El Sable

5, octubre, 2007 at 11:16 pm (Esgrima Antigua)

Por Juan José Pérez, de la AEEA.

Si pedimos a cualquiera que nos dibuje a un soldado a caballo, de forma casi indefectible nos mostrará a ese soldado blandiendo un sable curvo. En efecto, en el ideario colectivo la imagen del sable está asociada indefectiblemente al estamento militar, y más concretamente a sus cuerpos, ya lamentablemente extintos, de tropas montadas a caballo.

No obstante, el sable no ha sido siempre patrimonio exclusivo de las tropas a caballo, y además merece en todo caso una definición más amplia. Podemos decir que un sable es un arma blanca larga, generalmente de hoja curva, generalmente de un solo filo, usado normalmente a una mano y preponderantemente de corte.

Con las cursivas anteriores quiero significar que ha habido armas denominadas como sables rectos de caballería (aunque prefiero en estos casos, como el de los conocidos modelos Puerto-Seguro, la denominación de espadas de montar, o en el peor de los casos espadas-sable), sables de dos filos (muy raros, aunque sí que es habitual la presencia de un falso filo en el exterior del último tercio de la hoja), sables de mano y media o a dos manos (los conocidos grosse messer suizos del siglo XVI, o las katanas japonesas) y que, por supuesto, muchos sables presentan en su diseño características que les hacen igualmente útiles para asestar estocadas.

El origen del sable tiende a ser atribuido con cierta ligereza a los pueblos orientales, más concretamente los de influencia islámica (los pueblos turcos, persas, etc.). No obstante, esto no se ajusta por completo a la verdad. Si bien estos pueblos hicieron uso extensivo del sable y produjeron ejemplos verdaderamente magníficos en su belleza y funcionalidad (pocas hojas tienen un diseño más depurado que un buen shamshir persa), quizá fuera más correcto asignar su origen entre los pueblos magiares de Europa central y balcánica a principios de la Edad Media. De hecho, una de las dos espadas tradicionalmente asociadas a Carlomagno es un sable de este tipo. Hay que señalar además que las espadas tradicionales de los pueblos árabes eran rectas, como lo serian, por ejemplo, durante toda la existencia de Al-Andalus en nuestra península.

Sí se sabe, no obstante, que las espadas medievales europeas de un solo filo y hoja en algunos casos curva (los bracamartes italianos o cuytellos castellanos – cuchillos -, que los ingleses denominan falchions) no son en modo alguno los antepasados del sable que posteriormente gozaría de enorme popularidad. Son los regimientos de húsares polacos y húngaros quienes, al formar parte de ejércitos de otras potencias centroeuropeas durante los siglos XVII y XVIII, lo introducen en el resto del continente, donde se demuestra un arma particularmente adaptada a su uso por la caballería ligera, por su capacidad para el combate en melé, la persecución y el escaramuceo. No resulta tan apto para su uso en la carga por la caballería de línea, y de hecho algunas naciones, como España, fueron bastante reacias a su uso generalizado, aunque parece que temporalmente lo adoptaron los dragones a mediados del XVIII, aunque posteriormente retornaran a la hoja recta. Sólo muy a finales de dicho siglo, al popularizarse los regimientos ligeros de húsares y cazadores a caballo, el sable tendría presencia en nuestros ejércitos.

No obstante, el sable había llegado para quedarse. Durante el siglo XIX, aparte de su uso masivo por la caballería ligera, algunas tropas de infantería, como los cazadores y granaderos a pie, lo tuvieron a su disposición en versiones de hoja algo más corta, y en la marina adoptó formas destinadas a la oficialidad y a la marinería, recibiendo en este último caso el nombre de sables de abordaje. Tampoco fue ajeno a las modas y se adoptaron temporalmente tipologías de naturaleza exótica como, por poner un ejemplo, los sables a la mameluca que trajeron de Egipto los oficiales de Napoleón, y fueron portados con entusiasmo por la alta oficialidad de media Europa, España incluida, una vez producidos localmente de forma más o menos fiel a los originales islámicos.

La popularidad del sable como arma de combate llegó hasta bien entrado el siglo XX. Junto a su uso por parte de las tropas españolas durante la Guerra de Marruecos en cargas a caballo, es de destacar que en plena Segunda Guerra Mundial los cosacos (tanto los pertenecientes al Ejército Rojo como los aliados de Alemania) disponían de sus famosas shaskas como armas plenamente eficaces para los consumados jinetes que eran.

Finalmente, la aparición de las armas automáticas pronto hizo que el sable abandonara su último reducto de combate, la caballería, para quedar relegado a una mera función decorativa como complemento aún indispensable del uniforme de gala de numerosos ejércitos. O bien, tras su uso como arma de duelo individual, convertirse en el arma que hoy se utiliza en una de las modalidades de la esgrima deportiva, asemejándose ya tan sólo en apariencia al arma original.

En el siguiente gráfico pueden apreciarse algunos de los elementos constitutivos del sable, en este caso sobre un modelo en uso por la caballería rusa durante las guerras napoleónicas que reúne muchas de las características esperables en un buen sable de caballería ligera:

Como vemos, presenta una hoja curva, con filo corrido en todo su exterior y contrafilo en el sólo en el tercio próximo a la punta por el interior. En este caso la montura (o guarnición) de este sable presenta un diseño con guardamano y tres gavilanes, estéticamente muy acertado y que cumple su función de protección de la mano que lo empuña sin resultar aparatoso:

A partir de esta morfología es relativamente sencillo entender que su esgrima se basaba fundamentalmente en el corte, favorecido (al menos en teoría) por su hoja curva. En esgrima a pie, se hacía abundante uso de cortes saliendo de molinetes con la mano baja y la punta alta, tratando así de descubrir lo menos posible el cuerpo y cabeza durante esta maniobra. Según los tratadistas del XIX, la estocada de sable nunca debía tirarse de primera intención, y algunos no la consideraban útil en absoluto con este arma, asegurando que nunca debía tirarse.

El sable militar, no obstante, derivó paradójicamente hacia su uso de punta, pues según los teóricos de finales del XIX era la forma natural en que la caballería debía usarlo, especialmente durante las cargas. No hacían sino redescubrir un hecho que las espadas rectas de la caballería española del XVIII ya atestiguaban. Un gran defensor de esta doctrina fue el Marqués de Puerto-Seguro, Luis de Carvajal, quien desde su empleo de Capitán de Caballería diseñó, y consiguió tras muchas tribulaciones que se adoptase, el sistema de armas que llevan su nombre.

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La Espada Ropera

5, octubre, 2007 at 11:14 pm (Esgrima Antigua)

Por Juan José Pérez, de la AEEA.

La espada ropera es el arma que instintivamente asociamos a nuestro Siglo de Oro como parte de la vestimenta de un gentilhombre: su cruz, de largos y delgados gavilanes, su guarnición, de taza, conchas o lazo, su hoja, larga y estrecha, dotan al conjunto de una elegancia notable y un equilibrio que cualquier persona dotada de un mínimo gusto estético no puede dejar de admirar. Su periodo de máximo esplendor podríamos situarlo entre 1.525 y 1.675, aproximadamente, siendo reemplazada progresivamente por el espadín típico del siglo XVIII, de origen francés.

No obstante su belleza, estamos ante un arma auténticamente letal, y extremadamente adaptada al combate real en duelo. La espada ropera está adaptada a un estilo de esgrima propio, que está en el origen de la esgrima posterior para espadín, e incluso de las del florete y espada deportiva, pero con su propia dinámica y necesidades ofensivas y defensivas, lo que la hace muy diferente en su práctica.

El término “espada ropera” es de origen español, y aparece por vez primera en el Inventario de Objetos perteneciente al Duque Don Álvaro de Zúñiga, en fecha tan temprana como 1468 (según describe J.M. Peláez, en su magnífico artículo sobre la ropera publicado en la revista Gladius). En Francia se habla por primera vez de la espada ropera (la rapière) en documentos de en torno a 1474. Un autor de referencia obligada como Oakeshott, en su libro “European Weapons and Armour”, soporta esta idea e indica que a ya principios del siglo XVI el término estaba bien establecido en Francia, adoptándolo pronto los ingleses como “rapier”.

Es importante señalar que al menos en el siglo XVI una espada ropera no era tan sólo un arma para su uso exclusivo de punta, con hoja se sección estrecha y aguzada. En realidad, en la España de la época cualquier espada destinada a un uso de duelo y de vestir, acompañando a las vestimentas de un civil (o de un militar en traje civil), era denominada ropera, quedando por tanto fuera de esta denominación sólo las espadas puramente militares, de guarnición sencilla. Encontramos por tanto durante este periodo elaboradas guarniciones de lazo acompañando a hojas relativamente anchas, apropiadas para un uso tanto de punta como de corte, y aún estaremos frente a una espada ropera. Incluso a finales del siglo siguiente (ya hacia 1.660-80), cuando las hojas de fina sección cuadrangular o romboidal (llamadas verduguillos) son ya moneda común, algunas espadas civiles de hoja ancha volvieron a estar de moda en España, siempre montando guarniciones propias de auténticas espadas roperas.

En cuanto a las guarniciones, hay tres tipos principales que debemos considerar: guarniciones de lazo, de conchas o de taza, que de forma consecutiva van brindando una mayor protección de la mano que la empuña.

Una guarnición de lazo está compuesta por los gavilanes (la cruz, propiamente dicha), largos y generalmente no muy gruesos, un guardamano en forma de arco que protege los nudillos, uno o dos anillos perpendiculares al plano de la hoja, y una serie de ramas que unen entre sí todos estos elementos por el anverso o zona exterior, y por el reverso o zona interior de la guarnición. No todos estos elementos deben estar necesariamente presentes, y por ello algunos autores clasifican este tipo de guarniciones como de cuarto de lazo, medio lazo, tres cuartos y de lazo entero, en función del número de estos elementos presentes. Esta guarnición, habitual entre 1550 y 1620, aproximadamente, tiene su origen en las guarniciones de patillas de finales del s. XV, y era realmente eficaz para parar cortes, pero en algunos casos la punta del rival podía introducirse entre los diferentes ramales y lastimar la mano que empuñaba el arma. Por ello solían usarse guantes de cuero relativamente gruesos al luchar con este tipo de espadas. No obstante, para muchos, entre los que me cuento, la elegancia, equilibrio y sencilla belleza de este tipo de guarniciones son con frecuencia simplemente insuperables, y son un digno exponente del arte renacentista.

Conforme evolucionaba la esgrima hacia un uso cada vez mayor de la punta, se hizo necesaria una mayor protección de la mano, por lo que entre los anillos de la guarnición de lazo se añadían con frecuencia chapas metálicas (conchas). Con el tiempo estas conchas estaban formadas por una sola pieza de chapa de hiero o acero bilobulada, que se unía mediante un par de patillas a la cruz. Nacía así la guarnición de conchas, típicamente española, práctica y resistente, y que gozaría de un periodo de popularidad extremadamente largo, pudiendo encontrarse ejemplares entre 1640 y… ¡1790! Su éxito fue grande en ámbitos militares, y los últimos ejemplares que se conocen eran típicamente espadas destinadas a su uso por la caballería.

Para incrementar aún más si cabe la protección de la mano, otras guarniciones prácticamente contemporáneas a las de conchas presentaban no una chapa bilobulada, sino un auténtico casquete semiesférico, que en la práctica tomaba la forma de un bol o taza, sostenido igualmente por un par de patillas. Esta taza, que da nombre a este tipo de guarnición, unida a los gavilanes y el guardamano, ofrecía un nivel de protección máximo de la mano, resultando simultáneamente bastante ligera. Su uso se extendió esencialmente por España e Italia, perdurando hasta bien entrado el siglo XVIII. Es la clásica guarnición que todos asociamos mentalmente a una ropera.

La espada ropera, sin llegar a ser un arma pesada o incómoda de manejar, no es desde luego el tipo de arma que podemos ver en las películas “de mosqueteros”. En el cine frecuentemente encontramos guarniciones de estilo ropera (normalmente de taza) unidas a hojas de espada de moderna esgrima deportiva, algo más cortas y mucho más ligeras y flexibles que las auténticas hojas originales. La ropera era un arma de dimensiones considerables (algunas hojas superaban holgadamente el metro de longitud) y un peso apreciable (cercano a un kilogramo), por lo que su esgrima debe adaptarse a este hecho. Por ejemplo, las acciones suelen darse en un solo tiempo (uniendo la parada y la respuesta en un movimiento continuado), dada su mayor inercia intrínseca.

Aun así, una buena pieza de época que mantenga todos su elementos originales (guarnición, puño y pomo) está dotada de un equilibrio tan perfecto que la hace mucho más rápida en la mano de lo que sus dimensiones puedan sugerir a primera vista. El punto de equilibrio de estas espadas suele situarse a unos cuatro dedos de la guarnición, aunque esto es muy variable y depende del uso previsto para cada pieza (esto es, favoreciendo en exclusiva la esgrima de punta o permitiendo su uso de corte). Por ello, cuando nos encontramos ante una pieza dudosa, la sensación que nos produce en la mano suele ser determinante a la hora de diferenciar una auténtica pieza del siglo XVII de una reproducción de finales del XIX, pongamos por caso, bella en apariencia pero que en la mano no pasa de ser más que una barra de hierro.

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Mandobles, Montantes y Estoques

5, octubre, 2007 at 11:12 pm (Esgrima Antigua)

Por Adolfo R. Bernalte Sánchez, de la AEEA.

El término “Mandoble”, como su propio nombre indica, “Mano doble”, designa de forma genérica, un tipo de espada la cual debido principalmente a su diseño y dimensiones, precisa para su uso de las dos manos. De igual manera, al hecho de golpear con la espada usando para ello ambas manos, recibe también el nombre “Mandoble”. Es por tanto, que podemos distinguir dos significados distintos del mismo vocablo, uno en lo referente a la morfología del arma en sí, y otro en cuanto a su forma de uso. Refiriéndonos al primero, que es el que realmente nos interesa en el presente estudio, vamos a definir con la voz “Mandoble”, toda aquella espada, que debido a sus características morfológicas tales como dimensiones ó diseño, van a conceptuar, un estilo de esgrima, en el cual el uso de ambas manos será indispensable.

Esta tipología de espada, va a su vez a agrupar a otras subcategorías que a su vez englobarán todas aquellas espadas o espadones de dos manos independientemente de su datación cronológica, diseño o forma de uso. Para centrarnos en el término genérico que nos ocupa, colocaremos el punto de origen de dicha tipología hacia la primera mitad del siglo XIV. Atendiendo a tales fechas, (1300-1350), vamos a encontrarnos con una serie de características afines a la data, como es el caso de las guarniciones de arriaz recto, con los gavilanes en ocasiones ligeramente curvados hacia la hoja, así como el pomo generalmente de forma discoidal. Este tipo de guarniciones, suelen presentar, una hoja de cierta longitud, normalmente por encima de los 90 cm, llegando en algunos ejemplares hasta los 110 cm. Estas hojas, dotadas de dos filos, y evolucionadas de tipologías anteriores en función del desarrollo paralelo del armamento defensivo, presentan en determinadas ocasiones algún vaceo o canal central en los dos primeros tercios de su longitud, y van a precisar, -como ya hemos dicho- de grandes empuñaduras para su afianzamiento con ambas manos, así como de grandes pomos que aporten equilibrio al conjunto. Su peso total, es importante por supuesto, pero nunca debemos olvidar que son espadas y por tanto sujetas a una funcionalidad específica. Son muy raras las muestras que llegan a los 2,5 Kg. de peso. (esta tipología de espadas, se podría englobar perfectamente en los denominados tipo: XIIa, XIIIa, según la clasificación del profesor E. Oakeshott, y aparecen mencionadas como “Grandes Espadas de Guerra”, ó “Espadas Alemanas” debido principalmente a la notable presencia en los grupos escultóricos pertenecientes a tumbas alemanas de mediados del siglo XIV).

La función primordial de estas espadas es el golpe de corte, con lo cual ambos filos se prolongarán hasta el talón no precisando –en principio- ninguna protección auxiliar por delante de la cruz, -protección, que aparecerá no obstante en un corto periodo de tiempo, con motivo de la evolución hacia una esgrima mixta, en la cual el uso conjunto de corte y punta, prevalecerá sobre la anterior-.

La evolución lógica del armamento defensivo, -arneses de placas- va a influir notoriamente en las formas de nuestra espada. La necesidad de atravesar dichas protecciones provocará que los filos pierdan progresivamente su paralelismo, -característica de la tipología anterior- formando en este caso, una aguda punta destinada para tal fin. La sección variará también ganando en grosor –secciones romboidales- con la lógica pérdida de los vaceos, como consecuencia de las nuevas exigencias de ataque de punta. Estas circunstancias propiciarán a su vez una cierta pérdida en la longitud de las hojas, -unos 90 cm. aprox.- o en su defecto volviéndose más estrechas, evitando de esta manera el peso excesivo de las mismas, aunque las empuñaduras mantendrán durante algún tiempo más, su característica de doble mano, sobre todo en las hojas de mayor longitud. (Tipo XVa en la clasificación del Profesor Oakeshott).

Todos estos cambios que se sucederán a lo largo del siglo XIV, van a conformar la morfología de otras subcategorías que irán apareciendo como consecuencia del proceso evolutivo del armamento defensivo. Por citar algunas, y al hilo de lo anterior, tenemos una rama de dicha evolución que culminará en los estoques del siglo XV, en los cuales, de forma progresiva a la disminución de la longitud de las hojas, -entre 70 y 80 cm.- se producirá también la disminución de la longitud de las empuñaduras, hasta prácticamente perder su calificación de “mano dobles”. (Tipo XV en la clasificación del Profesor Oakeshott)

En otra de las ramas evolutivas podemos citar las denominadas “espadas bastardas” de mano y media, que tienen sus máximos exponentes durante la segunda mitad del siglo XIV, y principios del XV. Esta nueva tipología acepta varias morfologías en cuanto a su hoja se refiere, encontrándonos ejemplares del tipo XVa –citado anteriormente- así como otras provistas de fuertes hojas ocasionalmente acanaladas en su mitad fuerte, y dotadas de filos convergentes, pudiendo ser usadas indistintamente como armas de corte ó de punta, (Tipos XVIa y XVII en la clasificación del Profesor Oakeshott), a la vez que presentan una empuñadura que aún siendo un poco mas corta que las anteriores, permite no obstante su doble empuñadura. El término “Bastarda”, con que se designa esta tipología, se aplica ya los siglos XV y XVI, y aparece bien documentado en un tratado del siglo XVII de Marc de Vulson “Vray Theatre d´Honneur”, el cual haciendo referencia a un duelo en 1549, Enrique II de Francia menciona “Deux epées bâtardes, puovant servir à une main ou à deux”

Todas estas espadas, -enclavadas aún en un contexto medieval-, se encuentran ligadas de forma coherente al espíritu caballeresco que reinará en la Europa desde la alta Edad Media, son por tanto el armamento indiscutible del caballero, para ser usadas tanto a caballo como a pié. Este concepto en sí, no implica que se trate de un arma exclusivamente de Caballería, -y esto es muy importante comprenderlo- ya que eran ceñidas por el caballero, en virtud de su posición social y estatus nobiliario, al igual que el resto de las armas de su panoplia armamentística, incluida su montura, -el conjunto denominado “lanza”-. Creemos por lo tanto que es más correcto hablar del armamento de un determinado estamento social, más que el de un arma determinada del ejército, tales como la Caballería, o la Infantería, -independientemente de que la tropa también se equipase con espadas en un momento posterior, como complemento de su propia panoplia-.

En otro orden de cosas, y siguiendo nuestro repaso al proceso evolutivo del que hablábamos anteriormente, nos encontramos con otra de sus ramas, la cual va a originar una tipología de Mandoble muy peculiar, heredero en cierta medida de las formas de sus antecesores, pero con ciertas características muy concretas que van a determinar, tanto su forma de uso, como de su usuario, nos referimos como no al Montante.

El origen del Montante vamos a situarlo cronológicamente, hacia el último tercio del siglo XV, como evolución de algunas de las tipologías anteriores que determinarán una gran espada, cuya longitud de hoja supera fácilmente los 120 cm. Y para uso exclusivo del soldado de a pie. Esta tipología tendrá sus máximos exponentes durante el siglo XVI, siendo escasos los ejemplares de principios del XVII. Estas piezas, -como ya hemos dicho- presentan unas hojas de gran longitud y cuya anchura máxima, oscila entre los 40-70 mm. En muchas ocasiones con uno ó varios canales que recorren los tercios fuertes rebajando de esta forma su peso a la vez que añadiendo rigidez. Una de las características más llamativas en estas grandes espadas, es la existencia –no en todos los casos- de una cruceta ó falsaguarda, situada en el tercio fuerte, y que tiene como misión, proporcionar un asimiento protegido, por delante de la cruz mejorando de esta manera el equilibrio del conjunto, en determinadas técnicas esgrimísticas. En otros casos, la existencia de un largo recazo suplirá la función de la mencionada cruceta. Seguirá manteniéndose la guarnición de cruz de gavilanes rectos, con la presencia ocasional de uno o dos puentes de guarda, adecuándose a las medidas y modas artísticas del momento, con empuñaduras no ya de dos manos, sino de hasta cuatro y cinco –si las hubiere-, y con grandes pomos para equilibrar todo el conjunto, que abandonando las formas discoidales, más comunes en el medievo, adoptarán formas esféricas, periformes, lobuladas etc. Más en la línea renacentista que nos ocupa. Aún con esto volvemos al hecho de tratarse de armas funcionales, con lo que rara vez excederán de los 3 Kg. de peso.

En la familia de los Montantes, existe una categoría que por sus peculiares características, merece especial atención, nos referimos, a los denominados “de Lansquenette” ó “Zweihänder Schlachtschwerter” (Espadas de batalla de dos manos) por haberlos hecho famosos esta variopinta tropa de soldados mercenarios. Se trata de grandes espadones de origen suizo y germánico, que presentan exageradas hojas de longitud y anchura mayores que las citadas anteriormente, existiendo muestras de más de dos metros de longitud total, pero también en algunos casos con menor grosor de sección. Estas grandes hojas no mantienen un canon específico mostrándose tan anárquicas en su construcción como el propio espíritu de sus propietarios. Abundando las formas flamígeras, las grandes crucetas en forma de media luna, etc. Con guarniciones de cruz recta, cuya factura es más parecida a obras de rejería que a protecciones propiamente dichas.

Estos espadones, estaban concebidos para su uso exclusivamente a pie y servían para abrir paso entre las formaciones de piqueros, en el contexto de un ejército moderno. A diferencia de sus antepasados medievales, aquí si podemos hablar de una espada para un cuerpo determinado de Infantería, en este caso los Lansquenettes. Obviamente, debido a su diseño y construcción, se trata de espadas más pesadas que sus antecesoras, pero insisto en que la mayoría de ellas nos sorprendería por su ligereza en función de su tamaño, pues como dice un gran amigo y colega nuestro “eran antiguos, pero no idiotas..”

Retrocediendo de nuevo al siglo XV, vamos a enlazar con otra rama en la evolución de nuestros espadones, Las grandes espadas escocesas, comúnmente denominadas “Claymore”, del gaélico “Claidheamh mòhr” o “Espada grande”. Esta tipología de espadones, se caracteriza principalmente por su arriaz de brazos caidos, hacia la hoja, formando un ángulo, así como los remates de los gavilanes, siendo los más conocidos, los de forma de trifoglio o tetrafoglio, -ya del siglo XVI-. Poseen una larga empuñadura que remata en grandes pomos del tipo discoidal. Las hojas tiene una longitud normalmente superior 110 cm. son de dos filos paralelos, presentando en muy determinadas ocasiones un ligero vaceo central. En siglos posteriores, sobre todo el XVIII, el nombre “Claymore”, se utilizará para designar –erroneamente- a prácticamente la totalidad de las espadas de producción escocesa, principalmente las de guarnición de farol “Baskethilted Broadswords”.

Existen otros tipos de espadones, mandobles, estoques y montantes, que debido a su carácter ceremonial, – en casos como la representación del poder real o eclesiástico-no vamos a tocar por el momento, en este grupo entrarían los Montantes y Mandobles de Ceremonia, Los Estoques Pontificios, etc

Como hemos podido apreciar, en esta pequeña introducción, la existencia de espadas de dos manos o mandobles, se puede situar en origen, en la primera mitad del siglo XIV, habiendo sufrido ciertos cambios morfológicos en función de su técnica de uso a lo largo del siglo XV, y culminando en los grandes exponentes del siglo XVI, a partir de los cuales, va a caer rapidamente en desuso, como consecuencia entre otras, del avance técnico del armamento de fuego, el cual modificará radicalmente las técnicas de combate en la guerra moderna, manteniéndose únicamente como espadas de tipo ceremonial. De esta forma entendemos que el término mandoble en su origen, agrupará todas las demás posibles acepciones, en cuanto a una espada de dos manos, independientemente de su datación o tipología, siendo el resto de los casos, como el Montante, el Estoque, y cualquier otro tipo de espada de dos manos, ejemplos muy concretos, destinados a un uso también muy concreto en virtud de su funcionalidad.

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La Espada Medieval

5, octubre, 2007 at 11:10 pm (Esgrima Antigua)

Por Óscar Torres Carrasco, de la AEEA.

Por la denominación de Espada Medieval nos referimos a la espada recta, de doble filo y empuñadura para una mano que se utilizó desde el siglo X hasta el XVI en todas sus variantes; El arma típica del caballero o el soldado medieval.

La espada medieval tuvo su origen, a grandes rasgos, en las espadas Vikingas, que a su vez fueron un desarrollo de las espadas Romanas y Celtas (el estudio detallado de ésta evolución es por supuesto mucho más complicado, y no pretende ser el objetivo de éste artículo, que es una mera aproximación) . Las espadas Vikingas tenían una morfología particular, en la cual se puede adivinar la forma inconfundible de la futura Espada Medieval en versión primitiva.

La espada Vikinga era un arma de hoja recta y ancha, doble filo, con ancho vaceo por ambos lados y con una punta poco aguda y en muchos casos directamente redonda, poco grosor de hoja y con los filos paralelos o con muy poco estrechamiento distal, lo que indica a las claras que estas espadas se usaban principalmente para cortar.
Su punto de equilibrio estaba a una distancia considerable de la guardia, lo que aumenta la inercia y potencia de sus golpes, pero dificulta recuperar el arma tras lanzar un ataque, por lo que esta espada se usaba siempre acompañada de un escudo para permitir al guerrero utilizar su arma únicamente para atacar y al mismo tiempo estar bien defendido. La guardia solía ser recta casi siempre, y bastante corta, de forma que apenas superaba su anchura la de la hoja por unos pocos centímetros, por lo que se deduce que estaba pensada más que para defender con efectividad la mano ante los cortes del enemigo, para evitar que ésta deslizase por la empuñadura hasta la hoja, y también para que no se aplastase en caso de chocar la mano contra el escudo de algún contrincante.
El pomo solía ser de formas lobuladas, y bajo él se situaba una contraguardia, que era una placa plana, parecida a la guardia pero del tamaño del pomo y situada al final de la empuñadura para evitar que la espada se escapase de la mano al usarla. Esta contraguardia estaba remachada al pomo, y éste a la espiga de la hoja. En realidad, precisamente era ésta contraguardia la que ejercía el papel principal del pomo (tope y contrapeso) pues los lóbulos añadidos a él generalmente eran huecos.
Aunque la metalurgia de los Vikingos era excelente, las hojas de sus espada nunca superaron los 75cm de longitud. El peso de estas armas estaba en torno a 900 gramos y kilo doscientos, y se usaron durante los siglos VII al IX.

Más tarde, en el siglo X, considerado el momento en el que desaparecen las tribus vikingas como tales, el diseño de la espada Vikinga deriva en el de la Espada Normanda, base desde la cual todos los pueblos Europeos desarrollarán los diferentes tipos de espadas medievales.
La Espada Normanda (Oakeshott tipo X) ya está dotada de una guardia más ancha y capaz de defender la mano del usuario con más efectividad, así como de servir como arma por sí misma, y una hoja más larga y puntiaguda que permite usar el arma tanto con cortes como con estocadas, aunque en este caso todavía predomina el ataque cortante. Los pomos tienen variedad de formas, siendo las más comunes la de Hongo (“boletus”), Nuez de Brasil, Sombrero de Obispo, o Disco.

La Espada Medieval típica (Oakeshott tipos Xa, XI, XII, XIII)tiene una hoja casi invariablemente recta y de doble filo, de perfil lenticular achatado y con acanaladuras en ambos lados para aligerarla sin restarle resistencia. La longitud de la hoja varía entre 70 y 85cm, y ya está dotada de una punta capaz de atravesar casi todas las armaduras de la época, salvo quizá las cotas de mallas remachadas. El punto de equilibrio se aproxima más a la guardia, haciendo más fácil y fluido su manejo, a pesar de que su masa se incrementa hasta alcanzar un peso de entre 900 gramos y 1,3 Kg, Las empuñaduras siguen siendo cortas y para acomodar una sola mano, y por tanto estas armas también se usan casi siempre (incluso en el caso de la caballería) acompañadas de un escudo. Sigue siendo una espada enormemente contundente, como demuestran diversos grabados y tapices de la época en las que se representan batallas y la efectividad de estas armas. También se han encontrado fosas comunes pertenecientes a batallas medievales en la que los esqueletos mostraban a las claras el tipo de horribles heridas que estas armas podían inflingir.

Como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, el desarrollo de las armas ha sido parejo al de las defensas, de modo que según avanza el medioevo, la forma de la espada evoluciona para tratar de contrarrestar el incremento en las defensas del guerrero profesional (que no del ocasional o forzoso, que se protegía como podía) y por tanto la forma de sus hojas deriva a un nuevo modelo en el que prima el poder dar fuertes estocadas antes que cortar. La cota de mallas se demuestra casi invulnerable ante los cortes de una espada, de modo que se desarrolla un tipo de hoja de forma triangular, ancha en la base y fina en la punta, con sección generalmente de diamante (4 mesas) y punta reforzada que permita atravesar esta defensa y reventar las anillas de las cotas de mallas (Oakeshott tipos XV, XVI y XVIIIa).
Estas espadas, más mazizas que los anteriores modelos, Suelen pesar algo más que las de perfil lenticular, pero la forma triangular de su hoja las suele hacer más fáciles y fluidas de manejar, puesto que al concentrarse la mayoría del peso en la zona más cercana a la empuñadura el punto de equilibrio está muy cercano a ésta, convirtiendo a estos modelos en los mejores en cuanto a manejabilidad. En este punto, existen ya muchos modelos de pomos, como los de disco, bola, cola de pescado, facetados, etc… y la longitud de las empuñaduras en algunos casos se incrementa hasta terminar por crear otro subtipo de espadas, las Bastardas.

En el siglo XIV aparecen las armaduras de Placas, magnífica defensa capaz de contrarrestar con efectividad casi cualquier ataque cortante, y muchos de los penetrantes, a menos que se acierte en una abertura entre las piezas, requiriendo de armas más potentes para ser combatida con cierta efectividad, de modo que el arma por excelencia del guerrero y el caballero deja de ser la Espada Medieval clásica, para pasar a ser la Espada de Mano y Media o Espada Bastarda, más poderosa y versátil, aparte del hacha de armas, la maza, y otras armas más resolutivas contra oponentes armados de Punta en Blanco.

La Espada Medieval ha defendido el honor de los caballeros durante 500 años…y no dejará de existir, sino que evolucionará a nuevas formas acordes con los nuevos tiempos en los que ya se usa la pólvora en el campo de batalla. Las Hojas tienden a estrecharse un poco, y casi siempre se dotan de poderosas puntas. Las guarniciones desarrollan numerosos apéndices que protegen la mano del soldado, ahora sin guantelete, como el guardanudillos, las anillas laterales, gavilanes, lazos, conchas, etcétera. La espada de guerra del renacimiento guarda similitudes respecto a la medieval en cuanto a función y uso, pero tanto ella como su esgrima se perfeccionarán aún más en los nuevos tiempos en los que los campos de batalla dejan de contemplar formaciones de arqueros y cargas de caballería, para pasar a los cuadros de picas, mangas de arcabuceros y artillería.

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La Espada de Mano y Media

5, octubre, 2007 at 11:08 pm (Esgrima Antigua)

Por Oscar Torres Carrasco, de la AEEA.

Las Espadas de Mano y Media, También conocidas como Espadas Bastardas, son una evolución de la Espada Medieval típica concebida para hacer frente al mayor grado de protección que conceden las armaduras. (Lórigas de malla en primer lugar, Arneses de platas o placas posteriormente)

Hay que empezar aclarando que dentro de la denominación de Espada de Mano y Media hay dos grandes clases diferenciadas. La primera variante es la de las armas protagonistas de éste articulo, de hoja larga y empuñadura para las dos manos que también se conocían como Espadas de Guerra o Espadas largas (Espées d`guerre, Grete sverdes, Longswords, Langeschwert, etc) y la segunda clase distingue a unas espadas con hojas más cortas, de alrededor de 80-85cm, y empuñadura para una mano y media, que eran las conocidas como espadas Bastardas. Todos estos nombres denominaban una serie de modelos de espadas con características y función similares, y las distinguen de las que se usaban a una mano, o de otros modelos que también se usaban a dos manos más grandes aún que las Mano y Media, como los Claymores escoceses, Montantes y Mandobles.

Estos últimos tipos de armas poseían una masa, peso y longitud que hacía necesario el uso de las dos manos para poder manejarse, mientras que las Espadas de Mano y Media podían usarse indistintamente con una sola mano o con las dos, al menos en teoría. Digo en teoría porque estos tipos de espada existieron durante varios siglos y con hojas de diferente forma, y en muchos casos el propio diseño del arma y su equilibrio pensado para potenciar la fuerza del corte, prácticamente impedían el uso fluido con una sola mano. Ya en el siglo XV, habiéndose generalizado las hojas más puntiagudas, en todos los manuales históricos en los que se enseña el manejo de estas armas puede verse que el empuñamiento es indistinto a una o dos manos (aunque con mucha preferencia por el agarre doble) y un nuevo tipo de agarre denominado a Media Espada (Mezza Spada, Halb Schwert) en el que se coloca una mano en la empuñadura y otra en el tercio fuerte o medio de la hoja, para facilitar la estocada y la lucha muy de cerca con armas de esta longitud y, generalmente, armadura.

Una Espada de Mano y Media es un arma de hoja recta y doble filo, cruz más amplia que en el caso de las Espadas Medievales a una mano y empuñadura que permite normalmente acomodar las dos manos. La longitud de las hojas suele estar entre los 85cm y los 105cm, y el arma mide en su totalidad entre 1,08 y 1,30m, situándose el peso entre el Kilo trescientos gramos y poco más de dos Kilos en determinados ejemplares destinados casi exclusivamente a usarse contra los arneses de placas. Los pomos solían tener forma de disco plano en las espadas más antiguas o de hojas claramente orientadas al corte sobre la estocada, y en forma de pera (piriformes), higo o cilindro facetado en las versiones posteriores puesto que, aparte de su función de contrapeso y sujeción, en estos casos deben servir para ampliar el agarre en la medida de lo posible y de forma cómoda, además de para impulsar las estocadas y facilitar una esgrima más fluida. La Empuñadura, siempre de perfil ovoidal, podía ser recta, más gruesa en su parte central o con forma de botella, que era la más usada. Las guardias solían ser básicamente rectas en sus principios, una simple barra de acero sin aristas, pero evidentemente existen infinidad de variaciones con arriaces curvos y adornados que se van complicando a medida que avanzamos en el tiempo. Al final del siglo XV y en el XVI se dotaba a las guarniciones de unos anillos laterales que protegían con mayor efectividad la mano del Guerrero, y otros anillos dispuestos encima de la cruz para proteger los dedos, pues en determinadas técnicas se podía poner alguno encima del arriaz, para un mayor control de la estocada, por ejemplo.

Sin embargo, fueron las hojas las que más cambiaron con el paso de los años, de exactamente la misma manera que sucedió con las espadas de una mano. La Espada de Mano y Media apareció tan pronto como el siglo XIII, y se continuó usando hasta principios de XVII, pero su época de esplendor fueron los Siglos XIV y XV. En el XIII se extendió su uso en toda Europa, normalmente acompañando a los caballeros, que seguían llevando al cinto la Espada a una Mano mientras portaban la Larga colgada de la silla del caballo (por esto mismo, en ocasiones se las denominó espadas de Arzón), hasta que, ya a principios del Siglo XIV, la Espada de Mano y Media sustituyó a la Espada Medieval como arma principal de los caballeros, y se generalizó su uso, despreciando a partir de ese momento el uso del escudo en favor de la protección que brindaban las cada vez más perfeccionadas armaduras. Durante todo este tiempo, y como antes decía, la hoja de las espadas evolucionó de forma paralela a las armas de una mano, y por los mismos motivos. En un principio estas armas tenían hojas que estaban diseñadas preferentemente para cortar, con una anchura respetable, que apenas disminuía hacia la punta, y una masa considerable que las dotaba junto a un último tercio de hoja muy afilado, de un enorme poder de corte y contundencia. ( Oakeshott tipo XIIIa).

Con la llegada de las armaduras de placas, se hizo más secundario el poder de corte a la vez que se hacía necesario un poder de penetración capaz de reventar las anillas de las cotas de mallas, y penetrar entre las placas de las corazas, por lo que las hojas se afinaron y se fabricaban con un perfil de diamante o romboidal (de cuatro mesas) o de hexágono achatado (de seis mesas) a diferencia del lenticular anterior. Las espadas seguían teniendo un fuerte y ancho recazo, pero la hoja se estrechaba a medida que transcurría hacia la punta, hasta acabar en una punta bastante estrecha y fina, muy aguda y rígida. (oakeshott tipos XV,XVI,XVII y XVIII). Este modelo de hojas hacía ganar agilidad y poder de penetración a la espada, mientras le restaba contundencia y poder de corte.
Éstas son las armas que nos encontramos reflejadas en los tratados de esgrima de Mano y Media, cuya amplitud de técnicas y movimientos se hace posible merced a la manejabilidad general y versatilidad de este tipo más evolucionado de espadas.

Más tarde, ya en los albores del siglo XVI, las Espadas bastardas se volvieron a dotar de hojas anchas y cortantes, al la vez que se perfeccionaban sus guarniciones para incrementar la protección de las manos, y todo esto a causa de la entrada en juego de la Pólvora.
Las armas de fuego terminaron por convertir en obsoleta la armadura, y por tanto ésta comenzó a escasear en el campo de batalla, al menos en sus modelos más completos, por lo que el soldado común se volvió a hacer más vulnerable ante un ataque cortante, al mismo tiempo que el atacante era más sensible a los golpes y pequeños cortes en las manos, razones ambas de ésta última evolución de la Espada de Mano y Media (Oakeshott tipo XIXa).
Se trata, de nuevo, de hojas bastante rígidas y pesadas, con un perfil de hexágono achatado (seis mesas) ,acanaladura muy estrecha y corta, sin pasar apenas del primer tercio de la hoja, y generalmente acompañada de otras dos situadas a los lados y de la longitud del recazo, solamente. Estas hojas apenas tienen estrechamiento distal, y son casi tan anchas en la punta como en la base, lo que indica, junto a su robusta arquitectura, que se las ha dotado de una contundente capacidad de corte.
Asimismo, como se mencionaba antes, los arriaces comienzan a complicarse, y verse dotados de anillas laterales para proteger la mano y anillas paralelas a la hoja para proteger los dedos que pudieran situarse en esta al empuñar el arma, aumentando el peso total del arma al mismo tiempo que salvaguardan las manos del esgrimidor. Lo últimos ejemplares de ésta longeva familia, fueron los más espectaculares, merced a la sempiterna evolución.

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Evolución de la espada hasta la Edad Media

17, abril, 2007 at 4:43 pm (Esgrima Antigua)

Artículo de Adolfo R. Bernalte Sánchez (AEEA).

 Los Inicios 

Desde el inicio de los tiempos, el hombre en su necesidad de defensa frente a fuerzas de índole superior, sin olvidar su propio afán de conquistas, ha ido desarrollando un tipo de armamento acorde con el momento histórico que vivía. De esta forma, y partiendo de las primeras piedras y garrotes de madera o hueso nos encontramos con un proceso evolutivo en cuanto al armamento ofensivo se refiere, que nos ha conducido a través de los siglos en la búsqueda, por un lado, de nuevos materiales cada vez más resistentes y duraderos que permitiesen la fabricación de mejores armas, y por otro lado, de un desarrollo morfológico que adecuase dichas armas a las necesidades conceptuales de cada periodo histórico.
El descubrimiento de los metales y su forma de trabajarlos, supuso un avance gigantesco en la incipiente industria armamentística, pudiéndose fabricar nuevos instrumentos de ataque y defensa, en un material a la vez más fácil de trabajar y por supuesto más duradero. El inicio de esta nueva etapa, surgiría con la obtención de cobre a partir del mineral, fabricándose primitivos utensilios, pero debido a su blandura en estado puro, se buscaron formas de endurecimiento, inicialmente mediante batido, y posteriormente mediante distintos aditamentos que añadidos conseguían que la pieza finalmente obtenida fuese más resistente. El desarrollo del horno metalúrgico, partiendo posiblemente de un horno de cerámica o de cocción de alimentos, iniciaría la producción en masa del armamento primitivo, al poder fundir los minerales existentes en la Edad del Bronce: plomo, cobre, estaño y por supuesto oro y plata. De esta forma con la obtención de nuevas aleaciones o con los metales en un estado semi puro, podrían conseguirse nuevas formas que ni el más experto tallista habría conseguido en piedra o hueso, sin olvidar que un arma de metal una vez rota era más fácil de restituir volviéndose a fundir, cosa imposible con la piedra.

La posibilidad de nuevas formas a partir de la fundición del metal, llevó a los primitivos armeros a desarrollar un modelo portátil de armamento que no ha dejado de evolucionar hasta nuestros días. Nos referimos por supuesto a la Espada, máximo exponente de la panoplia armamentística del guerrero y fiel acompañante a través de los siglos en toda suerte de contiendas. Desde el martilleo y batido del metal puro, pasando por las distintas innovaciones en materia de fundición, buscando nuevas aleaciones más fuertes y duraderas, hasta la forja y templado en la Edad de Oro de la espada renacentista y barroca, y finalmente los últimos modelos de espadas y sables fabricados mediante estampación, la espada ha sufrido un proceso evolutivo en su fabricación, forma, tamaño y técnica de uso, que vamos a ir analizando a lo largo de próximos capítulos.

La Edad del Bronce 

Con el fin de mostrar el proceso evolutivo de una forma clara y concisa, situaremos el origen de la espada como arma moderna en la Edad del Bronce. Las primeras espadas en metal fueron fabricadas en cobre, pero debido a la blandura del material en estado puro, los artesanos endurecieron las mismas mediante la técnica de batido y aditamentos como el arsénico, añadiendo estaño al cobre al inicio de la Edad del Bronce, y posteriormente plomo como segundo aditamento hacia el final de la citada edad, va a ir desarrollándose un tipo de aleación cada vez más resistente. Las primeras espadas de bronce obtenidas por fundición serían simples hojas afiladas, que se sujetarían a la empuñadura mediante una serie de remaches (Espadas de Remaches) resultando de ello un conjunto sumamente frágil que tendería a romperse por la unión de hoja y empuñadura al ser utilizada como arma de corte, dejando desarmado a su portador, posiblemente en el momento menos oportuno. Esta fragilidad debida a la unión de dos piezas distintas, fue subsanada con la fabricación de un nuevo modelo, en el cual la empuñadura era parte integrante de la hoja. De esta forma, a partir del nuevo conjunto más rígido y funcional, y por supuesto al continuo avance de las técnicas de fundición, se fueron adoptando espadas de hoja cada vez más largas y pesadas que aguantaban bastante bien el golpe contra el armamento enemigo. Llegamos entonces a la fundición de espadas enteras, a las que posteriormente se les añadiría unas piezas de diversos materiales, como el metal, el hueso o la madera, a modo de cachas, sujetas unas veces con remaches y otras mediante tiras de cuero conformando una empuñadura firme y resistente.

La necesidad de diferenciar estas dos partes (empuñadura y hoja), va a dar lugar al nacimiento de primitivas protecciones, en principio como simples apéndices que delimitaban el fin de la parte afilada o contundente, y por supuesto protegían la mano frente al deslizamiento de la hoja enemiga. En esta primera época nos encontramos con que las hojas van ganando en longitud debido en gran parte, a la mayor rigidez del conjunto, pero esta longitud deberá apoyarse en secciones demasiado gruesas, ó en su defecto, provistas de una nervadura central que recorrerá la hoja en sentido longitudinal. Al experimentar nuevas aleaciones cada vez más fuertes, la sección de la hoja irá disminuyendo en grosor volviéndose más plana, y ganando por supuesto en filo.

 La Edad del Hierro 

Evolución espadas Edad del Hierro

Con el descubrimiento del hierro empieza la segunda gran edad en la fabricación de armamento portátil. Los primeros en usar el nuevo metal para fabricar sus espadas fueron el imperio Hitita, quedando de manifiesto su superioridad frente al resto de los materiales como el cobre o el bronce, en sus interminables luchas contra los egipcios, con el desmembramiento de dicho imperio hacia el 1200 a.C. los secretos de su fabricación empiezan a difundirse por todo el oriente próximo, de esta forma, y usando como prototipos las antiguas espadas de bronce, se inicia hacia principios del siglo XI y finales del siglo IX a.C. la producción de nuevas espadas y dagas. Las más antiguas halladas son las de los valles altos de Luristán, región fronteriza entre los actuales Irán e Irak. Las empuñaduras de estas espadas, evolucionan a partir de los modelos anteriores en Bronce, en forma de espigas aplanadas a las que se sujetan unas cachas, para posteriormente añadir un pomo de forma discoidal aplanado.

En Europa la producción de espadas de hierro aparece de forma más tardía, siendo el yacimiento más antiguo que se conoce el de Hallstatt que data del siglo VIII a.C. y que da nombre a la primera edad del hierro. Este yacimiento, formado por una gran necrópolis situada en un valle de los Alpes (Tirol Austriaco) cerca de la aldea de las minas de Sal de Hallstatt, es de una gran riqueza técnica y artística; en él encontramos espadas de una gran longitud, hasta 140 cm. con ricas guarniciones realizadas en oro y marfil, así como espadas y dagas de menor tamaño (sobre 80) cm, correspondientes a un periodo posterior, lo que nos hace suponer que las espadas de gran longitud no podían aún apoyarse en una buena técnica de forja, por lo cual la tendencia vuelve a la espada más corta, confiando más en la resistencia del arma que en la distancia ganada en combate con algunos centímetros de más. Algunas de estas espadas, iban provistas de vainas de madera, forradas con una ligera lámina de oro y otras con vainas de bronce finamente cinceladas.
Sabiendo que el conocimiento del hierro surge en Oriente, es de suponer que su paso a Europa fuese a través del Mediterráneo, y de esta manera se tuviesen los primeros contactos en la Península Ibérica, antes incluso del descubrimiento de dicho metal en la misma. De esta primera edad existen pocas muestras en la Península, salvo en el noroeste, donde se encuentran algunos puñales de antenas correspondientes al último periodo Hallstatt, en los cuales las antenas suelen ser de bronce y el resto del arma de hierro. Esta tipología que toma su nombre por los apéndices situados en el extremo superior de la empuñadura (lo que muchos siglos después sería el pomo), continúa en las espadas de la segunda Edad del Hierro o de La Téne donde las antenas van a ir desapareciendo o atrofiándose pero manteniendo una ligera separación en su puño, en lo que en opinión de algunos historiadores evolucionará posteriormente hacia los denominados puñales de orejas.

En una segunda etapa, denominada La Téne II, va a aparecer en la península, un tipo de espada característica del guerrero ibérico, nos referimos como no, a la Falcata, espada ibérica por excelencia. Fiel compañera del guerrero de a pie y del jinete, se trata de una espada corta de unos 65 cm de longitud de hoja curvada y filo al interior de la misma y contrafilo en la punta, presentando un fuerte lomo; su empuñadura es parte de la hoja vuelta hacia la punta, formando un guardamanos, unas veces con forma de cabeza de ave y otras de cabeza de caballo. Su filo de forma cóncava con el centro de gravedad desplazado hacia la punta la convierte en un arma terrible que inspiró no pocos cambios en el equipamiento y tácticas del entonces poderosísimo ejército romano. Cita Polibio como los bordes de los escudos tuvieron que ser reforzados con metal, para aguantar el poder lacerante de la Falcata. Su origen no es muy claro y Homero en su Iliada narra como los guerreros griegos portaban un tipo de espada idéntica que aparece en muchas representaciones de época, sobre todo en cerámica, la denominada Machaira, evolución griega del Kopis oriental y que inspiró claramente nuestra Falcata.
La Edad Antigua 

El desarrollo de la espada como equipamiento básico del guerrero, no pasó desapercibido para la poderosa máquina de guerra romana, la cual armó a sus legiones con dos tipos de espada principalmente. El ejército romano compuesto básicamente por infantería, dependía en cierta manera de sus tropas aliadas para formar una caballería efectiva, organizándose ésta última a partir de tropas nativas que vestían y se armaban de forma propia. Durante la guerra de la Galia, Cesar levantó un fuerte cuerpo de caballería que usaba un tipo de espada larga que daría lugar más tarde a la denominada Spatha. Sobre el origen de ésta, existen varias teorías, siendo la más aceptada, que surja de la evolución de las espadas célticas del último periodo de La Tene III. Por el contrario la infantería, se dotaba de una espada más corta llamada Gladio, que se portaba en bandolera sobre el costado derecho. Originalmente estas espadas eran de punta roma, desarrollándose posteriormente una espada ancha de aguda punta triangular basada en la espada hispana, surge entonces el llamado Gladio Hispaniense, “Hispano punctim magis quam caesim adsueto petere hostem”. Escribiría Tito Livio en sus crónicas ponderando la agudeza de la espada hispana.
La Edad Media 

Evilución espadas medievales I

El declive de Roma y el incremento de importancia del Imperio Romano de Oriente, no trajeron en principio cambios sustanciales, en el diseño de las armas de corte. La espada romana de caballería Spatha, fue usada tiempo después de la caída del imperio, incluyéndose eventualmente en la panoplia armamentística del guerrero medieval. La historia de la espada hacia el siglo V es razonablemente fácil de establecer gracias a una serie de importantes yacimientos aparecidos en Kragehul Mose en Dinamarca y en Vendel en Suecia hacia mediados del pasado siglo XIX, donde aparecieron muestras de Gladios y Spathas de un periodo de unos cuatrocientos años, desde el siglo 1 d.C. hasta el siglo V d.C. Pero es a partir de la Alta Edad Media cuando el desarrollo de la espada y del armamento defensivo del guerrero, se inicia de forma paralela. Así, la antigua espada de la caballería romana, va a ir ganando en longitud convirtiéndose en un arma fuerte y pesada, ideal para el combate de corte, siendo la hoja y el pomo los componentes que más cambios sufren, una para adecuarse a las nuevas tácticas de combate y protecciones, y el otro, pieza clave que se encargará de equilibrar el conjunto. “Así en la manzana es toda la fortaleza, que es la virtud de la espada, ca en ella se sufre el mango y el arriaz y el fierro”. (Doctrinal de Caballeros Tit.III)

El armamento defensivo del guerrero a lo largo del siglo XI, consistía principalmente en un gran camisote de cota de malla, denominado Hauberk, fielmente descritos en el tapiz de Bayeux, magnífico documento de la batalla de Hasting en el año 1066. Las espadas representadas en dicho tapiz se caracterizan por su ancha hoja de doble filo, diseñada para cortar y tajar. La empuñadura de dichas espadas era corta, de una sola mano, a pesar de la tradición que cuenta cómo Harald Hardrada desdeñaba el uso del escudo para empuñar la espada con ambas manos. Muchas de las espadas de esta época fueron fabricadas en algunos centros europeos, y ocasionalmente, presentaban inscripciones con el nombre del espadero damasquinado en cobre o latón e incluso en oro y plata. El nombre INGELRI aparece en algunos de estos casos. El sistema de forja usado consistía en introducir una barra de hierro en el interior de una V de acero, soldando todo el conjunto a la calda; luego se retorcía mezclando ambos materiales y se volvía a martillar formando una pieza homogénea, la cual era carburizada para conseguir su dureza final, es decir, se calentaba en un fuego de carbón para que mediante absorción, se produjese una fina capa de material muy duro sobre todo en los filos. Este proceso se siguió usando en Europa hasta fines del siglo XI aproximadamente.
Desde fines del siglo VIII los armeros vikingos habían desarrollado una tecnología para fabricar hojas de un acero homogéneo, que igualaban o incluso superaban en calidad las producidas mediante el método descrito anteriormente. En las últimas hojas de esta tipología es corriente encontrar el nombre de ULFBERHT, atribuido a un armero o familia de armeros, posiblemente originarios de Rhineland (cerca de Solingen). El tipo de guarnición usado no varía prácticamente en Europa, predominando el estilo escandinavo, consistente en un gran pomo aplanado de tres o más lóbulos y una empuñadura formada por dos cachas de madera, hueso, asta, etc, que se fijaban mediante tiras de piel o cuero. La cruz de gavilanes suele ser corta, de brazos rectos o ligeramente caídos.

Hacia fines del siglo X y principios del XI la decoración encontrada en las hojas suele ser letras o patrones geométricos, en raras ocasiones aparece el nombre del armero, como por ejemplo LEOFRIC ME FEC (Leofric me hizo) o HLITER. Por otro lado, el tipo de pomo Trilobulado, va a ser sustituido en el norte y centro de Europa, por el denominado de “Nuez de Brasil”, apareciendo por primera vez hacia fines del siglo X, simultáneamente con el pomo en forma de disco plano probablemente originario de la zona sur. Este tipo discoidal llegará a ser muy popular durante la primera y segunda cruzadas (1096-99) (1147-49). La forma de la guarda también va a evolucionar, alargándose los gavilanes hasta formar una cruz recta, motivada en muchas ocasiones por el sentir religioso de la época.

A lo largo de todo este periodo la espada va a ser portada dentro de una funda suspendida del cinturón en el lado izquierdo, como puede apreciarse en el mencionado tapiz de Bayeux, y muchas de las representaciones escultóricas de la época. Esta vaina va a consistir principalmente en dos finas laminas de madera con la forma de la hoja, recubiertas de piel o cuero, con mayor o menor trabajo de decoración, en algunas ocasiones el interior de las mismas estaba recubierto de lana la cual prevenía en alguna manera la oxidación. En siglos posteriores este recubrimiento interior desaparecerá cambiándose por una apretada vaina de madera, que en algunos casos no iría suspendida directamente del cinturón sino de una nueva pieza denominada tahalí.
Una serie de cambios de índole sociocultural van a producirse en la mentalidad del hombre del siglo XII. En general, el armamento defensivo usado en Europa a lo largo del siglo XI va a seguir en uso durante gran parte del nuevo siglo. Después de la Era de los Normandos, y bajo las leyes de los nuevos monarcas, las reglas del caballero fueron reforzadas social y militarmente, dando lugar a una importante evolución tanto en la forma de pensar como de armarse del nuevo guerrero, basada en el espíritu de la cruzada. El desarrollo de la espada durante el siglo XII va a ir marcado por una serie de patrones establecidos durante el último cuarto del siglo XI. Morfológicamente la hoja de la espada va a ir ganando en longitud, a la vez que el ancho vacéo (que recorre la misma en sentido longitudinal hasta la punta) va a ir retrayéndose y estrechándose en algunas ocasiones, formando un canal que se extenderá hasta algo más de la mitad de la hoja. La guarnición de gavilanes rectos también ganará en longitud, y se seguirá usando el pomo de “Nuez de Brasil” y el discoidal aplanado, realizados principalmente en hierro y alguna vez en bronce, y de forma más rara en materiales más nobles como el cristal de roca, piedras semipreciosas o metales como el oro y la plata. En algunos casos incluso alojando reliquias de Tierra Santa traídas por los cruzados, como reflejan muchos romances medievales. Otra característica a tener en cuenta son las inscripciones de temática religiosa que van a proliferar en las hojas del siglo XII, así como los nombres de los artesanos, demostrando una vez más el sentir espiritual y religioso de los caballeros, los denominados “Hombres de Dios”. Es muy corriente encontrar frases como: HOMO DEI (Hombre de Dios), IN NOMINE DOMINI (En el Nombre de Dios), BENEDICTUS DEUS ME S (Bendito Dios mío), o incluso conjuntos de letras sin sentido aparente que formarían autenticas letanías: NEDRC NEDRU (Nomine Eterni Dei Regis Caeli/Universi). BOAC (Beati Omnipotensque Angeli Christi). El motivo de estas frases no era otro que la bendición del caballero y su espada en la lucha incansable por la defensa de la Fe verdadera. Asociadas a estas inscripciones empezamos a encontrar los nombres de algunos artesanos espaderos, que van a dar origen a determinadas tipologías como por ejemplo: IN NOMINE DOMINE/CICE LINE ME FECIT, en espadas encontradas en centroeuropa y sobre todo en Inglaterra.

En España son menos corrientes las espadas datadas entre los siglos XII y XIII con este tipo de inscripciones, dándose, sin embargo más comúnmente a partir del siglo XIV. No obstante poseemos una importante muestra en las espadas de Sancho IV de Castilla conservada en la catedral de Toledo, las de los hijos de Alfonso X el Sabio, el infante D. Juan de Tarifa, muerto en 1319, también conservada en la catedral de Toledo, y la del infante D. Fernando de la Cerda que se encuentra en el monasterio de las Huelgas en Burgos, o las espadas de Fernando III el Santo, conservada una en la catedral de Sevilla, y la otra denominada “Lobera” en la Real Armería de Madrid. La primera aparición del término Lobera, que según afirma Clonard en su discurso histórico sobre el traje de los españoles “No figura con aplicación a las armas en los léxicos españoles, se llevaba con el traje talar denominado Loba “, la menciona D. Fernando III de Castilla en su lecho de muerte al bendecir a su hijo menor el infante D. Manuel. “Otrosi: Pero non vos puedo dar heredad ninguna, mas dovos la mi espada Lobera, que es cosa de muy grand virtud, et con que me fizo Dios a mi mucho bien” (Tractado que fizo D. Juan Manuel de las armas que fueron dada a su padre el infante D. Manuel).

Evolución espadas medievales II
A partir del siglo XIV la espada medieval va a conseguir su máximo desarrollo que culminará en los ejemplares del siglo XV. La hoja perderá progresivamente el paralelismo de sus filos, adoptando la forma de un largo triángulo isósceles de punta muy aguda, a la vez que el canal o vacéo irá menguando hasta desaparecer, formando robustísimas secciones romboidales con filos a dos mesas. Este fortalecimiento de las hojas, unido a los refuerzos de placas de los nuevos arneses y armaduras, propiciará el uso cada vez más extendido de la punta de la espada frente al filo. Surge así la era de los Estoques. Por su parte, la empuñadura va a mantener la cruz simple de gavilanes ligeramente caídos hacia la hoja. Los puños de una o dos manos empezarán a alternar el sistema tradicional de dos cachas recubiertas por un puño entero, también recubierto, que se introducirá por la espiga de la hoja y se afianzará con el pomo, los cuales ganarán en tamaño y peso, manteniéndose la forma discoidal con pequeñas diferencias.
Como hemos dicho anteriormente, el desarrollo del nuevo armamento defensivo, una vez abandonado el antiguo Hauberk de cota de malla, consistirá en el añadido progresivo de placas de metal, hasta ir formando un sólido conjunto articulado denominado arnés ó comúnmente armadura. Este nuevo concepto de protección va a requerir de una nueva técnica de uso de la espada, ya que las antiguas hojas pensadas para cortar y tajar van a resultar poco efectivas ante la nueva protección. El desarrollo del Estoque será la solución, concentrando toda la energía del golpe en una aguda punta capaz de reventar, y en determinadas ocasiones atravesar, las placas de defensa que constituyen el arnés. Surge de esta necesidad una técnica esgrimista que combinará el uso de la punta por un lado y del golpe de filo por otro, apoyándose en la todavía robusta sección y considerable peso de las hojas. La era de los Estoques tendrá sus máximos exponentes en los ejemplares de los siglos XV y XVI, estos últimos con muy pocas variaciones morfológicas frente a sus predecesores. Las hojas ganarán en longitud, superando los 120 centímetros y volverán a acanalarse en su primer tercio, con uno, dos e incluso tres canales que restarán peso al conjunto y ganará en rigidez. Las empuñaduras también ganarán en longitud, adecuándose para el uso con una o dos manos, y los pomos abandonarán el modelo discoidal para adoptar la forma facetada de pirámide truncada, o de pera (periformes).
Paralelamente a este desarrollo, y propiciado por el cada vez más extendido uso de la punta para dar estocadas, encontramos hojas en las cuales el inicio o talón de la misma carece de filo, lo que en siglos posteriores se denominará recazo, con el fin de permitir la colocación del dedo índice de la mano, ganando de esta forma en precisión a la hora de golpear de estocada. Esta nueva técnica surgida hacia mediados finales del siglo XV, va a dar lugar a uno de los cambios más importantes en la guarnición de la espada medieval.

Evolución espadas medievales III
La cruz de gavilanes rectos que durante siglos había resultado eficaz a la hora de parar los golpes de tajo, endientes y reveses, se mostraba inadecuada desde el momento en que el mencionado dedo del caballero se colocaba por delante de la protección con el fin de dirigir la punta. Surgen de esta forma las primeras protecciones añadidas a la cruz, inicialmente en forma de pequeño apéndice que protegerá el dedo, y dará lugar posteriormente a los denominados bigotes tan característicos de las guarniciones españolas de pitones en espadas como la de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, o la denominada de armas de la Reina Isabel la Católica, conservadas ambas en la Real Armería de Madrid, o la firmada por el espadero CATHALDO, en el Instituto de Valencia de Don Juan, también en Madrid.

A partir de este momento, la guarnición de cruz recta que ofreció protección a la mano de guerreros y caballeros durante cerca de seiscientos años, cedía su lugar a las nuevas técnicas y corrientes renacentistas, la Edad Media había finalizado.

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Tipos de Esgrima

21, marzo, 2007 at 3:23 pm (Esgrima Antigua)

Artículo de Óscar Torres Carrasco (AEEA).

Lo cierto es que, sin salirnos de las disciplinas puramente occidentales ni entrar en las orientales, existen algunas clases o tipos diferenciados de esgrima con los que alguien neófito o que busque referencias para aprender el arte de la espada puede encontrarse. Estas disciplinas son bastante diferentes entre sí, pero sin embargo es común que se las confunda entre ellas, o se dote a alguna de propiedades que no posee, resultando esto en una mayor confusión de quien busca la que le atrae más, o el desencanto de quien ya ha empezado a practicar algún estilo y no responde a sus expectativas.
Cuando a una persona profana en la materia se le menciona la esgrima, se piensa que se le está hablando de esgrima deportiva, y si luego le mencionamos alguna de las otras variantes existentes, lo normal es que pongan cara de póker. Es decir, ni idea. También es normal que nos llamen o escriban personas que nos preguntan si con lo que han aprendido viéndose las películas de la saga de los inmortales les valdría…
Para despejar éstas y otras dudas que puedan surgir, voy a enumerar los diferentes estilos de esgrima occidental que podemos encontrar en nuestro país, con sus diferencias más destacadas.
ESGRIMA DEPORTIVA.
Esgrima deportiva
Comenzaremos con la más conocida. La Esgrima deportiva es uno de los primeros deportes que se admitieron en las modernas Olimpiadas. Su práctica exige estar dotado de pericia, astucia, rapidez, precisión y buena forma física, siendo uno de los deportes más prestigiosos y elitistas.
La Esgrima Deportiva está dotada de una reglamentación detallada, en la que se describen todas las normas y variantes posibles que se admiten en este deporte. Se pueden usar tres armas diferentes: Florete, Espada y Sable, y en cada una de ellas tendremos una reglamentación particular. Las dos primeras armas exigen que el tocado se haga con la punta, mientras que el sable permite tocar con el filo. En Florete sólo es blanco válido el tronco del adversario, en Sable toda la parte superior del cuerpo, y en Espada todo el cuerpo. Los asaltos se suceden en una pista delimitada, de 18 metros de largo por 2 de ancho, y el ganador es quien consigue el primero 15 tocados. Las acciones posibles con las armas están limitadas, y están prohibidas cosas como utilizar el segundo brazo para cubrirse o agarrar el arma del contrario. Debido a las características de la pista y la rapidez de las armas, los movimientos de los tiradores son necesariamente lineales, y está penalizado salirse del “terreno de juego”. Las armas, asimismo, están reglamentadas, y sus dimensiones y peso son respectivamente: Florete-90cm de hoja y 500gr de peso máximo, Espada-90cm de hoja y 770gr de peso máximo, y Sable, 88cm de hoja y 500gr de peso máximo. Las protecciones que se usan también están sujetas a reglamento, y consisten en una careta metálica, un traje de algodón prensado o tejido elástico acolchado, un guante acolchado y un peto que se lleva debajo de la chaquetilla.
Por todo lo anterior podemos ver que en este caso, y como su propio nombre indica, la esgrima se ha visto reducida a un deporte,(aunque sus normas se pensaron para intentar imitar un duelo real) viendo sustituido en este caso su antiguo carácter militar por el espíritu de la competición. Este es, por otra parte, uno de los pocos casos en los que los tiradores podrán competir continuamente entre ellos y en campeonatos, incitándose el espíritu de superación y resultando también uno de los casos más divertidos y entretenidos.
ESGRIMA TEATRAL O ESCÉNICA.
Esgrima escénica
La Esgrima Teatral es una modalidad pensada evidentemente para dar espectáculo. En este caso, no hay unas normas rígidas establecidas, y por tanto existen muchas variaciones sobre el tema, así como mucha variedad en las armas que pueden trabajarse.
La Esgrima Teatral es la que vemos en las películas, teleseries, obras de Teatro, representaciones históricas, espectáculos medievales o renacentistas, etc. y suele consistir en conseguir hacer de un duelo a espada un espectáculo.
En la Esgrima Teatral la variedad es la norma. Se pueden tener que representar desde combates con espadas medievales a una mano y escudo, a peleas con sables láser, pasando por espadas de todas las épocas, o armas ficticias, como hachas descomunales o espadas de seres monstruosos. En esta variante, suele haber grupos especializados en determinadas armas, y gente que, partiendo de unas mismas bases, se adapta a cualquier cosa y es capaz de montar un espectáculo aparente con lo que les echen. Es decir, si no existe un estilo de esgrima que se adapte a lo que les piden, se lo inventan.
Evidentemente no se busca la efectividad, y normalmente los movimientos asociados a la Esgrima Teatral suelen estar alejados de la realidad de un combate, en aras de la espectacularidad. Aquí son habituales los largos intercambios de golpes, los desarmes con volatines, los molinetes y volteretas, los saltos y caídas, las patadas, el enzarzarse en luchas cerradas, o hacer que el protagonista venza él solito a cuantos enemigos se le crucen por delante, sin importar su número.
La Esgrima Teatral se aprende en compañías y escuelas de Teatro, donde además es una “asignatura” obligatoria para cualquiera que aspire a protagonizar una obra. También se puede aprender por libre, y existen de hecho algunos vídeos sobre el tema. Hay, como es de imaginar, auténticos profesionales y especialistas en el tema.
Existen competiciones donde se juzga la calidad de la factura, el vestuario y la coreografía. El equipamiento que se lleva es el que corresponda a la escena a interpretar, es decir, que lo mismo toca llevar armadura que ir a pelo. Las armas usadas en las escenas, por su parte, nunca son reales, sino de aluminio, madera o hasta bambú pintado.
Otro aspecto que caracteriza a este tipo de esgrima es el control, pues al contrario que en un combate real no se pretende acabar con el adversario, sólo aparentarlo.
Al igual que el Teatro mismo, la Esgrima Teatral es muy antigua. Los Gladiadores Romanos muchas veces luchaban sin intención de acabar con el contrario, por ejemplo.
ESGRIMA S.C.A.
Esgrima SCA
En este caso particular en realidad no cabría aplicar la designación de Esgrima tal y como la entendemos, y sí más bien la de deporte de contacto.
La SCA, o Sociedad para el Anacronismo Creativo, es una organización con presencia a nivel mundial, pero que aún está muy poco arraigada en España.
La SCA se trata de recrear en lo posible una serie de aspectos de la vida medieval o renacentista (depende del grupo) y por ello practican o intentan rescatar diversas artes como, entre otras, la cocina, la iluminación de libros, el vestido de la época y, la más famosa, espectacular y divertida, la lucha con diversas armas blancas. La SCA contempla 3 estilos de combate; Rapier (espada ropera), Sidesword (espadas de punta/corte) y el más famoso, antiguo y característico, el Combate Pesado.
Para tratar de recrear el espíritu del combate lo más fielmente posible, se ha optado por una manera bastante brutal de entender los enfrentamientos, acorde a cómo debían ser en la realidad: Se combate siempre con bastones de Madera o Caña de Manila (Rattan) pesados y mazizos, simulando con ellos toda clase de armas, desde dagas a lanzas, pasando por espadas, mazas, etc… El Combate es a pleno contacto, es decir, a viva fuerza, y para poder participar en sus duelos, torneos y batallas (que de todo hacen) son obligatorias una serie de protecciones muy recias para evitar lesiones. Para el combate existen ciertas reglas y prohibiciones, así como para las protecciones y las armas, que tienen que superar una serie de características para considerarse válidas.
Como es de imaginar, la esgrima que usan es una adaptación de la auténtica, pero muy simplificada necesariamente al usarse palos redondos en lugar de armas auténticas, y estar vetadas determinadas acciones. Existen algunos manuales de uso de diversas armas, inspirados generalmente en parte en manuales auténticos de esgrima y en parte en la propia experiencia, que pueden consultarse en Internet. Muy divertido en todo caso, si a uno le gusta combatir, y una forma de probar un combate a plena fuerza.
ESGRIMA CLÁSICA.
Esgrima clásica
Se suele denominar esgrima clásica a los estilos de esgrima, normalmente usados en duelo, practicados en el siglo XVIII-XIX con diversas armas, como pueden ser el Florete, Espadín, Sable de duelo (diferente del de guerra) o incluso el bastón-estoque.
No existe reglamentación sobre las armas o el terreno para el combate, salvo las dictadas para la ocasión de mutuo acuerdo en caso de duelo. Las armas con las que se entrena son de acero, prácticamente idénticas a las usadas para el enfrentamiento real salvo por la carencia de filos o puntas.
Aunque evidentemente los duelos están prohibidos se sigue practicando esta disciplina en algunas pocas escuelas diseminadas por todo el mundo. Existen algunos Maestros que han aprendido este arte por medio de otros Maestros con línea generacional de aprendizaje hasta el siglo XVIII, por lo que en los pocos lugares en los que se practica se conserva perfectamente el estilo, que no se ha perdido como otros.
La terminología utilizada para cada estilo puede ser la autóctona de cada país (española, italiana, alemana…) o la más extendida, la francesa, adoptada también generalmente para la Esgrima Deportiva, que desciende de este estilo.
Al tratarse, como se mencionó, de una escuela principalmente de Duelo, sus normas y tretas están muy imbuidas del sentido del honor normalmente asociado a estos enfrentamientos, y no se asemejan a la esgrima más práctica utilizada en la defensa personal, o en batalla salvo, quizá, la enseñanza del Bastón-Estoque.
Aunque no existe limitación alguna respecto al espacio en el que se puede celebrar el combate, o los tipos de desplazamiento disponibles, los combates suelen ser muy lineales, similares a los de la Esgrima Deportiva, a consecuencia principalmente de la ligereza y rapidez de las armas utilizadas, que no permite el intentar una esquiva circular ante un ataque ante la casi certeza de verse ensartado antes de lograrla.
El equipamiento utilizado suele ser similar al de la esgrima deportiva, con la posible adicción de un peto o plastrón que cubra el cuerpo antes las recias estocadas o cuchilladas que puede propinar un sable.
ESGRIMA HISTÓRICA.
Esgrima antigua o histórica

La Esgrima Histórica consiste en la reconstrucción de las técnicas de esgrima con diferentes tipos de espada, siempre basándose en alguna documentación fiable disponible además de en la propia biomecánica del arma (la, digamos, forma de moverse y usarse que impone cada tipo de espada) y tratando de ser lo más exacto posible en todos los aspectos al original: Armas, entrenamiento, principios, estrategia, desplazamientos, etc.
Todas las escuelas de Esgrima Histórica reconstruyen las técnicas (con más o menos acierto) pues la línea de aprendizaje se cortó, y no quedan Maestros que hayan resguardado estos estilos, siendo los que se acercan posiblemente a la interpretación más correcta los de Esgrima Clásica, cuyos estilos guardan bastantes semejanzas con los más antiguos, y les permiten interpretar los antiguos tratados desde una visión más cercana que los profanos o los expertos en Esgrima moderna Deportiva.
En la Esgrima Histórica se utilizan espadas lo más semejantes posibles a las originales, difiriendo en éstas sobre todo en lo referente a la seguridad, pues sus diseños están condicionados a poderlas emplear habitualmente sin provocar lesiones en lo posible.
El equipamiento de seguridad suele ser muy variopinto, pues por la naturaleza de las armas empleadas se necesita un mayor nivel de protección que otras disciplinas (salvo la SCA) pero al mismo tiempo se suele buscar que sea lo menos prohibitivo posible para facilitar el acceso a la disciplina a personas de toda condición, por lo que se pueden encontrar desde protecciones de otra disciplinas deportivas o hechas artesanalmente, hasta armaduras completas hechas a medida, en una situación que no deja de guardar cierta similitud con los ejércitos medievales.
Esta disciplina requiere de mucha dedicación y estudio, pues como se comentó se trata de revivir escuelas ya olvidadas tratando de no caer en errores de interpretación, lo que indefectiblemente exige de largas sesiones de estudio, experimentación y pruebas prácticas hasta llegar a la conclusión más correcta y efectiva.
Por esta razón existen palpables diferencias de nivel entre las diversas escuelas de Esgrima Histórica, que corresponden directamente al grado de evolución y profundidad al que hayan llegado sus integrantes en el estudio y la práctica de sus diferentes estilos.
En la Esgrima Histórica existe una enriquecedora variedad, pues son muchas las diferentes disciplinas practicadas a lo largo y ancho del mundo, como por ejemplo La espada Ropera (con y sin daga, con capa, escuela Española, Italiana, etc), la de Mano y Media (escuelas Alemana e Italiana) la espada de Lazo, la de Farol, el Sable, la espada Medieval a una mano, el Montante, etc.
No existen unas reglas escritas para el combate en esta disciplina, ni por supuesto limitaciones en cuando a espacio, blancos disponibles y demás, y los esgrimistas suelen combatir con honestidad, sin sobrepasarse con el adversario ni atacar partes vulnerables adrede.
Espero que esta pequeña reseña sirva para aclarar las dudas que pudieran existir al respecto. Para otras consultas siempre nos podéis preguntar en el foro, donde se puede hablar de casi todo menos de fútbol…

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Entrenamientos con Mano y Media

12, noviembre, 2006 at 1:11 pm (Esgrima Antigua)

Paseando por YouTube nos encontramos con este vídeo de un grupo alemán de esgrima antigua donde se ven técnicas de combate con espadas de mano y media, o espada larga. A mí me parece muy bueno (mi novio ya lo colgó en su blog), así que también lo pongo por aquí para ambientar un poco y luego sigo con lo que iba a decir.
Pues nada, que ahora que por fin nos hemos vuelto a las tierras galaicas, estamos montando un grupo de esgrima antigua (en principio sería para empezar con mano y media, y si hay gente interesada, también con ropera) en la zona de Coruña -también tenemos apuntado a un chico de la zona de Santiago, que no queda muy lejos. Así que si hay más interesados (por ahora creo que somos siete) que avisen por aquí por mail, que serán bien recibidos.
Por supuesto, serán entrenamientos serios, con programa de ejercicios, luego con el tiempo tal vez formemos una Asociación, que siempre ayuda a conseguir sitio para entrenar y es un buen llamamiento a más gente interesada.

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Para muestra un botón.

29, mayo, 2006 at 10:49 pm (Esgrima Antigua)

Ala, ahora que ya sé cómo poner vídeos en YouTube os dejo uno de Nájera con Dani y Alfonso haciendo prácticas en Nájera. Espero que os guste. Eso sí, la calidad del vídeo no es que sea muy buena, está hecho con una cámara de fotos.

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Fiestas del ACTUR: tarde medieval en el parque.

28, mayo, 2006 at 9:14 pm (Esgrima Antigua)

Esta vez no hemos ido a ningún sitio, ha sido en un barrio aquí en Zaragoza. Os dejo algunas fotos de lo que ha dado de sí la tarde.

A Herny le tocó el papel de sufridor caballero armado: le pusieron toda la armadura y luego combatió con Alfonso un rato. Claro, al final, con los casi 40 grados del día de hoy, terminaron achicharrados.

Ésta es del segundo combate que hicieron, en el que Herny se sacó la coraza y Alfonso usó un broquel (un tipo de rodela).

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Feria Mudéjar de Muel

22, mayo, 2006 at 1:30 pm (Esgrima Antigua)

Ala, para que Clementine no me mate por no haber puesto nada aún, os dejo algunas fotos. La feria fue una feria normal, con un desfile de CAMARA y luego hicieron tiro con arco (en donde yo fui la que tuvo mejor puntería de la gente que conozco, y hay quienes me deben unas cervezas y no me las quieren pagar, ¡serán caras!).

Aquí el desfile llegando hasta el palacio del Señor de Muel (que en vez de ser el alcalde, acabó siendo Dani).

Dani de Señor de Muel, dando el pregón de bienvenida y apertura del mercado. También se ve a la chica con zancos, eran un grupo en el que iban unos vestidos de bufones y otros en zancos (luego nos los encontramos comiendo en el parque al que fuimos nosotros a comer). He de decir que por culpa de la zancuda no podía sacar bien las fotos porque se me metía en medio a propósito, la jodida.













Aquí uno de los bufones posando amablemente (en realidad se me metían a posar en medio cuando intentaba sacar una foto a los chicos de CAMARA).

Otra fotillo del grupo en la que se puede ver más o menos a la gente.

Otra foto del grupo cuando estaban yéndose tras el pregón. No se les ve muy bien, ¡qué le vamos a hacer!

Aquí Herny recibiendo flechazos de todos los de CAMARA (a ver si le quitaba alguien el sombrero, tengo la foto de cuando le dieron, pero es peor que ésta, así que no la pongo, además ésta tiene más gracia) después de que hubiera la sesión de tiro con arco para los niños y mayores que quisieran (ahí es donde yo he ganado unas cervezas que no me quieren pagar, los jodidos).

Y aquí yo con cota de mallas (que en realidad parece que llevo un camisón de mallas). La cota, como todo lo que se usa, es de verdad, pesa entre 25 y 30 kilos, y a mí me dejó marcas en los hombros, eso que sólo la llevé puesta cinco minutos para sacarme las fotos (sí, tengo más, pero no las voy a poner).

También me compré un licor de moras artesanal que está más bueno que el pan, oye. Una pena que eso no lo podáis probar.

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Mitos y Falsedades sobre Espadas y Armaduras (VI y último)

13, mayo, 2006 at 10:38 pm (Esgrima Antigua)

Bueno, y con este llegamos al último de los posts que pondré sobre el tema.

LAS ARMADURAS DE JUSTA
Este caso está relacionado con el anterior, y nuevamente el peso es el protagonista del mito. Existían unas armaduras, llamadas de justa, que se construían expresamente para los torneos, y que en efecto pesaban bastante más de lo habitual. En los torneos, los caballeros podían combatir con espada, hacha o maza, y en este caso se ponían una armadura de combate normal, pero también se podía justar con lanza, lanzándose unos contra otros a lomos de sus caballos para intentar descabalgar al rival de un golpe directo, y esto requería una armadura reforzada que pudiese aguantar tales embestidas. En las justas con lanza, sólo eran zonas válidas para golpear la cabeza y el tronco , y por tanto las armaduras de justa consistían en un casco muy pesado y reforzado que se unía a una coraza el doble de gruesa de lo normal, y una espinillera-rodillera también reforzada, amén de un guantelete en forma de escudo para desviar el golpe a otras zonas. Estas piezas por sí solas pesaban tanto como una armadura completa de combate (sólo el casco pesaba 10 kilos) porque como he dicho debían aguantar el impacto producido por los dos caballeros a la carrera, pero evidentemente se usaban únicamente para estas ocasiones y es absurdo pensar que un caballero podía llevarla a la guerra.

LOS PELIGROS DE LOS TORNEOS
Los torneos, como sabemos, eran festejos en los que los caballeros probaban su valentía y habilidad en tiempos de paz midiéndose con otros caballeros en justas y combates cuerpo a cuerpo. La creencia popular es que estas fiestas eran vistas con buenos ojos por todo el mundo, pues el pueblo llano podía disfrutar del espectáculo y la magnificiencia de los caballeros pertrechados con sus resplandecientes armaduras luchando entre ellos, y los reyes y señores feudales consideraban que era un buen entrenamiento para sus guerreros cuando no había guerras de por medio. Tampoco es esto totalmente cierto, pues si bien era cierto que las gentes disfrutaban de los torneos como si de festejos nacionales se tratara, muchos de los señores de estos caballeros mas que nada los temían, y en consecuencia lo cierto es que los torneos estuvieron prohibidos en casi toda Europa durante muchas decenas de años, de forma intermitente, y algunos de los que se celebraron lo hicieron de forma ilegal. Hay que entender que un caballero es sobre todo algo muy caro. Aparte de que para ser caballero se tenía que haber superado un aprendizaje previo de varios años, hay que sumarle a esto el coste de las armas, las armaduras, la cría y entrenamiento de los caballos, la armadura del caballo, los pajes, escuderos y heraldos, y todo lo que rodeaba al caballero y que acababa teniendo un coste altísimo. Todo esto se podía perder absurdamente en un torneo sin haberlo utilizado nunca en la práctica de ninguna batalla, pues los torneos eran muy peligrosos y prácticamente siempre fallecía algún caballero. En un torneo celebrado en la ciudad alemana de Neuss , parece ser que murieron 80 caballeros, según algunos de asfixia, y según otros por la violencia de los combates. Además, una regla de los torneos de los siglos XII y XIII señalaba que el guerrero que derribara a un caballero tenía derecho a quedarse con su caballo, su armadura y pedir rescate por él. Esto representaba un dineral, y mucho caballeros fueron a la ruina por competir en los torneos, mientras muchos otros tenían a sus vasallos exprimidos a impuestos para pagarse la afición a las justas.En resumen, que en los torneos un caballero casi tenía más posibilidades de sucumbir o arruinarse que en una batalla real, y esto desde luego significaba un despilfarro de dinero y fuerza militar que algunos señores no estaban dispuestos a admitir en sus dominios.

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Mitos y Falsedades sobre Espadas y Armaduras (V)

12, mayo, 2006 at 11:51 pm (Esgrima Antigua)

Pasamos ahora a la parte de armaduras (y sólo quedará una última parte, sobre armaduras y justas).

LAS ARMADURAS
En torno a las armaduras medievales giran normalmente dos mitos: Su peso y la movilidad; Es decir, la creencia general es que las armaduras pesaban tanto y eran tan engorrosas que el caballero o guerrero de turno apenas si podía moverse, y si tenía la desgracia de caer al suelo ya no podría levantarse. Gran parte de la culpa en este tema la tiene la película “un americano en la corte del Rey Arturo” en la que se podía ver que a los caballeros los tenían que alzar mediante unas grúas con poleas para subirlos en los caballos. Bien, para comenzar, todos sabemos que existen varios tipos de armadura, como por ejemplo la cota de malla, la armadura de cuero endurecido, la brigantina, la coraza, etc… Como norma general, estas armaduras son metálicas, lo que implica necesariamente que pesarán un buen número de kilos, y algunas son rígidas, lo que significa que impedirán la total libertad de movimientos de su portador, pero de ahí a pensar que no se podrá mover media un abismo. Como cualquiera puede imaginar, una armadura sirve para protegerse, ya sea de los tajos de las armas, ya sea de las flechas, ya de los golpes aplastantes, y a ser posible de todos ellos, de modo que si se piensa un poco es bastante absurdo llegar a la conclusión de que las armaduras no permitían moverse al guerrero, pues de ser eso cierto, en lugar de una protección sería una trampa mortal, y absolutamente nadie con dos dedos de frente las usaría. Con respecto a la libertad de movimientos cabe exactamente el mismo comentario. Las cotas de malla venían a pesar entre 14 y 20 kilos, y son un tipo de armadura extremadamente flexible, que se adapta al cuerpo del usuario y no le impide ningún movimiento por amplio o complicado que sea. Casi todo su peso descansa sobre los hombros del guerrero, y ahí reside su mayor incomodidad, pues cansaban la espalda hasta que uno se acostumbraba, claro. Eran efectivas para detener los tajos de casi cualquier arma (no se abrían al primer golpe Como se suele ver en las películas) y las cotas remachadas podían parar casi cualquier flecha, con la excepción de las de los arcos largos y las ballestas. Su mayor defecto es que no reducen los efectos aplastantes de las armas contundentes, y llevarse un espadazo de lleno podía significar la rotura del hueso, aunque no se sufriera el corte.Las armaduras de placas, o Arnés Blanco, que se usaban ya en el siglo XV y principios del XVI, es decir, las más completas, venían a pesar unos 35 kilos. Ese era también el peso de las mochilas de los soldados de la primera guerra mundial, y todos hemos visto que con ellas a cuestas caminaban y corrían. Además, la mochila carga su peso sobre los hombros, igual que la cota de mallas, pero la coraza está repartida por todo el cuerpo, resultando mucho más llevadera. Las corazas eran una impresionante obra de ingeniería medieval repleta de detalles que tenían como fin desviar los golpes de las armas desde donde vinieran, y a la vez permitir la mayor movilidad posible al usuario. En efecto, con una coraza puesta se puede uno mover perfectamente, y tan sólo se verá constreñido para algunas posturas extremas que no se solían adoptar mientras se lucha. Con una coraza se puede pelear, correr, cabalgar y lo que hiciera falta, y por supuesto se puede uno subir normalmente al caballo y levantarse si se cae. Como detalle revelador, podemos comprobar que lo que acabó convirtiendo a los escudos en obsoletos fue precisamente la armadura de placas, y podemos estar seguros de que eso no habría sucedido si ésta no fuese extremadamente efectiva. Evidentemente, un guerrero luchando con una armadura se cansará antes que uno que no la lleve, pero irá mucho mejor protegido y tendrá más posibilidades de sobrevivir que el otro. El auténtico defecto de las armaduras es el calor. Cualquier armadura y su correspondiente acolchado interno producen un calor considerable, que viene muy bien en invierno, pero que podía ser asfixiante en verano, más teniendo en cuenta que el metal se recalienta con el sol. Por eso los soldados y caballeros usaban sobrevestas y gualdrapas, para impedir que el sol incidiera directamente sobre el metal de sus armaduras

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Mitos y Falsedades sobre Espadas y Armaduras (IV)

12, mayo, 2006 at 3:23 pm (Esgrima Antigua)

Continúo con el artículo, que aún le queda un poco más (toda la parte de armaduras, por ejemplo).

COMBATES INTERMINABLES
Estamos hartos de ver películas en las que los protagonistas se enzarzan en combates a espada que consisten en una larga serie de golpes, paradas y contragolpes que se resuelven al cuarto de hora cuando el malvado de turno, tras haber dedicado una perorata al héroe sobre sus planes de futuro, lanza un ataque clarísimo y muy lento, que el héroe aprovecha para despacharlo de la misma manera que lo podía haber hecho a los cinco segundos de empezar la pelea. Como en otras ocasiones, también se ha aceptado esta manera de “combatir” como cierta. En la vida real, lo primero, no se charla con el contrincante, segundo, se aprovechan todas las oportunidades, no como en las películas en las que se ven decenas de puntos abiertos por donde atacar sin que ninguno de los “guerreros” los aprovechen. Si tú no aprovechas una abertura de ésas, tu adversario sí lo hará. Para que nos hagamos una idea más certera de qué es un combate a espada auténtico, diremos que en la realidad la media de tiempo que dura un combate es de unos 4 segundos, más o menos, y eso si uno no está inmerso en una batalla. En el caso de las batallas, los combates duran lo que se tarda en lanzar un ataque, a lo sumo dos. Si en este lance no se ha alcanzado al enemigo, se ha sido alcanzado por él, sin más. En los duelos, la cosa se alargaba bastante más, pero porque los contrincantes se pasaban varios minutos observándose, y probando cambios de guardia o tocando hierro para ver las posibles reacciones del oponente. Luego, una vez lanzados al combate, la cosa se resolvía en pocos segundos.

EL MANEJO DE LAS ESPADAS
En este caso la culpa no es totalmente de las películas, pues también podemos ver muestras sobre como NO debe usarse una espada en teatros, exhibiciones medievales y números circenses. En estas ocasiones, vemos cómo los rivales se lanzan ataques muy lentos y claros, simulando que sus espadas pesan un quintal (ayudando así a alimentar el mito del peso exagerado de las armas) con el objetivo de marcar bien a su contrincante/compinche por dónde va el golpe para que lo pueda parar o esquivar tranquilamente y de paso poder hacerlo con mucha fuerza para que la maniobra resulte espectacular. En este caso es perfectamente razonable que se manejen las armas así, pues entendemos que se trata tan sólo de dar espectáculo y como tal debemos juzgarlo. Los actores tratan de divertir a los espectadores, no asesinarse entre ellos, y el objetivo queda cumplido de esa manera sin necesidad de ninguna sofisticación.En el otro extremo están los actores que interpretan a superguerreros, o espadachines fantásticos, que hacen un uso totalmente irreal de sus armas pero por demasiado sofisticado y rápido. Les podemos ver moviendo las espadas como si fueran de cartón (que en efecto lo son) o goma, saltando por los aires y haciendo toda suerte de piruetas para evitar que les alcancen o distraer a sus enemigos, haciendo giros y volatines con las armas que carecen de sentido en una lucha real, pero que, eso si, quedan muy espectaculares en la película. Todo esto choca en fuerte contraste con la sobriedad y eficiente elegancia de una técnica real de esgrima, y siempre sorprende a las personas que contemplan por primera vez alguna clase o combate de esgrima histórica en la que se usen técnicas auténticas, efectivas y directas, que sí resuelven una contienda en pocos instantes. Esto no es de extrañar, por otra parte, teniendo en cuenta la equivocada idea que tiene casi todo el mundo sobre el tema, propiciada por ese bombardeo de películas y series televisivas en las que se hacen los absurdos antes mencionados constantemente.

LOS ESPADONES DE DOS MANOS
Pocas armas están tan mitificadas como ésta, que ciertamente es imponente y lleva a pensar al que contempla una que debía ser casi imposible usarla. Bien, en primer lugar, y en contra de lo que casi todo el mundo cree, los auténticos mandobles no son medievales, pues no existieron hasta pasado el siglo XV, ya en el renacimiento. Me refiero a las espadas que todos conocemos y más espectaculares resultan, que miden entre 1,60 y 2 metros, con una empuñadura extraordinariamente larga, gavilanes amplios y dotados de arcos para la protección de las manos, púas a los lados de la hoja, recazo recubierto de cuero y hoja de doble filo y a veces serpenteante. Estas impresionantes armas pesaban entre 4 y 5 kilos y, efectivamente, se necesitaba un hombre fuerte y a ser posible alto para manejarlas, pero no porque alguien más débil no pudiera. Se necesitaba fuerza para manejarlas DEPRISA. Al contrario de lo que se supone, una de estas armas se puede mover con una velocidad bastante respetable, sin que medie demasiado tiempo entre tajo y tajo. Si se tira un golpe directo sujetando la espada por la empuñadura sí que cuesta recuperarlo, pero la cuestión es que un guerrero experto en el uso de estas espadas nunca hacía eso a no ser que estuviera seguro de que el ataque iba a ser detenido por la cabeza de algún infeliz. En caso de necesitar moverse más rápido o de tener que luchar de cerca se recurría a la técnica de coger la espada con la mano derecha en la empuñadura y la izquierda en el recazo de la hoja, que por eso se recubría de cuero. De esta forma el mandoble se puede mover casi como un bastón, al colocar el centro de gravedad del mandoble entre nuestras manos. Las púas que tienen a los lados de la hoja, y que siempre están en el final del recazo, no tienen otra función que la de servir de segunda guardia para cuando tengamos la mano izquierda allí.En siglos anteriores también existían grandes espadas de guerra, que necesitaban de las dos manos para blandirse, como el Claymore Escocés, pero no eran auténticas Mandobles, como entendemos este término, ni su uso estaba tan especializado. Sencillamente eran usadas por los guerreros más capaces para tratar de desmontar jinetes de un golpe, o partir en dos a los enemigos. Los mandobles se usaban para guardar torres y murallas, para la guardia de las puertas, para los asaltos a formaciones de piqueros, y para barrer a la infantería cuando se estuvieran retirando tras la carga de la caballería.

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Mitos y Falsedades sobre Espadas y Armaduras (III)

10, mayo, 2006 at 2:52 pm (Esgrima Antigua)

Seguimos con el artículo, que es realmente interesante y demuestra lo equivocada que está la mayoría de la gente.

LAS ESPADAS INDESTRUCTIBLES
Otro bulo promovido por las películas, que lleva a creer que las espadas son objetos indestructibles que no se rompen o ni siquiera se mellan al golpear con ellas barras de metal, verjas, piedras, troncos, columnas de hormigón armado, etc, etc…Cualquiera que haya blandido una espada se dará cuenta rápidamente de que si se le ocurre golpear con ella algo igual o más duro que el acero de su hoja tendrá muchas posibilidades de estropear la hoja irremisiblemente, y si insiste en ello acabará por partirla. Las hojas de las espadas se crearon siempre con el objetivo de poder cortar un cuerpo humano, y como mucho poder penetrar en determinados tipos de armadura, que no en todas. Algunas espadas son capaces de cortar a través de una armadura de cuero, otras, con puntas reforzadas y muy agudas, eran capaces de perforar una cota de mallas, y ninguna podía cortar una coraza de acero templado. Para derribar a un guerrero con Arnés Blanco se necesitaba un potente lanza, una ballesta, un enorme hacha, un martillo de guerra o mucha suerte y puntería para acertarle en alguna parte descubierta, como las axilas o las aberturas del yelmo. La carne también es más consistente de lo que se piensa, sobre todo porque los huesos no son fáciles de cortar. Una espada puede llegar a amputar miembros, pero para ello se requiere una gran fuerza y una técnica depurada, aparte de no encontrarse en el camino una pieza de armadura. Es habitual ver en las películas que los protagonistas cortan cabezas como si nada, aunque éstas tuvieran el cuello protegido por una gola o un ventalle de malla. Para dar una medida de lo difícil que era poder seccionar una cabeza podemos ir a un museo y contemplar alguna espada de verdugo, que eran diseñadas para tal fin. Comprobaremos que poseen unas hojas muy anchas y largas, dotadas de un considerable masa e inercia, y con todo los verdugos debían ser diestros en su oficio para poder tener éxito al primer tajo, pues en muchas ocasiones no conseguían cortar totalmente la cabeza del reo.Lo dicho, ninguna espada es indestructible, ni puede cortar a través de objetos duros como si fuera un sable láser de Jedi.

LAS KATANAS JAPONESAS
Este mito también está relacionado con el anterior, y efectivamente consiste en creerse que las Katanas, los legendarios sables de los guerreros Samurai, podían cortar absolutamente de todo de un solo golpe, incluyendo las hojas de las espadas del enemigo, las armaduras, y lo que se les ponga por delante. Efectivamente, los Nippon-to o sables japoneses están dotados de un tremendo poder de corte, pero en este caso, al igual que el anterior, lo que cortan bien es la carne, y nada más. Los sables japoneses están diseñados desde un principio para cortar por encima de todo, como cualquier observador avezado podrá comprobar. Son de un solo filo y hoja curva, para poder seguir cortando al deslizar la hoja por el cuerpo una vez alcanzado, tienen una empuñadura extraordinariamente larga que les permite un brazo de palanca considerable, y su punto de equilibrio está situado más adelante que en las armas europeas medievales, para potenciar la inercia en el momento del golpe y hacerlo más poderoso. Aparte de todo esto, los japoneses templan de una forma particular y única en el mundo sus espadas para conseguir un filo extremadamente duro y cortante. Todo esto combinado con las técnicas de Ken-Jutsu o esgrima japonesa, en las que priman los cortes circulares y el poder acabar con el enfrentamiento usando un solo corte con absoluta maestría, da como resultado la leyenda del poder de corte de las katanas. Aclaremos que efectivamente una Katana no es capaz de cortar una armadura ni otra espada, pero que su poder puramente cortante es superior al de las hojas rectas Europeas, y la técnica que usaban para cortar es más depurada y efectiva.Otro mito asegura que los sables japoneses estaban afilados como navajas barberas, y esto tampoco es totalmente cierto. A partir del año1600, en el que Ieyasu Tokugawa conquistó el poder convirtiéndose en Seii Tai Shogun o dictador militar, comienza a cambiar el estilo de fabricar los sables japoneses. Hasta ese momento las Katanas han sido armas de guerra, y los forjadores son conscientes de que sus espadas se las tendrán que ver con armaduras de todas clases, por lo que no se dota a los sables de filos muy agudos, por resultar éstos demasiado frágiles. Un filo fino se destruiría al primer golpe contra algo duro, y lo que interesa es que el arma sea duradera y sirva a su guerrero a lo largo de toda una batalla sin perder efectividad, de modo que tienen filos obtusos y gruesos que resultan suficientes para este cometido, y serían comparables a los de las espadas europeas. A partir de la fecha antes señalada, Japón vive una era de paz que durará 250 años, en los cuales las Katanas cambian la forma de su filo porque si se las usaba solía ser para duelos en los que los contendientes sólo llevaban la ropa, y es en este momento cuando cobran sentido los filos más agudos y cortantes, que han pasado a la fama.

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