y amigos fallecidos. Para poner a prueba sus habilidades mediúmnicas decidimos pedirles que convocaran al escritor Yukio Mishima –cuyo verdadero nombre era Kimitake Hiraoka–, uno de los literatos más importantes de Japón, no sólo por su profunda y trascendental obra, sino por la forma en la que abandonó este mundo. El 25 de noviembre de 1970, cuando contaba con 45 años de edad y se encontraba en la cúspide de su carrera, acabó con su vida mediante un suicidio ritual, resolviendo así para siempre una de sus obsesiones y a la vez el elemento central de su obra: el conflicto existente entre el espíritu y la carne.
Hace tan sólo unas décadas, cuando una niña nacía ciega o perdía la vista, sus familiares la dejaban en manos de las itako, que se encargaban de su manutención y la adiestraban en la práctica de la mediumnidad. De este modo, las jóvenes invidentes podían ganarse la vida y obtener el respaldo de la sociedad. En la actualidad, la medicina ha avanzado lo suficiente como para curar algunas enfermedades que pueden provocar la ceguera; además el gobierno japonés financia una serie de programas para la inserción social de los invidentes. Por estas razones, las itako son un fenómeno que está condenado a la desaparición. Es comprensible que ningún padre quiera «condenar» a su hija a llevar una vida de privaciones, aderezada con constantes pruebas físicas y psíquicas necesarias para iniciarse en los secretos de la comunicación con el mundo de los muertos. A lo anterior debemos sumarle que el respeto por estas mujeres ya no es el mismo que antaño, pues no es extraño que algunos japoneses, sobre todo de las zonas urbanas, las consideren locas o desequilibradas.


LA MONTAÑA DE LAS MÉDIUMS
La mañana del 20 de julio llegamos en tren a la provincia de Saitama, a una hora de Tokio. Después de un frugal desayuno alquilamos un coche y nos dirigimos hacia el norte del país. Cruzamos las provincias de Tochigi, Fukushima, Miyagi, Iwate y Akita, hasta que finalmente alcanzamos nuestro destino: la pequeña ciudad de Mutsu, puerta de entrada a la península de Shimokita. Nos levantamos temprano para viajar sin prisas a Osore-zan, el territorio de las itako. Bajo una gélida llovizna tuvimos que atravesar un espeso bosque, en medio del que se adivinaban diversas fuentes cuyas aguas tienen fama de curativas. Después de horas conduciendo, por fin llegamos hasta el lago Usorizan –en realidad cráter de un antiguo volcán–, situado en las faldas del monte Osore. Sus aguas multicolores y vaporosas despiden un fuerte olor a azufre y marcan la frontera entre nuestro mundo y el de los muertos.
Junto al lago, casi oculto por la niebla, se levanta el templo budista Entsuji, construido allí en el siglo IX probablemente por la milenaria tradición según la cual Osore es la última parada de las almas de los muertos en su camino al otro mundo. Algunos estudiosos afirman que el origen de las itako se remonta al llamado período Jomon (13.000-300 a.C.), aunque otros opinan que es más reciente, entre el 300 a. C. y el 300 d. C. En cualquier caso, se trata de una tradición anterior a la introducción del budismo en Japón.
En el interior del templo, dentro de diez pequeñas tiendas de campaña militares, las itako atienden a los cientos de personas que esperan ansiosas su turno. Con un pie en cada mundo, las chamanas cantan y se balancean suavemente, mientras por sus gargantas manan las palabras de los espíritus. Normalmente charlan unos breves minutos con el consultante para saber qué espíritu deben convocar. Después entran en trance y, tras la comunicación, hablan de nuevo con el «cliente» con la finalidad de analizar brevemente el mensaje recibido del «otro lado». Así una y otra vez, casi sin descanso, durante los cuatro días que las itako se muestran al mundo.
La actitud de la sociedad japonesa ante las chamanas del monte Osore es ambigua. Algunos amigos japoneses con los que comentamos nuestros planes de visitar a las itako se mostraron complacidos de que unos extranjeros se interesaran por sus tradiciones, pero otros las consideraban sólo el último reducto de un pasado de superstición e ignorancia o una especie de malévolas hechiceras. De hecho, cuando regresamos de visitar a las itako, una amiga derramó sobre nosotros puñados de sal para evitar que en su despacho entraran los espíritus del monte Osore, pues estaba convencida de que los traíamos con nosotros. Eso sí, durante nuestra estancia en Japón comprobamos que independientemente de las creencias religiosas de cada cual, la simple mención de estas médiums provocaba en general reacciones de interés, respeto o temor.


Durante nuestra estancia en «territorio itako» intentamos entablar conversación con las personas que, al igual que nosotros, esperaban su turno para consultar a las mujeres sabias. Sin embargo, sólo accedieron a hablar aquellas que acudían por primera vez o con cierto afán de curiosidad. Por contra, quienes solían desplazarse al lugar todos los años y que creían fervorosamente en el mundo del más allá no quisieron dirigirnos la palabra. Sus miradas denotaban fe y trascendentalidad. Desde luego no habían viajado hasta allí para hablar de banalidades con extranjeros.
La comunicación con los muertos siempre ha sido un tema tabú para las grandes religiones, que suelen relacionar la práctica del espiritismo o la mediumnidad con la brujería o el satanismo. Sin embargo, en las religiones animistas el contacto con el más allá era un elemento esencial para el devenir de las comunidades. Antiguamente, los espíritus, a través de sus «portavoces» en la Tierra, los chamanes, dictaban las soluciones a los problemas vitales del pueblo.
Las itako creen en la existencia de una variedad de dioses provenientes de diversas tradiciones, tales como el animismo, budismo o sintoísmo. Durante las ceremonias de iniciación de las futuras chamanas, cada mujer es poseída por diferentes dioses. De este modo, comprobarán por vez primera qué deidad es la más adecuada para consultar en cada circunstancia.


MENSAJES DEL «OTRO LADO»
Tras esperar durante horas bajo una intensa lluvia nos llegó el turno. Entramos calados hasta los huesos en la tienda de la señora Take Nakamura. Tendría unos 65 años y desde el primer momento nos impresionó la intensidad de sus gestos, como si estuviese siendo torturada por las entidades del más allá. Se encontraba rodeada de pequeñas ofrendas –caramelos, galletas y refrescos– y vestía la indumentaria típica de estas mujeres: una capa grabada con símbolos sagrados, bajo la que se adivinaba un kimono blanco. Una cinta de tela bordada atravesaba su pecho, a su espalda portaba una campana y sobre su regazo había un largo rosario formado por pequeñas bolas de madera, como el utilizado habitualmente por los practicantes del budismo. La diferencia es que de los extremos de éste colgaban colmillos y mandíbulas de animales. Más tarde averiguamos que probablemente pertenecían a lobos, pues las itako también utilizan el espíritu de ciertos «animales de poder» para realizar sus trabajos de magia. La señora Take nos preguntó el nombre real de la persona a quien deseábamos invocar, así como las fechas de su nacimiento y de su muerte. «Kimitake Hiraoka. 14 de enero de 1925, 25 de noviembre de 1970», contestamos. Lo cierto es que hicimos una pequeña trampa, pues el escritor es conocido en el mundo entero no por su nombre real, sino por su seudónimo: Yukio Mishima. Acto seguido, la mujer nos inquirió sobre la relación que nos unía al difunto. Fuimos sinceros, confesamos que no estábamos emparentados con él, pero que lo considerábamos nuestro maestro espiritual. La mujer mostró desconfianza, pero comenzó la invocación. Frotó las cuentas del rosario, mencionó el nombre y las fechas que le proporcionamos y entonó los cantos que le abrían las puertas del mundo de los muertos. Unos segundos de tenso silencio y se arrancó a hablar: «Perdónanos por llamar a tu alma; por favor no nos hagas daño». En este punto, la señora Take hizo una pausa. Nos dió la impresión de que la embargaba un cansancio extremo, pero continuó con fuerzas renovadas. Su voz era distinta y las palabras manaban de su boca de forma atropellada. En teoría, Mishima se estaba dirigiendo a nosotros a través de la chamana: «Agradezco que me hayas llamado. He estado vagando en el infierno por décadas, y este momento es un gran regalo para mí. Haz lo posible por vivir una larga vida; de esa forma obtendrás frutos en tu existencia. Cuídate. Desde el lugar en el que me encuentro he seguido realizando el mismo trabajo que hacía en la Tierra. He seguido escribiendo. Mi deseo se ha cumplido gracias a que me has llamado. Haz lo que realmente deseas hacer y no te rindas. Lamento haber muerto en la forma que lo hice». Estas mismas palabras las repitió varias veces y, gradualmente, su voz se fue apagando, hasta que se quedó en completo silencio. Después volvió a frotar las cuencas del rosario y nos indicó que la sesión había llegado a su fin. Le dimos las gracias y le pagamos. La señora Take sonreía y se balanceaba suavemente. Semejaba que todavía estaba saliendo del trance.


LA CONFIRMACIÓN
Al día siguiente intentamos hablar con la itako más popular. Su tienda estaba tomada por cientos de personas deseosas de consultar con la chamana. Se llamaba Keiko Himukai y nos atrajo de ella su juventud, tenía poco más de veinte años. Después de siete horas de espera por fin accedimos a su peculiar «templo». Desgraciadamente sólo pudimos contemplar su «actuación» desde el exterior de la tienda, pues cuando nos llegó el turno se negó a atender a nuestros requerimientos. Argumentó problemas de idioma. De nada sirvió que le hiciéramos ver que nos acompañaba un experimentado intérprete. La mujer se mantuvo inflexible en su decisión. Saltaba a la vista que se trataba de una mera excusa. En realidad, una regla no escrita entre estas chamanas prescribe que la comunicación sólo debe hacerse con los familiares o amigos del consultante, no con otros espíritus. Obviamente, algunas de ellas se la saltan.
Al día siguiente visitamos a otra itako: la señora Suwa Nakamura, mujer de unos setenta años que inspiraba una gran dulzura. Mientras esperábamos pacientemente, vimos cómo varias personas salían de su tienda visiblemente conmovidas. A medida que nos acercábamos a ella notábamos una sensación cada vez más poderosa. Después de decirle lo que pretendíamos, estuvo unos diez minutos cantando una invocación, hasta que empezó a hablar: «Siento no poder mostrar mi verdadera apariencia y tener que usar el cuerpo de alguien. Gracias por darme la oportunidad de estar aquí. Aprecio la veneración que sientes hacia mí; gracias a ella he podido venir aquí. Vida después de la muerte… Ahora, después de haber fallecido, me doy cuenta de lo feliz que era con mi familia y mis amigos en este mundo. Siento aún una decepción por la forma en que fallecí. Me tengo que retirar, tengo que volver a casa. No te preocupes». Entonces la señora Suwa calló y lentamente volvió en sí. Sus manos entrelazadas perdieron la tensión y su boca permaneció abierta durante medio minuto, con la cabeza inclinada. Se despidió de nosotros con una sonrisa. En teoría habíamos recibido un nuevo mensaje de Yukio Mishima. Sea o no cierto que las itako se comunican con los espíritus, lo único seguro es que son la última prueba viviente de una milenaria tradición que el progreso acabará extinguiendo más pronto que tarde.


INICIACIÓN O SUICIDIO.
La iniciación de las itako es sumamente dura. Las niñas aspirantes deben aprender de memoria larguísimas invocaciones y oraciones, además de vivir en condiciones de extrema abstinencia y aisladas del mundo, únicamente con la compañía de otras itako. Cuando sus «maestras» consideran que la aspirante se encuentra suficientemente preparada para la prueba final, ésta es encerrada en una minúscula choza durante veintiún días, en los que sólo podrá alimentarse de raíces y agua. Pasado ese lapso de tiempo, la muchacha tendrá que probar frente al cónclave de itakos que efectivamente ha establecido contacto con el espíritu que le dará el poder necesario para realizar su trabajo durante toda su vida. Si el cónclave determina que la neófita no ha conseguido la «unión» con algún espíritu, será enviada a la soledad de las montañas, en donde estará obligada a quitarse la vida.
¿SE ARREPIENTE MISHIMA?
Dos de los temas centrales en la obra del maestro Mishima son la belleza de la muerte trágica y el elogio a la ética samurai. En su sangriento erotismo solar, la muerte del héroe es concebida como la gloria suprema. Sin embargo, si hemos de hacer caso a los mensajes que nos trasmitieron las itako, el escritor, desde el otro mundo, se muestra arrepentido no sólo de su suicidio ritual, sino también de la filosofía de muerte y honor que guió toda su vida. De hecho, por boca de las mujeres sabias nos recomendó conservar nuestra vida como el bien más precioso.

¿LO SABÍAS?
Shaman King es el título de una serie de manga protagonizada por un joven aprendiz de chamán, Yoh Asakura, que desea «aprobar» su iniciación para casarse con su prometida Anna Kyoyama. Ésta es una joven itako que, como en la realidad, se comunica habitualmente con los espíritus. Los más de 250 capítulos de los que consta la serie han captado la atención de miles de fans, generando un auténtico «culto» en Japón.

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El Shintoismo (III): Algunas prácticas Shinto.

11, abril, 2007 at 7:56 pm (Japón)

-El Shinto reconoce muchos sitios naturales de carácter sagrado: las montañas, las fuentes, etc.

-Cada santuario está dedicado a un Kami específico, con su propia personalidad divina, y responde siempre a las oraciones sinceras de los creyentes. Cuando entras en un santuario, pasas a través de un Tori, una puerta especial para los dioses. El Tori marca la división entre el mundo finito de los humanos y el mundo infinito de los dioses.

-En el pasado, los creyentes practicaban el “misogi”, el lavado de sus cuerpos en un río cercano al santuario. Más recientemente, únicamente se lavan las manos y se enjuagan la boca en un cuenco especial para estos lavados, que se encuentra en el terreno del santuario.

-Los creyentes respetan a los animales como mensajeros de los dioses. Se pueden encontrar un par de estatuas de los “Koma-inu” -perros guardianes- frente a frente en el terreno o a la entrada del templo.

-Las ceremonias de los santuarios, que incluyen limpiezas, ofrendas, oraciones y bailes son dirigidas por los Kami.

-Los Kagura son bailes rituales acompañados por instrumentos musicales antiguos. Los bailes son realizados por bailarines talentosos y entrenados: jóvenes chicas vírgenes, un grupo de hombres, o un único hombre.

-Los Mamor son hechizos que se llevan como ayuda para la curación y la protección. Los hay de diferentes formas según los propósitos variados para los que sirven.

-Un altar, el “Kami-dana” -Estante de los Dioses-, tiene un lugar central en muchas casas.

-Las celebraciones estacionales se celebran durante la siembra de primavera, la recolección de otoño, y durante los aniversarios especiales para la historia del santuario, o de un espíritu patrón local. Por todo el país se celebra la secular Fiesta de la Fundación el día 11 de febrero, donde se conmemora la fundación de Japón; esta es la fecha tradicional en la que el primer -y mítico- emperador Jinmu ascendió al trono en el 660 antes de nuestra era. Algunos santuarios celebran grandes festejos en ese día.

Otros festivales incluyen: El Shogatsu (Año Nuevo) del 1 al 3 de enero; el Hinamatsuri (Festival de las Niñas), el 3 de marzo; el Tango no Sekku (Festival de los Niños), el 5 de mayo; o el Hoshi Matsuri (Festival de la Estrella), el 7 de julio.

-Se espera que los seguidores visiten santuarios Shinto en los momentos de diversos “pasos” o momentos de la vida. Por ejemplo, el Shichigosan Matsuri incluye una bendición del sacerdote del santuario a las niñas de entre tres y siete años, y a los niños de cinco años. Se celebra el 15 de noviembre.

-Muchos creyentes siguen el “movimiento de ofrenda de una comida”, en el que cada individuo se salta un desayuno (u otra comida) una vez al mes y dona el dinero ahorrado a su organización religiosa para ayuda internacional y actividades similares.

-El Origami -“Papel de los espíritus”: Esta es una forma de arte “folclórico” japonés en el que el papel es doblado hasta formar hermosas figuras. Se ven a menudo colocados alrededor de los santuarios Shinto. Como muestra de respeto al espíritu del árbol que dio su vida para hacer el papel, nunca se corta el que se utiliza para hacer origami.

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El Shintoismo (II): las creencias Shinto

30, marzo, 2007 at 4:10 pm (Japón)

Amaterasu

En los mitos Shinto sobre la creación se nos habla sobre la historia y vidas de los “Kami” (los espíritus o deidades). Entre ellos había una pareja divina: Izanagi-no-mikoto e Izanami-no-mikoto, que dieron origen a las islas japonesas. Sus hijos se convirtieron en las deidades de varios clanes japoneses. Amaterasu Omikami (la Diosa Sol) fue una de sus hijas. Ella es el ancestro de la familia imperial y es adorada como la deidad suprema. Su santuario está en Ise. Sus descendientes unificaron el país. Su hermano, Susano bajó de los cielos y vagó por la tierra. Es muy famoso por haber matado a una gran serpiente maligna.Los Kami son las deidades Shinto. La palabra “Kami” se traduce generalmente como “dios” o “dioses”. De todas formas, los Kami guardan poco parecido con los dioses de las religiones monoteístas. No hay conceptos con los que comparar las creencias cristianas en la ira de Dios, su omnipotencia y omnipresencia, o la separación de Dios de la humanidad debido a sus pecados. Además hay otras numerosas deidades que son conceptualizadas de muchas formas:

– Aquellas relacionadas con los objetos y criaturas de la naturaleza, desde la comida a los ríos o las rocas.

– Kami guardianes de áreas o clanes particulares.

– Gente excepcional, incluyendo a todos excepto el último de los emperadores.

– Fuerzas creativas abstractas.

Generalmente son vistos como entidades benignas: sustentan y protegen a la gente.

Sobre el 84% de la población de Japón sigue dos religiones al mismo tiempo: el Shinto y el Budismo. Como en la mayor parte de Asia, el Cristianismo es una religión muy minoritaria, menos del 1% de los japoneses adultos son cristianos. El Budismo llegó a Japón por primera vez desde Corea y China durante los siglos VI-VIII de nuestra era. Las dos religiones (Shinto y Budismo) comparten un optimismo básico a cerca de la naturaleza humana, y sobre el mundo. Dentro del Shinto, Buda es visto como otro de los Kami. Mientras que el Budismo en Japón considera a los Kami como manifestaciones de varios Budas y Bodhisattvas. Muchas bodas son celebradas por los sacerdotes Shinto, mientras que los funerales son oficiados por los sacerdotes Budistas.

El Shinto no tiene completamente desarrollada una teología como otras religiones. No tiene su propio código moral. Los Shintoístas generalmente siguen el código del Confucianismo.

Sus textos religiosos hablan sobre el “Plano Superior del Cielo” y la “Tierra Oscura” que es la tierra impura de los muertos, pero dan pocos detalles sobre la Otra Vida.

Los ancestros son profundamente reverenciados y venerados.

Toda la humanidad es considerada como “hijos de los Kami”, por lo que toda vida y naturaleza humana es sagrada.

Los creyentes veneran los “musuhi”, los poderes creativos y armonizadores de los Kami. Aspiran a tener “makoto”, o sinceridad de corazón. Esto es considerado el camino o la voluntad de los Kami.

La moralidad está basada en lo que es beneficioso para el grupo: El Shinto enfatiza la práctica, la sensibilidad y la actitud justa o correcta.

Hay “Cuatro Preceptos” en el Shinto:

1. La tradición y la familia. La familia es vista como el mecanismo principal por el que las tradiciones son preservadas. Sus principales celebraciones están relacionadas con el nacimiento y el matrimonio.

2. Amor a la naturaleza. La naturaleza es sagrada; estar en contacto con la naturaleza es estar cerca de los Dioses. Los objetos naturales son adorados como espíritus sagrados.

3. Limpieza física. Los seguidores del Shinto toman baños, se lavan las manos, y se enjuagan la boca a menudo.

4. “Matsuri”. La veneración y honor dada a los Kami y los espíritus ancestrales.

El deseo de paz, que fue suprimido durante la Segunda Guerra Mundial, ha sido restaurado.

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El Shintoismo (I)

16, marzo, 2007 at 1:54 pm (Japón)

 Sacerdote Shinto ofreciendo sake

El shinto es una antigua religión japonesa. Apareció aproximadamente en el 500 antes de nuestra era (puede que incluso más temprano), y originalmente era una amorfa mixtura de culto a la naturaleza, a la fertilidad y a los héroes, técnicas de adivinación, y chamanismo. Su nombre derivó de las palabras chinas “shin tao” (“El Camino de los Dioses”) en el siglo VIII de nuestra era. En esa época la dinastía Yamato consilodó su soberanía sobre la mayor parte de Japón, se le otorgaron orígenes divinos a la familia imperial, y se estableció el Shinto como religión oficial junto con el Budismo.

Hasta la Segunda Guerra Mundial no se completó en Japón la separación de la religión y la política. El Emperador fue obligado por el ejército norteamericano a renunciar a su divinidad en esa época.

Al contrario que muchas otras religiones, el Shinto no tiene un fundador real, no hay escritos realmente religiosos, no existe un cuerpo de leyes religiosas, simplemente tienen un sacerdocio muy poco organizado.

Los textos que son leídos y valorados dentro del Shinto (muchos datan precisamente del siglo VIII) son:

  • El Kojiki (Archivo de las Materias Antiguas).
  • El Rokkokushi (Seis Historias Nacionales).
  • El Shoku Nihongi y su Nihon Shoki (Crónicas Continuadas de Japón).
  • El Jinno Shotoki (un estudio del Shinto y la historia y política de Japón), escrito en el siglo XIV.

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Historia de Japón III

2, enero, 2007 at 9:11 pm (Japón)

Edad Media

Sin embargo, el militarismo de las regiones al norte del Yamato, en permanente guerra con los ainos del norte del archipiélago, desató una violenta guerra civil el año 1156. Siguieron una seguidilla de guerras que trajeron consigo gran inestabilidad, y en la que los generales (llamados shogunes) alcanzaron una gran relevancia. Finalmente, el año 1183 el general Minamoto Yorimoto tomó Kioto por la fuerza y amenazó al Mikado, por lo que éste le nombró shogún y le confirió plenos poderes. En la práctica, aunque el Mikado seguía en funciones, éste quedó reducido a un papel meramente decorativo, mientras que serían los shogunes quienes tomarían a su cargo el gobierno hasta el año 1867. A la muerte de Yorimoto, el Shogunato pasó a manos de su familia política, los Hojo, razón por la que a este período se le conoce más o menos indistintamente como Shogunato Minamoto o Shogunato Hojo. Después de una gran revuelta de tres años (entre 1333 y 1336), los Hojo fueron derrumbados, y el poder recayó en la familia Ashikaga. Los shogunes Ashikaga garantizaron cierta paz contemporizando con los daimyos, la turbulenta nobleza feudal japonesa que había conseguido semiindependizarse del poder central, aprovechando el caos, y habían tomado a su cargo diversos ejércitos compuestos por tropas cada vez más disciplinadas y militarizadas, los samurai. El verdadero poderío de los samurai había quedado en evidencia cuando Kublai Khan había intentado en 1292 una gran invasión contra Japón, siendo duramente derrotado por el eficiente arte militar de sus enemigos. Entre la clase militar japonesa prosperaría grandemente una nueva variante de la filosofía budista, alejada de los cánones mahayánicos tradicionales: el budismo zen.
La alianza entre los Ashikaga y los daimios trajo algo de paz a Japón, hasta que en 1470 este equilibrio político se rompió, y estalló una nueva seguidilla de guerras civiles. Los Ashikaga consiguieron mantenerse algo más de un siglo en el poder, pero finalmente el último miembro de la familia fue derrocado en 1588. A finales del siglo XVI, una serie de caudillos militares (Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu) emprendieron una salvaje oleada de guerras que en algo menos de un cuarto de siglo unificaron la totalidad del archipiélago japonés bajo la égida de la familia Tokugawa. El Shogunato Tokugawa gobernaría Japón en paz entre 1604 y 1867, gracias a la implacable opresión a la que Tokuwaga Ieyasu y sus sucesores sometieron a los rebeldes daimyos.

Edad Moderna

En la época final del período Ashikaga, los europeos llegaron por primera vez a Japón, tratando de introducir el cristianismo, y buscando fundar factorías comerciales. Tras una primera reacción más bien tibia, Ieyasu consideró que la nueva religión atentaba contra las prácticas ancestrales de los japoneses y desató una dura persecución, que tuvo como hito simbólico la crucifixión de trece mártires en Nagasaki, el año 1595. En años posteriores, los Tokugawa expulsaron a todos los comerciantes occidentales de Japón, salvo a los holandeses, a quienes permitieron permanecer en la isla de Deshima, cerca de Tokio, en condiciones de casi total aislamiento (Se debe esto a las palabras de un Capitán Español, que dijo a uno de los Daimyos que “los Españoles conseguían dominar el mundo mandando Monjes a las tierras para conquistar”, y donde más tarde con la ayuda interna de los creyentes católicos, llegarían a dominar las tierras con pocos soldados españoles). En general, el período Tokugawa fue de gran tranquilidad. Sin embargo, la cultura japonesa se había esterilizado profundamente. Los japoneses experimentaron un proceso de “retorno a las raíces”, expresado en el renacimiento de los cultos ancestrales, hasta conformar la confusa religión semiestatal que recibe el nombre de shintoísmo. Sin embargo, esta idílica paz se rompió el año 1853, cuando el capitán estadounidense Matthew Perry ingresó en la Bahía de Tokio con cuatro cañoneras, y amenazando con bombardear los puertos japoneses, forzó a los shogunes Tokugawa a ignominiosas concesiones comerciales. Ante la disyuntiva de occidentalizarse o perecer hubo intensas discusiones, pero finalmente el Mikado, sometido desde hacía siete siglos al poder de los shogunes, tomó las riendas del problema. En 1867 el Mikado Meiji Tenno tomó a su cargo el gobierno, deponiendo al último shogún Tokugawa, e impulsando las reformas de la era Meiji, en las que Japón se transformó en un estado occidentalizado en pocas décadas.

Edad Contemporánea

Imperio Japonés

La occidentalización de Japón aumentó la necesidad del país de obtener materias primas. Además, el nacionalismo japonés se había incrementado en torno a la figura del Mikado. Estas circunstancias enfrentaron a Japón contra China en la Guerra chino-japonesa y contra Rusia en la Guerra ruso-japonesa, a final de la cual consiguieron el control de la isla Sajalín. Durante la Primera guerra mundial Japón ingresó del lado de la Triple Entente, y ocupó militarmente las islas de Oceanía que pertenecían a Alemania, quedándoselas definitivamente después de los tratados de paz. Estas islas se convirtieron en la base de lo que los japoneses querían convertir en un gran imperio oceánico. Para esto invadieron Manchuria en 1933, creando el Manchukuo, para continuar después con su invasión sobre China en 1937. Esta expansión militarista chocaba frontalmente con los intereses de Estados Unidos, por lo que las relaciones entre ambos países se enfriaron. El año 1941 los japoneses atacaron el puerto estadounidense de Pearl Harbor, lo que los llevó a enfrentarse en el marco de la Segunda Guerra Mundial que terminaron por perder los japoneses, luego de que las ciudades de Hiroshima y Nagasaki fueran arrasadas por sendas bombas atómicas. Japón capituló, y el Mikado se vio obligado a renunciar a sus pretensiones de divinidad.

Japón después del Imperio

En 1947 se dio una constitución de corte más bien liberal, aunque conservando al Mikado como símbolo de la unidad nacional japonesa. La paz fue firmada oficialmente el año 1951, y ese año terminó la ocupación militar estadounidense en Japón. El país inició entonces un enorme esfuerzo modernizador en el área económica, que los llevó a transformarse en grandes productores de tecnología, y a convertirse en una de las mayores potencias económicas del planeta. Entre el 2005-2006 estaba tomando fuerza la candidatura de Japon para el Consejo de Seguridad de la ONU, pero China uno de sus miembros permanentes se niega a esta candidatura por cuestiones históricas, aparte de esto plantea que Japon tendra que cambiar su constitución de tipo no belicista que fue una consecuencua de la ocupación norteamericana que se produjo después de la Segunda Guerra Mundial para ser un miembro funcional de dicho Consejo.

Extraído de Wikipedia.

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Edad Antigua de Japón

15, diciembre, 2006 at 12:03 pm (Japón)

Período Asuka
Hasta el fin del siglo VI, el poder real se encontraba consolidado. Los palacios se trasladaban cada vez que un nuevo rey ocupaba el trono. A través de las reformas inspiradas en China, se desarrolló un sistema burocrático vinculado con el sistema de los clanes.
Los clanes grandes y la familia real construían los templos budistas. Los edificios y las esculturas religiosas son una muestra de las bellas artes de la primera civilización refinada en Japón.
En la península coreana, Japón (Wa) y un país coreano (Baekje) se aliaron y lucharon contra China Tang y otro país coreano (Silla). La armada japonesa fue derrotada por Tang en la batalla de Hasusuki no E de 663. Japón perdió la influencia en Corea después de la guerra. Los exiliados que huyeron del ruinoso territorio de Baekje inmigraron a Japón.
Wa cambió su nombre a Nippon (Japón) en este período y ha llamado a su monarcas emperadores desde entonces.


Período Nara
Después de la caída del Imperio Han, el archipiélago japonés emprendió un camino propio, aunque bajo la influencia de los monjes budistas provenientes de China. Hacia el siglo VI d.C. comenzó la institución del Mikado, llamada también el Trono del Crisantemo, el largo linaje de emperadores japoneses que han gobernado por lo menos unos quince siglos, y es la dinastía más antigua del planeta actualmente en el trono. El año 710, el Mikado abandonó su existencia seminómada a lo largo de todo el sur del Japón (la región conocida como Yamato), para instalarse como gobierno sedentario en Nara, donde permanecería durante casi un siglo. El plano y distribución de la ciudad se trazaron siguiendo el modelo de las ciudades chinas.
En el período de Nara, el código (Ritsuryo) regulaba las instituciones políticas y varios aspectos de economía y sociedad. El estado hacía los registros civiles. Los funcionarios oficiales manejaban la administración de documentos dentro de las oficinas centrales y locales según el código. Los clanes poderosos y la familia real monopolizaban las cúpulas de la jerarquía. El clan más importante era el clan Fujiwara.
Frecuentemente se enviaban barcos con diplomáticos y estudiantes a Tang para aprender de las instituciones, las religiones y la cultura de China. Los habitantes de Hokkaido y el norte de Honshu se llamaron Emishi. Entre Japón y las tribus de Emishi se repetían las guerras.


Período Heian
La capital fue trasladada en 794 a la nueva ciudad de la Capital Heian (Heian-kyo), la actual Kioto. Japón intensificó la invasión al territorio de Emishi en el fin del siglo VIII y en el comienzo del siglo IX, pero abandonó la conquista en el camino frente de la resistencia. Las tribus independientes de Emishi fueron asimiladas gradualmente, hasta el fin del período Heian por los conflictos entre influenciales locales.
Durante todo el período de Nara, y la primera parte del período de Heian, la influencia china sobre la cultura japonesa fue muy marcada. Posteriormente, hacia los siglos IX y X, los japoneses desarrollaron una cultura con caracteres propios, llegando a la cúspide de su civilización.

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Prehistoria de Japón

11, diciembre, 2006 at 11:03 am (Japón)

Período Jomon
Podemos conocer concretamente las vidas de los habitantes del archipiélago desde el período Jomon, que se inició hace aproximadamente 12.000 años. La cultura del pueblo Jomon fue similar en el ámbito de todas las islas, desde Hokkaido hasta Okinawa. Subsistían mediante la caza, la pesca, recolectando frutos o granos y gracias a una agricultura primitiva de cereales. Una de las particularidades de esta cultura fueron las vasijas Jomon, que reciben este nombre por los dibujos de cuerda en su superficie.


Período Yayoi
El archipiélago japonés ha tenido las influencias de culturas externas como la del norte de Siberia, la del sur de Taiwán, Filipinas o de distantes islas del Océano Pacífico y, las más importantes, del oeste, desde la península coreana hasta China. El período Yayoi se inició con la importación de la técnica de cultivo y regadío de arrozales, proveniente de Corea o de China. Se supone que el comienzo de este período fue durante el siglo III adC.
El nuevo estilo de vida se extendió rápidamente en Kyushu, Shikoku, y Honshu. Historiadores de la antigua China la llamaron el área Wa. Ellos anotaron que los reinos de los pequenos países de Wa eran tributarios del Imperio Han en el siglo I y del siguiente imperio, en el siglo III. Yamatai-koku (koku = país) del siglo III fue una confederación de muchos pequeños países, pero su ámbito está bajo debate entre historiadores.
Pero los habitantes de Hokkaido y del norte de Honshu no adoptaron el sistema de arrozales de agua por su hábitat frío. El pueblo se llama emishi, ezo, o ainu. El período Zokujomon (jomon continuado) siguió hasta el siglo VII en Hokkaido.
Los habitantes de Okinawa fueron influenciados de la cultura Yayoi. Pero ellos no adoptaron el arrozal de agua y dependían de los productos del mar. El período Kaizuka se prolongó hasta el siglo XII en Okinawa.


Período Kofun
Se llama Kofun a las tumbas antiguas de los jefes locales en Kyushu, Shikoku y Honshu. En el período Kofun, desde el siglo III hasta el siglo VII, Kofun demostró el surgimiento del poder político local. Las diversas y similares formas de Kofun son consideradas como el signo de emergencia del estado Yamato, el estado unido de Japón. Pero hay divergencias de opiniones respecto a si este período fue signo de la independencia local.
Los historiadores chinos registraron que una serie de reyes de Wa, conquistadores de muchos países, quisieron la aprobación de la hegemonía sobre Corea en el siglo V. Nihonshoki, la historia escrita en el siglo VIII, anota detalles del período. Sin embargo, los estudiosos no coinciden sobre la confiabilidad de Shoki.
En el siglo V o VI, el Budismo y el Confucianismo llegan desde China y Corea. El gobierno de Yamato recibió y protegió el budismo como nueva religión.
Los habitantes de Okinawa y Hokkaido no fueron influenciados por la cultura Kofun.

Extraído de Wikipedia.

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Murasaki Shikibu (Lady Murasaki: 973-1025?)

31, marzo, 2006 at 11:10 pm (Japón)

Murasaki Shikibu es la escritora mejor conocida de los que emergieron durante el glorioso periodo Heian en Japón. Su novela, El Cuento de Genji (Genji-Monogatari) es considerado una de las más bellas y tempranas novelas del mundo. Algunos argumentan que Murasaki es la primera novelista moderna del mundo.
Shikibu nació en la familia Fujiwara, hija del gobernador de una provincia, que también era un escolar muy bien conocido. Muy inteligente siempre, desde niña aprendía mucho más rápido que su hermano, causando que su padre se lamentase: “Si tan sólo fueses niño, ¡qué feliz sería!”. De todas formas, permitió a Shibiku estudiar con su hermano, incluso permitiéndole aprender algo de los clásicos chinos, lo que era considerado impropio para las mujeres de la época.
Cuando estaba empezando la veintena, Lady Murasaki fue casada con un pariente lejano. Su única hija nació en el 999. Tras la muerte de su marido en el 1001, conociendo su talento para la escritura y su mente brillante, la familia imperial se llevó a Lady Murasaki a la Corte.
En la Corte, Lady Murasaki comenzó un diario qeu mantuvo durante dos años. Ese diario nos da tanto un relato vívido de la vida cortesana, como una visión del interior de los pensamientos de Lady Murasaki. Por ejemplo, a ella no le gustaba la naturaleza frívola de esa vida. Una vez describió una competición de pintura como un “momento de la historia de nuestro país cuando toda la energía de la nación parece concentrada en la búsqueda del método más hermoso de enmarcar rollos de papel”. También sufría enormemente al tener que ocultar su conocimiento de los textos chinos, temiendo la crítica de aquéllos que sentían que era poco femenino leer ese oscuro lenguaje.
Shikibu debió empezar El Cuento de Genji antes de llegar a la Corte, aunque una gran parte fue escrita allí, indirectamente basado en sus años como ama de compañía de la Emperatriz Akiko. Es una novela muy larga a cerca de las complicaciones en la vida de un príncipe ficticio llamado Genji. Como muchas de las damas de la Corte, Shikibu era una maestra en el arte de observar las actividades y actitudes diarias de la clase alta de la sociedad.
Los cuentos del Príncipe Genji, conocido como “el Príncipe Brillante”, se hicieron populares desde el momento en que se hicieron públicos. Se supone que debía ser leído en voz alta, y el manuscrito más temprano se ha perdido. Afortunadamente, unos rollos del manuscrito de Genji del siglo XII sobrevivieron, y a lo largo de los años, la novela ha sido traducida a muchas lenguas, y ha sido estudiado y discutido por muchos escolares.
Poco se sabe de la época tardía en la vida de Lady Murasaki. Debió de retirarse de la Corte buscando la reclusión en un convento alrededor de los cincuenta años. Sus escritos sugieren que al final sintió los violentos cambios que llegaron a su más que decadente vida de clase alta. En la distancia, le llegaban los sonidos de los estruendosos guerreros provinciales -los samurai que en el 1192 derrocaron al poder del emperador y crearon un gobierno militar feudal encabezado por un shôgun.

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Oichi (muerta en 1583), hermana de Oda Nobunaga

28, marzo, 2006 at 9:39 pm (Japón)

Pocas mujeres en la historia japonesa han seguido el camino y la suerte de Oichi, la hermana de Oda Nobunaga renombrada por su belleza. Se casó primero con Shibata Katsuie después de que pidiese perdón por un intento de rebelión en 1557. Siguiendo la conquista de Mino por parte de Nobunaga en 1567, Nobunaga hizo que Shibata se divorciase de Oichi para que pudiese ser enviada como esposa del joven Asai Nagamasa, señor de la provincia de Ômi. Tuvo un hijo (Manjumara) y tres hijas de Nagamasa. Desafortunadamente, Nagamasa traicionó su alianza con Nobunaga en 1570 y fue a la guerra con él en nombre de la familia Asakura. La lucha continuó durante tres años hasta que la familia Asakura fue eliminada y el Castillo Odani de Nagamasa fue rodeado. Nobunaga pidió que le devolviesen a su hermana, y Nagamasa aceptó, permitiendo a Oichi irse para volver con Katsuie (aunque cuando ésto sucedió se convirtió en todo un problema a debatir). En 1583, tras la muerte de Nobunaga, Shibata Katsuie y Toyotomi Hideyoshi fueron a la guerra por la sucesión. El ejército de Katsuie fue destrozado en Shizugatake en las colinas del norte de Ômi, y el viejo general en persona (que no había estado presente en la batalla) se encerró en Ichi no tani con la intención de suicidarse. Le pidió a Oichi que cogiese a sus hijas y se marchase; pero Oichi envió a sus hijas bajo el cuidado de Hideyoshi, y se quedó a morir con Katsuie en el incendio que arrasó su castillo. Una de sus hijas, la futura “Yodogimi” añadió otro elemento de tragedia a esta historia, ya que se casaría con Tokugawa Hidetada -el segundo shôgun Tokugawa- y fue la madre del tercer shôgun, Iemitsu (pero esa es otra historia para otra ocasión).

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Un poco sobre la historia de Japón: Periodo Jomon (10.000 aC- 300 aC)

14, febrero, 2006 at 4:23 am (Japón)

La época más temprana de la historia japonesa es la conocida como Periodo Jomon, que duró aproximadamente del 10.000 aC al 300 aC. El Periodo Jomon debe su nombre al distintivo dibujo de tipo cordelería de la cerámica que fabricaban sus gentes.
Las gentes del Periodo Jomon eran habitantes de las costas, y construían sus pequeñas aldeas en zonas de bahía guarecidas de los elementos. Eran cazadores-recolectores y grandes talladores de obsidiana. Vivían en viviendas hundidas que tenían los techos hechos de paja, con un núcleo familiar habitando cada una de ellas semipermanentemente. Su dieta estaba basada en el pescado, cangrejos y moluscos. Los restos eran tirados en grandes hoyos que servían de escombreras.
Utilizaban herramientas de hueso y piedra, y fueron de las primeras civilizaciones en utilizar la cerámica. Cocían el barro abriendo huecos en la tierra y cociéndolo a bajas temperaturas (unos 400-500ºC). Algunas de sus vasijas fueron utilizadas para el enterramiento de los cadáveres.
También realizaban figuras, sobre todo de mujeres embarazadas de ojos prominentes. También han aparecido círculos de piedra al estilo megalítico. Poco más se sabe de las gentes de esta época, ya que no poseían una escritura que permitiese llegar hasta nosotros más información.
Lo que sí hay es un gran debate en torno al auténtico origen de los Jomon. Algunos argumentan que eran caucásicos, tal vez ancestros de los Ainu, mientras otros dicen que fueron los antecesores directos de los modernos japoneses.

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Mitos japoneses (II): Los otros dioses

21, diciembre, 2005 at 9:20 pm (Japón)

La creación de los dioses mayores
Izanagi se sometió entonces a un proceso de purificación para librarse de la suciedad que pudiera haber contaminado su cuerpo durante el descenso al mundo inferior. Llegó a la llanura junto a la desembocadura del río y se libró de sus ropas y de todo cuanto llevaba. Y allí donde dejaba caer una prenda o un objeto, del suelo salía una deidad. Y nuevos dioses se iban creando a medida que Izanagi entraba en el agua para limpiar su cuerpo. Finalmente, cuando lavó su cara fueron creados los dioses más importantes del panteón japonés; al secar su ojo izquierdo apareció Amaterasu, la diosa Sol; de su ojo izquierdo nació la diosa Luna, Tsuki-yomi; el dios de la tormenta, Susano-o no Mikoto, fue engendrado de su nariz.
Izanagi decidió entonces dividir el mundo entre sus hijos. Encargó a Amaterasu el gobierno del cielo, a Tsuki-yomi el de la noche y a Susano-o no Mikoto el cuidado de los mares. Pero este último dijo que prefería ir al Mundo Inferior con su madre, así que Izanagi lo desterró a Yomi y después se retiró del mundo para vivir en el alto cielo.
El engaño de Susano-o no Mikoto
Antes de ser desterrado a Yomi, Susano-o quiso despedirse de Amaterasu, pero en realidad quería traicionarla ya que estaba celoso de la belleza y preeminencia de su hermana. Amaterasu, recelosa de la actitud de su hermano, se armó con arco y flechas antes de acudir a la cita, pero Susano-o se mostró realmente encantador y acabó cautivando a la diosa con la sugerencia de engendrar hijos juntos como prueba de buena fe. Amateratsu accedió, pero antes exigió que le entregase su espada, que inmediatamente quebró con su boca en tres pedazos, mientras de su aliento salían tres diosas. Susano-o pidió a Amateratsu cinco collares, los cuales masticó para engendrar otros tantos dioses.
Al momento se entabló una discusión entre ambos por la custodia de los hijos, pues Amaterasu los reclamaba como suyos al haber sido formados de sus propias joyas. Su hermano, sin embargo, creyó haber engañado a la diosa y lo celebró rompiendo las paredes que contenían los campos de arroz, bloqueando los canales de irrigación y defecando en el templo donde había de celebrarse el festival de la cosecha. Su desconcertante comportamiento es el germen de la enemistad que nació entre los dos dioses. Susano-o, a pesar de haber sido desterrado, se quedó merodeando por la Tierra y el Cielo.
La desaparición del Sol
Un día, mientras Amaterasu se encontraba tejiendo ropas para los dioses, Susano-o arrojó un caballo desollado que atravesó el tejado de la sala en la que la diosa y sus ayudantes trabajaban. Una de ellas se asustó de tal modo que se pinchó con la aguja y murió. Tan atemorizada quedó la propia diosa que después de aquello se escondió en una cueva y bloqueó la entrada con una enorme piedra. Sin la diosa Sol, el mundo quedó sumido en la oscuridad y el caos.
Una asamblea de ochocientas deidades se reunió para hallar la manera de sacar a Amaterasu de la cueva. Decidieron que la única manera de lograrlo sería excitando su curiosidad, así que decoraron un árbol con ofrendas y joyas, encendieron fuego y danzaron al ritmo de los tambores, alabando la belleza de otra diosa para provocar sus celos. Colocaron un espejo mágico a la entrada de la cueva, llevaron gallos al lugar para que cantaran y persuadieron a la diosa de la Aurora, Ama No Uzume, para que bailara. En un momento de abandono, la diosa empezó a quitarse las ropas, para solaz del resto de los dioses, que la llamaron “Terrible Hembra del Cielo”.
Como esperaban, Amaterasu se asomó a la entrada de la cueva para averiguar qué estaba sucediendo. Los dioses respondieron que estaban celebrando una fiesta porque habían encontrado a su sucesora y que ésta era incluso mejor que la propia Amaterasu. Sin pensarlo, la diosa salió de la cueva y vio su reflejo en el espejo mágico. En ese momento, el dios Tajikawa la agarró, obligándola a salir de su escondite y bloqueando la entrada para impedir que volviera a desaparecer. La vida volvió a la Naturaleza y desde aquel momento el mundo ha conocido el ciclo normal del día y la noche. El espejo fue confiado al mítico Primer Emperador de Japón, descendiente directo de la diosa, como prueba de su divino poder.
Los ochocientos dioses castigaron a Susano-o cortando su barba y bigote, arrancándole las uñas de las manos y los pies, y arrojándole del Cielo. Fue entonces cuando el dios comenzó su vida errante y vagabunda por la Tierra.
La Leyenda de Orochi
Cientos de años atrás, en Japón se creía que los dioses, las bestias y los humanos solían vivir juntos compartiendo la tierra. Los humanos rendían sacrificios a los dioses como gratitud por los poderes sobrenaturales que usaban para ayudarlos, los monstruos y las bestias rara vez molestaban a los humanos. Pero el balance entre humanos, dioses y bestias se perturbó cuando Izanagi, el primer rey de los dioses fue a la guerra en contra de su esposa Izanami. La guerra trajo como consecuencia el nacimiento de seres malvados, los Oni usados como soldados y los Dragones quienes surgían de las plantas que se alimentaban de la sangre derramada de los dioses.
Por supuesto no todos estos nuevos seres eran malvados, pero el mal surgió en los corazones de muchos dioses durante la guerra ya que estaban expuestos a las llamas de los infiernos. Así fue como los Dragones nacidos de esa sangre fueron malvados también. “Yamata no Orochi” o el “Dragón de las Ocho Cabezas” fue una de las malvadas criaturas nacidas de la sangre de las divinidades en conflicto.
La tierra de Izumo (lo que es ahora la prefectura de Shimane) fue bendecida con la presencia de una hermosa princesa conocida como Kushinada. Orochi invadió Izumo con su presencia poco después de que Kushinada cumpliera 16 años y demandó el sacrificio de ocho doncellas cada luna llena para apaciguar su apetito. Si el sacrificio no se rendía, los habitantes verían sus tierras destruidas. Los años pasaron y más y más doncellas eran sacrificadas, hasta que al final sólo quedó la princesa Kushinada.
El dios Susano-o visitaba esas tierras por aquel entonces y quedó perdidamente enamorado de la princesa al espiarla por una ventana. Prometió al rey de Izumo que él destruiría a Orochi con la condición de tomar a la princesa como esposa.
Se le presentaron ocho copas de vino a Orochi en la noche del sacrificio de la princesa Kushinada. El sirviente que le llevó el vino insistió en que debían entretenerse con el alcohol antes de disfrutar la tan esperada comida. Orochi aceptó y bebió con sus ocho cabezas de las respectivas copas. No esperaron mucho antes de oír los fuertes ronquidos causados por la borrachera de Orochi.
Fue entonces que el sirviente se quitó su disfraz y revelo su verdadera identidad, el dios del trueno, Susano-o. Le cortó las cabezas a Orochi, de su ombligo sacó el sagrado medallón de la vida, la Magatama y las lágrimas de la última cabeza en morir fueron transformadas en un espejo.
A cambio de la mano de la princesa Kushinada, Susano-o dejó su espada, la cuál más tarde se conocería como Asesina de Dragones o “Espada Kusanagi”, el medallón Magatama y el espejo, el cuál más tarde fue entregado a Yata, la hermana menor de Kushinada. Estos objetos son conocidos como “Los tres tesoros sagrados del Japón” y se dice que son preservados en el Palacio Imperial en Tokio.

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Mitos japoneses (I): Izanagi e Izanami

21, diciembre, 2005 at 1:40 am (Japón)

La Creación de Japón
En el principio, tras la formación del Cielo y de la Tierra, tres dioses se crearon a sí mismos y se escondieron en el cielo. Entre éste y la Tierra apareció algo con aspecto de un brote de junco, y de él nacieron dos dioses, que también se escondieron. Otros siete dioses nacieron de la misma manera, y los dos últimos se llamaron Izanagi e Izanami.
Izanagi e Izanami
Estos dos dioses fueron encargados por los demás dioses de formar las islas japonesas. Izanagi e Izanami, entonces, hundieron una lanza adornada con piedras preciosas en el mar inferior, la agitaron y al sacarla, las gotas que de ella resbalaban formaron la isla de Onokoro (lo que sería la isla de Hokkaido).
Descendiendo de los cielos, Izanagi e Izanami resolvieron construir allí su hogar, así que clavaron la lanza en el suelo para formar el Pilar Celestial. Descubrieron que sus cuerpos estaban formados de manera diferente, por lo que Izanagi preguntó a su esposa Izanami si sería de su agrado concebir más tierra para que de ella nacieran más islas. Como ella accedió, ambos inventaron un matrimonio ritual: cada uno tenía que rodear el Pilar Celestial andando en direcciones opuestas.
Cuando se encontraron, Izanami exclamó: “¡Qué encantador! ¡He encontrado un hombre atractivo!”, y a continuación hicieron el amor. En lugar de parir una isla, Izanami dio a luz a un deforme niño sanguijuela al que lanzaron al mar sobre un bote hecho de juncos. Después se dirigieron a los dioses para pedir consejo, y éstos les explicaron que el error estaba en el ritual del matrimonio, ya que ella no debía haber hablado primero al encontrarse alrededor del Pilar, pues no es propio de la mujer iniciar la conversación.
Así pues, ambos repitieron el ritual, pero esta vez Izanagi habló primero, y todo salió según sus deseos. Con el tiempo, Izanagi concibió todas las islas que forman el Japón, creando, además, dioses para embellecer las islas, y después hicieron dioses del viento, de los árboles, de los ríos y de las montañas, con lo que su obra quedó completa. El último dios nacido de Izanami fue el dios del fuego, cuyo alumbramiento produjo tan graves quemaduras en los genitales de la diosa que ésta murió. Y todavía, mientras moría, nacieron más dioses a partir de su vómito, su orina y sus excrementos. Izanagi estaba tan furioso que le cortó la cabeza al dios del fuego, pero las gotas de sangre que cayeron a la Tierra dieron vida a nuevas deidades.
El más allá
Tras la muerte de Izanami, Izanagi quiso seguirla en su viaje a Yomi, la región de los muertos, pero ya era demasiado tarde. Cuando llegó allí, Izanami ya había comido en Yomi, lo que hacía imposible su vuelta al mundo de los vivos. La diosa pidió a su esposo que esperase pacientemente mientras ella discutía con los demás dioses si era o no posible su retorno al mundo, pero Izanagi no fue capaz; impaciente, rompió una punta de la peineta que llevaba, le prendió fuego para que le sirviese de antorcha y después entró en la sala.
Lo que vio allí fue espantoso: los gusanos se retorcían ruidosamente en el cuerpo putrefacto de Izanami. Izanagi quedó aterrado al contemplar la visión del cuerpo de Izanami, por lo que dio media vuelta y salió huyendo de allí. Encolerizada por la desobediencia de su marido, Izanami envió tras él a las brujas de Yomi y a los fantasmas del lugar, pero Izanagi pudo despistarlos haciendo uso de sus trucos mágicos.
Cuando por fin llegó a la frontera que separa el mundo de los muertos del de los vivos, Izanagi lanzó a sus perseguidores tres melocotones que allí encontró, retirándose las brujas y fantasmas a toda prisa. Finalmente, fue la propia Izanami quien salió en persecución de Izanagi. Este colocó una gigantesca roca en el paso que unía Yomi con el mundo de los vivos, de modo que Izanami y él se vieron uno a cada lado del enorme obstáculo. Izanami dijo entonces: ”Oh, mi amado marido, si así actúas haré que mueran cada día mil de los vasallos de tu reino”, a lo que Izanagi contestó “Oh, mi amada esposa, si tales cosas haces yo daré nacimiento cada día a mil quinientos”.
Finalmente llegaron a un acuerdo, mediante el cual la cifra de nacimientos y fallecimientos se mantienen en la misma proporción. Ella le dijo que debía aceptar su muerte y él prometió no volver a visitarla. Entonces ambos declararon el fin de su matrimonio. Esta separación significó el comienzo de la muerte para todos los seres.

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Un poco del Japón Feudal

7, diciembre, 2005 at 6:23 pm (Japón)

Se suele hablar de cuatro niveles sociales en la época feudal japonesa: los samurai (o guerreros), los mercaderes, los artesanos y los agricultores (o granjeros). Con esta ordenación, dejamos fuera a personajes tan importantes por aquél entonces como lo son los clérigos, los cortesanos imperiales, los intocables -parece mentira, pero en Japón existía y existe aún una casta de intocables como en la India-, u otros personajes famosos como los ninja, nombre utilizado en Occidente, pero que allí se llaman shinobi.

Las categorías sociales del Japón Feudal de los Períodos Muromachi, Azuchi y Momoyama, eran:

Kuge: la aristocracia cortesana, que solía vivir en la capital imperial o cerca de ella. En lo más alto de la cúspide social estarían los Kuge Imperiales: el Emperador a la cabeza y su familia por debajo. Dentro de los Kuge ordinarios nos encontraríamos: primero a los familiares menos directos del Emperador y sus respectivas familias, los seguirían los nobles de la Corte; y después los cortesanos, por así decirlo, sin título.
Buke: la aristocracia militar (o lo que aquí se suele denominar de forma errónea samurai). Dentro de los Buke, el más importante era el Shogun, seguido por los Daimyos de los clanes -las cabezas visibles de los clanes, que serían equivalentes a los señores feudales occidentales-, los Hatamotos -que era el título usado por los hombres de confianza del Daimyo, por así decirlo, y podían servir desde como guardaespaldas a consejeros-, los Samurai -que eran los guerreros de alto nivel social, y no los guerreros en general como se supone en Occidente-, por debajo los Ashigaru -que aunque en orígen solían ser Bonge, al formar parte del ejército subían de nivel social, y eran los guerreros más numerosos-, después los Jizamurai -samurais que habían perdido su poder económico y que tenían que trabajar como granjeros o en cualquier otro oficio- y, finalmente, los Ronin -que, aunque técnicamente eran samurai, el miedo que causaban en la población, ya que la mayor parte se dedicaba a asuntos turbios, les hacía estar por debajo de todos los demás Buke.

El Clero: Que aunque estaría fuera de escala, se les podría equiparar a los Buke, si tuviesen que ocupar un puesto en el escalafón. De todas formas, eran vistos como iguales en todas las clases; por eso, si un campesino se convertía en monje, podía tratar con un príncipe imperial o un miembro de la corte, mientras a alguien de su antigua clase social se le prohibiría terminantemente.

Bonge: los comuneros, o trabajadores, con su amplio rango de ocupaciones y posiciones, desde los artesanos hasta los campesinos. En los Bonge, el rango más alto era el ocupado por los granjeros o agricultores, seguidos de los artesanos, luego los que se dedicaban a los oficios de entretenimiento (desde los actores hasta las geishas), y por último los mercaderes.

Nanbanjin: por debajo de los Bonge podríamos colocar a los Nanbanjin, que significa “bárbaros del sur”, que es como se referían a los extrangeros europeos -y no gaijin, como aquí pensamos, ya que esta palabra a penas la usan, incluso en la actualidad. Aunque, como el clero, permanecerían fuera de la escala social, éste sería el lugar que les correspondería.
Hinin: o también conocidos como los no-personas, englobando a gentes como los eta (los intocables) o los shinobi (los ninja). Serían por este orden -aunque no se puede hablar técnicamente de un orden entre los Hinin: los profesionales que usasen carne o cuero en sus oficios -aquéllas profesiones tales como enterrador, curtidor o carnicero-, criminales, Kawaramono (término usado para los jardineros, ya que literalmente significa “gente o trabajadores a orillas del río”) y shinobi (los conocidos como ninja).Aunque en principio nadie podía subir o bajar de nivel social, la práctica ha demostrado que no fue realmente así en todos los casos -como Toyotomi Hideyoshi, que tras haber nacido campesino, consiguió subir de escalafón social hasta convertirse en Shogun – gobernante de Japón.
Cualquier miembro de una clase social era automáticamente superior a los de las clases inferiores. Por ello, aunque un Boge fuese inmensamente poderoso, siempre sería inferior a un miembro de los Buke.

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Tomoe Gozen, la mujer guerrera

2, diciembre, 2005 at 11:14 pm (Japón)

Tomoe Gozen es uno de los pocos ejemplos de una auténtica mujer guerrera en la historia temprana japonesa. Mientras otras pocas mujeres se veían a veces forzadas a cojer las armas (para defender su fortaleza, por ejemplo), parece que Tomoe era una consumada guerrera. Estaba casada con Kiso -Minamoto- Yoshinaka (aunque el Heike Monogatari la describe como una asistente femenina), que se alzó contra los Taira y en 1184 tomó Kyoto después de ganar la Batalla de Kurikawa. Con los Taira obligados a permanecer en sus Provincias Occidentales, Yoshinaka comenzó a insinuar que era él quien debía llevar el manto del liderazgo de los Minamoto -una sugerencia que provocó un ataque contra Minamoto Yoritomo. Yoshinaka -y Tomoe- se vieron las caras contra los guerreros de Yoritomo en Awazu, una lucha desesperada en la que Tomoe cortó por lo menos una cabeza. El Heike Monogatari dice ésto de Tomoe:
“…Tomoe era especialmente hermosa, con la piel blanca, largos cabellos, y formas encantadoras. También era una remarcablemente fuerte arquera, y como espadachina era un guerrero que valía por mil, preparada para enfrentarse a un demonio o a un dios, montada o a pie. Dominaba a los caballos desbocados con una gran habilidad; cabalgó ilesa por peligrosos descensos. Cada vez que una batalla era inminente, Yoshinaka la enviaba como su primer capitán, equipada con armadura pesada, una enorme espada, y un poderoso arco; y realizó más actos de valor que ninguno de sus otros guerreros.” (Cuento de Heike, McCullough, pg. 291)
El Heike Monogatari va más allá diciendo que Tomoe fue una de los últimos cinco Kiso que permanecieron en pie al final de la Batalla de Awazu, y que Yoshinaka, sabiendo que la muerte estaba cerca, la urgió a marcharse. Pero reacia a irse, se enfrentó a un guerrero Minamoto llamado Onda no Hachiro Moroshige, cortó su cabeza, y después partió a las provincias orientales. Algunos han escrito que Tomoe, de hecho, murió en la batalla con su marido, mientras otros afirman que sobrevivió y se convirtió en monja.

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