La Espada Ropera

5, octubre, 2007 at 11:14 pm (Esgrima Antigua)

Por Juan José Pérez, de la AEEA.

La espada ropera es el arma que instintivamente asociamos a nuestro Siglo de Oro como parte de la vestimenta de un gentilhombre: su cruz, de largos y delgados gavilanes, su guarnición, de taza, conchas o lazo, su hoja, larga y estrecha, dotan al conjunto de una elegancia notable y un equilibrio que cualquier persona dotada de un mínimo gusto estético no puede dejar de admirar. Su periodo de máximo esplendor podríamos situarlo entre 1.525 y 1.675, aproximadamente, siendo reemplazada progresivamente por el espadín típico del siglo XVIII, de origen francés.

No obstante su belleza, estamos ante un arma auténticamente letal, y extremadamente adaptada al combate real en duelo. La espada ropera está adaptada a un estilo de esgrima propio, que está en el origen de la esgrima posterior para espadín, e incluso de las del florete y espada deportiva, pero con su propia dinámica y necesidades ofensivas y defensivas, lo que la hace muy diferente en su práctica.

El término “espada ropera” es de origen español, y aparece por vez primera en el Inventario de Objetos perteneciente al Duque Don Álvaro de Zúñiga, en fecha tan temprana como 1468 (según describe J.M. Peláez, en su magnífico artículo sobre la ropera publicado en la revista Gladius). En Francia se habla por primera vez de la espada ropera (la rapière) en documentos de en torno a 1474. Un autor de referencia obligada como Oakeshott, en su libro “European Weapons and Armour”, soporta esta idea e indica que a ya principios del siglo XVI el término estaba bien establecido en Francia, adoptándolo pronto los ingleses como “rapier”.

Es importante señalar que al menos en el siglo XVI una espada ropera no era tan sólo un arma para su uso exclusivo de punta, con hoja se sección estrecha y aguzada. En realidad, en la España de la época cualquier espada destinada a un uso de duelo y de vestir, acompañando a las vestimentas de un civil (o de un militar en traje civil), era denominada ropera, quedando por tanto fuera de esta denominación sólo las espadas puramente militares, de guarnición sencilla. Encontramos por tanto durante este periodo elaboradas guarniciones de lazo acompañando a hojas relativamente anchas, apropiadas para un uso tanto de punta como de corte, y aún estaremos frente a una espada ropera. Incluso a finales del siglo siguiente (ya hacia 1.660-80), cuando las hojas de fina sección cuadrangular o romboidal (llamadas verduguillos) son ya moneda común, algunas espadas civiles de hoja ancha volvieron a estar de moda en España, siempre montando guarniciones propias de auténticas espadas roperas.

En cuanto a las guarniciones, hay tres tipos principales que debemos considerar: guarniciones de lazo, de conchas o de taza, que de forma consecutiva van brindando una mayor protección de la mano que la empuña.

Una guarnición de lazo está compuesta por los gavilanes (la cruz, propiamente dicha), largos y generalmente no muy gruesos, un guardamano en forma de arco que protege los nudillos, uno o dos anillos perpendiculares al plano de la hoja, y una serie de ramas que unen entre sí todos estos elementos por el anverso o zona exterior, y por el reverso o zona interior de la guarnición. No todos estos elementos deben estar necesariamente presentes, y por ello algunos autores clasifican este tipo de guarniciones como de cuarto de lazo, medio lazo, tres cuartos y de lazo entero, en función del número de estos elementos presentes. Esta guarnición, habitual entre 1550 y 1620, aproximadamente, tiene su origen en las guarniciones de patillas de finales del s. XV, y era realmente eficaz para parar cortes, pero en algunos casos la punta del rival podía introducirse entre los diferentes ramales y lastimar la mano que empuñaba el arma. Por ello solían usarse guantes de cuero relativamente gruesos al luchar con este tipo de espadas. No obstante, para muchos, entre los que me cuento, la elegancia, equilibrio y sencilla belleza de este tipo de guarniciones son con frecuencia simplemente insuperables, y son un digno exponente del arte renacentista.

Conforme evolucionaba la esgrima hacia un uso cada vez mayor de la punta, se hizo necesaria una mayor protección de la mano, por lo que entre los anillos de la guarnición de lazo se añadían con frecuencia chapas metálicas (conchas). Con el tiempo estas conchas estaban formadas por una sola pieza de chapa de hiero o acero bilobulada, que se unía mediante un par de patillas a la cruz. Nacía así la guarnición de conchas, típicamente española, práctica y resistente, y que gozaría de un periodo de popularidad extremadamente largo, pudiendo encontrarse ejemplares entre 1640 y… ¡1790! Su éxito fue grande en ámbitos militares, y los últimos ejemplares que se conocen eran típicamente espadas destinadas a su uso por la caballería.

Para incrementar aún más si cabe la protección de la mano, otras guarniciones prácticamente contemporáneas a las de conchas presentaban no una chapa bilobulada, sino un auténtico casquete semiesférico, que en la práctica tomaba la forma de un bol o taza, sostenido igualmente por un par de patillas. Esta taza, que da nombre a este tipo de guarnición, unida a los gavilanes y el guardamano, ofrecía un nivel de protección máximo de la mano, resultando simultáneamente bastante ligera. Su uso se extendió esencialmente por España e Italia, perdurando hasta bien entrado el siglo XVIII. Es la clásica guarnición que todos asociamos mentalmente a una ropera.

La espada ropera, sin llegar a ser un arma pesada o incómoda de manejar, no es desde luego el tipo de arma que podemos ver en las películas “de mosqueteros”. En el cine frecuentemente encontramos guarniciones de estilo ropera (normalmente de taza) unidas a hojas de espada de moderna esgrima deportiva, algo más cortas y mucho más ligeras y flexibles que las auténticas hojas originales. La ropera era un arma de dimensiones considerables (algunas hojas superaban holgadamente el metro de longitud) y un peso apreciable (cercano a un kilogramo), por lo que su esgrima debe adaptarse a este hecho. Por ejemplo, las acciones suelen darse en un solo tiempo (uniendo la parada y la respuesta en un movimiento continuado), dada su mayor inercia intrínseca.

Aun así, una buena pieza de época que mantenga todos su elementos originales (guarnición, puño y pomo) está dotada de un equilibrio tan perfecto que la hace mucho más rápida en la mano de lo que sus dimensiones puedan sugerir a primera vista. El punto de equilibrio de estas espadas suele situarse a unos cuatro dedos de la guarnición, aunque esto es muy variable y depende del uso previsto para cada pieza (esto es, favoreciendo en exclusiva la esgrima de punta o permitiendo su uso de corte). Por ello, cuando nos encontramos ante una pieza dudosa, la sensación que nos produce en la mano suele ser determinante a la hora de diferenciar una auténtica pieza del siglo XVII de una reproducción de finales del XIX, pongamos por caso, bella en apariencia pero que en la mano no pasa de ser más que una barra de hierro.

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Mandobles, Montantes y Estoques

5, octubre, 2007 at 11:12 pm (Esgrima Antigua)

Por Adolfo R. Bernalte Sánchez, de la AEEA.

El término “Mandoble”, como su propio nombre indica, “Mano doble”, designa de forma genérica, un tipo de espada la cual debido principalmente a su diseño y dimensiones, precisa para su uso de las dos manos. De igual manera, al hecho de golpear con la espada usando para ello ambas manos, recibe también el nombre “Mandoble”. Es por tanto, que podemos distinguir dos significados distintos del mismo vocablo, uno en lo referente a la morfología del arma en sí, y otro en cuanto a su forma de uso. Refiriéndonos al primero, que es el que realmente nos interesa en el presente estudio, vamos a definir con la voz “Mandoble”, toda aquella espada, que debido a sus características morfológicas tales como dimensiones ó diseño, van a conceptuar, un estilo de esgrima, en el cual el uso de ambas manos será indispensable.

Esta tipología de espada, va a su vez a agrupar a otras subcategorías que a su vez englobarán todas aquellas espadas o espadones de dos manos independientemente de su datación cronológica, diseño o forma de uso. Para centrarnos en el término genérico que nos ocupa, colocaremos el punto de origen de dicha tipología hacia la primera mitad del siglo XIV. Atendiendo a tales fechas, (1300-1350), vamos a encontrarnos con una serie de características afines a la data, como es el caso de las guarniciones de arriaz recto, con los gavilanes en ocasiones ligeramente curvados hacia la hoja, así como el pomo generalmente de forma discoidal. Este tipo de guarniciones, suelen presentar, una hoja de cierta longitud, normalmente por encima de los 90 cm, llegando en algunos ejemplares hasta los 110 cm. Estas hojas, dotadas de dos filos, y evolucionadas de tipologías anteriores en función del desarrollo paralelo del armamento defensivo, presentan en determinadas ocasiones algún vaceo o canal central en los dos primeros tercios de su longitud, y van a precisar, -como ya hemos dicho- de grandes empuñaduras para su afianzamiento con ambas manos, así como de grandes pomos que aporten equilibrio al conjunto. Su peso total, es importante por supuesto, pero nunca debemos olvidar que son espadas y por tanto sujetas a una funcionalidad específica. Son muy raras las muestras que llegan a los 2,5 Kg. de peso. (esta tipología de espadas, se podría englobar perfectamente en los denominados tipo: XIIa, XIIIa, según la clasificación del profesor E. Oakeshott, y aparecen mencionadas como “Grandes Espadas de Guerra”, ó “Espadas Alemanas” debido principalmente a la notable presencia en los grupos escultóricos pertenecientes a tumbas alemanas de mediados del siglo XIV).

La función primordial de estas espadas es el golpe de corte, con lo cual ambos filos se prolongarán hasta el talón no precisando –en principio- ninguna protección auxiliar por delante de la cruz, -protección, que aparecerá no obstante en un corto periodo de tiempo, con motivo de la evolución hacia una esgrima mixta, en la cual el uso conjunto de corte y punta, prevalecerá sobre la anterior-.

La evolución lógica del armamento defensivo, -arneses de placas- va a influir notoriamente en las formas de nuestra espada. La necesidad de atravesar dichas protecciones provocará que los filos pierdan progresivamente su paralelismo, -característica de la tipología anterior- formando en este caso, una aguda punta destinada para tal fin. La sección variará también ganando en grosor –secciones romboidales- con la lógica pérdida de los vaceos, como consecuencia de las nuevas exigencias de ataque de punta. Estas circunstancias propiciarán a su vez una cierta pérdida en la longitud de las hojas, -unos 90 cm. aprox.- o en su defecto volviéndose más estrechas, evitando de esta manera el peso excesivo de las mismas, aunque las empuñaduras mantendrán durante algún tiempo más, su característica de doble mano, sobre todo en las hojas de mayor longitud. (Tipo XVa en la clasificación del Profesor Oakeshott).

Todos estos cambios que se sucederán a lo largo del siglo XIV, van a conformar la morfología de otras subcategorías que irán apareciendo como consecuencia del proceso evolutivo del armamento defensivo. Por citar algunas, y al hilo de lo anterior, tenemos una rama de dicha evolución que culminará en los estoques del siglo XV, en los cuales, de forma progresiva a la disminución de la longitud de las hojas, -entre 70 y 80 cm.- se producirá también la disminución de la longitud de las empuñaduras, hasta prácticamente perder su calificación de “mano dobles”. (Tipo XV en la clasificación del Profesor Oakeshott)

En otra de las ramas evolutivas podemos citar las denominadas “espadas bastardas” de mano y media, que tienen sus máximos exponentes durante la segunda mitad del siglo XIV, y principios del XV. Esta nueva tipología acepta varias morfologías en cuanto a su hoja se refiere, encontrándonos ejemplares del tipo XVa –citado anteriormente- así como otras provistas de fuertes hojas ocasionalmente acanaladas en su mitad fuerte, y dotadas de filos convergentes, pudiendo ser usadas indistintamente como armas de corte ó de punta, (Tipos XVIa y XVII en la clasificación del Profesor Oakeshott), a la vez que presentan una empuñadura que aún siendo un poco mas corta que las anteriores, permite no obstante su doble empuñadura. El término “Bastarda”, con que se designa esta tipología, se aplica ya los siglos XV y XVI, y aparece bien documentado en un tratado del siglo XVII de Marc de Vulson “Vray Theatre d´Honneur”, el cual haciendo referencia a un duelo en 1549, Enrique II de Francia menciona “Deux epées bâtardes, puovant servir à une main ou à deux”

Todas estas espadas, -enclavadas aún en un contexto medieval-, se encuentran ligadas de forma coherente al espíritu caballeresco que reinará en la Europa desde la alta Edad Media, son por tanto el armamento indiscutible del caballero, para ser usadas tanto a caballo como a pié. Este concepto en sí, no implica que se trate de un arma exclusivamente de Caballería, -y esto es muy importante comprenderlo- ya que eran ceñidas por el caballero, en virtud de su posición social y estatus nobiliario, al igual que el resto de las armas de su panoplia armamentística, incluida su montura, -el conjunto denominado “lanza”-. Creemos por lo tanto que es más correcto hablar del armamento de un determinado estamento social, más que el de un arma determinada del ejército, tales como la Caballería, o la Infantería, -independientemente de que la tropa también se equipase con espadas en un momento posterior, como complemento de su propia panoplia-.

En otro orden de cosas, y siguiendo nuestro repaso al proceso evolutivo del que hablábamos anteriormente, nos encontramos con otra de sus ramas, la cual va a originar una tipología de Mandoble muy peculiar, heredero en cierta medida de las formas de sus antecesores, pero con ciertas características muy concretas que van a determinar, tanto su forma de uso, como de su usuario, nos referimos como no al Montante.

El origen del Montante vamos a situarlo cronológicamente, hacia el último tercio del siglo XV, como evolución de algunas de las tipologías anteriores que determinarán una gran espada, cuya longitud de hoja supera fácilmente los 120 cm. Y para uso exclusivo del soldado de a pie. Esta tipología tendrá sus máximos exponentes durante el siglo XVI, siendo escasos los ejemplares de principios del XVII. Estas piezas, -como ya hemos dicho- presentan unas hojas de gran longitud y cuya anchura máxima, oscila entre los 40-70 mm. En muchas ocasiones con uno ó varios canales que recorren los tercios fuertes rebajando de esta forma su peso a la vez que añadiendo rigidez. Una de las características más llamativas en estas grandes espadas, es la existencia –no en todos los casos- de una cruceta ó falsaguarda, situada en el tercio fuerte, y que tiene como misión, proporcionar un asimiento protegido, por delante de la cruz mejorando de esta manera el equilibrio del conjunto, en determinadas técnicas esgrimísticas. En otros casos, la existencia de un largo recazo suplirá la función de la mencionada cruceta. Seguirá manteniéndose la guarnición de cruz de gavilanes rectos, con la presencia ocasional de uno o dos puentes de guarda, adecuándose a las medidas y modas artísticas del momento, con empuñaduras no ya de dos manos, sino de hasta cuatro y cinco –si las hubiere-, y con grandes pomos para equilibrar todo el conjunto, que abandonando las formas discoidales, más comunes en el medievo, adoptarán formas esféricas, periformes, lobuladas etc. Más en la línea renacentista que nos ocupa. Aún con esto volvemos al hecho de tratarse de armas funcionales, con lo que rara vez excederán de los 3 Kg. de peso.

En la familia de los Montantes, existe una categoría que por sus peculiares características, merece especial atención, nos referimos, a los denominados “de Lansquenette” ó “Zweihänder Schlachtschwerter” (Espadas de batalla de dos manos) por haberlos hecho famosos esta variopinta tropa de soldados mercenarios. Se trata de grandes espadones de origen suizo y germánico, que presentan exageradas hojas de longitud y anchura mayores que las citadas anteriormente, existiendo muestras de más de dos metros de longitud total, pero también en algunos casos con menor grosor de sección. Estas grandes hojas no mantienen un canon específico mostrándose tan anárquicas en su construcción como el propio espíritu de sus propietarios. Abundando las formas flamígeras, las grandes crucetas en forma de media luna, etc. Con guarniciones de cruz recta, cuya factura es más parecida a obras de rejería que a protecciones propiamente dichas.

Estos espadones, estaban concebidos para su uso exclusivamente a pie y servían para abrir paso entre las formaciones de piqueros, en el contexto de un ejército moderno. A diferencia de sus antepasados medievales, aquí si podemos hablar de una espada para un cuerpo determinado de Infantería, en este caso los Lansquenettes. Obviamente, debido a su diseño y construcción, se trata de espadas más pesadas que sus antecesoras, pero insisto en que la mayoría de ellas nos sorprendería por su ligereza en función de su tamaño, pues como dice un gran amigo y colega nuestro “eran antiguos, pero no idiotas..”

Retrocediendo de nuevo al siglo XV, vamos a enlazar con otra rama en la evolución de nuestros espadones, Las grandes espadas escocesas, comúnmente denominadas “Claymore”, del gaélico “Claidheamh mòhr” o “Espada grande”. Esta tipología de espadones, se caracteriza principalmente por su arriaz de brazos caidos, hacia la hoja, formando un ángulo, así como los remates de los gavilanes, siendo los más conocidos, los de forma de trifoglio o tetrafoglio, -ya del siglo XVI-. Poseen una larga empuñadura que remata en grandes pomos del tipo discoidal. Las hojas tiene una longitud normalmente superior 110 cm. son de dos filos paralelos, presentando en muy determinadas ocasiones un ligero vaceo central. En siglos posteriores, sobre todo el XVIII, el nombre “Claymore”, se utilizará para designar –erroneamente- a prácticamente la totalidad de las espadas de producción escocesa, principalmente las de guarnición de farol “Baskethilted Broadswords”.

Existen otros tipos de espadones, mandobles, estoques y montantes, que debido a su carácter ceremonial, – en casos como la representación del poder real o eclesiástico-no vamos a tocar por el momento, en este grupo entrarían los Montantes y Mandobles de Ceremonia, Los Estoques Pontificios, etc

Como hemos podido apreciar, en esta pequeña introducción, la existencia de espadas de dos manos o mandobles, se puede situar en origen, en la primera mitad del siglo XIV, habiendo sufrido ciertos cambios morfológicos en función de su técnica de uso a lo largo del siglo XV, y culminando en los grandes exponentes del siglo XVI, a partir de los cuales, va a caer rapidamente en desuso, como consecuencia entre otras, del avance técnico del armamento de fuego, el cual modificará radicalmente las técnicas de combate en la guerra moderna, manteniéndose únicamente como espadas de tipo ceremonial. De esta forma entendemos que el término mandoble en su origen, agrupará todas las demás posibles acepciones, en cuanto a una espada de dos manos, independientemente de su datación o tipología, siendo el resto de los casos, como el Montante, el Estoque, y cualquier otro tipo de espada de dos manos, ejemplos muy concretos, destinados a un uso también muy concreto en virtud de su funcionalidad.

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La Espada Medieval

5, octubre, 2007 at 11:10 pm (Esgrima Antigua)

Por Óscar Torres Carrasco, de la AEEA.

Por la denominación de Espada Medieval nos referimos a la espada recta, de doble filo y empuñadura para una mano que se utilizó desde el siglo X hasta el XVI en todas sus variantes; El arma típica del caballero o el soldado medieval.

La espada medieval tuvo su origen, a grandes rasgos, en las espadas Vikingas, que a su vez fueron un desarrollo de las espadas Romanas y Celtas (el estudio detallado de ésta evolución es por supuesto mucho más complicado, y no pretende ser el objetivo de éste artículo, que es una mera aproximación) . Las espadas Vikingas tenían una morfología particular, en la cual se puede adivinar la forma inconfundible de la futura Espada Medieval en versión primitiva.

La espada Vikinga era un arma de hoja recta y ancha, doble filo, con ancho vaceo por ambos lados y con una punta poco aguda y en muchos casos directamente redonda, poco grosor de hoja y con los filos paralelos o con muy poco estrechamiento distal, lo que indica a las claras que estas espadas se usaban principalmente para cortar.
Su punto de equilibrio estaba a una distancia considerable de la guardia, lo que aumenta la inercia y potencia de sus golpes, pero dificulta recuperar el arma tras lanzar un ataque, por lo que esta espada se usaba siempre acompañada de un escudo para permitir al guerrero utilizar su arma únicamente para atacar y al mismo tiempo estar bien defendido. La guardia solía ser recta casi siempre, y bastante corta, de forma que apenas superaba su anchura la de la hoja por unos pocos centímetros, por lo que se deduce que estaba pensada más que para defender con efectividad la mano ante los cortes del enemigo, para evitar que ésta deslizase por la empuñadura hasta la hoja, y también para que no se aplastase en caso de chocar la mano contra el escudo de algún contrincante.
El pomo solía ser de formas lobuladas, y bajo él se situaba una contraguardia, que era una placa plana, parecida a la guardia pero del tamaño del pomo y situada al final de la empuñadura para evitar que la espada se escapase de la mano al usarla. Esta contraguardia estaba remachada al pomo, y éste a la espiga de la hoja. En realidad, precisamente era ésta contraguardia la que ejercía el papel principal del pomo (tope y contrapeso) pues los lóbulos añadidos a él generalmente eran huecos.
Aunque la metalurgia de los Vikingos era excelente, las hojas de sus espada nunca superaron los 75cm de longitud. El peso de estas armas estaba en torno a 900 gramos y kilo doscientos, y se usaron durante los siglos VII al IX.

Más tarde, en el siglo X, considerado el momento en el que desaparecen las tribus vikingas como tales, el diseño de la espada Vikinga deriva en el de la Espada Normanda, base desde la cual todos los pueblos Europeos desarrollarán los diferentes tipos de espadas medievales.
La Espada Normanda (Oakeshott tipo X) ya está dotada de una guardia más ancha y capaz de defender la mano del usuario con más efectividad, así como de servir como arma por sí misma, y una hoja más larga y puntiaguda que permite usar el arma tanto con cortes como con estocadas, aunque en este caso todavía predomina el ataque cortante. Los pomos tienen variedad de formas, siendo las más comunes la de Hongo (“boletus”), Nuez de Brasil, Sombrero de Obispo, o Disco.

La Espada Medieval típica (Oakeshott tipos Xa, XI, XII, XIII)tiene una hoja casi invariablemente recta y de doble filo, de perfil lenticular achatado y con acanaladuras en ambos lados para aligerarla sin restarle resistencia. La longitud de la hoja varía entre 70 y 85cm, y ya está dotada de una punta capaz de atravesar casi todas las armaduras de la época, salvo quizá las cotas de mallas remachadas. El punto de equilibrio se aproxima más a la guardia, haciendo más fácil y fluido su manejo, a pesar de que su masa se incrementa hasta alcanzar un peso de entre 900 gramos y 1,3 Kg, Las empuñaduras siguen siendo cortas y para acomodar una sola mano, y por tanto estas armas también se usan casi siempre (incluso en el caso de la caballería) acompañadas de un escudo. Sigue siendo una espada enormemente contundente, como demuestran diversos grabados y tapices de la época en las que se representan batallas y la efectividad de estas armas. También se han encontrado fosas comunes pertenecientes a batallas medievales en la que los esqueletos mostraban a las claras el tipo de horribles heridas que estas armas podían inflingir.

Como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, el desarrollo de las armas ha sido parejo al de las defensas, de modo que según avanza el medioevo, la forma de la espada evoluciona para tratar de contrarrestar el incremento en las defensas del guerrero profesional (que no del ocasional o forzoso, que se protegía como podía) y por tanto la forma de sus hojas deriva a un nuevo modelo en el que prima el poder dar fuertes estocadas antes que cortar. La cota de mallas se demuestra casi invulnerable ante los cortes de una espada, de modo que se desarrolla un tipo de hoja de forma triangular, ancha en la base y fina en la punta, con sección generalmente de diamante (4 mesas) y punta reforzada que permita atravesar esta defensa y reventar las anillas de las cotas de mallas (Oakeshott tipos XV, XVI y XVIIIa).
Estas espadas, más mazizas que los anteriores modelos, Suelen pesar algo más que las de perfil lenticular, pero la forma triangular de su hoja las suele hacer más fáciles y fluidas de manejar, puesto que al concentrarse la mayoría del peso en la zona más cercana a la empuñadura el punto de equilibrio está muy cercano a ésta, convirtiendo a estos modelos en los mejores en cuanto a manejabilidad. En este punto, existen ya muchos modelos de pomos, como los de disco, bola, cola de pescado, facetados, etc… y la longitud de las empuñaduras en algunos casos se incrementa hasta terminar por crear otro subtipo de espadas, las Bastardas.

En el siglo XIV aparecen las armaduras de Placas, magnífica defensa capaz de contrarrestar con efectividad casi cualquier ataque cortante, y muchos de los penetrantes, a menos que se acierte en una abertura entre las piezas, requiriendo de armas más potentes para ser combatida con cierta efectividad, de modo que el arma por excelencia del guerrero y el caballero deja de ser la Espada Medieval clásica, para pasar a ser la Espada de Mano y Media o Espada Bastarda, más poderosa y versátil, aparte del hacha de armas, la maza, y otras armas más resolutivas contra oponentes armados de Punta en Blanco.

La Espada Medieval ha defendido el honor de los caballeros durante 500 años…y no dejará de existir, sino que evolucionará a nuevas formas acordes con los nuevos tiempos en los que ya se usa la pólvora en el campo de batalla. Las Hojas tienden a estrecharse un poco, y casi siempre se dotan de poderosas puntas. Las guarniciones desarrollan numerosos apéndices que protegen la mano del soldado, ahora sin guantelete, como el guardanudillos, las anillas laterales, gavilanes, lazos, conchas, etcétera. La espada de guerra del renacimiento guarda similitudes respecto a la medieval en cuanto a función y uso, pero tanto ella como su esgrima se perfeccionarán aún más en los nuevos tiempos en los que los campos de batalla dejan de contemplar formaciones de arqueros y cargas de caballería, para pasar a los cuadros de picas, mangas de arcabuceros y artillería.

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La Espada de Mano y Media

5, octubre, 2007 at 11:08 pm (Esgrima Antigua)

Por Oscar Torres Carrasco, de la AEEA.

Las Espadas de Mano y Media, También conocidas como Espadas Bastardas, son una evolución de la Espada Medieval típica concebida para hacer frente al mayor grado de protección que conceden las armaduras. (Lórigas de malla en primer lugar, Arneses de platas o placas posteriormente)

Hay que empezar aclarando que dentro de la denominación de Espada de Mano y Media hay dos grandes clases diferenciadas. La primera variante es la de las armas protagonistas de éste articulo, de hoja larga y empuñadura para las dos manos que también se conocían como Espadas de Guerra o Espadas largas (Espées d`guerre, Grete sverdes, Longswords, Langeschwert, etc) y la segunda clase distingue a unas espadas con hojas más cortas, de alrededor de 80-85cm, y empuñadura para una mano y media, que eran las conocidas como espadas Bastardas. Todos estos nombres denominaban una serie de modelos de espadas con características y función similares, y las distinguen de las que se usaban a una mano, o de otros modelos que también se usaban a dos manos más grandes aún que las Mano y Media, como los Claymores escoceses, Montantes y Mandobles.

Estos últimos tipos de armas poseían una masa, peso y longitud que hacía necesario el uso de las dos manos para poder manejarse, mientras que las Espadas de Mano y Media podían usarse indistintamente con una sola mano o con las dos, al menos en teoría. Digo en teoría porque estos tipos de espada existieron durante varios siglos y con hojas de diferente forma, y en muchos casos el propio diseño del arma y su equilibrio pensado para potenciar la fuerza del corte, prácticamente impedían el uso fluido con una sola mano. Ya en el siglo XV, habiéndose generalizado las hojas más puntiagudas, en todos los manuales históricos en los que se enseña el manejo de estas armas puede verse que el empuñamiento es indistinto a una o dos manos (aunque con mucha preferencia por el agarre doble) y un nuevo tipo de agarre denominado a Media Espada (Mezza Spada, Halb Schwert) en el que se coloca una mano en la empuñadura y otra en el tercio fuerte o medio de la hoja, para facilitar la estocada y la lucha muy de cerca con armas de esta longitud y, generalmente, armadura.

Una Espada de Mano y Media es un arma de hoja recta y doble filo, cruz más amplia que en el caso de las Espadas Medievales a una mano y empuñadura que permite normalmente acomodar las dos manos. La longitud de las hojas suele estar entre los 85cm y los 105cm, y el arma mide en su totalidad entre 1,08 y 1,30m, situándose el peso entre el Kilo trescientos gramos y poco más de dos Kilos en determinados ejemplares destinados casi exclusivamente a usarse contra los arneses de placas. Los pomos solían tener forma de disco plano en las espadas más antiguas o de hojas claramente orientadas al corte sobre la estocada, y en forma de pera (piriformes), higo o cilindro facetado en las versiones posteriores puesto que, aparte de su función de contrapeso y sujeción, en estos casos deben servir para ampliar el agarre en la medida de lo posible y de forma cómoda, además de para impulsar las estocadas y facilitar una esgrima más fluida. La Empuñadura, siempre de perfil ovoidal, podía ser recta, más gruesa en su parte central o con forma de botella, que era la más usada. Las guardias solían ser básicamente rectas en sus principios, una simple barra de acero sin aristas, pero evidentemente existen infinidad de variaciones con arriaces curvos y adornados que se van complicando a medida que avanzamos en el tiempo. Al final del siglo XV y en el XVI se dotaba a las guarniciones de unos anillos laterales que protegían con mayor efectividad la mano del Guerrero, y otros anillos dispuestos encima de la cruz para proteger los dedos, pues en determinadas técnicas se podía poner alguno encima del arriaz, para un mayor control de la estocada, por ejemplo.

Sin embargo, fueron las hojas las que más cambiaron con el paso de los años, de exactamente la misma manera que sucedió con las espadas de una mano. La Espada de Mano y Media apareció tan pronto como el siglo XIII, y se continuó usando hasta principios de XVII, pero su época de esplendor fueron los Siglos XIV y XV. En el XIII se extendió su uso en toda Europa, normalmente acompañando a los caballeros, que seguían llevando al cinto la Espada a una Mano mientras portaban la Larga colgada de la silla del caballo (por esto mismo, en ocasiones se las denominó espadas de Arzón), hasta que, ya a principios del Siglo XIV, la Espada de Mano y Media sustituyó a la Espada Medieval como arma principal de los caballeros, y se generalizó su uso, despreciando a partir de ese momento el uso del escudo en favor de la protección que brindaban las cada vez más perfeccionadas armaduras. Durante todo este tiempo, y como antes decía, la hoja de las espadas evolucionó de forma paralela a las armas de una mano, y por los mismos motivos. En un principio estas armas tenían hojas que estaban diseñadas preferentemente para cortar, con una anchura respetable, que apenas disminuía hacia la punta, y una masa considerable que las dotaba junto a un último tercio de hoja muy afilado, de un enorme poder de corte y contundencia. ( Oakeshott tipo XIIIa).

Con la llegada de las armaduras de placas, se hizo más secundario el poder de corte a la vez que se hacía necesario un poder de penetración capaz de reventar las anillas de las cotas de mallas, y penetrar entre las placas de las corazas, por lo que las hojas se afinaron y se fabricaban con un perfil de diamante o romboidal (de cuatro mesas) o de hexágono achatado (de seis mesas) a diferencia del lenticular anterior. Las espadas seguían teniendo un fuerte y ancho recazo, pero la hoja se estrechaba a medida que transcurría hacia la punta, hasta acabar en una punta bastante estrecha y fina, muy aguda y rígida. (oakeshott tipos XV,XVI,XVII y XVIII). Este modelo de hojas hacía ganar agilidad y poder de penetración a la espada, mientras le restaba contundencia y poder de corte.
Éstas son las armas que nos encontramos reflejadas en los tratados de esgrima de Mano y Media, cuya amplitud de técnicas y movimientos se hace posible merced a la manejabilidad general y versatilidad de este tipo más evolucionado de espadas.

Más tarde, ya en los albores del siglo XVI, las Espadas bastardas se volvieron a dotar de hojas anchas y cortantes, al la vez que se perfeccionaban sus guarniciones para incrementar la protección de las manos, y todo esto a causa de la entrada en juego de la Pólvora.
Las armas de fuego terminaron por convertir en obsoleta la armadura, y por tanto ésta comenzó a escasear en el campo de batalla, al menos en sus modelos más completos, por lo que el soldado común se volvió a hacer más vulnerable ante un ataque cortante, al mismo tiempo que el atacante era más sensible a los golpes y pequeños cortes en las manos, razones ambas de ésta última evolución de la Espada de Mano y Media (Oakeshott tipo XIXa).
Se trata, de nuevo, de hojas bastante rígidas y pesadas, con un perfil de hexágono achatado (seis mesas) ,acanaladura muy estrecha y corta, sin pasar apenas del primer tercio de la hoja, y generalmente acompañada de otras dos situadas a los lados y de la longitud del recazo, solamente. Estas hojas apenas tienen estrechamiento distal, y son casi tan anchas en la punta como en la base, lo que indica, junto a su robusta arquitectura, que se las ha dotado de una contundente capacidad de corte.
Asimismo, como se mencionaba antes, los arriaces comienzan a complicarse, y verse dotados de anillas laterales para proteger la mano y anillas paralelas a la hoja para proteger los dedos que pudieran situarse en esta al empuñar el arma, aumentando el peso total del arma al mismo tiempo que salvaguardan las manos del esgrimidor. Lo últimos ejemplares de ésta longeva familia, fueron los más espectaculares, merced a la sempiterna evolución.

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Phylax

8, septiembre, 2007 at 7:14 pm (Uncategorized)

La cosa es que me encontraba yo rebuscando por un sitio de internet (Lulu), que se dedica a la autopublicación de libros (tenemos un amigo que lo ha utilizado, y estaba mirando la posibilidad de hacer yo lo mismo, y curioseando entre los libros que allí venden), cuando me encontré con un libro que llamó mi atención (lo podéis ver aquí: http://www.lulu.com/content/990884, obviamente su título es Phylax) tanto por la temática, que podría definirse como esoterismo-ficción, como porque, al contrario de lo que pudiera parecer al ser un sitio de autopublicación, está bien escrito y es realmente entretenido (si os preguntáis cómo pude saber tal cosa antes de leerme el libro, básicamente, en la web puedes leer las primeras páginas, supongo que para que te pique el gusanillo y, como en mi caso, piques y lo compres). La cosa es que no es caro (unos 9 euros), se lee rápido y es muy entretenido, ya sin contar con la propia temática que trata. Yo lo recomiendo encarecidamente como lectura veraniega (o post-veraniega, que de verano poco nos queda ya), y por el precio que tiene hay una realmente buena relación calidad/precio.

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Mitología germano-nórdica (XI)

30, julio, 2007 at 6:23 pm (Vikingos)

MAGNI (El Fuerte): hijo de Thor y de la giganta Jarnsaxa. Cuando Thor ha matado al gigante Hrungnir, éste cae y uno de sus pies queda sobre el dios, que no puede liberarse. Magni, que tiene tres años, es el único capaz de liberar a su padre, que le ofrece, como recompensa, a Gullfaxi, el corcel de Hrungnir.

MANI (Luna): Mani es el dios que rige la luna. El vocablo es un masculino. Es posible que el dios haya sido un gigante. Es hijo de Mundilfari y su hermana es Sol (el sol). En el cielo, es perseguido por el lobo Hati, apodado «Engullidor de Mani». Según una tradición, los Ases colocaron a Mani en el cielo para poder contar los años (cf. Hombre en la luna). Según otro testimonio, cuando Mundilfari entregó a Sol en matrimonio a un hombre llamado Glenr, los Ases se enojaron por ello y colocaron a ésta en el cielo con Mani. Desde entonces, Mani dirige la carrera de ese astro y rige la luna nueva y el último cuarto (cf. también Bil y Hjuki).

MANNUS: según Tácito, es el hijo de Tuisto, el ancestro mítico de los germanos. Corresponde a Manu en la cosmogonía védica. Mannus tiene tres hijos, de quienes descienden los ingvaeones, los herminiones y los istvaeones. De estos nombres, podemos deducir que sus hijos se llamaban Ing(vi), que corresponde al dios Freyr, Hermin/Irmin e Istvi. Este árbol genealógico es paralelo al de los antiguos escandinavos. Buri, salido del hielo, se convierte en padre de Odín, Vili y Ve.

MAR (v. isl. mará, v. ing. mare, al. Mahr): el o la mar es un demonio de la baja mitología germánica, que aparece en el francés cauche-mar y el inglés night-mare (pesadilla). Al otro lado del Rhin, fue substituido por el elfo (Alp, Elbe) y la pesadilla se denomina Alptraum o Alpdruck, «sueño élfico» o «presión del elfo». En el mundo romano, es una criatura que oprime el pecho del durmiente —ital. pesurole, port. pesadela. El o la mar, Trud(e) en Alemania del sur, es una entidad compleja: puede ser el espíritu de un muerto malhechor o descontento con su suerte y que intenta vengarse, o el doble (alter ego, hamr) de un individuo —mago o bruja con frecuencia—, o también un maleficio. En las tradiciones populares, la mar (aquí se trata esencialmente de mujeres) designa a una mujer cuyo espíritu o cuya alma, el doble de hecho, abandona el cuerpo durante el sueño; no hay que tocar en modo alguno a la persona dormida y cambiarla de lugar; de lo contrario el espíritu no podría regresar y moriría. En el siglo XV en Francia, se creía que las pesadillas (quauquemaires) eran hijas de los hombres que tenían el don o la maldición de convertirse en lobos. Cf. Hamr y Werwolf.

MARDÖLL: uno de los nombres de la diosa Freyja. Implica la existencia de una relación entre la diosa y el mar (mar), y significa tal vez: «la que ilumina el Mar.»

MARTE: en la interpretación romana de las divinidades germánicas, Marte designa a Tyr (v. al. Zio), cuyo nombre encontramos en Martes (martis dies), en inglés: tuesday: «Día de Tyr». Varias inscripciones votivas que datan de los siglos I al V de nuestra era han sido descubiertas y demuestran que la equivalencia Marte-Tyr puede ponerse a veces en duda. Si es exacta en Marte Thingsus, es dudosa en Marte Halamardus.

MEGINGJÖRD: cf. Cinturón de Fuerza.

MENGLÖD (Que los collares alegren, o Adornada con el collar): hipóstasis de la diosa Freyja o, tal vez, la propia diosa. Menglöd vive en la estancia Hyr, que se halla en el Monte de los Remedios (Lyfjaberg) y está rodeada de llamas. El gigante Fjölsvinn defiende la entrada de su reducto; a veces, dos perros son sus guardianes. Menglöd tiene a su servicio nueve vírgenes: Protección (Hlif), Ardiente para proteger (Hlifthrasir), Guardiana del Pueblo (Thjodvarta), Brillante (Björt), Pálida (Bleik), Alegre (Blid), Bella (Frid), Paz/Merced (Eir), Roca de grava (Aurboda). El joven Svipdagr quiere casarse con Menglöd y vence en el combate de enigmas que le impone Fjölsvinn (Fjolsvidr en otra tradición). Tal vez Svipdagr sea equivalente al misterioso Odr, a quien Freyja aguarda desde hace mucho tiempo y que le ha sido prometido por el destino. Detrás de Fjölsvinn se oculta sin duda Odín.

MENJA: giganta, esclava de Frodi, mítico rey danés. Posee el molino maravilloso Grotti, que tiene la propiedad de moler lo que el molinero dice. Menja y Fenja mueven la muela.

MERCURIO: así designan los romanos al dios supremo del panteón germánico, Odín/Wodan por lo tanto. Desde el siglo I de nuestra era, numerosos ex-votos se dedicaron a Mercurio pero sólo una parte se refiere a Odín, por ejemplo Mercurius Chann(i)us y Mercurius Cimbrianus, aludiendo la otra a divinidades célticas: Mercurio del Puy-de-Dôme (Mercurius Dumidus), Mercurio del Averno (Mercurius Avernus), etc. En la poesía escáldica, Odín es saludado como el «dios de los cargamentos» (Farmatyr), de los mercaderes por lo tanto, y las inscripciones votivas confirman la antigüedad de ese rasgo, puesto que revelan los nombres de Mercurius Negotiator, Mercurius Mercator y Mercurius Nundinator.

MIDGARDR (Recinto del medio): el término designa el recinto donde viven los hombres. La representación más o menos concéntrica de los distintos mundos —los de los dioses, de los gigantes y de los hombres— convierte a Midgardr en el centro de todos ellos. Midgardr está separado de las tierras de los gigantes por ríos y bosques. Habría sido hecho con las cejas de Ymir, el gigante primordial, lo que sólo puede aplicarse a su delimitación, su frontera, el bosque sin duda, imagen que corresponde bastante bien a la de unas cejas. La denominación «Recinto del Medio» revela que el hombre ha organizado el universo a partir de sí mismo, de su morada que, por extrapolación, se ha convertido en la tierra de los humanos. El nombre es antiguo: en gótico traduce orbis terrae, el mundo, y significa «cosmos» en viejo inglés.

MIDGARDSORMR (Serpiente de Midgardr): se trata de la gran serpiente que vive en el Océano que rodea la tierra y asegura, pues, su cohesión horizontal. El poeta Ulf Uggason (siglo X) la llama: «Sólido vínculo de la tierra». Es también llamada Jörmungandr, es decir: «Gigantesca varita mágica», y en los kenningar: «El que se retuerce alrededor de la tierra; el pez que concluye toda tierra.» Interviene con frecuencia en los mitos: Thor intenta en vano pescarla. Loki es su padre, y la giganta Angrboda su madre. Cuando llega el Ragnarök (el apocalipsis) esa serpiente se agita en el mar y llega a tierra, provocando un general maremoto. Desde los petroglifos de la edad del bronce hasta la época vikinga, se representa a Midgardsormr. En Inglaterra, puede vérsela en la cruz de Gosforth.

MIMAMEIDR (Viga de Mimir): uno de los nombres de Yggdrasill, el árbol cósmico.

MIME: herrero que recoge a Sigurdr (Siegfried) según la Saga de los Vilces. Es el hermano de Reginn que, convertido en dragón, se apropió del tesoro de su padre. Mime manda a Sigurdr a hacer carbón vegetal en el bosque. El héroe encuentra y mata al dragón, luego vuelve a la forja para vengarse de Mime. En efecto, los paros le han comunicado que éste esperaba que el monstruo se libraría de él. Sigurdr recibe de Mime, que intenta apaciguarle, la espada Gramr y una armadura.

MIST: una valquiria. Tal vez su nombre signifique «nube».

MITHOTYNUS: es, en Saxo Grammaticus, el nombre de un mago que toma el poder entre los Ases, cuando Odín está ausente. Al regreso del dios, huye a Fionia, cuyos habitantes lo matan. Su cadáver provoca una pestilencia que sólo cesa cuando plantan una estaca en el pecho del muerto, medida que se encuentra posteriormente en las historias de aparecidos (cf. Draugr y Estaca) y, más recientemente, en las de vampiros.

MJODVITNIR (Ladrón o Lobo del Hidromiel): nombre de un enano, pero lo que implica se adecuaría mejor a Odín (cf. Kvasir), a menos que el término «hidromiel» remita, por metonimia, a la sangre de Kvasir con la que los enanos Fjallar y Galarr hicieron el brebaje maravilloso.

MJÖLLNIR (Triturador): martillo del dios Thor. Fue forjado por los enanos Sindri y Brokkr, pero Loki, metamorfoseado en mosca, molestó a Sindri mientras trabajaba y el mango del martillo quedó demasiado corto. Mjöllnir es el arma del dios: cuando la lanza provoca rayos y truenos; regresa por sí misma a las manos de Thor. Para manejar el martillo, Thor debe ponerse unos guantes de hierro. La lista de los gigantes muertos por Mjöllnir es larga. El martillo es también un instrumento religioso que sirve para bendecir o consagrar, y se le encuentra representado en los petroglifos de la edad de bronce. Mjöllnir recuerda mucho el Vajra (rayo) de Indra y el Vazda del Mitra iraní. El gigante Thrymr robó un día a Mjöllnir y exigió a Freyja por esposa, de lo contrario se quedaría con el martillo. Thor se disfrazó de Freyja, mató a Thrymr y recuperó su arma favorita. En otro mito, Thor resucita a sus carneros bendiciendo sus huesos, ordenadamente dispuestos sobre la piel. Cuando Thor muere, sus hijos Modi y Magni heredan a Mjöllnir.
Se recordará que en el antiguo derecho germánico, arrojar el martillo era un rito de toma de posesión del suelo y lanzarlo en el regazo de una muchacha consagraba la boda. En el Lai de María (I, 11) el gran poeta alemán Enrique de Meissen, llamado Frauenlob (muerto en 1323), se hace eco de esta costumbre.

MODGUDR (Feroz Combate): virgen encargada de la custodia de Gjallarbru, el puente sobre Gjöll, uno de los ríos de los infiernos.

MODI (Valor): nombre de uno de los hijos de Thor. De hecho, es una encarnación de una de las cualidades del dios.

MODRANEHT (Noche de las Madres): el letrado anglosajón Beda el Venerable (nacido en 673) habla de una fiesta pagana celebrada la víspera de Navidad y que se denomina así. Los sacrificios que en ella se hacían estaban destinados, sin duda, a diosas de la fecundidad equivalentes a las Matronae romanas. La fiesta está emparentada con el Disablot (Sacrificio a las Disas) nórdico y la comida de las hadas, bien documentada en todas las literaturas medievales.

MÖGTHRASIR: en un obscuro pasaje del Dicho de Vafthrudnir, este personaje parece ser un gigante y sería el padre de las divinidades del destino (haemingjur).

MÖKKURKALFI: para ayudar a Hrungnir en su combate contra Thor, los gigantes fabricaron un engendro de arcilla al que dieron el corazón de una yegua. Thjalfi, el servidor del dios, lo mató sin dificultades. Este episodio es un mito de iniciación guerrera cuyo héroe es, de hecho, Thjalfi.
Tiene su semejante entre los indoeuropeos en el duelo de Vritahan contra Triçierah y Vritra. Se advertirá, de paso, el parentesco de Mökkurkalfi y la leyenda judía del Golem, aunque hasta hoy no haya podido descubrirse ningún vínculo genético.

MUÉRDAGO: con un ramo de muérdago, Hödr, mal aconsejado por Loki, mata a Baldr, su hermano.

MUJERES-CISNE: son casi siempre tres, como en la leyenda de Wieland el Herrero (Völundr). Confundidas regularmente con las valquirias, por culpa de Wagner, pertenecen más bien a la esfera de Freyja, de la que parecen ser emisarias. Abandonan su hermoso plumaje de cisne cuando quieren bañarse y, si se les arrebata, se las puede obligar a quedarse entre los humanos y casarse con ellas. Al otro lado del Rhin, hacen una breve aparición en la Canción de los Nibelungos: Hagen se apodera de su atavío de plumas y les obliga a revelarle el porvenir. El romance Federico de Suabia (siglo XIII) utiliza este motivo, pero los seres maravillosos adoptan aquí la forma de pichones. El mito es común a los celtas y los germanos; se encuentran rastros muy legibles en los lais franceses de los siglos XII y XIII, Graelent y Desirée, por ejemplo, así como en una canción de gesta céltica, El Nacimiento de Conchobar, que relata las hazañas del legendario rey de Ulster.

MUNDILFARI: padre de Mani y de Sol (la luna y el sol).

MUNINN (Pensamiento): uno de los dos cuervos de Odín. Con Huginn, recorre el mundo y cuenta al dios lo que ha visto y oído. Conociendo los aspectos chamánicos de Odín, podemos ver en Muninn uno de sus dobles. Snorri Sturluson nos dice en efecto: «Odín cambió de envoltura (carnal). Su cuerpo permanecía entonces tendido como si durmiera o estuviese muerto, mientras él era pájaro […] y se transportaba en un instante a lejanas regiones.»

MURALLA DE LLAMAS: véase Vafrlogi.

MUSPELL, viejo alemán Muspilli: el término designa el final del mundo por el fuego. En el norte escandinavo, un gigante se denomina así. Posee a Naglfar, el barco hecho con las uñas de los muertos y en el que sus hijos (o sus vasallos) embarcan para atacar el Walhalla durante el Ragnarök.

MUSPELLSHEIMR (Mundo de Muspell): nombre de un ignoto paraje situado al sur y que forma el polo opuesto a Niflheimr, el mundo de las tinieblas y los hielos. El fuego de Muspell logra que se fundan los hielos de Niflheimr e Ymir, el gigante primordial, hace su aparición.

MYRKVIDR (Bosque sombrío): bosque mítico situado en los confines del mundo de los dioses; lo separa del de los gigantes. En el origen fue, sin duda, el bosque que marcaba la frontera entre los godos y los hunos. En el siglo XI, Thietmar de Merseburg emplea Mirikidui para designar los Montes Metalíferos.

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Beowulf, la nueva película en 3D

27, julio, 2007 at 2:05 pm (Cine y TV, Vikingos)

Pues por fin tiene web y trailer la película de Beowulf que ha guionizado mi adorado Neil Gaiman. Y no puedo dejar de mencionarla porque, además de que el guión es del señor Gaiman, tiene una pinta espectacular. La sinopsis nos dice:

“En una época legendaria de héroes, el poderoso guerrero Beowulf combate al demonio Grendel y provoca la ira infernal de la implacablemente seductora madre de la bestia. Su combate épico forja la leyenda inmortal de Beowulf.”

Está hecha en 3D, siguiendo la misma técnica que siguieron para hacer Polar Express o el personaje de Gollum para El Señor de los Anillos (se capturan los movimientos y el aspecto de la persona que se usará para dar vida y voz al personaje en la película). El reparto es ciertamente magnífico: Ray Winstone -tal vez el menos conocido por la mayoría, pero que yo tengo grabado en la memoria desde pequeña- que hizo de Bors en Rey Arturo y era Will Scarlett en la mítica serie de Robin Hood (la daban en la TVG en los 80-90, no sé en el resto de España, pero supongo que también la darían en las autonómicas) es Beowulf; Anthony Hopkins es el rey Hrothgar, y salen también John Malkovich, Robin Wright Penn (haciendo de la reina), Brendan Gleeson, Crispin Glover, Alison Lohman y Angelina Jolie como la madre de Grendel.

La web oficial de la película es ésta: http://www.beowulfmovie.com/

Y podéis ver el trailer aquí: http://www.apple.com/trailers/paramount/beowulf/

Os dejo también algunas imágenes para que veáis la calidad del 3D.

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Las clases sociales en la sociedad vikinga

23, julio, 2007 at 11:47 pm (Vikingos)

La familia, en un sentido amplio, es la célula base de esta sociedad. Incluye, además de los consanguíneos, a los amigos cercanos, a los hermanos jurados, parientes adoptivos, pobres a cargo de la casa, etc. Al menos una cincuentena de personas, dado que nos hallamos en colectividades muy reducidas, dependen todas, en grados diversos, del jefe de familia y su mujer.

Según un poema de la Edda, la Rigsthula, que justificaría la tripartición de la sociedad en esclavos, hombres libres y los jarls o reyes, se considera que los vikingos se organizaban en efecto en tres grandes clases o capas sociales bien diferenciadas. Y en muchos pasajes de sagas, se evidencian tales puntos de vista. Pero parece ser que el estrato de los esclavos, es el que plantea mayores problemas. Aunque no son desconocidos en el Norte, no se corresponden con la idea que solemos hacernos de ellos. Antes de la era vikinga, nada nos permitía afirmar que la sociedad escandinava haya conocido una clase que no gozara de libertad. A continuación, tras los primeros golpes de pillaje, tanto de hombres como de ganado o bienes, es muy factible que los vikingos tuvieran esclavos. Por otro lado, necesitaron muy poco tiempo para descubrir que esa era una de las mercancías más apreciadas en el mundo de su época. El tráfico de esclavos se convirtió muy pronto en la actividad fundamental de estos comerciantes perfectamente enterados de las leyes del mercado europeo o asiático.

Por lo demás, en contacto constante como estuvieron, mucho antes del fenómeno vikingo propiamente dicho, con el mundo europeo, no podían ignorar la existencia de esta categoría humana. Por eso, su establecimiento en Hedeby (Dinamarca, antiguo Haithabu) sería uno de los grandes centros de ese tráfico, equiparable en ese sentido a Bizancio. Incluso parece establecido que la ruta del Este, uno de los principales itinerarios de aquellos navegantes, enlazaba precisamente Hedeby con Bizancio por el sur del Báltico, el complejo de ríos y lagos rusos a partir del fondo del golfo de Riga, hasta la ciudad imperial, atravesando el mar Negro.

Que hayan llevado a su país a algunos de sus cautivos, que los hayan asociado a la vida de su granja, que los hayan tratado con bastante rudeza, todo eso, en suma, está dentro del orden de las cosas, en la época considerada entre los siglos IX y X. Que los autores de las sagas, en el siglo XIII, que no conocían esta costumbre más que de oídas o por sus lecturas clásicas, hayan desarrollado una temática a su costa tan convencional que parece completamente excesiva y dependiente de los tópicos literarios a los que estos autores son tan aficionados, como la cobardía desvergonzada de los esclavos, venalidad o incurable necedad (La Saga de Snorri el Godi), es algo que se comprende bastante bien. No olvidemos que una saga, por definición, se inspira en esquemas de escritura de historiografía clásica y narración medieval, una y otra en latín, una y otra familiarizadas con la noción de esclavo como un ser inferior y sin otro valor que el de mercancía. Los islandeses que redactaron estos textos querían más o menos conscientemente, a imitación de lo que hacía respecto de su propio país el rey Hakon Hakonarsson de Noruega, presumir de tener unas costumbres y una concepción del mundo aristocráticas. Se comprende que hayan desarrollado con predilección el tema de la esclavitud. Se cree tener fundamentos para decir que la noción, así considerada en una acepción corriente, no coincide con lo que podemos saber de la psicología de los antiguos escandinavos. Los valores que adoptaban y que ilustran toda su historia se oponían a ese desprecio de la persona humana. Una misma actitud se refleja, de alguna manera, en el hecho de que si bien mataban sin problemas, no torturaban a sus prisioneros o víctimas. Un esclavo, que puede ser un individuo capturado en una expedición, o tomado de otro país escandinavo, se liberaba, fuera comprándosele de nuevo, pagando una suma convenida o en virtud de los servicios prestados.

La siguiente clase, es la que está conformada por el vikingo medio, conocido con el nombre de bóndi. Prácticamente es el campesino-pescador-propietario libre del que hablan todos los textos. No existe solo, si no que se define en el interior de su familia, como lo denota la elección de su nombre, que no se deja nunca al azar. Puede aliterar con el del padre o reproducir una parte del de uno de sus padres, o también, si es el primogénito, retomar el nombre de un antepasado célebre. Recordemos que el nombre de familia, no existe; se es hijo o hija de su padre (Egil Olavsson o Astrid Olavsdottir), costumbre que aún perdura en Islandia.

Por otra parte, el bondi debe mostrarse capaz, legalmente, de recapitular su linaje en varias generaciones. Por otra parte, la idea de “malcasarse”, de contraer matrimonio con una mujer de rango inferior al suyo, con la que, por tanto habría una diferencia entre familias, no se le ocurriría normalmente. El bondi es cierta categoría social que no se expresa claramente en términos de fortuna, sino que quizás también, incluso a veces mucho más, puede basarse en términos de antigüedad como estirpe.

Que sea libre en cuanto a su persona es algo evidente, lo mismo que le sea lícito alquilarse en otra casa, hacerse aparcero o colono. Pero no está sometido ni es sojuzgado por ello. Una vez más, es sobre todo su libertad de palabra lo que le caracteriza. En las asambleas públicas o Thing, tiene derecho a dar su opinión sin que legalmente se le pueda impedir hacerlo. Tiene derecho a sostener una acción en justicia. Por lo general es un buen conocedor del procedimiento y de las leyes y, en caso de sufrir una ofensa, está capacitado para exigir compensación plena, ya que la legislación, que no conoce por así decirlo, la pena de muerte, prevé reparación de todo tipo en caso de trasgresión.

El bondi es un hombre para todo, susceptible de todas las prestaciones que se puedan esperar de un hombre completo: es granjero, pescador, artesano, herrero, tejedor, pero también jurista, ejecutante de los ritos religiosos del culto privado, poeta, así como un participante habilidoso de diversos juegos y un comerciante de gran calidad, diestro para contar, valorar, vender o hipotecar.

Llegado el momento, es él quien se embarca en su skeid y va en expedición de vikingo. Por lo tanto, también es un navegante de calidad, probablemente más o menos versado en astronomía y, en cualquier caso, un marino de primer orden. Es esta tal vez su mayor cualidad, pues es sorprendente lo que es capaz de hacer al timón de su barco. Evidentemente, es capaz de prestaciones guerreras, tanto en su país como fuera de él. Pero es ante todo, un brillante comerciante y negociar ha sido su ocupación principal. Vende su grano y sus cerdos si es danés, su hierro y sus pieles si es sueco, su esteatita y su madera si es noruego, su vadmál (un tipo de paño de lana muy resistente y especial) y pescado seco si es islandés.

Las expediciones vikingas solían ser una especie de viajes de comercio, en el curso de las cuales, podía suceder que las preocupaciones marciales prevalecieran sobre las mercantiles. La primera preocupación que tenían era la de ganar riquezas y renombre y a ese fin se destinaban las expediciones. En definitiva, no hay un sector en el que el bondi no sea capaz de ejercitarse. Ni siquiera en el ámbito artístico, pues se prestaban en la largas noches de invierno a todo tipo de trabajos pequeños de orden decorativo u ornamental.

Entre esta clase social, es evidente que había distintos tipos. Las sagas hablan de “storboendr”, grandes bondis y “smaboendr” o pequeños bondis. Los grandes son clasificados así porque pertenecen a una familia antigua y conocida, lo que le confiere ciertas prerrogativas probablemente no inscritas en los textos, pero tanto más evidentes cuanto que exigen menos comentarios. Están implantados en un lugar ancestral, incluso inmemorial, lo que hace que con frecuencia se les designen con relación a ellos y legitimam así sus derechos alodiales, que serán un precedente que desatará grandes discordias, porque, sobre todo, son hombres ricos. Sin ser absolutamente determinantes o decisivos, los valores materiales desempeñaban en este mundo un papel incuestionable. Había que tener bienes para pagar un barco, por ejemplo. Esto entrañaba gastos tan considerables que, con frecuencia, se asociaban para este tipo de adquisición varios. Por vikingo entendemos aquel que manda y posee, totalmente o en parte, un knörr o un langskip, y no podría ser en ningún caso, un menesteroso. Que se vaya a recorrer los mares para adquirir riquezas, como dicen tantas inscripciones rúnicas, no significa que se hable de un hombre pobre. Quizás no sea lo bastante rico, o pretenda aumentar su fortuna para apuntalar su reputación, ganar renombre, según los mismos testimonios.

Es entre estos grandes boendr, entre los que se escogieron los reyes y jefes. Es aquí donde surge la clase gobernante, aunque no se ajusta a la idea que estamos acostumbrados a hacernos de tal condición social. El rey “konungr” o reyes, “konungar” eran escogidos o elegidos por los grandes boendr, en el interior de algunas familias (kyn, de ahí deriva la palabra konungr), sin que se sepa hoy día cuáles eran los criterios que decidían esta preferencia. Su consagración consistía en hacerlos subir a una piedra sagrada, después, hacerlos recorrer un itinerario dado, que ellos “santificaban” mediante su presencia y donde se hacían reconocer como tales por los thing locales.

Se daba por supuesto que si, por una u otra razón, un rey no daba satisfacción, era destituido (literalmente era “echado abajo” de la piedra de consagración sobre la que se le había hecho subir para entronizarle), incluso colgado. Pues había sido elegido ante todo para “un año fecundo y para la paz”. Sus prerrogativas jurídicas, o mágicas, o también guerreras, aun cuando podamos imaginar que formaban parte de los carismas ligados a su condición, no se deducen claramente de nuestras fuentes. Una de las originalidades, eso sí, de la época vikinga, será la de ir entronarizando progresivamente reyes al estilo occidental, y la realización de este fenómeno marcará el final, en cierto sentido, de la sociedad de esta cultura.

En cuanto a la condición del llamado “jarl”, es una noción aún menos conocida que la del konungr, pero que podría ser más antigua y revelarse de carácter dinástico. La Rigsthula siempre tiene gran dificultad para distinguir entre jarl y rey. Según un buen número de inscripciones rúnicas en el antiguo futhark, se hacía del jarl un buen conocedor de las runas y se ha pensado inicialmente que fueran una especie de etnia aparte, que gracias a su especialización en la escritura pudieran obtener de ahí sus títulos de nobleza, los cuales equivaldrían a ser un conde o algo similar en la aceptación occidental. Pero no parece que en la época vikinga tuviera un estatuto social privilegiado. Resumiendo, probablemente el rey no desempeñaba un papel tan considerable en esta sociedad. Y por tanto, el grupo más importante y decisivo en la vida de los nórdicos, era el bondi.

Importantes razones, como el hábitat disperso, el clima difícil, los recursos escasos con los que contaban, etc, hacen que el sentido colectivo o comunitario esté, por la fuerza de las circunstancias, muy desarrollado en estas sociedades. En esto permanecen fieles, incluso actualmente todavía, a costumbres inmemoriales. Se ponen en común los bienes (félag) para todo tipo de fines. Cada uno de los contratantes o félagi, se siente vinculado por un lazo muy fuerte que puede llegar hasta el deber de venganza. Tenemos ejemplos de mujeres que entran también en un félag.

Esto ofrece a veces resultados complejos: un individuo puede poseer un cuarto de barco, un tercio de su carga, o casos semejantes. Es posible que esta asociación, obligada, como hemos visto, haya sido sellada por gestos significantes de carácter más o menos religioso. Así, los varegos (varengjiar), los vikingos que actuaban en el Este, deben tal vez su nombre a “varar”, juramento solemne. El nombre, en este caso, se aplicaría a una cofradía de comerciantes ligados por juramentos sagrados, como existieron en toda la Europa de la época.

Existían, por otra parte, otros tipos de asociaciones, semimercantiles, semirreligiosas, como las “guildes”, que son probablemente de origen frisón. Existieron durante la época vikinga en Escandinavia, parece ser, para conocer una suerte excelente a continuación, en la época cristiana.

Finalmente, convendría relatar un poco el papel femenino en esta sociedad vikinga que, al contrario de lo que pueda parecer, no era un núcleo exclusivamente masculinista, en la que únicamente contaban los valores viriles. Es evidente que los hombres, dados los siglos IX, X y XI, se veían privilegiados, pero no por esa razón quedaba la mujer anulada en la sociedad, como sí ocurría en el resto de la Europa de aquella época. La esposa del bondi, la husfreyja, gozaba de un estatuto completamente privilegiado, indicado ya por las llaves que lleva en su cintura. Ciertamente, no tiene el derecho de promover acciones de justicia y está excluida de los asuntos públicos, si hemos de creer la Saga de Snorri el Godi, más por razones de orden físico, ya que había que unir la fuerza a la ley con frecuencia para obtener satisfacción, que por consideraciones de inferioridad.

Pero es su autoridad moral lo que más sorprende de estas mujeres. La mujer es el alma de una sociedad en la que su marido no era más que el brazo. Pues es guardiana de las tradiciones familiares, tanto de las suyas propias como las de su marido, que inculca a sus hijos. Ella defiende el honor de su clan, recuerda a los hombres de la casa su derecho de venganza en caso de ultraje, mediante gestos altamente simbólicos o intolerables palabras sarcásticas. Esto puede culminar en situaciones como las que describe la Edda Poética, en sus grandes heroínas, especialmente Gudrun Gjukadottir, a quien vemos presa entre la necesidad de vengar a sus hermanos y obtener justicia para su esposo. Se observará que, en general, esas heroínas permanecen fieles, en primer lugar, a la ley de su propio clan. Podemos imaginar que su ciencia de las genealogías debidamente aliteradas, haya podido hacer de ella la iniciadora de la poesía, así como su frecuentación íntima de la memoria de los grandes antepasados, por tanto su culto implícito a los muertos, podría dar cuenta de su colusión con la magia, dado el hecho de que magia, medicina y brujería, son con mucha más frecuencia patrimonio de las mujeres que de los hombres.

Parece establecido que la mujer escandinava, aun cuando no ocupara un lugar en el thing, aunque no tomara parte en los combates, gozaba de una estima considerable. Las sagas de los contemporáneos prueban que jamás fue considerada un objeto de placer, que se la respetaba y que sus consejos siempre eran escuchados. Pues era la señora indiscutida innan huss (en el interior de la casa), o de manera más precisa, innan stokks, pasada la viga del umbral, que delimitaba jurídicamente el territorio doméstico. Más allá de esa viga, utan stokks, nos encontramos en el dominio del hombre. A él corresponden los trabajos exteriores, su gestión al menos; las empresas de carácter político (el thing), marcial o económico. Pero innan stokks, reina la husfreyja y nadie le disputa esta prerrogativa, a pesar de la presencia de las concubinas que esta cultura toleraba. Esto no acarreaba ninguna consecuencia, puesto que las esposas de segundo orden o concubinas, no tenían ningún derecho legal, no entraban en la herencia y, en principio, los hijos que tenían no eran considerados legítimos. Le toca pues a la señora de la casa, ayudada por un servicio doméstico que puede a veces ser bastante numeroso, velar por el aprovisionamiento y la preparación de las comidas, ocuparse del mantenimiento de la casa en su conjunto, criar y educar (o hacer educar) a los niños, que son, en general, numerosos, tanto suyos como los de amigos o de relaciones que, en virtud de la costumbre del fostr (práctica consistente en hacer educar a los hijos durante cierto período de tiempo por un amigo o pariente o personaje importante), ha acogido en su casa por un tiempo, dedicarse a los cuidados de la granja que le incumben como por definición (la lechería, por ejemplo), ocuparse de los pobres y miserables que fueron sin duda una de las plagas de la época y, en sus momentos de descanso, que, a decir verdad, no debían ser ni largos ni numerosos, tejer, bordar, etc.

No hay que hacer un gran esfuerzo para imaginar que sus días estaban bien ocupados. Pero que era apreciada y admirada por las pequeñas colectividades familiares en el seno de las que actuaba, es evidente. Lo referido hace mención a lo que hoy sería para nosotros una gran señora. De la mujer del pueblo, de la escandinava media del siglo X, no se sabe nada por las sagas. Sin embargo, no existe ninguna razón para pensar que su suerte fuera muy diferente de la de los grandes personajes femeninos de las sagas. En resumidas cuentas, el conjunto de los documentos de que se dispone, concede a la mujer un lugar comparativamente mucho más importante que a su “hermana” más occidental o meridional.

En cuanto a los pobres, mencionados algo más arriba, debemos decir que los países escandinavos no eran ricos. Se ha señalado igualmente el sentido comunitario de estas sociedades. Los pobres (fatökisfolk) y los indigentes (umagi, literalmente el que no puede subvenir a sus necesidades) eran numerosos. Los códigos de leyes y las sagas nos iluminan sobre el asunto. Existía un sistema, que durará en realidad hasta nuestro siglo, que consistía en confiar un umagi o varios, a una casa determinada, por un cierto tiempo, después de lo cual, pasaba a otra y así sucesivamente. No se sabe si la institución del “hrethr” se aplica a la vez en toda Escandinavia, pues sólo está atestiguada en Islandia, y si existía ya en la época vikinga, aunque es probable que naciera de la Iglesia y no se institucionalizara hasta el siglo XI. Implicaba a la vez, por hablar en términos modernos, seguro contra todos los riesgos (incendio, especialmente), seguridad social y asistencia pública. Era éste un modo de evitar indigentes que pudieran volverse peligrosos para la vida cotidiana de las granjas. Acogiendo a los pobres, se aseguraban unos brazos que aportarían un trabajo extra a los menesteres del hogar y la seguridad de no ser atacados por necesidad de los menesterosos. A cambio, contaban con un plato de comida como si fueran un miembro más de la familia y un lugar donde dormir y guarecerse del clima adverso.

Finalmente, en cuanto a los niños, las sagas nos describen (y es esto un rasgo que no es tan común en la literatura medieval de Occidente) en ocasiones sus juegos y sus intervenciones en la vida de los adultos. Su estatuto, si se puede decir así, es efímero, ya que se es adulto a los doce años, a los catorce lo más tardar, en función de los lugares y las épocas, y desde ese momento es preciso asumir todas las responsabilidades que van unidas a esa condición. Lo que no impide que, en esos textos rudos y acaso voluntariamente negros, que son las sagas, podamos ver cómo se evoca de pasada a un niño o una niña divirtiéndose con los juguetes, los cuales podían ser pequeños animales de metal o madera, por ejemplo, como los niños de cualquier tiempo.

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La Vida Doméstica de los vikingos

13, julio, 2007 at 6:34 pm (Vikingos)

La casa era el centro de la vida vikinga. Allí la gente encontraba calor, alimento y refugio. Allí trabajaban en sus tareas diarias y se relajaban con juegos de mesa, tocando música o escuchando las historias contadas por los poetas sobre los dioses y las hazañas de antiguos héroes. La vida se desarrollaba alrededor del largo hogar central. El fuego de leña raramente se apagaba, pero cuando necesitaba ser reanimado, se hacía golpeando un pedernal contra un eslabón. La carne y el pescado constituían la mayor parte de la dieta. Los animales domesticados (vacas, ovejas, cerdos, cabras y aves de corral) se completaban con la caza y las aves silvestres. Tanto la carne como el pescado se ahumaban, secaban o salaban en verano y otoño para asegurar suficientes provisiones para los largos meses de invierno. La carne se cocinaba principalmente cociéndose en toscos cacharros de barro o cuencos de esteatita fijados en las brasas del fuego, o en un caldero de hierro. Se hacían ganchos de hierro para sacar la carne del líquido hirviendo. Ocasionalmente, un corte especialmente tierno podía asarse en una brocheta. El pan se hacía con cebada, centeno y legumbres y, más raramente, trigo. La harina se molía a mano con piedras de amolar circulares o molinillos de mano. Éstos han sobrevivido en abundancia y particularmente en el sur de Escandinavia, eran a menudo hechos de piedra de lava importada de Renania, Alemania. El pan era ácimo y se cocería sobre el fuego en una placa de metal o de piedra para hacer una torta bastante espesa o un bizcocho a la plancha. Las verduras se cultivaban en los campos adyacentes, y las bayas y otras frutas se cogían en los bosques o incluso se importaban. El descubrimiento de huesos de ciruela en fosos de basuras en Hedeby sugiere que se traían de Europa central, por ejemplo. El queso se hacía con leche de vaca, cabra y oveja, tal vez principalmente como un modo de aprovechar la excedente. Además de mantequilla y queso, sabían hacer una leche espesa llamada “skyr” que, salada y fermentada, podía conservarse comestible durante todo un invierno, guardada en grandes vasijas. También la leche agria era un artículo de gran consumo y muy apreciado. Los platos se lavaban con grandes cantidades de cerveza hecha con cebada y aguamiel hecha con miel fermentada y agua. También se hacía “bjorr”, posiblemente un licor fuerte hecho con zumo de fruta fermentada.

Desde el punto de vista de la salud, el valor de la dieta de los vikingos viene determinado por un estudio realizado por Ole Klindt-Jensen en Islandia, basado en las costumbres alimentarias que registran las sagas. Los resultados son los siguientes:

La vitamina A la recibían de los pescados, no el último lugar de vísceras tales como el hígado y las huevas, de la carne de ballena y de la carne de león marino. Fueron también una fuente importante de esta vitamina los pájaros marinos, la leche y la mantequilla de los animales sacrificados en otoño. Los víveres, ya fueran secos o salados, podían conservar su riqueza vitamínica durante todo el invierno.

La vitamina B se la aportaba fácilmente la harina molida con tosquedad; así como otros alimentos ya mencionados resultaban importantes en este aspecto, por ejemplo, el hígado, la yema de huevo, los mariscos, la leche, la mantequilla y el queso.

La vitamina C suponía un problema en una época en que no se conocían las patatas, los limones y determinadas clases de verdura. Pero es probable que las cebollas y las bayas, la carne y el pescado sustituyeran a esos artículos. El escorbuto debió representar un gran papel, pero por lo visto, sólo en contadas ocasiones, por ejemplo, en largos viajes en barco.

La vitamina D, cuya falta produce el raquitismo, se encuentra en los hígados de pescado y en su grasa, pero también la leche y la mantequilla contienen vitamina D, como asimismo otros productos de los rumiantes.

Todo esto significa que la alimentación de los escandinavos de aquellos tiempos, aunque hoy se la juzgue valiéndonos del microscopio y de los modernos conocimientos científicos alimentarios, era variada, vigorosa y rica en materiales de crecimiento.

Las copas habrían sido de madera o cerámica, los cuernos para beber también se usaban. Las vasijas de cristal importadas sólo habrían sido usadas por los estratos superiores de la sociedad. Las tazas, cuencos, cucharas y cazos eran de madera y casi todos han desaparecido, ya sea porque se han descompuesto o porque los objetos de madera rotos habrían sido tirados al fuego, como una fuente cómoda de combustible. Algunos ejemplares, sin embargo, se han conservado en tierra anegada. La mayoría tienen aspecto de haber sido tallados a mano, probablemente por miembros de la propia casa, pero algunas vasijas fueron hechas con torno, dando a entender que algunos bienes de la casa también fueron fabricados por carpinteros especializados.

El ama de casa también disponía de un bien surtido arsenal de utensilios de cocina para diversos usos. Según muestran los hallazgos realizados en tumbas, de un equipo corriente formaban parte artesas y cubos de madera, vasijas y cubetas, frecuentemente con refuerzos de hierro y cucharas y paletas de madera. El herrero proporcionaba hachas y cuchillos de hierro, espetones y asadores, y cacerolas y ollas de diversos tamaños. Pero la mayor parte de las ollas se fabricaban con esteatita, material duradero y fácilmente moldeable que se extraía sobre todo de Noruega y que seguramente contribuyó de modo decisivo a que durante la época de los vikingos se redujera cada vez más la alfarería.

De los bienes mortuorios encontrados en túmulos funerarios reales y aristocráticos, podemos deducir que muchas mansiones aristocráticas estaban amuebladas con mesas, bancos de madera o sillas, y posiblemente hasta con camas: una silla y camas, por ejemplo, se encontraron junto con la reina del siglo IX en Oseberg, en Noruega. Fragmentos de tapiz, usado como colgadura de pared, fueron también encontrados. No obstante, la gente común tenía pocas posesiones semejantes, arreglándoselas con taburetes y cofres donde los objetos de valor, como joyas, plata y ropa, se guardaban bajo siete llaves. Arropados en mantas o pieles, no dormían en camas, sino en los bancos fijos: cuanto más cerca del hogar, más alto era su rango en la casa.

En la mayoría de las casas, ocupando un lugar contra la pared, habría estado el telar vertical de pesas y urdimbre para tejer la ropa de lana usada por la familia y también para hacer las velas de los barcos vikingos. Al ser de madera, ningún telar de la época vikinga sobrevive entero.Sin embargo, hay muchos ejemplares de pesas de arcilla cocida o de piedra que mantenían los hilos verticales (la urdimbre) tensos. También se hacía tejido de tabla, con pequeños marcos de madera o de cornamenta rectangulares, para hacer correas, trenzas y cintas de motivos complejos para decorar la ropa. Las tijeras para la ropa y el peine usado para cardar la lana antes de hilarla eran de hierro. Los espirales que doblan el huso de madera bajo su peso eran de hierro, de cerámica o bien ocasionalmente, de ámbar. Las agujas y los alfileres eran de hierro o de hueso y las mujeres las llevaban a menudo en pequeños recipientes cilíndricos que colgaban de sus broches.

Algunos objetos de cristal en forma de bollo encontrados en tumbas de mujeres pueden haber sido usados para alisar arrugas y también se ha sugerido que las placas de barba de ballena tallada, casi siempre encontradas en tumbas de mujeres ricas, se usaban como tablas para alisar o plisar la ropa.

El hilado, el tejido y la costura tuvieron que mantener ocupadas a las mujeres casi constantemente. El descubrimiento de piezas de juego hechas de hueso, cornamenta, cristal o ámbar, prueba que el hombre tenía más tiempo para relajarse. El “hnefatafl”, un juego parecido al de las damas, se jugaba mucho. Se han encontrado animales, barcos, espadas y peonzas de madera en muchos sitios, lo cual demuestra que los niños tenían juguetes sencillos.

Numerosas representaciones de mujeres y hombres indican que ambos sexos llevaban el pelo largo. Algunos hombres llevaban el suyo enrollado en un moño en la nuca, otros se lo afeitaban, mientras que las mujeres a veces se arreglaban sus largos mechones sueltos en estilos bastante complicados, aunándolos sobre la cabeza. Los peines encontrados en abundancia en emplazamientos excavados sugieren que aquella gente prodigaba cuidado y atención a su pelo, tal vez con el propósito de erradicar los piojos. Los hombres solían cuidar con esmero sus barbas y bigotes. Llevaban pantalones y una túnica larga cubierta con una capa, mientras que las mujeres se ponían múltiples capas de prendas largas hasta los tobillos, tanto de lana como de lino. Un solo alfiler con cabeza de aro o broche en forma de aro sujetaba las capas de los hombres en el hombro y las prendas de las mujeres se mantenían en su sitio con un par de broches, generalmente ovalados, aunque los estilos variaban de una región a otra, llevados uno en cada hombro, además de otro en el cuello.

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Las Casas vikingas

2, julio, 2007 at 3:07 pm (Vikingos)

casas estilo vikingo 

Los vikingos de Escandinavia construían principalmente con madera, aunque la piedra y el tepe también se usaban en algunas zonas, particularmente en Noruega. No queda nada de las propias casas sobre el nivel de la tierra, y por lo tanto tenemos que fiarnos de la interpretación y reconstrucción de pruebas arqueológicas, recuperadas mediante la excavación, para hacernos una idea de los edificios en los cuales vivían los vikingos. Por ejemplo, las huellas de agujeros de postes en la tierra (que se distinguen del suelo circundante por diferencias de color y textura) permiten a los arqueólogos calcular la longitud y el plano de un edificio construido con madera. La forma básica del edificio era la misma en toda Escandinavia: rectangular, a veces con muros curvos y de longitud variable. Los edificios excavados en Saedding, en Dinamarca, tienen casi cincuenta metros de largo; en Borg, Lofoten, en Noruega, uno incluso llegaba a medir ochenta y tres metros de largo. La anchura, sin embargo, no solía medir más de cinco metros y dependía de las dimensiones de las vigas de madera que soportaban el techo. Éstas eran a su vez soportadas por dos filas de postes que recorrían la longitud del edificio y lo dividían longitudinalmente en tres secciones, que consistían en una nave central y dos naves laterales bastante más estrechas. Sin embargo, a veces los postes estaban encajados en los muros y éstos entonces soportaban los extremos de los pares del tejado. Esta última disposición proporcionaba un espacio interno ininterrumpido y predominaba hacia finales de la época vikinga. Las mansiones aristocráticas se habrían parecido probablemente a estos edificios rurales, sólo que habrían sido más amplias y más ricamente amuebladas. La longitud inmensa de la casa de Borg sugiere que fue la vivienda de un jefe. No se ha excavado ninguna mansión real con la posible excepción de los edificios en los fuertes reales del siglo X en Dinamarca.

En Dinamarca, los bosques de hoja caduca proporcionaban robles para construir el armazón de las casas y avellanos y sauces para tejer los paneles de mimbre que llenaban los espacios entre los postes verticales de los muros. Éstos se cubrían luego con una mezcla de arcilla y estiércol para que resistieran a la intemperie. Este tipo de relleno se conoce como zarzo y revestimiento. Los edificios en los fuertes reales tenían muros de madera sólida, pero éstos no se han descubierto aún en ningún establecimiento agrícola; requerían grandes cantidades de roble y probablemente estarían por encima de las posibilidades del granjero medio.

No hay muchos robles en Suecia y Noruega, salvo en el extremo meridional y por eso las maderas blandas, de coníferas, se usaban para la construcción. Éstas proveían largas y rectas maderas horizontales que se apilaban una sobre otra y tenían muescas en las esquinas para formar juntas sólidas. La longitud de cada edificio dependía de la de los troncos del árbol disponibles, y por eso estas casas consistían a menudo en series de habitaciones independientes juntadas por los extremos para formar un solo bloque. Sin embargo, a veces la granja consistía en varios edificios dispersos, cada uno con su propia función. Las maderas más bajas de los muros descansaban generalmente sobre una fila de piedras que formaban una solera y esto impedía que se pudriera la madera con el suelo mojado. La solera también pudo haber soportado un suelo de madera, que de este modo habría estado aislado y protegido de la descomposición. Las soleras de piedra son a menudo toda la prueba que queda de los edificios en un asentamiento rural.

Un extremo de las casas vivienda se usaba como granero para almacenar los cultivos o se tabicaba en cuadras para el ganado. Vivir bajo el mismo techo que los animales les proporcionaba una fuente de calor para los habitantes. Así también se aseguraban de que sus animales estaban a salvo de los ladrones de ganado, pues el ganado era una riqueza considerable. Los cuartos habitados de la casa tenían un hogar en medio del suelo para dar calor, luz y medio de cocina. No había chimeneas y el humo del hogar salía por claraboyas en el techo, que estaba cubierto de paja, tepe o tablillas de madera, según la disponibilidad de materiales locales. Había bancos a lo largo de las paredes. Generalmente eran un parte integrante de la estructura y consistían en lomas de tierra aplanadas y reforzadas con mimbre por delante. Había pocos muebles más y los bancos servían tanto de asiento como de cama. En ellos se hacían trabajos manuales sencillos, como hilar, tejer y hacer cestos, pero algunas granjas tenían edificios separados para las actividades particulares. En Saedding se ha encontrado, por ejemplo, una herrería y muchas granjas tendrían abastecimiento similar para hacer y reparar las herramientas esenciales. Las chozas de suelo hundido que son una característica de las aldeas danesas del período vikingo también pueden haber sido usadas como talleres para tejer, hacer cerámica primitiva y trabajos similares.

Los edificios de las ciudades no necesitaban espacio para almacenar el grano o guardar el ganado, por eso eran más pequeños que los de campo. Las mejores pruebas que tenemos de casas de ciudad provienen de Hedeby, donde las condiciones anegadas han conservado los cimientos y las partes más bajas de los muros de edificios de madera, e incluso el aguilón completo de una casa, de unos cinco metros de altura. Las casas de Hedeby eran rectangulares, de unos doce metros de largo y cinco de ancho. Los muros se hacían con postes verticales y relleno de zarzo y revestimiento y estaban afirmados en el exterior con postes inclinados. Había tres habitaciones; la mayor era la habitación central, que contenía el hogar y las más pequeñas, una a cada extremo, proveían espacio para el almacenamiento y zonas de trabajo para los comerciantes y artesanos de la ciudad que ocupaban esas casas.

Una de las casas de Hedeby contiene un horno en una de las habitaciones más pequeñas, pero los hornos no eran frecuentes en Escandinavia durante la época vikinga y el suministro de una cocina independiente es poco corriente. La mayor parte de la luz dentro de las casas provenía del fuego en la habitación central, posiblemente complementado con lámparas de aceite, pero un par de ventanucos habrían dejado entrar un poco de luz exterior. Unos bancos de tierra con madera por delante estaban colocados a lo largo de los muros junto al hogar; los suelos eran de tierra batida. Las sólidas puertas de madera de las casas podían cerrarse con llave.

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Mitología germano-nórdica (X)

2, julio, 2007 at 2:56 pm (Vikingos)

LAERADR: árbol que crece en el tejado del Walhalla; la cabra Heidrun y el ciervo Eikthyrnir se alimentan de sus hojas. Una miniatura de un manuscrito de la Edda, debida a Olaf Brunfjunsson (siglo XVIII), representa la escena. Este árbol debía de ser idéntico a Yggdrasill.

LANDVAETTR (plur. landvaettir): cf. Genios del Terruño.

LANGBARDR (Larga Barba): un sobrenombre de Odín que remite, tal vez, a la siguiente leyenda. Cuando los viniles tuvieron que combatir con los vándalos. Gambara, madre de los jefes Ibor y Agio se presentó ante Frea (Frigg), esposa de Guodan (Odín), y le suplicó que concediera la victoria a sus hijos. Frea le aconsejó lo siguiente: las mujeres de los viniles tenían que dejarse caer el cabello ante la cara, a modo de una barba, luego al amanecer, encontrarse con sus maridos en el lugar donde Guodan no dejaría de verlas al mirar por la ventana. Así lo hicieron. Cuando Guodan las vio, exclamó: «¿Quiénes son esa gente de larga barba?» Frea le sugirió que concediera la victoria a aquellos a quienes acababa de dar nombres. Los viniles vencieron y desde entonces se denominaron longobardos, es decir, Larga Barba.

LAUFEY: madre de Loki.

LAURIN: rey de los enanos. Vive en las montañas del Tirol, donde tiene una maravillosa rosaleda que saquean Dietrich von Bern (transposición épica y legendaria de Teodorico el Grande) y sus compañeros, Dietleid y Witege. Vencido por Dietrich, Laurin se salva sólo gracias a la intervención de Dietleid, a cuya hermana (llamada Kunhild o Sinhilt) ha raptado, e invita a los paladines a visitar su montaña hueca. Les hace entonces absorber un soporífero y les encierra en un calabozo. Gracias a la ayuda de Kunhild, éstos invierten la situación y llevan a Laurin hasta Ravena, donde es instruido en la fe cristiana. Laurin mide tres cuartas (69 cm.), su caballo tiene el tamaño de un corzo. El enano tiene un anillo y un cinturón mágicos, cada uno de ellos le procura la fuerza de doce hombres; posee también la capa mágica (Tarnkappe) que le vuelve invisible. Es el sobrino de Walberan, que reina sobre los enanos que habitan entre Judea y el Cáucaso.
En otro texto titulado La Guerra de la Wartburg se dice que Laurin es padre de Sinnels, otro rey de los enanos, a quien Dietrich habría seguido para no reaparecer nunca más, lo que recuerda la leyenda del rey Herla.

LIF (Vida): uno de los dos supervivientes del apocalipsis. El otro es Lifthrarsir. Ambos son padres de la nueva generación de hombres.

LIFTHRASIR (Vivaz): Lif y él sobreviven a la destrucción de la tierra durante el Ragnarök, pues se han refugiado en el bosque llamado Mimir del Tesoro, es decir, de hecho, Yggdrasill, a cuyo pie se halla la fuente de la ciencia, el «tesoro de Mimir». Se alimentan del rocío matinal. De ellos nacerán los hombres.

LITR (Color): nombre de un enano que aparece bruscamente en los funerales de Baldr; Thor, de una patada, lo arroja a la pira funeraria. Este curioso pasaje se aclara un poco cuando sabemos que los enanos mantienen estrechas relaciones con la muerte. Litr podría ser un psicopompo encargado de guiar al difunto hasta Hel, la diosa del otro mundo.

LODAZAL DEL SACRIFICIO (Blotkelda): durante los banquetes de sacrificio, se lanzaban algunos hombres a las marismas, algo que recuerda precisamente lo que Tácito afirma con respecto al culto de la diosa Nerthus: cuando los esclavos han bañado a la diosa en las aguas del lago, son engullidos. Ahora bien, los arqueólogos han descubierto en las turberas escandinavas y en Alemania del Norte hombres sacrificados de este modo, perfectamente conservados gracias al tanino de las arcillas azules.

LODURR: dios citado en una tríada, en compañía de Odín y de Hoenir. Nada se sabe de él, salvo que Odín es su amigo.

LOEDING: la primera de las tres ataduras con las que los dioses sujetan al lobo Fenrir. Se rompe, al igual que Dromi, la segunda; sólo Gleipnir, la última, resiste.

LOFN (La Dulce): una Asina a la que Odín y Frigg autorizan para que una a los hombres y a las mujeres cuyo matrimonio estaba antes prohibido.

LOGATHORE: en una fíbula del siglo VI o VIII, hallada en Nordendorf, una inscripción rúnica revela tres nombres de dioses: Logathore, Wodan y Wigithonar. Se ha pretendido asimilar Logathore a Lodur y a Loki, pero ninguna solución es satisfactoria y esta divinidad mantiene su misterio.

LOGI (Fuego): nombre de un gigante que es uno de los tres hijos de Fornjotr y, tal vez, la personificación del fuego que lo devora todo. Es el adversario de Loki en el siguiente relato. Thor se dirige a casa del gigante Utgardaloki, en Jötunheimr, acompañado por Loki, Thjalfi y Röksva. Utgardaloki les pregunta en qué prueba quieren tomar parte, y Loki alardea de comer más deprisa que nadie. El gigante llama a Logi, que devora la carne servida y los huesos, y la escudilla, cuando Loki sólo se ha comido la carne alrededor de los huesos. Loki es pues derrotado, pero el narrador precisa que lo ha sido por la magia de Utgardaloki, pues Logi no era otro que el fuego.

LOKI: sin duda el dios más complejo del panteón germánico. Es el padre de todos los enemigos de los dioses, provoca la muerte de Baldr e impide su regreso entre los Ases, da nefastos consejos, pero también ayuda a los dioses a salir de situaciones difíciles que él mismo ha provocado. Es hijo de Laufey, o de Nal y del gigante Farbauti; sus hermanos son Byleistr y Helblindi. Su esposa se llama Sigyn; tiene de ella un hijo, Nari o Narfi. Se acuesta con la giganta Angrboda, que le da tres hijos: el lobo Fenrir, la serpiente de Midgardr y Hel, la diosa de los infiernos. Tiene el don de convertirse en animal y en anciana. Es, sucesivamente, yegua, halcón, mosca y foca. Tiene mal carácter, es muy voluble en su conducta y las metáforas escáldicas (kenningar) le denominan «difamador de los dioses, instigador del asesinato de Baldr». Loki es de pequeño tamaño.
Es un ladrón redomado, rasgo que le aproxima a los enanos. Hurta las manzanas de juventud de Idunn, los cabellos de Sif, el collar de Freyja, los guantes de hierro de Thor y el anillo de Andvari. Es también un artesano y fabrica Rama perjudicial (Laevateinn) con la que puede matar al pájaro Vidofnir; es el inventor de la red de pesca. Los antiguos mitógrafos lo han convertido en hermano jurado de Odín.
Durante la batalla escatológica, Loki es el enemigo de los dioses. Pilota el barco que procede del Norte y lleva las tropas de Hel, los muertos malhechores, que se lanzarán al asalto de Asgardr. Loki mata a Heimdallr. Los eruditos creen que Loki procede de las creencias populares, que sería en su origen un espíritu maligno, un duende, un demonio. Es, en cualquier caso, un tipo de personaje muy conocido en las mitologías indoeuropeas, el del trickster, y G. Dumézil ha demostrado que tenía su par en el oseto Syrdon.
Muchos rasgos de Loki son sólo epifenómenos y el personaje es, ante todo, la encarnación del mal, es el espíritu malvado que impide al mundo ser feliz, el provocador de tumultos, el que siembra desorden y discordia, y se comprende que no haya dejado rastro alguno en la toponimia y la onomástica. El castigo por la muerte de Baldr está a la altura de su malignidad. Los Ases le capturan, le llevan a una gruta, toman tres piedras planas, las colocan de canto y hacen un agujero en cada una de ellas. Se apoderan entonces de los hijos de Loki, Vali y Narfi, convierten al primero en lobo, que despedaza a su hermano. Los Ases toman sus intestinos y atan a Loki en las piedras dispuestas para herir, y las ataduras se hacen de hierro. Skadi fija una víbora por encima de Loki, de modo que el veneno gotee sobre su rostro, pero Sigyn recoge la pócima en una copa. Cuando ésta está llena, va a vaciarla y el veneno cae sobre el rostro de Loki, que se retuerce y hace temblar la tierra. Y la cosa perdura hasta el Ragnarök.

LOPTR: uno de los nombres de Loki/Lopt, que significa «aire». Puede verse en ese nombre la transcripción del carácter inconstante e inaprensible del personaje.

LYFJABERG: (Monte de los Remedios): montaña custodiada por un gigante, donde reside Menglöd. Cualquier mujer que suba a ella quedará curada, aunque esté tullida o sea vieja. Los enfermos y heridos encuentran en ella consuelo.

LYNGVI: pequeña isla del lago Amsvartnir. Los Ases atraen hasta ella al lobo Fenrir y le atan. Fenrir sólo rompe sus cadenas en el Ragnarök.

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Dinastía I (2920-2770 a.n.e.) 2ª parte

17, junio, 2007 at 8:52 pm (Egipto)

Sin embargo, la identidad de Menes continúa siendo sujeto de la controversia académica, y está bien repasar las razones que ya se avanzaron antes. Entre los sellos de jarras descubiertos en Umm el-Ka’ab hay una en la que los signos “mn” sin título precediéndoles se encontraron inmediatamente tras el Nombre de Horus Narmer, y esto se ha tomado como una prueba de que Narmer y Menes son el mismo individuo. Razones similares parecen igualar al Horus Dyer y al Horus Edyo (Dyet) (el Zet de Petrie, el rey Serpiente) con los reyes llamados Iti e Ita en la lista de Abydos. Desafortunadamente, como apuntan tanto Griffith como Sethe, el mismo argumento nos ha proporcionado dos nombres distintos para el Horus Aha, y ninguno de ellos se encuentra en las listas de reyes, y hay otras objeciones del mismo tipo. Consecuentemente, este criterio no se toma demasiado en serio, aunque esto no prueba que Narmer no haya sido Menes. De más interés es la tableta de marfil que fue encontrada por De Morgan en 1.897 en una gran tumba hoyo de Naqada, el escenario de los primeros descubrimientos prehistóricos de Flinders Petrie. No hay ninguna discusión sobre la naturaleza de esta pieza. Se ha etiquetado indicando la fecha y los contenidos de algunas vasijas que servían de receptáculo a lo que contenían. En la fila superior a la derecha del centro está el Nombre de Horus del rey Aha (“El Luchador”), que también se encuentra en sellos de jarras de la tumba y algunos otros lugares. Bajo el serej está el barco en el que el rey se supone que ha sido llevado. Enfrente se ve un grupo de jeroglíficos cerrados en una especie de cabina o pabellón, y es sobre este grupo que se han concentrado las diversas opiniones de los académicos. No hay duda de que el buitre y la cobra sobre dos signos con forma de cesto constituyen el título de Las Dos Señoras que, como se ha visto, era usado a menudo para introducir los nombres personales de los reyes de la Dinastía I. Es irracional negar, como muchos académicos han hecho, que el jeroglífico que hay debajo sea el que se lee como “mn” o que da el nombre personal de Menes. L. Borchardt fue el primero en reconocer este hecho tan obvio, pero desafortunadamente llegó a la conclusión de que Aha y Menes eran el mismo individuo, una visión aceptada también por Sethe. Consecuentemente se asumió que la tumba de Naqada era la del propio Menes. A esta interpretación hay dos serias objeciones: en primer lugar ignora la estructura tipo pabellón dentro de la que está escrito el nombre de Menes; y en segundo lugar se olvida del hecho de que el jeroglífico de Las Dos Señoras mira aquí a la derecha, en la misma dirección que el Nombre de Horus, cuando la regla universal hace que los signos del Nombre de Horus y el nombre personal del rey se miren el uno al otro. Hay que añadir a estas objeciones el hecho de que este registro superior debería conmemorar algún tipo de evento destacado por el cual el año de fabricación de la tableta debería de ser recordado, y debe concluirse que Aha aquí se muestra visitando algún lugar conectado con Menes.Grdseloff, a quien, siguiendo una sugerencia de Newberry, debemos el haber insistido sobre estos puntos, ingeniosamente cita un pasaje de los Textos de las Pirámides donde el rey es descrito erigiendo las estructuras temporales necesarias para un funeral real, y esta podría ser posiblemente la misma ceremonia mostrada en la tableta. Aquí, entonces, aunque no hay pruebas de que Narmer era Menes, obtenemos finalmente la seguridad de que Menes no era Aha, pero que debió de ser su predecesor. La elección ciertamente recae entre Narmer y Aha, cuyos Nombres de Horus comparten la peculiaridad de mostrar el halcón en una postura agachada y habitualmente descansando sobre una base con forma de bote o barco, en vez de la de los últimos reyes de la Dinastía I que dibujan al halcón en pie y sobre una línea recta en la parte superior del serej. Otro motivo para rechazar la identidad de Aha como Menes es que, si fuesen el mismo, esperaríamos encontrar a Aha mencionado en Hieracónpolis, y allí no hay ni rastro de él. Aquí podemos aludir únicamente a un misterioso rey Kaa (o Qa’a) cuyo Nombre de Horus se encuentra en Umm el-Ka’ab y algún otro lugar, y está escrito al modo arcaico; nadie ha dado su nombre como candidato, y podemos fácilmente desechar esa posibilidad.
La unanimidad con que las autoridades posteriores proclaman a Menes como el primero de los faraones recibe una confirmación virtual desde la famosa Piedra de Palermo. La fila superior da los nombres escritos de un número de reyes fantásticos de los que no hay ninguna confirmación posible que ofrecer, ni ningún tipo de información. No hay duda de que la segunda línea comienza con Menes, aunque la parte que lo menciona se ha perdido. La analogía de los otros dos reyes de la Dinastía I grabados en el gran fragmento que se encuentra en El Cairo muestra ciertamente que en ambos casos se encuentra el Nombre de Horus y el nombre personal, presumiblemente acompañados también por el nombre de sus madres. Los espacios para los años bajo el encabezado atribuyen a cada año de reinado lo que se consideraba un evento memorable, por lo que el cronista de épocas tan remotas debió dejar volar bastante su imaginación. Puede ser interesante saber que la unificación de las Dos Tierras está explícitamente mencionada, ya que se trata del momento que marcó el inicio de la historia humana a ojos de los egipcios. Un recuerdo de este hecho se encuentra bajo las palabras: “Unión del Alto y el Bajo Egipto; rodeando la(s) muralla(s)” de la Piedra de Palermo y así se caracteriza el primer año de reinado de cada rey. Esto hace referencia claramente a la ceremonia que lo legitimizaba como descendiente del fundador de su línea. Las murallas aluden aquí a las murallas de Menfis, cuya fundación es atribuída a Menes por Herodoto, y con alguna confusión también por Diodoro. También la Piedra Rosetta, refiriéndose a Menfis, habla de las ceremonias costumbristas realizadas allí por el rey para asumir su alto oficio. Así el traslado de la residencia real desde algún lugar del sur a esta admirable posición situada en el ápice del Delta debe ser vista como una consecuencia directa del establecimiento del doble reino. Los otros actos importantes atribuidos a Menes por Herodoto han sido discutidos por Sethe con gran ingeniudad. Son: la creación de un gran dique que protegía Menfis del aluvión de la crecida del Nilo, y la construcción del Templo de Ptah al sur de los muros fortificados. La confirmación de este último evento se muestra en una paleta de la Dinastía XIX que menciona a Ptah de Menes. Otros hechos que conectan a Menes con Menfis no pueden ser enumerados aquí, por no disponer de fuentes.
La importancia de esa gran ciudad de la Dinastía I que fue Menfis, ha sido subrayada por las excavaciones que se han conducido hasta el borde del desierto occidental unas tres millas más al norte. La larga línea de mastabas de ladrillos desenterradas por W. B. Emery desde 1.935 difieren de las que Petrie encontró en Abydos por su mayor complejidad, y además son casi el doble de grandes. Su estructura como se descubre en los planos, así como en los objetos inscritos encontrados en ellas, las sitúa a todas como pertenecientes a la Dinastía I, con la más antigua datada en el reinado de Aha. Es visible un desarrollo rápido, pero que deja los rasgos principales inalterables. Un gran rectángulo de ladrillos, mostrando el característico panelado de fachada de palacio en el exterior, encierra un número de cámaras sepulcrales que tienden a ser más profundas a lo largo del tiempo, y al que se llega por una escalera descendente que comienza en o cerca del muro que cierra el complejo. En los ejemplos más tempranos no hay conexión entre los compartimentos, por lo que los objetos debían de ser almacenados allí antes de que la superestructura fuese añadida. Hacia el final, los compartimentos desaparecen y son reemplazados por una cámara sepulcral de mayor tamaño. Los suelos y techos son de madera, y en algunos casos se usa algo de piedra. A veces los muros exhiben patrones geométricos pintados sobre ellos.
Para el historiador el punto a ser remarcado es la homogeneidad de los restos en ambas partes del país. Arquitectónicamente hay ciertas diferencias entre el norte y el sur, la más grande, tal vez, sea la ausencia del panelado tipo fachada de palacio en Abydos, aunque está presente en la gran tumba de Naqada. En ambas áreas hay mucha variación entre las distintas tumbas. En todos los demás aspectos arqueológicos, la similaridad es patente y se aplica tanto a los muebles como a las vasijas de piedra, las herramientas, y las tabletas o etiquetas usadas para la datación. En los sellos de las jarras la similitud es particularmente aparente. El mismo patrón y las mismas combinaciones de jeroglíficos se encuentran tanto en Menfis como en Abydos. No podría encontrarse mayor testimonio de la unidad de las tierras que éste. También hay evidencia de costumbres idénticas que tienden a corroborar la conexión con la cultura mesopotámica. Muchas de las grandes tumbas están rodeadas por largas líneas de pequeñas cámaras funerarias contiguas unas a otras, y los contenidos de éstas atestiguan la inmolación de sirvientes o de otras criaturas vivas para acompañar a su señor en el Más Allá. En una de las tumbas de Emery en Saqqara Norte atribuída a la reina Meryneith se encontraron varios esqueletos de adultos en la misma posición contraída y todos mirando a la misma dirección. Emery nos decía:
“No se ha encontrado rastro de violencia en los restos anatómicos, y la posición de los esqueletos en ningún caso sugiere ningún movimiento tras el entierro. Parece probablemente que cuando esta gente fue enterrada ya estaba muerta y no hay evidencia de que hubiesen sido enterrados vivos. La ausencia de marcas de violencia sugiere que fueron envenenados antes del entierro.”
Emery va más allá diciendo que algunos de los objetos encontrados en estas tumbas intactas sugieren profesiones definidas, y nos habla de la presencia de modelos de barcos en un caso y en otro de un cincel de cobre contenido en un vaso de alabastro. En Abydos las correspondientes tumbas subsidiarias contenían estelas bastas que contenían nombres personales algunas veces acompañadas por jeroglíficos indicando sexo, condición, o cosas similares. Muchos de los ocupantes eran mujeres. Algunos son cautivos de guerra y hay bastantes enanos e incluso algunos perros. Un título encontrado a menudo en cilindro-sellos parecen mostrar que algunos de los enterrados tenían un rango superior, y para un caso que es más remarcable todavía entre los encontrados por Emery, una estela imponente lleva el título claramente perteneciente a un personaje de gran distinción. Todos estos casos son fechados durante el reinado de Ka’a (Qa’a).
A la vista de esta información sobre gente que en el mejor de los casos eran subordinados es tentador pensar que cierto conociento concerniente a aquéllos en cuyo honor sus vidas eran sacrificadas nos es denegado en todos los casos. Sólo algunos sellos de jarras, garabatos sobre vasijas y cosas similares es lo que nos ha quedado como base a nuestras conjeturas. Es de profundo interés, así como lo han sido las revelaciones de Emery, el que se hayan mostrado como algo enormemente inquietante. Los descubrimientos en Abydos convencieron a los académicos de que allí estaba el lugar de entierro de los primeros reyes, y parece que la confirmación les llegaba desde las sentencias de Manetón que decían que los reyes de la I y II Dinastías eran de origen Tinita, ya que el pueblo egipcio de Tjene está cerca de Abydos. Pero ahora, el gran tamaño y magnificencia de la tumbas menfitas ha hecho crecer la sospecha de que esass eran las auténticas  tumbas reales del periodo, y el caso se complica todavía más por la existencia de otras mastabas aisladas no menos importantes, del mismo periodo en Markhan, algunos kilómetros al  sur de Lisht, en Gizah, y más al norte de Abu Roash.
¿Podrían  ser estas tumbas  simplemente las de hombres nobles que mostraban el esplendor de los soberanos de los que eran vasallos? Esta es la inevitable primera impresión que nos dan las inmensas mastabas tipo fachada de palacio, al norte de Saqqara, con las que se abrieron esta serie de descubrimientos. Emery las atribuyó a  un administrador provincial llamado Hemaka, debido a varios sellos de jarras que se encontraron allí. Pero el Horus Den, el quinto rey de la I Dinastía de Egipto,  también aparece en estos sellos de jarras que mencionan al “Portador del Sello del Rey del Bajo Egipto” con un nombre compuesto con el  nombre de la diosa Neith. e encuentra otra vez a Hemaka en conjuncióon con el rey Den en Abydos. No hay sombra de duda en la importancia de este hombre, pero se debe decir de una vez por todas quue todos esos sellos de jarras son inútiles como evidencia de propiedad de una tumba, ya que si hicieron, como solían hacer, el nombre de un rey sólo serviría para datarla correctamente. A modo de ilustración, mencionar de nuevo la tumba en Naqada donde se encotró la tableta de Menes. Esta tumba es sólo una pequeña nimiedad comparada con la que se adscribe a Hemaka, pero es  tres veces más grande que la mayor de las supuestas tumbas reales de Abydos.
La Tumba de Abydos que Petrie atribuyó al Rey Aha es una pequeña e insignificante cámara simple que difícilmete podría ser la suya. En Naqada, los sellos de Horus Aha son numerosos, el serej aparece en solitario algunas veces, pero en algunas ocasiones está acompañado por los jeroglíficos “ht” y en otros casos por tres pájaros idénticos. Como estos pájaros aparecen solos en numerosas jarras de piedra, se ha sugerido que son el nombre del noble propietario de la tumba. Pero hay dos candidatos más plausibles para su propiedad: el primero el mismo Aha, y segundo la Reina Neith Hetepu. El nombre de la reina está escrito de una forma muy interesante. El elemento Hetepu está encerrado en un serej sobre el que están colocadas unas flechas cruzadas que eran la forma arcaica de escribir el nombre de Neith, la diosa de la ciudad del Bajo Egipto Sais. La analogía con el título faraónico de Horus es completa, y encontramos tanto en Abydos como en Saqqara el nombre de otra reina o princesa llamada Meryneith. El elemento “-Neith” en Abydos en los nombres de algunas mujeres sacrificadas, provee una posible conjetura sobre matrimonios diplomáticos que eran arreglados entre las mujeres reales de Sais y el rey conquistador del Alto Egipto. Sin duda, la futura reina era acompañada por otras mujeres como concubinas, a modo de acuerdo, pero esto hace que sea imposible el que la tumba de Naqada fuese de la esposa de Aha, ya que porqué se haría enterrar en un punto tan remoto es algo inexplicable.
Existe la suposición de que la tumba era del propio Aha, aunque al principo se creía que era de Menes. Esto fue mostrado como inverosímil por el descubrimiento de Emery en Saqqara de unas amplias mastabas en las que los sellos mostraban todos el nombre del Horus Aha tanto en solitario como acompañado por los signos “ht” arriba mencionados, o en otros sitios por otros jeroglíficos. Parece que se lee “hijo de Isis”, aunque sería sorprendente que la consorte del dios Osiris fuese realmente nombrada en una época tan temprana. Así que esto muestra bastante firmemente que la tumba de Saqqara es en realidad la de Aha.
Los hechos concernientes a las tres tumbas que han sido presentadas como su lugar de enterramiento han sido discutidos ampliamente, simplemente para mostrar las dificultades con las que sus excavadores se han enfrentado. Las excavaciones de gran éxito realizadas por Emery han traído la luz a no menos de catorce mastabas con fachada de gran palacio, extendidas en línea a lo largo del borde de una zona escarpada, y en todas ellas aparecen sellos de jarra de reyes de la I Dinastía de fechas aproximadas. Aparte de Narmer, sólo Semerkhet (Semempses) continúa perdido, y el gran fragmento de la Piedra de Palermo en El Cairo muestra que reinó no más de nueve años. Emery está convencido de que ha descubierto las tumbas de los otros seis reyes de la dinastía desde Aha en adelante, y como no tenemos razón para pensar que Menes se movió desde el sur para hacer de Memfis sus capital, su hipótesis parece altamente probable. Pero Dyer es mencionado en dos tumbas y Den en cuatro o incluso cinco, mientras que la gran tumba conocida como Giza V parece tan buena candidata como Saqqara para haber pertenecido a Dyet (Edyo), el Rey Serpiente. Se cree, tal vez correctamente, que dos de las tumbas pertenecen a las reinas, y es posible después de todo que la tumba adscrita a Hemaka pueda haberle pertenecido realmente. También es posible que alguna perteneciera a un rico hacendado llamado Sabu, bajo Andyieb, pero no al príncipe Merka durante el reinado de Ka’a (Qa’a). En ninguna de las catorce tumbas hay certeza absoluta. También hay todavía académicos que defienden que Abydos era un auténtico cementerio real, y para ello pueden señalar como prueba a la magníficas estelas de piedra que permanecen en frente de las grandes cámaras funerarias y de entre las que destaca la del Rey Serpiente -que está en el Louvre- como la mejor.
Los egipcios de épocas posteriores creyeron que sus primeros reyes fueron enterrados allí, ya que se colocó en la tumba de Abydos del rey Dyer un gran sarcófago representando al dios Osiris, el prototipo de todos los reyes muertos. La creencia de Emery, de la que aún hay mucho que hablar, es que las tumbas de Abydos son cenotafios puesto que los reyes en teoría poseerían tumbas separadas como Rey del Alto Egipto y como Rey del Bajo Egipto. El que un rey egipcio pudiese erigir para sí mismo dos grandes pirámides, y que incluso pudiera hacerlo en el mismo lugar, se ve en el caso de Sneferu. Para el testimonio escrito de la existencia de estos cenotafios, el lector debería recordar lo que se dice de la Reina Tetisheri. 
Entre los escépticos que dudan de la teoría de Emery H. Kee es el más eminente, y en una revisión va más allá hablando de las demoliciones para evidenciar su tamaño, y muestra que no se puede argumentar nada sobre la presencia o ausencia de tumbas subsidiarias para los subordinados sacrificados. También hace hincapié en la existencia de otros sitios con tumbas idénticas a aquéllas de Saqqara tanto en estructura como en contenidos. El asombroso descubrimiento de cornisas con cabezas de toro modeladas en arcilla, con cuernos de toros reales, alrededor de las tumbas de Saqqara, puede concevirse como indicativo de tumbas reales, pero de los tres ejemplos encontrados, parece que dos de ellas pertenecieron a reinas, y no hay ninguna evidencia de que la tercera perteneciese a un rey.
No podemos dejar de hablar de los hallazgos de Emery sin hacer referencia a la exquisita bellleza de muchos de los objetos que encontró. El trabajo de artesanía y el diseño artístico de las vasijas de piedra superan cualquier cosa que fuese encontrada con posterioridad.  Un extraordinario e inexplicable hecho sobre todas las tumbas tanto de Saqqara como de Abydos es que en todos los casos las vasijas habían sido destruídas a propósito por fuego, mientras que no pasa lo mismo con las tumbas de la Dinastía II.
Los eventos elegidos para las dataciones tanto en tabletas como en etiquetas, y en la Piedra de Palermo, son en su mayoría de carácter religioso. Todos los segundos años vienen señalados como “Seguimiento del Horus” lo que, tanto como Procesión Real por el río o simplemente como ceremonia antigua, nos recuerda aquellos viajes históricos en los que el rey iba hasta el Norte para rememorar la unificación de las Dos Tierras, como muestra la Paleta de Narmer. Allí se nos muestra precisamente al rey llevando todavía la corona del Bajo Egipto, mientras que los estandartes militares que lo acompañan son los equivalentes a los dioses de varios nomos aliados. Una errónea interpretación tardía de esos “Seguidores de Horus” fue mencionada más arriba. Otro tipo de evento totalmente inesperado, que fue evidentemente heredado de los primeros reyes, y que tenía la suficiente importancia como para dar nombre a un año fue a creación de algunas grandes imágenes de culto.  Ésto se puede ver en las formas conocidas como “Nacimiento de Anubis”, “Nacimiento de Min”, etc, donde la palabra “nacimiento” es la consecuencia de la creencia de que las estatuas cobraban realmente vida después de la ceremonia de “Apertura de la Boca” que se había practicado en ellas. La inauguración o las visitas a ciertos edificios parecen haber sido también de importancia para los encargados de nombrar los años; y raramente se mencionan actividades bélicas para tales efectos.
Bajo el reinado de Dyer, el fragmento más grande de la Piedra de Palermo -que se encuentra en el Museo de El Cairo- menciona el “Golpe a Setye”, siendo este último una expresión geográfica que podría traducirse más o menos como “Asia” (en referencia a la zona Próximo-Oriental), y bajo un monarca posterior podemos leer un “Golpe a los Iuntyu” como una designación igualmente vaga para las gentes que vivían al noreste del Delta. Una delicada y excepcionalmente hermosa tableta que se conserva en la colección MacGregor representa al rey Den masacrando a un asiático que se nos muestra como habitante de una zona desértica y arenosa, probablemente en el Sinaí. Los jeroglíficos que lo acompañan son fácilmente legibles y dicen claramente “Primera vez que se golpeó a los orientales”. Más interesante incluso que esta referencia a lo que podría haber sido un simple incidente fronterizo, es la evidencia del rápido desarrollo de los jeroglíficos. Antes del final de la I Dinastía se hizo posible la comunicación esencial de frases completas mediante signos separados.

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Dinastía I (2920-2770 a.n.e.) 1ª parte

15, junio, 2007 at 10:15 pm (Egipto)

Paleta de Narmer anverso

Paleta de Narmer reverso

 La Dinastía I egipcia vio crecer la emergencia de una tierra unificada desde el Delta hasta la primera catarata en Asuán, una distancia de unos mil kilómetros a lo largo del valle del Nilo.
Aquellos años memorables que dieron a los egiptólogos el primer vislumbre del periodo predinástico también les puso cara a cara por primera vez con las primeras dinastías, que comenzaron alrededor del año 3.000 aC. El pionero en este campo fue E. Amelineau, un académico copto sin ninguna experiencia previa en excavaciones. Con la ayuda de fondos de origen privado comenzó sus trabajos en Abydos en 1.895, trabajando hacia el oeste hasta que llegó a una zona baja del desierto conocida como Umm el-Ka’ab “Madre de los Pucheros”, debido a los innumerables restos de cerámica que cubrían su superficie. En este remoto punto, a una milla de distancia de los cultivos, se encontró con un cúmulo de tumbas-pozo de ladrillo que luego se probó que habían pertenecido a los reyes de las Dinastías I y II. De acuerdo con sus cuentas, había dieciséis, y, por lo que pudo comprobar, los nombres reales eran todos del tipo “nombre de Horus”, sin corresponderse ninguno con los nombres dados por Manetón o las listas reales, por lo que concluyó que estos nuevos reyes eran aquellos “Seguidores de Horus” de los que el Canon de Turin decía que eran los predecesores de Menes (el supuesto primer rey del Alto y el Bajo Egipto Unificados), y a quienes Manetón describía como Semidioses de Manes. Un estudio más exhaustivo por filólogos competentes descubrió rápidamente este error. La excavación de Amelineau fue muy mal conducida y muy mal publicada, y fue una suerte cuando, en 1.899, Flinders Petrie obtuvo permiso para investigar el sitio una vez más. Los resultados enormemente gratificantes de su trabajo se hicieron accesibles muy rápidamente en las muchas memorias publicadas por el Fondo de Exploración de Egipto (Egypt Exploration Fund- EEF). Se encontraron con que el cementerio fue tristemente muy devastado antes de que Amelineau añadiera aún más confusión al lugar. Las tablas de madera quemada de las tumbas y el enorme número de fragmentos rotos fueron localizados y expoliados por los cristianos coptos de los siglos V y VI. A pesar de estas desventajas, Petrie fue capaz, haciendo planos de las tumbas, de recobrar una gran cantidad de objetos importantes, incluyendo vasijas de piedra inscritas, sellos de jarras, tabletas de marfíl y ébano, así como numerosas estelas de imponente tamaño magníficamente talladas.
Mientras tanto, académicos de toda Europa se marcharon a trabajar con las inscripciones que había encontrado antes Amelineau. Entre los primeros en reconocer la presencia de restos de las que Manetón llamaba las Dinastías I y II fueron en Inglaterra Griffith y en Alemania Sethe. Un artículo que hizo época, escrito por Sethe en el 1.897, prestaba especial atención al hecho de que en algunos casos el “Nombre de Horus” del rey iba acompañado por otro nombre que se introducía con el título de “Rey del Alto y el Bajo Egipto”, o se acompañaba por este nombre y otro con el título de las “Dos Señoras”. Eran estos nombres secundarios los que se correspondían con aquéllos que se encontraban en las listas reales de la época ramésida y en la Historia de Manetón. Así, el Usaphais a quién Manetón coloca como quinto rey de la Dinastía I (y que se correspondería con Den) se encontró en un grupo de jeroglíficos que se leían probablemente como “Zemti”, mientras el sexto rey de la lista de Manetón (que se correspondería con Anedyib), Miebis, se escribió como Merpibia. El séptimo rey (correspondiente con Semerjet), el Semempses de la lista de Manetón, aparece como una figura sacerdotal que sujeta en la mano un bastón corriente en Umm el-Ka’ab y un bastón ceremonial en la lista de los reyes de Abydos; mientras el octavo y último rey de la Dinastía, llamado Qa’a según su Nombre de Horus y que también podría ser su nombre personal, se correspondería con el Kebh de la lista de Abydos y el Canon de Turin. Es necesario decir que se asume que la lista de los reyes de la Dinastía I incluiría a Narmer, Aha, Dyer, Dyet, Den, Anedyib, Semerjet y Qa’a, aunque muchas listas actuales colocan a Narmer en la Dinastía 0 anterior a la unificación, con lo que sólo habría siete reyes durante la Dinastía I -según esas otras listas. La secuencia histórica de los cuatro primeros reyes fue afortunadamente confirmada por dos vasos de piedra incisos que fueron descubiertos muchos años después. Debemos decir que la transcripción de los jeroglíficos pertenecientes al periodo más temprano es algo realmente dificultuoso, ya que los propios académicos los suelen escribir de modos muy diferentes. Así nos encontramos con que el cuarto rey, el que se suele llamar Dyet, aparece como Zet en los textos de Petrie, igualando claramente a su portador con la diosa cobra, cuyo nombre probablemente sonaría algo así como “Edyo” más que como indican otros (“Uadyi”). Y si para el quinto rey Petrie da el nombre de Den, Sethe se refiere a él de otra forma que también es muy aceptada en general: Udimo, que significa “el vertedor de agua”, es así porque se trata de un nombre que ofrece mucha especulación, y parece mejor mantener los valores usuales de los dos signos alfabéticos con los que el nombre está escrito (aunque lo más probable es que en la época pudiesen leerse o significar algo totalmente diferente).
Los problemas que causan los cuatro primeros reyes de la Dinastía I, con Menes a la cabeza, son de solución bastante difícil y demandan una perspectiva mucho más amplia de la que se necesita para los cuatro últimos. Aquí debemos mostrar algunos datos sobre algunas de las excavaciones anteriores a los decisivos descubrimientos de Petrie en Abydos. En 1.897, el compañero de Petrie, J.E. Quibell, estuvo excavando en El-Kab, un importante yacimiento en la orilla este del río Nilo que se encuentra al norte de Edfú. La diosa local de este lugar era el buitre Nejbet, que junto a la diosa cobra Uadyet de Buto en el Delta proveían al rey con el título de “Las Dos Señoras”. Viendo la gran antigüedad de este título se esperaba un gran descubrimiento, pero los resultados que obtuvo Quibell fueron decepcionantes. Lo más importante, de todos modos, fue el éxito que le esperaba al año siguiente en Kom el-Ahmar, cruzando el río. Se conocía este lugar en la antigüedad como Nejen y era mencionado en varios títulos oficiales del Reino Antiguo, además de como lugar de culto principal del dios halcón Horus. El gran premio fue la famosa paleta de Narmer. Se necesitó muy poco estudio para reconocer este objeto como vínculo indisputable entre el periodo Predinástico Tardío y los primeros momentos del Dinástico Temprano. El material, el diseño, y los sujetos de la paleta nos son ahora muy familiares, además de que nos encontramos con el Nombre de Horus de Narmer, haciendo una aparición temprana en Umm el-Ka’ab. Los otros restos que nos han llegado de él son las ofrendas votivas que se encontraron en el templo de Hierakónpolis.

Una de las cosas encontradas más interesantes durante este periodo fue una impresionante y gran cabeza de maza rota, hecha de caliza dura y que contenía escenas incisas atribuídas a un líder que se conoce en la actualidad como rey Escorpión. La escena principal es ceremonial, como en muchos de los restos encontrados pertenecientes a la Dinastía I, y tiene como figura central al rey que sujeta con ambas manos a un individuo. Esta figura lleva una túnica sujeta sobre su hombro izquierdo y una cola de toro, un atributo común entre la realeza, sujeta alrededor de la cintura, sobre el fajín. Sobre su cabeza lleva la corona del Ato Egipto. Son de gran importancia histórica las representaciones que hay registradas en la parte superior. Aquí vemos una procesión de estandartes militares sobre los emblemas de varios nomos o provincias, incluyendo los de Min y el animal de Seth. Atado a cada estandarte por una cuerda, que pasa alrededor de su cuello, hay unos pájaros muertos o casi muertos. Mirando en la dirección contraria, hay otra procesión de estandartes que tienen arcos atados de forma similar, pero sólo se conserva completo uno de los estandartes. El significado general es claro: el rey Escorpión reclama victorias sobre los Nueve Arcos, que se refieren a las gentes variadas que se encontraban dentro y en los límites de las fronteras de Egipto, y también sobre una parte posteriormente mencionada de la población egipcia conocida como los Erjeye o “la gente-chorlito”, sobre los que muchos egiptólogos creen que fueron subyugados por los habitantes del Delta. Es importante hacer notar que, de todas formas, a pesar de la gran cantidad de victorias de las que Escorpión hace alarde, no se muestra en ningún momento como rey de un Egipto unificado.
Ese honor fue reservado para Narmer, quien en un lado de su paleta lleva la Corona Blanca del Alto Egipto, mientras en la otra, así como también lo hace en una cabeza de maza de casi igual importancia, ha asumido la Corona Roja del Bajo Egipto; aparentemente es el primer monarca en hacerlo. Es precisamente este hecho el que justifica la creencia de que Narmer fue el mismo Menes. No es necesario comentar escenas que se explican a sí mismas, pero dos rasgos de la paleta son demasiado interesantes como para no decir algo sobre ellos. A la derecha de la figura de Narmer con el brazo levantado para golpear al enemigo al que tiene sujeto por la coleta hay un enigmático grupo de emblemas combinados como una sola unidad. Está claro que todavía no se había desarrollado el poder de escribir frases completas. Lo máximo que podían hacer era exhibir un complejo de dibujos que el espectador podría traducir a palabras. Que el halcón de Horus representa a Narmer es evidente, y la cuerda atada a la cabeza del enemigo barbado y que el halcón lleva sujeto tampoco necesita comentarios. El objeto parecido a un cabezal del que sobresale la cabeza del prisionero es obviamente su país nativo, y ahora se supone que las seis plantas de papiro creciendo representan al Bajo Egipto, del que el papiro es símbolo. Así que el complejo entero podría significar “El dios-halcón Horus (Narmer) tomó cautivos a los habitantes del País del Papiro”. Tal vez no sea fantasioso interpretar el aparato que ocupa la mitad de la sentencia como símbolo de la unión de las dos mitades de Egipto. Los dos felinos de cuello largo parecen contenidos por su lucha con el hombre barbado que está junto a ellos. Arriba sobre la imágen, Narmer como rey del Bajo Egipto, es visto inspeccionando los resultados de su victoria. Frente a él están los estandartes de su confederación y hay un barco que parece haberle llevado al sitio donde decapitó a los enemigos que todavía están yaciendo allí. Así esta paleta votiva expléndidamente concebida y ejecutada, puede ser razonablemente entendida como conmemorativa de los hechos sobre los que creció la fama de Menes como fundador de la monarquía faraónica.
Sin embargo, la identidad de Menes continúa siendo sujeto de la controversia académica, y está bien repasar las razones que ya se avanzaron antes. Entre los sellos de jarras descubiertos en Umm el-Ka’ab hay una enla que los signos “mn” sin título precediéndoles se encontraron inmediatamente tras el Nombre de Horus Narmer, y esto se ha tomado como una prueba de que Narmer y Menes son el mismo individuo. Razones similares parecen igualar al Horus Dyer y al Horus Edyo (Dyet) (el Zet de Petrie, el rey Serpiente) con los reyes llamados Iti e Ita en la lista de Abydos. Desafortunadamente, como apuntan tanto Griffith como Sethe, el mismo argumento nos ha proporcionado dos nombres distintos para el Horus Aha, y ninguno de ellos se encuentra en las listas de reyes, y hay otras objeciones del mismo tipo. Consecuentemente, este criterio no se toma demasiado en serio, aunque esto no prueba que Narmer no haya sido Menes. De más interés es la tableta de marfil que fue encontrada por De Morgan en 1.897 en una gran tumba hoyo de Naqada, el escenario de los primeros descubrimientos prehistóricos de Flinders Petrie. No hay ninguna discusión sobre la naturaleza de esta pieza. Se ha etiquetado indicando la fecha y los contenidos de algunas vasijas que servían de receptáculo a lo que contenían. En la fila superior a la derecha del centro está el Nombre de Horus del rey Aha (“El Luchador”), que también se encuentra en sellos de jarras de la tumba y algunos otros lugares. Bajo el serej está el barco en el que el rey se supone que ha sido llevado. En frente se ve un grupo de jeroglíficos cerrados en una especie de cabina o pabellón, y es sobre este grupo que se han concentrado las diversas opiniones de los académicos. No hay duda de que el buitre y la cobra sobre dos signos con forma de cesto constituyen el título de Las Dos Señoras que, como se ha visto, era usado a menudo para introducir los nombres personales de los reyes de la Dinastía I. Es irracional negar, como muchos académicos han hecho, que el jeroglífico que hay debajo sea el que se lee como “mn” o que da el nombre personal de Menes. L. Borchardt fue el primero en reconocer este hecho tan obvio, pero desafortunadamente llegó a la conclusión de que Aha y Menes eran el mismo individuo, una visión aceptada también por Sethe. Consecuentemente se asumió que la tumba de Naqada era la del propio Menes. A esta interpretación hay dos serias objeciones: en primer lugar ignora la estructura tipo pabellón dentro de la que está escrito el nombre de Menes; y en segundo lugar se olvida del hecho de que el jeroglífico de Las Dos Señoras mira aquí a la derecha, en la misma dirección que el Nombre de Horus, cuando la regla universal hace que los signos del Nombre de Horus y el nombre personal del rey se miren el uno al otro. Hay que añadir a estas objeciones el hecho de que este registro superior debería conmemorar algún tipo de evento destacado por el cual el año de fabricación de la tableta debería de ser recordado, y debe concluirse que Aha aquí se muestra visitando algún lugar conectado con Menes.Grdseloff, a quien, siguiendo una sugerencia de Newberry, debemos el haber insistido sobre estos puntos, ingeniosamente cita un pasaje de los Textos de las Pirámides donde el rey es descrito erigiendo las estructuras temporales necesarias para un funeral real, y esta podría ser posiblemente la misma ceremonia mostrada en la tableta. Aquí, entonces, aunque no hay pruebas de que Narmer era Menes, obtenemos finalmente la seguridad de que Menes no era Aha, pero que debió de ser su predecesor. La elección ciertamente recae entre Narmer y Aha, cuyos Nombres de Horus comparten la peculiaridad de mostrar el halcón en una postura agachada y habitualmente descansando sobre una base con forma de bote o barco, en vez de la de los últimos reyes de la Dinastía I que dibujan al halcón en pie y sobre una línea recta en la parte superior del serej. Otro motivo para rechazar la identidad de Aha como Menes es que, si fuesen el mismo, esperaríamos encontrar a Aha mencionado en Hieracónpolis, y allí no hay ni rastro de él. Aquí podemos aludir únicamente a un misterioso rey Kaa (o Qa’a) cuyo Nombre de Horus se encuentra en Umm el-Ka’ab y algún otro lugar, y está escrito al modo arcaico; nadie ha dado su nombre como candidato, y podemos fácilmente desechar esa posibilidad.

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Los vikingos

11, junio, 2007 at 10:46 pm (Vikingos)

Barco vikingo 

El origen de la palabra vikingo sigue siendo oscuro y discutido. En antiguo nórdico, vik significa cala o pequeña bahía, lo que indujo a ciertos especialistas en semántica a deducir que los hombres llamados vikingos se establecían en las calas, desde las cuales lanzaban sus expediciones de pillaje. También podríamos hacer derivar la palabra vikingo de Viken, nombre dado a la región del fiordo de Oslo. Quizá los vikingos fueron en origen gente que procedía de esta región. En los países que asolaron, nunca se les conoció por el nombre de vikingos. Para la mayoría de los habitantes de Europa occidental, eran los hombres del norte, los Northmen. Los autores de los anales francos utilizaban generalmente el término de normandos (normandi), más raramente el de daneses (dani), limitándose en la mayoría de los casos a denominarles piratas. Los cronistas eclesiásticos les designan casi siempre con el término paganos. Los anglosajones les llamaban danes, cualquiera que fuese su origen. Para los irlandeses, eran los lochlannach, y su patria era Lochlann, el país de los lochs o lagos. También les llamaban gall (los extranjeros), haciendo una distinción entre los extranjeros blancos, que eran los noruegos y los extranjeros negros, los daneses. Algunas crónicas alemanas les designan con el nombre de ascomanni (los hombres del fresno), quizás porque utilizaban esta madera para construir sus barcos. Los árabes de España les aplicaban el término magus (infieles). Para los autores bizantinos y árabes eran los rus, nombre que parece venir de la palabra sueca ruotsi (los remeros). Por último, hacia el final de la era vikinga, los griegos les llamaban varegos (varingjiar en antiguo nórdico). En la época de los vikingos, el sustantivo vikingo se aplicaba a la expedición. El que participaba en ella era un vikingr. Hoy la palabra se emplea en un sentido más amplio. Aplicándola tanto a los hombres como a la cultura de Escandinavia de aquel período. Estos diversos nombres designan a los mismos hombres. Algunos venían de Noruega, otros de Suecia o Dinamarca, pero todos eran de origen escandinavo, próximos entre sí por su lengua, su religión y su carácter.

Los vikingos concedían una gran importancia a la igualdad y la libertad. El hecho de que se considerasen todos iguales llamó la atención de los contemporáneos en todos los países que invadieron. Y en efecto, no tenían príncipes, aunque sí jefes, cuya autoridad aceptaban porque eran los más valerosos, los más experimentados y los más ricos de la comunidad. Y las expediciones vikingas se organizaban a su alrededor. Profundamente individualistas, los vikingos defendían su libertad por encima de todo. Eran mucho más libres en sus comunidades que sus contemporáneos de Europa occidental, integrados en estructuras feudales restrictivas. Poseían un espíritu emprendedor y sentido de la organización y contaban más consigo mismos que con los demás.

Animados por un espíritu de empresa asombroso, los vikingos eran a la vez navegantes, guerreros, agricultores y mercaderes. Sobresalían en todas estas actividades y pasaban de una a otra según las circunstancias con maestría. Los vikingos eran supersticiosos. Para conjurar a los malos espíritus cuando salían a alta mar, fijaban en la proa de sus navíos una cabeza de dragón o de serpiente. Una de las primeras leyes promulgadas por el Althing islandés obligaba a los navegantes que llegaban a la vista de la isla retirar las cabezas de animales que adornaban las proas de sus navíos, con objeto de no indisponer a los buenos espíritus de la tierra.

El descubrimiento de los grandes espacios marinos y la necesidad de luchar sin tregua contra los elementos para sobrevivir forjaron el carácter de los pueblos escandinavos y contribuyeron a la aparición de esos hombres duros, belicosos, valientes y ávidos de hazañas, a los cuales sus contemporáneos escandinavos dieron un día el nombre genérico de vikingos.

Durante las expediciones se sentían más a gusto a bordo de sus barcos, que consideraban como sus casas, que en tierra firme. El barco era el compañero fiel al que volvían cada noche, al término de agotadoras jornadas. Con mucha frecuencia, le debían el no perder la vida, tanto en los peligros del mar como en la adversidad de la lucha.

Aunque excelentes jinetes, preferían remontar los ríos a vela o a remo, mientras tuviesen agua suficiente bajo la quilla. Navegantes hasta en la muerte, el barco se convertía para algunos de ellos en pira funeraria y en él efectuaban el último viaje, que les conducía al Walhalla.

En el combate daban pruebas a la vez de osadía y de prudencia. Demostraban un gran realismo y no se obstinaban cuando la fortuna de las armas les daban la espalda. A menudo las derrotas mencionadas por los cronistas cristianos no fueron más que repliegues tácticos, en ocasiones en que la proporción de fuerzas no se mostraba favorable a los vikingos. La experiencia acumulada durante su tumultuosa existencia tuvo como resultado el hacer madurar su juicio. Cuando sufrían una verdadera derrota, inmediatamente sacaban conclusiones y evitaban arriesgarse de nuevo. Por regla general estaban muy bien informados sobre la situación política y la capacidad de defensa de los países que se proponían atacar, lo que les permitía sacar provecho de todas las posibilidades: debilidad del poder instituido, crisis de sucesión, etc.

Los vikingos sobresalían en el arte de levantar campamentos atrincherados y fortificaciones de campaña. Tan pronto como se detenían en un lugar, cavaban fosas profundas alrededor de su campamento y acumulaban la tierra en montículos, con objeto de protegerse contra cualquier ataque por sorpresa.

Para las poblaciones de Europa occidental, los vikingos no eran más que bárbaros, ya que venían de países extranjeros, cuyos usos y costumbres diferían de los suyos notablemente. En realidad, se trataba de bárbaros civilizados, con costumbres, leyes y una cultura propias que no trataron de imponer a los demás.

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El arte de la guerra de los vikingos (armas y armadura)

5, junio, 2007 at 10:42 pm (Vikingos)

Ataque vikingo

Todos los hombres libres disfrutaban del derecho de llevar armas en la época vikinga. Tenían que entrar en las filas cuando se lo pedía su señor o rey. En algunas zonas, notablemente en Suecia central, la gente también era requerida para guarnecerse y armar barcos. Con este propósito, la tierra se dividía en unidades que comprendían un cierto número de granjas y cada una de ellas tenía que proporcionar un barco totalmente equipado cuando se lo pedían.

Los vikingos generalmente combatían a pie. El hecho de que se enterraran caballos junto a algunos vikingos ricos indica que hubo algunos guerreros montados, pero esto sin duda no era corriente. Los buques de guerra vikingos se usaban principalmente para transportar ejércitos a la escena de las batallas campales; los combates marítimos eran menos corrientes, aunque se mencionan algunos en las fuentes escritas. El más conocido es la batalla de Svöld, hacia el año 1000. Las narraciones en fuentes inglesas y francas de las batallas campales libradas por los vikingos en Europa occidental dan fe de la fuerza y habilidad de sus cuerpos combatientes. Los vikingos infundían terror a sus oponentes y lucharon a sangre y fuego por todo el noroeste de Europa. Las armas que hicieron tantos estragos fueron la espada, la lanza y el hacha de combate, y arcos y flechas. Las descripciones en tallas contemporáneas, como las piedras decoradas conmemorativas encontradas en Gotland, nos dan una idea del aspecto de esos guerreros vestidos para la batalla con casco y cota de malla y totalmente armados. Podemos aprender mucho más de las tumbas en los países escandinavos, muchas de las cuales contienen el equipo de los combatientes, que enterraron con ellos.

La espada era la mejor de todas las armas, muy apreciada por su poder combatiente y como símbolo de posición social: cuanto más alto era el rango del guerrero, más magnífica era su espada. La empuñadura estaba a menudo ricamente adornada, pero aunque una empuñadura muy elaborada denotaba un dueño poderoso, era la hoja de la espada la parte más importante del arma, porque de ésta dependía la vida de su poseedor. Las hojas de dos filos, con un largo de setenta a ochenta centímetros, eran ligeras y flexibles, fuertes y afiladas. Algunas eran importadas del imperio franco, pero sus empuñaduras se hacían y se montaban en Escandinavia, adornándose a menudo con los estilos artísticos predilectos de los vikingos. La espadería franca más famosa era la de Ulfberth, cuyo nombre figura en muchas hojas de espada.

Las hojas de fabricación escandinava no eran inferiores a los ejemplares importados más exóticos. También se hacían empleando un método conocido como “soldadura modelo” por el que largos flejes de hierro de composición ligeramente diferente se soldaban juntos formando un núcleo y un filo hecho con un acero más duro y afilado se soldaba a los lados. Luego se pulía la hoja y una ranura longitudinal, conocida como abatanador, se afilaba por todo el largo. El propósito del abatanador era aligerar la hoja sin reducir su fuerza y aumentar su flexibilidad. Después de mil años bajo tierra, casi todas las hojas de las espadas que se han recuperado están ahora muy corroídas, pero algunas de ellas todavía tienen hermosos dibujos en su superficie. Las espadas se llevaban en vainas hechas con tiras de madera cubiertas con cuero y forradas con lana. La lanolina de la lana habría servido para preservar la hoja del deslustre y la oxidación. Las espadas más espléndidas se guardaban en magníficas vainas adornadas con monturas de bronce o doradas alrededor de la boca y en la punta (la contera). Se han encontrado monturas de vaina en muchas tumbas, aunque los materiales orgánicos de la vaina misma normalmente han desaparecido.

Las espadas de doble filo se usaban para dar un tajo al enemigo, causando sin duda lesiones terribles. Los huesos mutilados de esqueletos desenterrados en Hedeby y otras partes dan una idea de la clase de heridas causadas. Los cuchillos de combate cortos, de un solo filo, estaban concebidos para clavarse en el oponente cuando se entablaba un combate cuerpo a cuerpo y los guerreros vikingos llevaban a veces espada y cuchillo. El arma ofensiva más eficaz de todas era la lanza, con su hoja de hierro delgada y afilada de hasta cincuenta centímetros de largo, sujetada a un asta de madera por medio de una arandela. Algunas lanzas, lo mismo que las espadas de mejor calidad, tuvieron que ser armas de categoría. Sus hojas eran de soldadura de modelo, con filos y punta afilados y las arandelas estaban damasquinadas con plata o bronce. La mayoría de las lanzas que se han encontrado en tumbas, sin embargo, son más sencillas y no están adornadas, pero no obstante son muy eficaces.

Aunque el hacha de combate se asocia popularmente con los vikingos, en conjunto parece haber sido menos preferida como arma que la espada y la lanza. Se han encontrado menos y casi todas ellas en Escandinavia occidental. Estaban hechas de un modo bastante sencillo: un filo cortante se soldaba a un bloque de hierro y el extremo se encajaba a un mango de madera y se sujetaba firmemente. La mayoría de las hachas de combate no estaban adornadas y no se distinguen de las hachas de trabajo; se supone que son hachas de combate por el hecho de que han sido encontradas en tumbas junto con otras armas. Unos pocos ejemplares son mucho más espléndidos y tuvieron que ser hechos para ceremonias o exhibiciones. La mejor, con mucho, es el hacha de la tumba real o aristocrática de Mammen, en Jutlandia. Está damasquinada con plata según los primorosos modelos que dan su nombre al estilo artístico de Mammen y es difícil imaginarse que haya sido alguna vez usada en la batalla; fue probablemente un símbolo de riqueza, posición social y poder.

Los arcos y flechas también se usaban en la guerra, pero probablemente más en la caza. Aún sobreviven un gran número de puntas de flecha de hierro y varias formas diferentes aunque sus astas de madera normalmente han desaparecido. Los arcos de madera son más raros, ya que, estando hechos de madera, generalmente se han descompuesto totalmente, pero se ha encontrado uno entero en un terreno anegado en Hedeby. Mide noventa y dos centímetros de largo y está hecho de tejo, una madera muy flexible que se usaba para hacer arcos en la Edad Media.

Los vikingos se defendían en la batalla con escudos redondos que les protegían el cuerpo desde el hombro hasta el muslo. Estaban hechos de madera, a menudo de tilo, cubierta con cuero. Éste podía luego adornarse con monturas de metal y símbolos y a veces se pintaba con colores vivos. El canto de cada escudo se reforzaba con una tira de hierro y había una protuberancia de hierro en el centro para proteger la mano que lo llevaba. Se ha conservado poco de la madera de los escudos, pero se puede calcular su tamaño y el tipo de adorno que tenían, por los accesorios de metal que han quedado. Los escudos encontrados en la nave funeraria de Gokstad tiene un metro de diámetro y ése era probablemente el tamaño normal.

Otros medios de protección eran el casco y la armadura que llevaban algunos vikingos. Sin embargo, se encuentran raras veces en las tumbas o en otros emplazamientos arqueológicos que parece poco probable que se llevaran normalmente y seguramente eran prerrogativa de los más altos rangos de la sociedad. El único casco de la edad vikinga que se ha conservado se encontró en una tumba de Gjermundbu, en Noruega. Está claro que un gran hombre fue enterrado allí, pues además de un casco tenía una cota de malla y una hermosa espada con una empuñadura damasquinada con plata y cobre. Tanto el casco como la cota de malla se encontraban en una condición fragmentaria cuando fueron descubiertos, pero el caso ha sido reconstruido y está ahora en el museo de Oldsaksamling en Oslo. El casco de hierro es abovedado con un penacho central y una especie de visera para proteger la nariz y los pómulos. Un poco de cota de malla cuelga por detrás para proteger el cuello. El resto de la cota de malla tenía probablemente la forma de una túnica corta que se llevaba sobre un jubón acolchado o de cuero para proporcionar una protección adicional.

Se conocen otros cascos sólo a través de ilustraciones pictóricas. Los cascos de los guerreros representados en las piedras decoradas de Gotland con invariablemente cónicos y tienen una protección nasal. Una estatuilla de Sigtuna, en Suecia, tallada en cornamenta de alce, también lleva un casco cónico con una protección nasal, que está adornada con un motivo de anillos y puntos. Resulta imposible decir si esos cascos estaban hechos de hierro como el modelo de Gjermundbu; podían haber sido de un material menos fuerte, como el cuero. No obstante, sabemos con certeza que ninguno de ellos llevó cuernos.

Equipos como éste probablemente pertenecieron a los ricos y poderosos entre las fuerzas vikingas, o a los combatientes profesionales que formaban los ejércitos privados o eran los guardaespaldas de reyes y señores, especialmente en Noruega. Las espléndidas espadas con empuñaduras adornadas y hojas francas, los cascos y túnicas de cota de malla, habrían sido desconocidos por la gran mayoría de los combatientes, granjeros y pescadores que eran instados a servir en épocas de conflictos y cumplir con sus obligaciones para con su señor. Esos hombres llevarían armas sencillas, probablemente sólo su hacha de trabajo que usaban como arma de batalla.

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