Asociación Gallega de Amigos de la Egiptología

8, febrero, 2008 at 11:51 pm (Egipto, General)

Se vuelve a poner en marcha el proyecto de la Asociación Gallega de Amigos de la Egiptología. Todos los interesados, que visiten el blog:

Asociación Gallega de Amigos de la Egiptología

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Dinastía I (2920-2770 a.n.e.) 2ª parte

17, junio, 2007 at 8:52 pm (Egipto)

Sin embargo, la identidad de Menes continúa siendo sujeto de la controversia académica, y está bien repasar las razones que ya se avanzaron antes. Entre los sellos de jarras descubiertos en Umm el-Ka’ab hay una en la que los signos “mn” sin título precediéndoles se encontraron inmediatamente tras el Nombre de Horus Narmer, y esto se ha tomado como una prueba de que Narmer y Menes son el mismo individuo. Razones similares parecen igualar al Horus Dyer y al Horus Edyo (Dyet) (el Zet de Petrie, el rey Serpiente) con los reyes llamados Iti e Ita en la lista de Abydos. Desafortunadamente, como apuntan tanto Griffith como Sethe, el mismo argumento nos ha proporcionado dos nombres distintos para el Horus Aha, y ninguno de ellos se encuentra en las listas de reyes, y hay otras objeciones del mismo tipo. Consecuentemente, este criterio no se toma demasiado en serio, aunque esto no prueba que Narmer no haya sido Menes. De más interés es la tableta de marfil que fue encontrada por De Morgan en 1.897 en una gran tumba hoyo de Naqada, el escenario de los primeros descubrimientos prehistóricos de Flinders Petrie. No hay ninguna discusión sobre la naturaleza de esta pieza. Se ha etiquetado indicando la fecha y los contenidos de algunas vasijas que servían de receptáculo a lo que contenían. En la fila superior a la derecha del centro está el Nombre de Horus del rey Aha (“El Luchador”), que también se encuentra en sellos de jarras de la tumba y algunos otros lugares. Bajo el serej está el barco en el que el rey se supone que ha sido llevado. Enfrente se ve un grupo de jeroglíficos cerrados en una especie de cabina o pabellón, y es sobre este grupo que se han concentrado las diversas opiniones de los académicos. No hay duda de que el buitre y la cobra sobre dos signos con forma de cesto constituyen el título de Las Dos Señoras que, como se ha visto, era usado a menudo para introducir los nombres personales de los reyes de la Dinastía I. Es irracional negar, como muchos académicos han hecho, que el jeroglífico que hay debajo sea el que se lee como “mn” o que da el nombre personal de Menes. L. Borchardt fue el primero en reconocer este hecho tan obvio, pero desafortunadamente llegó a la conclusión de que Aha y Menes eran el mismo individuo, una visión aceptada también por Sethe. Consecuentemente se asumió que la tumba de Naqada era la del propio Menes. A esta interpretación hay dos serias objeciones: en primer lugar ignora la estructura tipo pabellón dentro de la que está escrito el nombre de Menes; y en segundo lugar se olvida del hecho de que el jeroglífico de Las Dos Señoras mira aquí a la derecha, en la misma dirección que el Nombre de Horus, cuando la regla universal hace que los signos del Nombre de Horus y el nombre personal del rey se miren el uno al otro. Hay que añadir a estas objeciones el hecho de que este registro superior debería conmemorar algún tipo de evento destacado por el cual el año de fabricación de la tableta debería de ser recordado, y debe concluirse que Aha aquí se muestra visitando algún lugar conectado con Menes.Grdseloff, a quien, siguiendo una sugerencia de Newberry, debemos el haber insistido sobre estos puntos, ingeniosamente cita un pasaje de los Textos de las Pirámides donde el rey es descrito erigiendo las estructuras temporales necesarias para un funeral real, y esta podría ser posiblemente la misma ceremonia mostrada en la tableta. Aquí, entonces, aunque no hay pruebas de que Narmer era Menes, obtenemos finalmente la seguridad de que Menes no era Aha, pero que debió de ser su predecesor. La elección ciertamente recae entre Narmer y Aha, cuyos Nombres de Horus comparten la peculiaridad de mostrar el halcón en una postura agachada y habitualmente descansando sobre una base con forma de bote o barco, en vez de la de los últimos reyes de la Dinastía I que dibujan al halcón en pie y sobre una línea recta en la parte superior del serej. Otro motivo para rechazar la identidad de Aha como Menes es que, si fuesen el mismo, esperaríamos encontrar a Aha mencionado en Hieracónpolis, y allí no hay ni rastro de él. Aquí podemos aludir únicamente a un misterioso rey Kaa (o Qa’a) cuyo Nombre de Horus se encuentra en Umm el-Ka’ab y algún otro lugar, y está escrito al modo arcaico; nadie ha dado su nombre como candidato, y podemos fácilmente desechar esa posibilidad.
La unanimidad con que las autoridades posteriores proclaman a Menes como el primero de los faraones recibe una confirmación virtual desde la famosa Piedra de Palermo. La fila superior da los nombres escritos de un número de reyes fantásticos de los que no hay ninguna confirmación posible que ofrecer, ni ningún tipo de información. No hay duda de que la segunda línea comienza con Menes, aunque la parte que lo menciona se ha perdido. La analogía de los otros dos reyes de la Dinastía I grabados en el gran fragmento que se encuentra en El Cairo muestra ciertamente que en ambos casos se encuentra el Nombre de Horus y el nombre personal, presumiblemente acompañados también por el nombre de sus madres. Los espacios para los años bajo el encabezado atribuyen a cada año de reinado lo que se consideraba un evento memorable, por lo que el cronista de épocas tan remotas debió dejar volar bastante su imaginación. Puede ser interesante saber que la unificación de las Dos Tierras está explícitamente mencionada, ya que se trata del momento que marcó el inicio de la historia humana a ojos de los egipcios. Un recuerdo de este hecho se encuentra bajo las palabras: “Unión del Alto y el Bajo Egipto; rodeando la(s) muralla(s)” de la Piedra de Palermo y así se caracteriza el primer año de reinado de cada rey. Esto hace referencia claramente a la ceremonia que lo legitimizaba como descendiente del fundador de su línea. Las murallas aluden aquí a las murallas de Menfis, cuya fundación es atribuída a Menes por Herodoto, y con alguna confusión también por Diodoro. También la Piedra Rosetta, refiriéndose a Menfis, habla de las ceremonias costumbristas realizadas allí por el rey para asumir su alto oficio. Así el traslado de la residencia real desde algún lugar del sur a esta admirable posición situada en el ápice del Delta debe ser vista como una consecuencia directa del establecimiento del doble reino. Los otros actos importantes atribuidos a Menes por Herodoto han sido discutidos por Sethe con gran ingeniudad. Son: la creación de un gran dique que protegía Menfis del aluvión de la crecida del Nilo, y la construcción del Templo de Ptah al sur de los muros fortificados. La confirmación de este último evento se muestra en una paleta de la Dinastía XIX que menciona a Ptah de Menes. Otros hechos que conectan a Menes con Menfis no pueden ser enumerados aquí, por no disponer de fuentes.
La importancia de esa gran ciudad de la Dinastía I que fue Menfis, ha sido subrayada por las excavaciones que se han conducido hasta el borde del desierto occidental unas tres millas más al norte. La larga línea de mastabas de ladrillos desenterradas por W. B. Emery desde 1.935 difieren de las que Petrie encontró en Abydos por su mayor complejidad, y además son casi el doble de grandes. Su estructura como se descubre en los planos, así como en los objetos inscritos encontrados en ellas, las sitúa a todas como pertenecientes a la Dinastía I, con la más antigua datada en el reinado de Aha. Es visible un desarrollo rápido, pero que deja los rasgos principales inalterables. Un gran rectángulo de ladrillos, mostrando el característico panelado de fachada de palacio en el exterior, encierra un número de cámaras sepulcrales que tienden a ser más profundas a lo largo del tiempo, y al que se llega por una escalera descendente que comienza en o cerca del muro que cierra el complejo. En los ejemplos más tempranos no hay conexión entre los compartimentos, por lo que los objetos debían de ser almacenados allí antes de que la superestructura fuese añadida. Hacia el final, los compartimentos desaparecen y son reemplazados por una cámara sepulcral de mayor tamaño. Los suelos y techos son de madera, y en algunos casos se usa algo de piedra. A veces los muros exhiben patrones geométricos pintados sobre ellos.
Para el historiador el punto a ser remarcado es la homogeneidad de los restos en ambas partes del país. Arquitectónicamente hay ciertas diferencias entre el norte y el sur, la más grande, tal vez, sea la ausencia del panelado tipo fachada de palacio en Abydos, aunque está presente en la gran tumba de Naqada. En ambas áreas hay mucha variación entre las distintas tumbas. En todos los demás aspectos arqueológicos, la similaridad es patente y se aplica tanto a los muebles como a las vasijas de piedra, las herramientas, y las tabletas o etiquetas usadas para la datación. En los sellos de las jarras la similitud es particularmente aparente. El mismo patrón y las mismas combinaciones de jeroglíficos se encuentran tanto en Menfis como en Abydos. No podría encontrarse mayor testimonio de la unidad de las tierras que éste. También hay evidencia de costumbres idénticas que tienden a corroborar la conexión con la cultura mesopotámica. Muchas de las grandes tumbas están rodeadas por largas líneas de pequeñas cámaras funerarias contiguas unas a otras, y los contenidos de éstas atestiguan la inmolación de sirvientes o de otras criaturas vivas para acompañar a su señor en el Más Allá. En una de las tumbas de Emery en Saqqara Norte atribuída a la reina Meryneith se encontraron varios esqueletos de adultos en la misma posición contraída y todos mirando a la misma dirección. Emery nos decía:
“No se ha encontrado rastro de violencia en los restos anatómicos, y la posición de los esqueletos en ningún caso sugiere ningún movimiento tras el entierro. Parece probablemente que cuando esta gente fue enterrada ya estaba muerta y no hay evidencia de que hubiesen sido enterrados vivos. La ausencia de marcas de violencia sugiere que fueron envenenados antes del entierro.”
Emery va más allá diciendo que algunos de los objetos encontrados en estas tumbas intactas sugieren profesiones definidas, y nos habla de la presencia de modelos de barcos en un caso y en otro de un cincel de cobre contenido en un vaso de alabastro. En Abydos las correspondientes tumbas subsidiarias contenían estelas bastas que contenían nombres personales algunas veces acompañadas por jeroglíficos indicando sexo, condición, o cosas similares. Muchos de los ocupantes eran mujeres. Algunos son cautivos de guerra y hay bastantes enanos e incluso algunos perros. Un título encontrado a menudo en cilindro-sellos parecen mostrar que algunos de los enterrados tenían un rango superior, y para un caso que es más remarcable todavía entre los encontrados por Emery, una estela imponente lleva el título claramente perteneciente a un personaje de gran distinción. Todos estos casos son fechados durante el reinado de Ka’a (Qa’a).
A la vista de esta información sobre gente que en el mejor de los casos eran subordinados es tentador pensar que cierto conociento concerniente a aquéllos en cuyo honor sus vidas eran sacrificadas nos es denegado en todos los casos. Sólo algunos sellos de jarras, garabatos sobre vasijas y cosas similares es lo que nos ha quedado como base a nuestras conjeturas. Es de profundo interés, así como lo han sido las revelaciones de Emery, el que se hayan mostrado como algo enormemente inquietante. Los descubrimientos en Abydos convencieron a los académicos de que allí estaba el lugar de entierro de los primeros reyes, y parece que la confirmación les llegaba desde las sentencias de Manetón que decían que los reyes de la I y II Dinastías eran de origen Tinita, ya que el pueblo egipcio de Tjene está cerca de Abydos. Pero ahora, el gran tamaño y magnificencia de la tumbas menfitas ha hecho crecer la sospecha de que esass eran las auténticas  tumbas reales del periodo, y el caso se complica todavía más por la existencia de otras mastabas aisladas no menos importantes, del mismo periodo en Markhan, algunos kilómetros al  sur de Lisht, en Gizah, y más al norte de Abu Roash.
¿Podrían  ser estas tumbas  simplemente las de hombres nobles que mostraban el esplendor de los soberanos de los que eran vasallos? Esta es la inevitable primera impresión que nos dan las inmensas mastabas tipo fachada de palacio, al norte de Saqqara, con las que se abrieron esta serie de descubrimientos. Emery las atribuyó a  un administrador provincial llamado Hemaka, debido a varios sellos de jarras que se encontraron allí. Pero el Horus Den, el quinto rey de la I Dinastía de Egipto,  también aparece en estos sellos de jarras que mencionan al “Portador del Sello del Rey del Bajo Egipto” con un nombre compuesto con el  nombre de la diosa Neith. e encuentra otra vez a Hemaka en conjuncióon con el rey Den en Abydos. No hay sombra de duda en la importancia de este hombre, pero se debe decir de una vez por todas quue todos esos sellos de jarras son inútiles como evidencia de propiedad de una tumba, ya que si hicieron, como solían hacer, el nombre de un rey sólo serviría para datarla correctamente. A modo de ilustración, mencionar de nuevo la tumba en Naqada donde se encotró la tableta de Menes. Esta tumba es sólo una pequeña nimiedad comparada con la que se adscribe a Hemaka, pero es  tres veces más grande que la mayor de las supuestas tumbas reales de Abydos.
La Tumba de Abydos que Petrie atribuyó al Rey Aha es una pequeña e insignificante cámara simple que difícilmete podría ser la suya. En Naqada, los sellos de Horus Aha son numerosos, el serej aparece en solitario algunas veces, pero en algunas ocasiones está acompañado por los jeroglíficos “ht” y en otros casos por tres pájaros idénticos. Como estos pájaros aparecen solos en numerosas jarras de piedra, se ha sugerido que son el nombre del noble propietario de la tumba. Pero hay dos candidatos más plausibles para su propiedad: el primero el mismo Aha, y segundo la Reina Neith Hetepu. El nombre de la reina está escrito de una forma muy interesante. El elemento Hetepu está encerrado en un serej sobre el que están colocadas unas flechas cruzadas que eran la forma arcaica de escribir el nombre de Neith, la diosa de la ciudad del Bajo Egipto Sais. La analogía con el título faraónico de Horus es completa, y encontramos tanto en Abydos como en Saqqara el nombre de otra reina o princesa llamada Meryneith. El elemento “-Neith” en Abydos en los nombres de algunas mujeres sacrificadas, provee una posible conjetura sobre matrimonios diplomáticos que eran arreglados entre las mujeres reales de Sais y el rey conquistador del Alto Egipto. Sin duda, la futura reina era acompañada por otras mujeres como concubinas, a modo de acuerdo, pero esto hace que sea imposible el que la tumba de Naqada fuese de la esposa de Aha, ya que porqué se haría enterrar en un punto tan remoto es algo inexplicable.
Existe la suposición de que la tumba era del propio Aha, aunque al principo se creía que era de Menes. Esto fue mostrado como inverosímil por el descubrimiento de Emery en Saqqara de unas amplias mastabas en las que los sellos mostraban todos el nombre del Horus Aha tanto en solitario como acompañado por los signos “ht” arriba mencionados, o en otros sitios por otros jeroglíficos. Parece que se lee “hijo de Isis”, aunque sería sorprendente que la consorte del dios Osiris fuese realmente nombrada en una época tan temprana. Así que esto muestra bastante firmemente que la tumba de Saqqara es en realidad la de Aha.
Los hechos concernientes a las tres tumbas que han sido presentadas como su lugar de enterramiento han sido discutidos ampliamente, simplemente para mostrar las dificultades con las que sus excavadores se han enfrentado. Las excavaciones de gran éxito realizadas por Emery han traído la luz a no menos de catorce mastabas con fachada de gran palacio, extendidas en línea a lo largo del borde de una zona escarpada, y en todas ellas aparecen sellos de jarra de reyes de la I Dinastía de fechas aproximadas. Aparte de Narmer, sólo Semerkhet (Semempses) continúa perdido, y el gran fragmento de la Piedra de Palermo en El Cairo muestra que reinó no más de nueve años. Emery está convencido de que ha descubierto las tumbas de los otros seis reyes de la dinastía desde Aha en adelante, y como no tenemos razón para pensar que Menes se movió desde el sur para hacer de Memfis sus capital, su hipótesis parece altamente probable. Pero Dyer es mencionado en dos tumbas y Den en cuatro o incluso cinco, mientras que la gran tumba conocida como Giza V parece tan buena candidata como Saqqara para haber pertenecido a Dyet (Edyo), el Rey Serpiente. Se cree, tal vez correctamente, que dos de las tumbas pertenecen a las reinas, y es posible después de todo que la tumba adscrita a Hemaka pueda haberle pertenecido realmente. También es posible que alguna perteneciera a un rico hacendado llamado Sabu, bajo Andyieb, pero no al príncipe Merka durante el reinado de Ka’a (Qa’a). En ninguna de las catorce tumbas hay certeza absoluta. También hay todavía académicos que defienden que Abydos era un auténtico cementerio real, y para ello pueden señalar como prueba a la magníficas estelas de piedra que permanecen en frente de las grandes cámaras funerarias y de entre las que destaca la del Rey Serpiente -que está en el Louvre- como la mejor.
Los egipcios de épocas posteriores creyeron que sus primeros reyes fueron enterrados allí, ya que se colocó en la tumba de Abydos del rey Dyer un gran sarcófago representando al dios Osiris, el prototipo de todos los reyes muertos. La creencia de Emery, de la que aún hay mucho que hablar, es que las tumbas de Abydos son cenotafios puesto que los reyes en teoría poseerían tumbas separadas como Rey del Alto Egipto y como Rey del Bajo Egipto. El que un rey egipcio pudiese erigir para sí mismo dos grandes pirámides, y que incluso pudiera hacerlo en el mismo lugar, se ve en el caso de Sneferu. Para el testimonio escrito de la existencia de estos cenotafios, el lector debería recordar lo que se dice de la Reina Tetisheri. 
Entre los escépticos que dudan de la teoría de Emery H. Kee es el más eminente, y en una revisión va más allá hablando de las demoliciones para evidenciar su tamaño, y muestra que no se puede argumentar nada sobre la presencia o ausencia de tumbas subsidiarias para los subordinados sacrificados. También hace hincapié en la existencia de otros sitios con tumbas idénticas a aquéllas de Saqqara tanto en estructura como en contenidos. El asombroso descubrimiento de cornisas con cabezas de toro modeladas en arcilla, con cuernos de toros reales, alrededor de las tumbas de Saqqara, puede concevirse como indicativo de tumbas reales, pero de los tres ejemplos encontrados, parece que dos de ellas pertenecieron a reinas, y no hay ninguna evidencia de que la tercera perteneciese a un rey.
No podemos dejar de hablar de los hallazgos de Emery sin hacer referencia a la exquisita bellleza de muchos de los objetos que encontró. El trabajo de artesanía y el diseño artístico de las vasijas de piedra superan cualquier cosa que fuese encontrada con posterioridad.  Un extraordinario e inexplicable hecho sobre todas las tumbas tanto de Saqqara como de Abydos es que en todos los casos las vasijas habían sido destruídas a propósito por fuego, mientras que no pasa lo mismo con las tumbas de la Dinastía II.
Los eventos elegidos para las dataciones tanto en tabletas como en etiquetas, y en la Piedra de Palermo, son en su mayoría de carácter religioso. Todos los segundos años vienen señalados como “Seguimiento del Horus” lo que, tanto como Procesión Real por el río o simplemente como ceremonia antigua, nos recuerda aquellos viajes históricos en los que el rey iba hasta el Norte para rememorar la unificación de las Dos Tierras, como muestra la Paleta de Narmer. Allí se nos muestra precisamente al rey llevando todavía la corona del Bajo Egipto, mientras que los estandartes militares que lo acompañan son los equivalentes a los dioses de varios nomos aliados. Una errónea interpretación tardía de esos “Seguidores de Horus” fue mencionada más arriba. Otro tipo de evento totalmente inesperado, que fue evidentemente heredado de los primeros reyes, y que tenía la suficiente importancia como para dar nombre a un año fue a creación de algunas grandes imágenes de culto.  Ésto se puede ver en las formas conocidas como “Nacimiento de Anubis”, “Nacimiento de Min”, etc, donde la palabra “nacimiento” es la consecuencia de la creencia de que las estatuas cobraban realmente vida después de la ceremonia de “Apertura de la Boca” que se había practicado en ellas. La inauguración o las visitas a ciertos edificios parecen haber sido también de importancia para los encargados de nombrar los años; y raramente se mencionan actividades bélicas para tales efectos.
Bajo el reinado de Dyer, el fragmento más grande de la Piedra de Palermo -que se encuentra en el Museo de El Cairo- menciona el “Golpe a Setye”, siendo este último una expresión geográfica que podría traducirse más o menos como “Asia” (en referencia a la zona Próximo-Oriental), y bajo un monarca posterior podemos leer un “Golpe a los Iuntyu” como una designación igualmente vaga para las gentes que vivían al noreste del Delta. Una delicada y excepcionalmente hermosa tableta que se conserva en la colección MacGregor representa al rey Den masacrando a un asiático que se nos muestra como habitante de una zona desértica y arenosa, probablemente en el Sinaí. Los jeroglíficos que lo acompañan son fácilmente legibles y dicen claramente “Primera vez que se golpeó a los orientales”. Más interesante incluso que esta referencia a lo que podría haber sido un simple incidente fronterizo, es la evidencia del rápido desarrollo de los jeroglíficos. Antes del final de la I Dinastía se hizo posible la comunicación esencial de frases completas mediante signos separados.

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Dinastía I (2920-2770 a.n.e.) 1ª parte

15, junio, 2007 at 10:15 pm (Egipto)

Paleta de Narmer anverso

Paleta de Narmer reverso

 La Dinastía I egipcia vio crecer la emergencia de una tierra unificada desde el Delta hasta la primera catarata en Asuán, una distancia de unos mil kilómetros a lo largo del valle del Nilo.
Aquellos años memorables que dieron a los egiptólogos el primer vislumbre del periodo predinástico también les puso cara a cara por primera vez con las primeras dinastías, que comenzaron alrededor del año 3.000 aC. El pionero en este campo fue E. Amelineau, un académico copto sin ninguna experiencia previa en excavaciones. Con la ayuda de fondos de origen privado comenzó sus trabajos en Abydos en 1.895, trabajando hacia el oeste hasta que llegó a una zona baja del desierto conocida como Umm el-Ka’ab “Madre de los Pucheros”, debido a los innumerables restos de cerámica que cubrían su superficie. En este remoto punto, a una milla de distancia de los cultivos, se encontró con un cúmulo de tumbas-pozo de ladrillo que luego se probó que habían pertenecido a los reyes de las Dinastías I y II. De acuerdo con sus cuentas, había dieciséis, y, por lo que pudo comprobar, los nombres reales eran todos del tipo “nombre de Horus”, sin corresponderse ninguno con los nombres dados por Manetón o las listas reales, por lo que concluyó que estos nuevos reyes eran aquellos “Seguidores de Horus” de los que el Canon de Turin decía que eran los predecesores de Menes (el supuesto primer rey del Alto y el Bajo Egipto Unificados), y a quienes Manetón describía como Semidioses de Manes. Un estudio más exhaustivo por filólogos competentes descubrió rápidamente este error. La excavación de Amelineau fue muy mal conducida y muy mal publicada, y fue una suerte cuando, en 1.899, Flinders Petrie obtuvo permiso para investigar el sitio una vez más. Los resultados enormemente gratificantes de su trabajo se hicieron accesibles muy rápidamente en las muchas memorias publicadas por el Fondo de Exploración de Egipto (Egypt Exploration Fund- EEF). Se encontraron con que el cementerio fue tristemente muy devastado antes de que Amelineau añadiera aún más confusión al lugar. Las tablas de madera quemada de las tumbas y el enorme número de fragmentos rotos fueron localizados y expoliados por los cristianos coptos de los siglos V y VI. A pesar de estas desventajas, Petrie fue capaz, haciendo planos de las tumbas, de recobrar una gran cantidad de objetos importantes, incluyendo vasijas de piedra inscritas, sellos de jarras, tabletas de marfíl y ébano, así como numerosas estelas de imponente tamaño magníficamente talladas.
Mientras tanto, académicos de toda Europa se marcharon a trabajar con las inscripciones que había encontrado antes Amelineau. Entre los primeros en reconocer la presencia de restos de las que Manetón llamaba las Dinastías I y II fueron en Inglaterra Griffith y en Alemania Sethe. Un artículo que hizo época, escrito por Sethe en el 1.897, prestaba especial atención al hecho de que en algunos casos el “Nombre de Horus” del rey iba acompañado por otro nombre que se introducía con el título de “Rey del Alto y el Bajo Egipto”, o se acompañaba por este nombre y otro con el título de las “Dos Señoras”. Eran estos nombres secundarios los que se correspondían con aquéllos que se encontraban en las listas reales de la época ramésida y en la Historia de Manetón. Así, el Usaphais a quién Manetón coloca como quinto rey de la Dinastía I (y que se correspondería con Den) se encontró en un grupo de jeroglíficos que se leían probablemente como “Zemti”, mientras el sexto rey de la lista de Manetón (que se correspondería con Anedyib), Miebis, se escribió como Merpibia. El séptimo rey (correspondiente con Semerjet), el Semempses de la lista de Manetón, aparece como una figura sacerdotal que sujeta en la mano un bastón corriente en Umm el-Ka’ab y un bastón ceremonial en la lista de los reyes de Abydos; mientras el octavo y último rey de la Dinastía, llamado Qa’a según su Nombre de Horus y que también podría ser su nombre personal, se correspondería con el Kebh de la lista de Abydos y el Canon de Turin. Es necesario decir que se asume que la lista de los reyes de la Dinastía I incluiría a Narmer, Aha, Dyer, Dyet, Den, Anedyib, Semerjet y Qa’a, aunque muchas listas actuales colocan a Narmer en la Dinastía 0 anterior a la unificación, con lo que sólo habría siete reyes durante la Dinastía I -según esas otras listas. La secuencia histórica de los cuatro primeros reyes fue afortunadamente confirmada por dos vasos de piedra incisos que fueron descubiertos muchos años después. Debemos decir que la transcripción de los jeroglíficos pertenecientes al periodo más temprano es algo realmente dificultuoso, ya que los propios académicos los suelen escribir de modos muy diferentes. Así nos encontramos con que el cuarto rey, el que se suele llamar Dyet, aparece como Zet en los textos de Petrie, igualando claramente a su portador con la diosa cobra, cuyo nombre probablemente sonaría algo así como “Edyo” más que como indican otros (“Uadyi”). Y si para el quinto rey Petrie da el nombre de Den, Sethe se refiere a él de otra forma que también es muy aceptada en general: Udimo, que significa “el vertedor de agua”, es así porque se trata de un nombre que ofrece mucha especulación, y parece mejor mantener los valores usuales de los dos signos alfabéticos con los que el nombre está escrito (aunque lo más probable es que en la época pudiesen leerse o significar algo totalmente diferente).
Los problemas que causan los cuatro primeros reyes de la Dinastía I, con Menes a la cabeza, son de solución bastante difícil y demandan una perspectiva mucho más amplia de la que se necesita para los cuatro últimos. Aquí debemos mostrar algunos datos sobre algunas de las excavaciones anteriores a los decisivos descubrimientos de Petrie en Abydos. En 1.897, el compañero de Petrie, J.E. Quibell, estuvo excavando en El-Kab, un importante yacimiento en la orilla este del río Nilo que se encuentra al norte de Edfú. La diosa local de este lugar era el buitre Nejbet, que junto a la diosa cobra Uadyet de Buto en el Delta proveían al rey con el título de “Las Dos Señoras”. Viendo la gran antigüedad de este título se esperaba un gran descubrimiento, pero los resultados que obtuvo Quibell fueron decepcionantes. Lo más importante, de todos modos, fue el éxito que le esperaba al año siguiente en Kom el-Ahmar, cruzando el río. Se conocía este lugar en la antigüedad como Nejen y era mencionado en varios títulos oficiales del Reino Antiguo, además de como lugar de culto principal del dios halcón Horus. El gran premio fue la famosa paleta de Narmer. Se necesitó muy poco estudio para reconocer este objeto como vínculo indisputable entre el periodo Predinástico Tardío y los primeros momentos del Dinástico Temprano. El material, el diseño, y los sujetos de la paleta nos son ahora muy familiares, además de que nos encontramos con el Nombre de Horus de Narmer, haciendo una aparición temprana en Umm el-Ka’ab. Los otros restos que nos han llegado de él son las ofrendas votivas que se encontraron en el templo de Hierakónpolis.

Una de las cosas encontradas más interesantes durante este periodo fue una impresionante y gran cabeza de maza rota, hecha de caliza dura y que contenía escenas incisas atribuídas a un líder que se conoce en la actualidad como rey Escorpión. La escena principal es ceremonial, como en muchos de los restos encontrados pertenecientes a la Dinastía I, y tiene como figura central al rey que sujeta con ambas manos a un individuo. Esta figura lleva una túnica sujeta sobre su hombro izquierdo y una cola de toro, un atributo común entre la realeza, sujeta alrededor de la cintura, sobre el fajín. Sobre su cabeza lleva la corona del Ato Egipto. Son de gran importancia histórica las representaciones que hay registradas en la parte superior. Aquí vemos una procesión de estandartes militares sobre los emblemas de varios nomos o provincias, incluyendo los de Min y el animal de Seth. Atado a cada estandarte por una cuerda, que pasa alrededor de su cuello, hay unos pájaros muertos o casi muertos. Mirando en la dirección contraria, hay otra procesión de estandartes que tienen arcos atados de forma similar, pero sólo se conserva completo uno de los estandartes. El significado general es claro: el rey Escorpión reclama victorias sobre los Nueve Arcos, que se refieren a las gentes variadas que se encontraban dentro y en los límites de las fronteras de Egipto, y también sobre una parte posteriormente mencionada de la población egipcia conocida como los Erjeye o “la gente-chorlito”, sobre los que muchos egiptólogos creen que fueron subyugados por los habitantes del Delta. Es importante hacer notar que, de todas formas, a pesar de la gran cantidad de victorias de las que Escorpión hace alarde, no se muestra en ningún momento como rey de un Egipto unificado.
Ese honor fue reservado para Narmer, quien en un lado de su paleta lleva la Corona Blanca del Alto Egipto, mientras en la otra, así como también lo hace en una cabeza de maza de casi igual importancia, ha asumido la Corona Roja del Bajo Egipto; aparentemente es el primer monarca en hacerlo. Es precisamente este hecho el que justifica la creencia de que Narmer fue el mismo Menes. No es necesario comentar escenas que se explican a sí mismas, pero dos rasgos de la paleta son demasiado interesantes como para no decir algo sobre ellos. A la derecha de la figura de Narmer con el brazo levantado para golpear al enemigo al que tiene sujeto por la coleta hay un enigmático grupo de emblemas combinados como una sola unidad. Está claro que todavía no se había desarrollado el poder de escribir frases completas. Lo máximo que podían hacer era exhibir un complejo de dibujos que el espectador podría traducir a palabras. Que el halcón de Horus representa a Narmer es evidente, y la cuerda atada a la cabeza del enemigo barbado y que el halcón lleva sujeto tampoco necesita comentarios. El objeto parecido a un cabezal del que sobresale la cabeza del prisionero es obviamente su país nativo, y ahora se supone que las seis plantas de papiro creciendo representan al Bajo Egipto, del que el papiro es símbolo. Así que el complejo entero podría significar “El dios-halcón Horus (Narmer) tomó cautivos a los habitantes del País del Papiro”. Tal vez no sea fantasioso interpretar el aparato que ocupa la mitad de la sentencia como símbolo de la unión de las dos mitades de Egipto. Los dos felinos de cuello largo parecen contenidos por su lucha con el hombre barbado que está junto a ellos. Arriba sobre la imágen, Narmer como rey del Bajo Egipto, es visto inspeccionando los resultados de su victoria. Frente a él están los estandartes de su confederación y hay un barco que parece haberle llevado al sitio donde decapitó a los enemigos que todavía están yaciendo allí. Así esta paleta votiva expléndidamente concebida y ejecutada, puede ser razonablemente entendida como conmemorativa de los hechos sobre los que creció la fama de Menes como fundador de la monarquía faraónica.
Sin embargo, la identidad de Menes continúa siendo sujeto de la controversia académica, y está bien repasar las razones que ya se avanzaron antes. Entre los sellos de jarras descubiertos en Umm el-Ka’ab hay una enla que los signos “mn” sin título precediéndoles se encontraron inmediatamente tras el Nombre de Horus Narmer, y esto se ha tomado como una prueba de que Narmer y Menes son el mismo individuo. Razones similares parecen igualar al Horus Dyer y al Horus Edyo (Dyet) (el Zet de Petrie, el rey Serpiente) con los reyes llamados Iti e Ita en la lista de Abydos. Desafortunadamente, como apuntan tanto Griffith como Sethe, el mismo argumento nos ha proporcionado dos nombres distintos para el Horus Aha, y ninguno de ellos se encuentra en las listas de reyes, y hay otras objeciones del mismo tipo. Consecuentemente, este criterio no se toma demasiado en serio, aunque esto no prueba que Narmer no haya sido Menes. De más interés es la tableta de marfil que fue encontrada por De Morgan en 1.897 en una gran tumba hoyo de Naqada, el escenario de los primeros descubrimientos prehistóricos de Flinders Petrie. No hay ninguna discusión sobre la naturaleza de esta pieza. Se ha etiquetado indicando la fecha y los contenidos de algunas vasijas que servían de receptáculo a lo que contenían. En la fila superior a la derecha del centro está el Nombre de Horus del rey Aha (“El Luchador”), que también se encuentra en sellos de jarras de la tumba y algunos otros lugares. Bajo el serej está el barco en el que el rey se supone que ha sido llevado. En frente se ve un grupo de jeroglíficos cerrados en una especie de cabina o pabellón, y es sobre este grupo que se han concentrado las diversas opiniones de los académicos. No hay duda de que el buitre y la cobra sobre dos signos con forma de cesto constituyen el título de Las Dos Señoras que, como se ha visto, era usado a menudo para introducir los nombres personales de los reyes de la Dinastía I. Es irracional negar, como muchos académicos han hecho, que el jeroglífico que hay debajo sea el que se lee como “mn” o que da el nombre personal de Menes. L. Borchardt fue el primero en reconocer este hecho tan obvio, pero desafortunadamente llegó a la conclusión de que Aha y Menes eran el mismo individuo, una visión aceptada también por Sethe. Consecuentemente se asumió que la tumba de Naqada era la del propio Menes. A esta interpretación hay dos serias objeciones: en primer lugar ignora la estructura tipo pabellón dentro de la que está escrito el nombre de Menes; y en segundo lugar se olvida del hecho de que el jeroglífico de Las Dos Señoras mira aquí a la derecha, en la misma dirección que el Nombre de Horus, cuando la regla universal hace que los signos del Nombre de Horus y el nombre personal del rey se miren el uno al otro. Hay que añadir a estas objeciones el hecho de que este registro superior debería conmemorar algún tipo de evento destacado por el cual el año de fabricación de la tableta debería de ser recordado, y debe concluirse que Aha aquí se muestra visitando algún lugar conectado con Menes.Grdseloff, a quien, siguiendo una sugerencia de Newberry, debemos el haber insistido sobre estos puntos, ingeniosamente cita un pasaje de los Textos de las Pirámides donde el rey es descrito erigiendo las estructuras temporales necesarias para un funeral real, y esta podría ser posiblemente la misma ceremonia mostrada en la tableta. Aquí, entonces, aunque no hay pruebas de que Narmer era Menes, obtenemos finalmente la seguridad de que Menes no era Aha, pero que debió de ser su predecesor. La elección ciertamente recae entre Narmer y Aha, cuyos Nombres de Horus comparten la peculiaridad de mostrar el halcón en una postura agachada y habitualmente descansando sobre una base con forma de bote o barco, en vez de la de los últimos reyes de la Dinastía I que dibujan al halcón en pie y sobre una línea recta en la parte superior del serej. Otro motivo para rechazar la identidad de Aha como Menes es que, si fuesen el mismo, esperaríamos encontrar a Aha mencionado en Hieracónpolis, y allí no hay ni rastro de él. Aquí podemos aludir únicamente a un misterioso rey Kaa (o Qa’a) cuyo Nombre de Horus se encuentra en Umm el-Ka’ab y algún otro lugar, y está escrito al modo arcaico; nadie ha dado su nombre como candidato, y podemos fácilmente desechar esa posibilidad.

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La comida y la bebida en el Antiguo Egipto

28, mayo, 2007 at 6:41 pm (Egipto)

 

Pan y cerveza
El pan y la cerveza son los dos pilares básicos de la dieta egipcia. Ambos se fabricaban de un modo similar, usando trigo o cebada como base. Moler estos cereables era un laborioso trabajo diario, realizado por las mujeres sobre un molino de piedra.
El pan se comía con cada comida y estaba hecho en casa hasta la época del Imperio Nuevo, cuando las panaderías comenzaron a ser comunes en los pueblos. Las hogazas se hacían de formas y tamaños variados, y las que se elaboraban para los rituales se metían habitualmente en moldes para darles forma. El pan es la pieza principal de muchas escenas de ofrendas en tumbas, donde se representa habitualmente en rebanadas colocadas en fila sobre una mesa.
Las mujeres también hacían la cerveza, mezclando el pan duro con levadura y dejando que fermentase en grandes vasijas. Unas cuantas semanas después, la masa resultante se filtraba y prensaba antes de ser bebida. Anteriormente se creía que a veces añadían especias y frutas para darle distintos sabores a la cerveza, pero las últimas investigaciones han demostrado que no era así.

Carne y pescado
Los espléndidos banquetes de los egipcios ricos están bien documentados, con los celebrantes comiendo carne regada por vino. Sin embargo, la gente corriente no tenía esa suerte, y la carne no aparecía a penas en su dieta diaria. El buey era un plato popular y hay evidencias de ello en el poblado de Kahun; también nos encontramos con que la carne de cerdo era comida en ocasiones, por los restos encontrados en la villa de trabajadores de El Amarna. La carne podía ser asada, cocida o estofada, y era un lujo que la mayor parte de los egipcios se permitía únicamente durante las fiestas o en ocasiones especiales.
Lo que sí comían a menudo era pescado seco, un importante recurso nutritivo en la dieta del aldeano, pero que era rechazado por los más ricos que lo consideraban impuro. La perca, el pez-gato, la carpa y el salmonete se consumían con fruición. Una vez capturado, el pescado se limpiaba, cortaba, se apartaban sus huevas para un posterior tratamiento, y se secaba o se cocinaba hervido, asado o se ponía en salmuera.
Los egipcios utilizaban redes o lanzas para capturar el pescado, y fueron el primer pueblo en pescar por puro placer. Los nobles se muestran en sus murales muy a menudo sentados en sus sillas, lanzando sedales dentro de sus estanques llenos de peces.

Frutas, verduras y productos diarios
Judías, cebollas, ajo, apio, lechugas y pepinos están entre las verduras más consumidas por los antiguos egipcios. Las uvas se usaban para hacer el vino, aunque también eran consumidas por los más ricos.
Los jardines eran muy populares, y a menudo cultivaban árboles frutales y otros cultivos. Varias frutas, como los dátiles, los higos, las uvas, las granadas, y ocasionalmente las almendras, estaban disponibles para la población en general. Todas las frutas se consumían tanto frescas como secas (para conservarlas durante más tiempo).
Se criaban patos para conseguir huevos además de su carne, y desde el Imperio Nuevo en adelante, también criaban gallinas. El ganado se usaba, además de para obtener carne, por su leche con la que elaboraban quesos.

El menú de los ricos
Mientras la comida de los pobres era mínimamente nutritiva, -sobre todo durante las épocas recurrentes de escasez de grano-, los ricos sabían muy bien como vivir de la mejor manera: una parte importante de su dieta la componían la carne y las aves (antílopes, gacelas, puercoespines, liebres, codornices, grullas,…), la verdura, la fruta y el vino, así como el ubicuo pan en cualquiera de sus múltiples formas. De todos modos, no parece que los egipcios se mimasen demasiado: de acuerdo con los testimonios que nos han llegado, todos, incluídos los ricos, estaban bastante delgados (excepto casos puntuales). 
De todos modos, las imágenes de mesas repletas en los banquetes pueden ser erróneas. Las pinturas de las tumbas, aunque reflejan la vida diaria, generalmente muestran una realidad idealizada. En análisis al cabello de las momias del Imperio Medio y de los coptos del año 1000 de nuestra era, se ha concluído que el egipcio medio durante la Edad Media comía de una forma más variada y nutritiva que los miembros del equivalente a la alta burguesía durante el Imperio Medio.

Cocinando
La cocina estaba normalmente en una esquina del patio exterior o del tejado plano; y solía estar abierta y aireada, cubriéndola simplemente con un tejadillo de ramas.
Se cocinaba en hornos de arcilla y también sobre fuego. Como combustible utilizaban madera, y algunas veces carbón, aunque solía ser muy escaso. Las cantidades de carbón mencionadas en el papiro Harris o en el diario de Medinet Habu son muy pequeñas. Y se solía transportar en cestas o en sacos. 
Para encender el fuego, se usaba un tipo especial de madera importada del sur. Era muy preciada e incluso algún templo importante como el de Karnak se surtía a penas con sesenta piezas para todo un mes. El marinero del Cuento del Náufrago la encontró en su isla del Mar  Rojo: “Y al tercer día, cavé un hoyo y encendí un fuego en el que primero hice arder ofrendas a los dioses, y luego cociné carne y pescado para mí”.
La comida se cocía al horno, se hervía, se estofaba, se freía, se hacía a la parrilla, o se asaba. Pero no se sabe mucho más a cerca de su preparación. Ciertamente utilizaban sal (Hmat) y aceite, así como cebollas, rábanos y ajo para añadir sabor a los otros alimentos. 
Se conocen los nombres egipcios de algunos condimentos,-siempre que hayan sido bien identificados-, como por ejemplo el comino (tpnn- tepenen), el eneldo (jms.t -ameset), el cilantro (Saw- shaw), el vinagre (HmD -hemedy) y las semillas de lechuga. También crecían en Egipto la mostaza, la canela y el romero, todos aparecen en los regalso de Ramseses III a los templos, y Plinio el Viejo pensaba que la mejorana salvaje de Egipto era la mejor para cocinar. 
Bebían cerveza o, más raramente, vino y también remojaban su carne y su pescado en ellos. Como edulcorantes utilizaban la miel, un sirope hecho de zumo de uva fermentado, y frutas como las pasas, los dátiles, los higos, las algarrobas y similares. La raíz de la chuba, una planta que crece en los márgenes del Delta, también daba un sabor dulce y agradable.

Utensilios de cocina
Lo que se sabe de los utensilios y el equipamiento de cocina proviene de los objetos encontrados en sus tumbas. Para la preparación de la comida se usaban jarras de almacenaje, cuencos, potas, sartenes, cucharones, tamices y batidores. Las mesas de cocina en las que se cortaba la carne y el pescado tenía tres o cuatro patas, pero muchas preparaciones se realizaban con los platos en el suelo y las cocineros de cuclillas o sentados en el suelo frente a ellos.
La mayor parte de los aldeanos usaban platos hechos de arcilla, mientras que los ricos utilizaban vajillas hechas de bronce, plata y oro. La comida se comía con las puntas de los dedos y los comensales limpiaban sus manos en pequeños cuencos de agua al final del banquete.

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Los sacerdotes en el Antiguo Egipto (III): tipos de sacerdotes.

26, mayo, 2007 at 10:00 pm (Egipto)

Yemyra Hem-Netyer– Éstos eran Altos Sacerdotes o Sacerdotisas que frecuentemente también llevaban otros títulos y posiciones en el templo. A menudo eran asistidos por un Sehedy Hem-Netyer el “inspector del sacerdocio”. Algunos templos también tenían un Imi-jet Hem-Netyer, supervisores de las operaciones del templo.
Dewat Netyer- Este término significa literalmente “Adoradoras del Dios” y era un título que llevaban las sacerdotisas de Hathor ya en el Imperio Antiguo. Estas sacerdotisas tenían un estatus igual o superior al de muchos de sus homólogos masculinos. Son mostradas realizando todos los ritos del templo que estaban reservados únicamente para el clero del más alto nivel. Esta posición era también denominadad como “Esposa del Dios” y “Mano del Dios” ambos términos haciendo referencia a los mitos de creación en los que Hathor, Nebet-Hetepet e Iusaas estimulaban sexualmente a Atum-Ra para que comenzase la creación (o incluso a la masturbación en solitario de Atum, de otros mitos). En este sentido parece que una de las funciones principales de la Dewat Netyer era la excitación ritualística y simbólica del dios. Como sugiere el egiptólogo Gay Robins, al hacer ésto la sacerdotisa “estimula al Creador para que así la fertilidad no decaiga y el cosmos no se hunda en el caos”.
Iunmutef– Mirando lo más detalladamente posible las funciones del clero, la posición masculina equivalente a la de la Dewat Netyer pudo haber existido en la posición sacerdotal del Iunmutef. Este término se puede traducir como “Pilar de su Madre”, y hace alusión al título de Ra de “Toro de Su Madre”, representando el ciclo de fertilidad en el que Ra preñaba a Hathor como el Sol del mediodía, para que así ella pudiese darle a luz al día siguiente. Dada la pasión egipcia por los juegos de palabras y el hecho demostrado de que el término “pilar” a menudo representaba al falo (como se puede observar en los misterios de Isis y Osiris), parece lógico que, al igual que la sacerdotisa Dewat Netyer, un posible rol del sacerdote Iunmutef podría haber sido el de estimular a la diosa a la que estuviese prestando servicio, para que así la fertilidad pudiese continuar. Es también sobresaliente que las inscripciones que existen muestren a las sacerdotisas Dewat Netyer y los sacerdotes Iunmutef realizando ceremonias juntos. Tal vez sea importante apuntar que la actitud de los antiguos egipcios ante la sexualidad era muy diferente a la que existe en la actualidad tanto en Occidente como en el Próximo Oriente.
It-Netyer– Literalmente se traduce como “Padre del Dios”. Mientras en las épocas más antiguas de la historia egipcia este título podía ser llevado por los miembros de más alto rango del clero, más tarde se convirtió en una posición intermedia entre el Uab y los otros niveles. Mientras el Uab se vinculaba con la purificación del área exterior del templo y los objetos rituales a utilizarse allí, la función principal del It-Netyer parece que era la de santificar y cuidar el santuario interior del templo, el Gran Asiento, y los objetos rituales que se dedicaban al culto de la estatua del dios.
Hem-Netyer / Hemet-Netyer– Literalmente el “Sirviente del Dios”. Estaban separados en tres distintos niveles: tercero, segundo y primero. En el periodo Ptolemaico, los griegos se referían a estas posiciones como Profetas en lugar de Hem-Netyer. Esencialmente, el sacerdocio del tercer y segundo Hem-Netyer asistía al primer Hem-Netyer (Hem-Netyer Tepy), el Sumo Sacerdote o Sacerdotisa, en los rituales diarios. El propósito principal de cada uno de estos niveles era el cuidado del dios en el santuario interior del templo, el “Gran Asiento”. Ésta era el área más sagrada del complejo templario, y su función ceremonial era la más importante dentro de la esfera esotérica de la religión. El cuidado del dios era el punto pivotal de la religión egipcia. Es a través de los rituales asociados con este acto que ocurría la comunicación y el compromiso entre la humanidad y lo divino, lo que ayudaba a mantener sin ningún trastorno el Maat, para que así todo prosperase. Como tal, el rol del Hem-Netyer es un punto crítico para el sistema espiritual de los antiguos egipcios.
Uab– El término significa “El Puro”. El Uab (Uabet para las sacerdotisas) estaba encargado de la limpieza del área ritual y sus utensilios. En épocas antiguas el Uab generalmente no tenía el paso permitido al santuario interior. El entrenamiento del Uab o la Uabet comenzaba con la realización de funciones rituales menores del templo. De todas formas, con la experiencia el Uab y la Uabet eran elevados a posiciones superiores. El siguiente paso para el Uab o la Uabet sería su ascenso a la posición de Gran Uab o Uabet, o Uab Mayor. Esta gente dirigía a los otros Uab en sus tareas rituales. Parece que el nivel de Uab era un nivel preparatorio del sacerdocio que solía entrenarse para rangos superiores.
Hener– Éstos eran los músicos y bailarines del templo. Aunque la mayoría eran mujeres, algunos hombres también participaban en el grupo de Hener. Los lideraba una Ueret Hener, una sacerdotisa de alto rango. La música y el baile eran usados para promover la fertilidad y el renacimiento, así que los Hener participaban en casi todas las ceremonias, desde festivales hasta funerales.
Herh-Heb/Herh-Hebet– Los “Sacerdotes Lectores” también conocidos como Jer-Heb. Era el Sacerdote Lector el que recitaba la liturgia ritual durante las ceremonias mientras los otros participantes realizaban las acciones ceremoniales. Por su entrenamiento en la lectura y escritura de textos jeroglíficos, estaban fuertemente vinculados con la biblioteca del templo en la Per Anj, la Casa de la Vida (el lugar donde todo el conocimiento era almacenado y enseñado dentro del área templaria). Muchos Sacerdotes Lectores eran también los escribas del templo, y eran vistos como magos poderosos que a menudo proporcionaban sus servicios a las gentes del pueblo. Debido a su gran educación y su habilidad mágica, su posición de poder aumentó hasta el nivel de consejeros en las Cortes Reales. Se les usaba frecuentemente como diplomáticos por el Nisu[t]. El título de Jeri-Hebet era muy respetado y era a menudo una posición social utilizada por inspectores, supervisores y altos sacerdotes de los templos.
Sesh-Per-Anj– Los escribas de la Casa de la Vida. También éstos estaban frecuentemente asociados con el conocimiento mágico debido a su conexión con los textos sagrados. Los escribas trabajaban mucho copiando los textos del templo en la Per Anj. Se consideraba que eran muy sabios y eruditos, y también que eran curanderos, en posesión de conocimientos médicos. Parece que formaban parte del personal permanente del clero en oposición al sacerdocio rotativo de Sau/Philae.
Sem– Los sacerdotes Sem son especialmente interesantes ya que habitualmente no estaban asociados con ningún templo. Más bien eran sacerdotes funerarios que supervisaban y conducían los rituales fúnebres. Los dioses más íntimamente asociados con este clero eran Osiris, Anubis, Sokar y Ptah. Generalmente se les identificaba por su atuendo ritual: una piel de leopardo que llevaban sobre una túnica blanca. También llevaban el mechón lateral de la juventud en vez de ir completamente afeitados como los otros sacerdotes. Los Sem eran los maestros ceremoniales del ritual de “Apertura de la Boca”, especialmente cuando era usado en un contexto funerario. Es más, el egiptólogo Greg Reeder cree que, de hecho, los Sem estaban habituados a utilizar técnicas de trance. Durante muchas ceremonias fúnebres egipcias, un sacerdote Sem era envuelto en tela y colocado sobre un trineo que era arrastrado hasta la entrada de la tumba. En esta forma el Sem era conocido como Tekenu. Las inscripciones muestran que durante esta fase de la ceremonia, el Sem entraba en trance y visitaba al difunto. Éste era un punto álgido de la realización de la ceremonia, formando el vínculo entre el mundo físico y el Otro Mundo al que el difunto ha pasado. El sacerdote emergía entonces de su envoltura proclamando su comunicación con el muerto y entonces la ceremonia continuaba.
Uhmu– Un término que significa “mensajero” o “heraldo”, parece que eran entrenados como intemediarios entre los dioses y los humanos. Sus habilidades parece que eran empleadas principalmente para servir como oráculo.
Imi-Unut– Junto al Uab encontramos una pequeña subcategoría del sacerdocio llamada Imi-Unut. Paralelamente a los escribas de la Casa de la Vida, los Imi-Unut eran sacerdotes y sacerdotisas astrónomos que calculaban la posición del Sol, la Luna, las estrellas y los planetas. Así, fijaban las fechas para los calendarios del complejo, incluyendo sus muchos festivales y festividades religiosas. Eran también responsables del alineamiento de los templos con los eventos celestiales. En el periodo Ptolemaico, esta categoría fue dividida en dos posiciones: los horólogos, o “guardianes del tiempo”, y los astrólogos. Los astrólogos eran los responsables de mantener el archivo de las asociaciones mitológicas de los días del año para determinar la naturaleza de los eventos del día. Sabemos que no fue hasta periodos muy posteriores de la historia egipcia que no se comenzaron a incorporar entre las prácticas del templo los horóscopos individuales relacionados con el concepto de la astrología tal y como la entendemos en la actualidad. Muchos, sino todos, de estos conceptos parece que fueron importados de Mesopotamia.
Sunu- Estos sacerdotes estaban vinculados a las tareas de cuaración. Eran los médicos científicos del Antiguo Egipto.
Rejet– Significa “La Sabia” (no debe ser confundido con el término “Rejyet” que era utilizado para designar a los no iniciados, a los que se les permitía participar en un contexto muy limitado de los rituales del templo). La Rejet era considerada una “mujer sabia”, y eran videntes capaces de comunicarse con los muertos. Parece que las Rejet estaban compuestas únicamente por mujeres que ya habían pasado los años de tener hijos.
Sau– Trabajaban con la magia protectora.

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La escritura egipcia: los Unilíteros

25, mayo, 2007 at 2:57 am (Egipto)

Tipos de fonogramas en Egipcio Medio

En el Egipcio Medio tenemos tres tipos diferentes de fonogramas (esto es: signos que representan un sonido, como se vio en la lección anterior):

a)Unilíteros: cuando el sonido representado está formado por una sola letra. Esto sería como nuestro alfabeto tradicional.

b)Bilíteros: cuando el sonido representado está formado por dos letras.

c)Trilíteros: cuando el sonido representado está formado por tres letras.

Aquí explicaremos los signos unilíteros y el llamado alfabeto egipcio.

Los Unilíteros en Egipcio Medio

Estos signos que vamos a conocer ahora son los signos básicos y principales que todo interesado en conocer la lengua egipcia debe conocer, por lo que daremos una semana para su correcto estudio y memorización antes de continuar con el curso. El orden también es importante, y deben aprenderse tal y como aparecen, pues la mayor parte de diccionarios de Egipcio Medio suelen utilizar este mismo orden para organizar sus entradas. También decir que para la transliteración utilizaremos el método que se sigue al usar computadoras y ordenadores (algunas pueden escribirse de dos modos, y entonces colocaremos ambos); hay que tener en cuenta que unas se representan con mayúsculas y otras con minúsculas porque así se diferencian habitualmente.

Imagen- objeto del que se trata- transliteración- nombre de la letra

 –el buitre egipcio- 3 ó A- Aleph

 –hoja de caña- j ó i- j; también puede aparecer como dos líneas inclinadas.

 -doble hoja de caña- y ó ii- y

 –brazo- ‘ ó a- ayin

 –pollo de codorniz- w – w ó u; también puede aparecer como

 –pie- b- b

 -taburete o soporte- p- p

 –víbora cornuda- f- f

 –búho o lechuza- m- m; también puede aparecer como -objeto desconocido.

 –agua- n- n; también puede aparecer como -la Corona Roja.

 –boca- r- r

 -recinto- h- h

 -cuerda trenzada- H- “hache punteada” (la otra transliteración es con una “h” con un punto bajo ella).

 -objeto desconocido, habitualmente identificado como placenta de animal- kh, j ó x- “tercera hache” (otra transliteración es una hache con un arco bajo ella).

 -barriga y ubres de animal- kh, j ó X- “cuarta hache” (otra transliteración es una hache con una línea recta bajo ella).

 –cerrojo- z ó s- z

 –tela colgada- s- s

 -estanque- sh ó S- shin (también se translitera como una s con un ángulo sobre ella).

colina- q- q

 –cesta- k- k

 -soporte para jarras- g- g

 –rebanada de pan- t- t

 -cuerda con doble nudo en los extremos- T, ty ó tch, ts- “segunda t” (otra transliteración es mediante una “t” con una línea recta bajo ella).

 -mano- d- d

 -cobra- D ó dj, dy- “segunda d” (otra transliteración es una “d” con una línea recta bajo ella).

Los sonidos en Egipcio Medio

Pasemos ahora a los sonidos que serían representados por estos signos unilíteros.

3 ó A- Sería similar al sonido de la Aleph árabe o hebrea, una especie de sonido o parada glotal, como el que se emite al decir “oh-oh”, pero abriendo el sonido en “a”.

j- En muchos casos es probable que no tuviese un sonido propio, sino que indicase que el sonido comenzaba con una vocal. Se sabe que a principio de palabra se pronunciaba como una “a”, y que en otros casos sería como una “i”.

y- como el sonido de la “y” en “ayuno”.

‘ ó a- sería similar al sonido de la ayin árabe o hebrea. Se sabe que originalmente sería un sonido similar al de la “d” en “dedo”, y que algunos dialectos seguían con esa pronunciación. Aunque se suele pronunciar como una “a”.

w- puede tener un sonido similar al de esta consonante en inglés, como en la palabra “wet”, similar a la forma de pronunciar “huevo”. En otras palabras, sin embargo, era una clara “u”, como en “nunca”.

b- como nuestra “b”.

p- como nuestra “p”.

f- la mayor parte de las veces sería como nuestra “f”, aunque había algunos casos en los que tenía un sonido similar al de anteponer una “p”, algo así como “pf”.

m- como nuestra “m”.

n- como nuestra “n”, aunque en algunas palabras parece que se pronunciaba como la “l”.

r- como una “r” suave en “pero”. Aunque en algunas palabras parece que se pronunciaba como la “l”.

h- una h ligeramente aspirada, como en el andaluz.

H- una h con una aspiración más fuerte, como cuando se echa el aliento en las gafas para limpiar los cristales.

x ó kh- sonaría como una “j”.

X ó kh- sonaría como una “j” a la que le siguiera una “y” (algo parecido a “jy”)

z y s- sonarían del mismo modo, como la “s” de “salsa”.

S o sh- sería un sonido similar al del grupo “sh” en inglés; o la forma de pronunciar el grupo “ch” en Andalucía en palabras como el célebre “pisha”, o la de la “x” en “xilófono”.

t- como nuestra “t”.

T ó tch ó ty- como si se pusieran juntos los sonidos de “t” e “y”, o la pronunciación del inicio de palabra en “tiara”.

Transcripción o transliteración

La transcripción de las palabras en Egipcio Medio muchas veces depende del lugar de origen del traductor, pues muchos de los sonidos son distintos en Francia, Inglaterra o España. Algunos sonidos son iguales para todos, éstos son: b, p, f, m, n, r, h, z/s, q, k, g, t y d, que se transcriben así en todas partes. Las otras consonantes suelen aparecer de la forma siguiente:

3 y ‘ – como “a”. Ejemplo: Maat (que en egipcio sería _m3’t_, nombre de una diosa).

j – como “i”. Ejemplo: Isesi (egipcio _jzzj_, nombre de un rey de la V Dinastía).

y – como “y” o “i”. Ejemplo: Pepy o Pepi (egipcio _ppy_, nombre de un rey de la VI Dinastía).

w – como “w” o “u”. Ejemplo: Wenis o Unis (egipcio _wnjs_, rey de la VI Dinastía).

H – como h. Ejemplo: Heh (egipcio _HH_, nombre de un dios).

X y x – como kh, ó como j. Ejemplo: Sekhem-khet, ó Sejem-jet (egipcio _sxm-Xt_, rey de la III Dinastía).

S – como sh. Ejemplo: Hatshepsut (egipcio _h3t-Spswt_, rey femenino de la XVIII Dinastía).

T – como tj ó como ty. Ejemplo: Tjenenet, ó Tyenenet (egipcio _Tnnt_, nombre de lugar). Algunos egiptólogos usan también la forma “th” (Thenenet), o “tch” (Tchenenet).

D- como dj, ó como dy. Ejemplo: Djeser-djeseru, ó Dyeser-dyeseru (egipcio _Dsr-Dsrw_, nombre del templo mortuorio de Hatshepsut en Tebas). Algunos egiptólogos usan la forma más antigua de “z” (Zeser-Zeseru).

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Desaprendiendo Egipto

23, mayo, 2007 at 10:19 pm (Egipto)

Hoy me permito colocar un post de otro blog (Enemigos de la Egiptología, de Teresa Soria Trastoy, secretaria general de la ASADE y presidenta de INDETEC-Aegyptus), ya que en él se puede ver cómo de mal puede quedar una supuesta entendida en Historia Antigua (y para más inri, profesora de Historia Antigua de la UNED, la señora Ana Mª Vázquez Hoys) hablando de Egipto en un programa de radio sin tener ni idea de lo que está diciendo. Lo copio íntegro, porque merece la pena.

Un amigo me acaba de enviar a mi correo electrónico el enlace a un programa de Cadena Ser titulado “La ventana del verano”, “Lecciones de Historia”, en el que la entrevistada y “experta” era la Dra. Ana Mª Vazquez Hoys, Profesora titular de Historia Antigua en el Departamento de Historia Antigua de la UNED desde 1984.En esta ocasión hablaba de Egipto y el programa que correspondía al día 27/07/2005 llevaba como título “Desaprender Egipto”, pero también se atrevió con otras civilizaciones y pueblos de antigüedad como lo son Roma, Israel y los fenicios.

Sorpresa, lo que se dice sorpresa, no es que me haya causado alguna en absoluto oir tamaña cantidad de barbaridades y desatinos juntos, más bien me partía de risa mientras lo escuchaba recordando aquél programa de “Sopa de Gansos”.

Y ¿por qué no me sorprendido en absoluto?. Pues en primer lugar, por ser la Doctora quien es, es decir, alguien que ya nos tiene condenados desde hace muchos años a padecer distintas y variadas secuelas cerebrales si cometemos el error de leer algún libro suyo, al menos que tenga relación con el antiguo Egipto. Y en segundo lugar, porque, al fin y cabo, es profesora de la UNED, una Universidad que es a nuestra época lo mismo que lo era la Universidad de la Laguna a la de mis padres (bueno, y a la mía propia mientras estaba en la Universidad de Deusto estudiando). O sea, que te echaban de todas las Universidades y si tenías que sacarte un título como sea podías elegir entre la UNED o la Universidad de la Laguna para poder mostrar tal título ante no sé quien que te fuera a dar trabajo en un futuro bastante incierto si en alguna de ellas acababas.

Pero lo más divertido es ver a alguien que no tiene ni la más miserable idea de lo que habla, no escribiendo un libro (que con una buena bibliografía y un hábito de copia visceral puede quedar hasta un poco decente -lo cual tampoco es el caso de esta honorable señora-), sino en “vivos y en direstos”, en un programa de radio en el que no se puede retocar, amañar, modificar, etc. nada de lo dicho. Y además, ahora con las nuevas tecnologías que todo queda archivado para la consulta de quien desee, quedará constancia para el resto de sus días. Aunque bien orgullosa que debe estar la Dra. Vaquez Hoys, ya que en su curriculum, dentro de su página web, ha enlazado el meritado programa (y meritado no significa que tenga mérito, jeje).

La entrevista a esta señora, a la que cualquiera que gustase de meterse con la persona en lugar de con el trabajo que realiza (cosa en la que no entra la que suscribe, ni lo han hecho nunca contra la misma, por supuesto) calificaría de entre marujona y caduca, no tiene desperdicio. Sus intervenciones podrían clasificarse en “citas célebres”, “desaprendiendo la Historia”, “trabalenguas” y “consejos vendo y para mí no tengo, ¡desaprenda usted, hombre!”.

Todavía no sé cómo puedo perder el tiempo en estas cosas, pero he pasado un ratillo transcribiendo a papel gran parte de las intervenciones de la Dra. Vazquez Hoys, aún a riesgo de acabar lapidada por mi querido Ahmosis. Ahora, paso aquí partes de ella, dividida por secciones, para “deleite de vuestros ojos” (en azul y también entre corchetes, la pregunta o tema sobre el que le preguntan; en granate, la respuesta de la profesora de la UNED; en paréntesis, mis comentarios):

1.- Citas célebres.- Pongamos que estamos viendo “Aquí hay tomate” o “Sé lo que hicisteis”; imaginemos las frases que vienen a continuación leídas con la entonación al estilo de los dos programas mencionados:

– A la pregunta de la periodista radiofónica o locutora “¿A cuándo nos tenemos que remontar para encontrar el origen de la civilización egipcia?”, la Dra. Ana Mª Vázquez Hoys contesta: “Como mis alumnos saben aquéllo de aproximadamente má (sic) o menos, pues vamos a empezar en el 3000, y vamos a empezar en el 3000 porque uno de los problemas de Egipto es precisamente la cronología no hay, bueno, en Egipto y en todo el mundo antiguo hasta el siglo IV d.C., más o menos casi ya hasta los visigodos, no hay una cronología única y segura, hay la media, la alta, la baja, la bajísima y la requetebajísima. Entonces yo he cogido la media y he procurado más o menos atemperarlo todo para que cuadre el puzzle, entonces, si decimos el 3000, pues ya nos enteramos un, digamos que por milenios”. (¡¡Yo me quedo con la baja!! que, como decía un amigo mío, es más manejable).

– A la pregunta: “Y de Egipto, ¿tenemos certezas o lo que nos ha llegado también tiene mucho de literatura?, ¿Mucho de peliculilla?”, la Dra. Ana Mª Vázquez Hoys contesta: “Mucho de literatura maravillosa. Bueno sí, sí es, [Es una de las civilizaciones más bonitas] a las chicas nos encanta por aquello de Nefertiti parriba (sic) pabajo (sic), tan guapas con aquellos pintaos (sic), con aquellos ojos. [Y Tutankamon también, ¿eh?]. Bueno es que es mi favorito, no Tutankamon, a mí me encanta Amenofis IV. Es todo, según algunas teorías estaba un poquito majareta, pa (sic) otros era un hippie, bueno, ahora os lo cuento. (Era él, dios mío, sí, ya decía yo que se me parecía a alguien, sí en sus primeras representaciones…. ¿por qué se pondría de nombre artístico John Lenon, con lo bien que suena Akenaton?. Además qué importaba la diferencia entre “The Beatles” o “The Sacred Beetles”).

– Preguntada sobre Ramses II, la Dra. Ana Mª Vázquez Hoys contesta: “Yo es que le tengo un poco de manía porque era un megalómano. Cuando llegas a Egipto, como los chicos sois lo que sois, con perdón de los chicos, resulta que llegan y te dicen: “Ramses, hu, hu, hu…, cien hijos”, o sea, es el símbolo digamos del machismo y a mí eso me fastidia un montón, con lo cual, y como era un megalómano pues tiene una cantidad de, de , de edificios grandísimos y está en todos los sitios”. (Bueno, pues yo odio entonces a, a , a…, hummm…, a todas las reinas de Egipto por ser el símbolo, digamos, de la típica marujona, tanto sirviente parriba pabajo, tanto acicalarse, y luego ¿qué?, ¡a tener hijos como descosidas!).

– Preguntada sobre la importancia de Nefertiti, la Dra. Ana Mª Vázquez Hoys contesta: “Pues mira, si no tuviera importancia yo la metía por guapa… ¡qué cosa más bonita!, y yo creía que a esa mujer era una pantomima que la estaba, bueno, la veíamos, de cuello para abajo y yo estoy segura de que se le movían las aletas de la nariz…”. (Aysss, pero qué cosa más bonita, como decía la Panto).

Sobre la autopsia de Tutankamon y a la pregunta “¿de qué murió?”, la Dra. Ana Mª Vázquez Hoys contesta: “Pues murió de muerte. El problema es que hay tantas teorías que uno, bueno, el problema es que parece ser que tiene una herida y entonces eh, [herida, ¿dónde?, ¿ en la cabeza?] una herida como en, eh, una mejilla. Pero parece ser, creo recordar que, claro esto son anécdotas menores, y hay tantas historias que a lo mejor se me va un poco el santo al cielo. Parece ser que vivió después de esta herida, con lo cual no murió de esa herida, pero igual sí a consecuencia de, eh, es lógico que fuera asesinado, a lo mejor no le asesinaron matándole físicamente con una puñalada o tal, pero le tuvieron que quitar del medio….”. (Es verdad, profe, igual le asesinaron psíquicamente con una puñalada trapera, o es que igual realmente se le ha ido a usted el santo al cielo, o es que igual no tiene ni idea de lo que habla. Aunque total, sabiendo que murió de muerte, para qué meterse en camisa de once varas).

2.- “Desaprendiendo la Historia”.- En realidad todo el programa radiofónico es un auténtico atentado contra la Historia, pero hemos cogido algunos elementos no sólo significativos, sino hasta graciosos:

– La Dra. Ana Mª Vázquez Hoys sigue contestando a la pregunta sobre si tenemos certezas de Egipto: “El caso es que no hay unanimidad, pero es muy bonito, la verdad es que Egipto es una civilización que todo el mundo la conoce, primero, porque van de lau (sic), con lo cual te dicen: “¡uy, que cosa más rara!, ¿qué hace este señor representado así?”, ¿no?, y luego por las pirámides, obviamente, que las conoce todo el mundo, es una de las grandes maravillas de mundo antiguo”. (No comment)

– Siguiendo con Tutanjamon, lo que le llevó hasta la época de Amarna, la profesora de la UNED contesta: “Toda esta primacía del culto a Aton, que es la, el disco solar, ya había empezado antes, en época de Amenofis III, está la misma decoración en el palacio de Malkata, los mismos frescos pues con aves, vegetación, influencia minóica, mediterránea, que todo el mundo dice que Egipto era muy cerrado, pues no, por ahí había bastantes mediterráneos y hay una cosa que es mi última teoría, que es que Nefertiti a lo mejor era mediterránea, y olé, no, no griega,porque los griegos no existían entonces, sino hay influencia minoica y a lo mejor pues era rubia o tenía el pelo colorado, porque yo estoy convencida de que era de la familia de Tiyi, por eso se pone la misma eh, eh, el mismo gorro este con achatado, ¿no?, y luego se tapan el pelo siempre; la momia de Tiyi me parece que se conoce por lo menos un mechón rojo en la tumba de Tutankamon, y si era roja, eh, en Egipto el color rojo era, estaba maldito, era el color de Set. (Dios santo, Nefertiti comunista; si ésta sigue desarrollando su teoría acabaremos entendiendo por qué desapareció sin saberse nada de ella…, ¡¡¡¡condenada a la muerte eterna por roja!!!).

3.- “Trabalenguas”.- Tres tristres triges…, ¡uf, vaya!, ya me he vuelto a confundir. Oigamos a nuestra “experta profesora”, cómo domina el arte del trabalenguas:

– A la pregunta: “Lo que conocemos de los egipcios, ¿nos viene de ellos?, ¿nos viene de la cultura griega?, ¿de la romana?, ¿de dónde nos viene?, porque el otro día decías que sin la escritura no hay conocimiento prácticamente, ¿no?”, la Dra. Ana Mª Vázquez Hoys contesta, después de hacer una tampoco afortunada introducción sobre la Piedra Rosetta: “Pero el problema de Egipto es que no coinciden las fuentes, eh, escritas, digamos en papiros, las fuentes literarias, con las fuentes arqueológicas y luego hay veces que cuando tienes faraón, el faraón no está en la lista y cuando tienes lista, no tienes al faraón, con lo cual el puzzle encaja poquito y mal. Y, a veces, tienes piezas que están mal encajadas, tienes muchísimas teorías como en el caso de Amarna, que ya os contaré si nos da tiempo, que tengo siete, ocho, diez teorías para un mismo hecho y que hay otro problema que como ellos no explican lo que han hecho, podemos ponerle a la película de cine mudo el texto que queramos”. (A ver si va a ser ella la que no encaja en el mundo…, de la docencia, quería decir, sí, ni de la investigación).

4.- “Consejos vendo y para mí no tengo, ¡desaprenda usted, hombre!”.- Pongamos algunos ejemplos de esta catástrofe:

– En realidad le preguntaron sobre Tutanjamon, pero después de explicar el parrafito que hemos leído más arriba, continúa diciendo: “Y además, hay una cosa que es fundamental que también quiero que desaprendáis; que no tienen oro porque son ricos, sino que tienen oro porque el oro es la inmortalidad, es la carne de los dioses, entonces se les entierra con oro para que sean más inmortales si cabe”. (Y en qué cabeza cabe, digo yo y, si cabe, pues entonces yo quiero ser el más inmortal de los inmortales de la peli de “Los Inmortales”, jeje).

– Y continúa diciendo: “Y luego hay que desaprender, perdonad, cómo era, lo del famoso monoteismo, que Akenaton no es monoteismo, no es monoteista, ¿eh?, a ver si consigo que se desaprenda un poquito”. (Tranquila, tranquila, que llevas años consiguiéndolo, y los que rondarás, morena).

– La “Lección de Historia”, y con ella el programa, finaliza con una entrada de la periodista radiofónica que resume toda la intervención de la Dra. Ana Mª Vazquez Hoys: “Contigo desaprendemos, pero además tenemos muchas dudas más que cuando llegas”, a lo que la Profe de la UNED contesta: “Pues a estudiar”. (Pero por favor, no lo hagáis con sus libros).

En resumen: que ya sabíamos que era una negada, que sus libros no valen ni para envolver bocatas, pero al menos esta vez ha sido realmente divertido…, nos reimos con ella, sí, que sabemos que tiene mucho sentido del humor, ¡cómo alguien puede pensar que me estoy riendo DE ELLA? 🙂

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Los sacerdotes en el Antiguo Egipto (II)

23, mayo, 2007 at 12:45 pm (Egipto)

Ofrenda a los dioses

 Los sacerdotes se podían casar normalmente, tener hijos, y disfrutar de la vida familiar. En el Imperio Nuevo, servían en cuatro grupos, cada uno trabajando durante un mes de cada tres. Durante ocho meses trabajaban en su profesión o negocio habitual, que podía ser tanto política como administrativa o comercial, y el resto del tiempo lo dedicaban al templo. Antes de entrar al servicio templario tenían que abstenerse durante una temporada del contacto sexual.

Los rituales diarios en el templo
Antes de que el sacerdote pudiese entrar al santuario interior donde residía la estatua del dios, tenía que purificarse mediante una serie de rituales. Hay evidencias de que durante el Imperio Nuevo y posteriormente, los sacerdotes se afeitaban todo el cuerpo y se limpiaban con natrón. También se abstenían de ciertas comidas, aunque no se debían a ningún tipo de ayuno ritual. Sólo se les permitía vestirse con ropas de lino y sandalias de papiro, todo de color blanco. Los cargos más altos se veían favorecidos con permiso para llevar túnicas especiales como las pieles de leopardo de los sacerdotes Sem.
Cuando el sacerdote estaba preparado para entrar al templo, se debía lavar en agua, quitándose la suciedad y el sudor, y restaurando la energía y el rejuvenecimiento de su cuerpo. También debía lavarse la boca con una mezcla de agua y natrón.
Cuando los primeros rayos de sol aparecían sobre el horizonte, los sacerdotes entonaban el himno del amanecer que comenzaba diciendo: “Despierta en paz, gran dios (insertando aquí el nombre del dios específico al que rendían culto)”. El sacerdote principal accedía al santuario dentro del templo sutilmente iluminado, y rompía el sello de la puerta para abrir la entrada a la capilla. Entonaba entonces cuatro veces una oración ritual sobre la imagen del dios, haciendo que el alma de éste retornase para poder reafirmar su forma física terrenal.
La imagen del dios era limpiada, ungida con aceite y purificada. Se le quitaban las prendas viejas, y se quemaba incienso para limpiar y purificar el santuario. La imagen era vestida con nuevas telas de colores, se le aplicaban perfumes y cosméticos en el rostro, e incluso se adornaba con joyas.
Entonces dejaban el desayuno delante de la capilla y el dios. Solía consistir en pan, pedazos de carne, aves de corral asadas, cestas de fruta y verduras, y jarras de cerveza y vino. Todas las ofrendas eran preparadas en las cocinas del templo, usando productos producidos por las fincas del mismo. Cuando mataban al animal para conseguir la carne, no podía caer ninguna gota de sangre sobre el altar del dios, ni podía ser sacrificado ante él.
Una vez que el dios estaba harto, la comida era retirada, tal vez para ser dejada en las capillas de otras deidades menores, y luego regresaba a las cocinas para ser distribuída como salario entre el personal del templo. La imagen y todo el santuario eran salpicados entonces con agua, y se colocaban en el suelo cinco granos de natrón y resina, mientras quemaban más incienso. Luego se volvían a cerrar y sellar las puertas del santuario.
Estos rituales se celebraban tres veces al día: por la mañana, al mediodía y al atardecer, aunque los dos últimos eran más breves. Después de la comida de la tarde, las ropas del dios se quitaban de nuevo antes de que la imagen volviese a la capilla, y se recitaba el himno de la tarde.
Las fiestas regulares que se celebraban en el templo incluían los festivales de Principios de Mes y de Luna Nueva. Esos días, la estatua del culto debía desfilar alrededor de los recintos del templo, parando para que fuese ofrendada en los sitios designados para ello. En otros ritos, la estatua no se movía de las habitaciones más interiores del templo. La gente podía acudir hasta los patios exteriores del templo para solicitar la ayuda y el consejo del dios. Durante los festivales más importatnes, como el Opet de Karnak, la imagen del dios era llevada al exterior del templo en una elaborada procesión. Algunas de estas veces, la gente incluso podía acudir ante el dios para pedir su consejo en la forma de oráculo.

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Los textos funerarios del Antiguo Egipto

23, mayo, 2007 at 7:11 am (Egipto)

Los textos mágicos que decoraban las tumbas de los reyes del Antiguo Egipto nos proporcionan un detallado mapa de lo que los egipcios creían que era el Más Allá. Muchos de estos textos derivan de algún modo de otros más tempranos, del Imperio Antiguo, conocidos como Textos de las Pirámides (al estar representados en las paredes de algunas de las pirámides de la época que se conservan) y que fueron desarrollados para los reyes de las Dinastías V y VI.
Aunque numerosas tumbas contienen los textos de uno o más de estos mal llamados libros funerarios, ninguna de estas tumbas parece contener el texto completo de ninguno de ellos. En algunas encontramos la mayor parte del texto, mientras que otras a penas contienen algunos pasajes sueltos. Desde el periodo Ramésida en adelante, el Más Allá se focalizó de una nueva manera.
Los nombres por los que estos libros son conocidos en la actualidad son todos de origen moderno. Aquí resumiremos cada uno de ellos.

Textos de las Pirámides
Los Textos de las Pirámides son la colección más antigua de hechizos del Antiguo Egipto que ha llegado hasta nosotros. Esta colección forma la base de mucha de la teología y literatura egipcia posterior. Los pasajes están separados en categorías e ilustrados, y evolucionaron a lo que luego sería el Libro de los Muertos, o más correctamente los “Hechizos Para la Salida al Día”. El más antiguo de estos textos nos llegó de la pirámide del rey Unas en Saqqara. De todos modos, el primer Texto de las Pirámides descubierto en época moderna fue el de la pirámide del rey Pepi I.

Textos de los Sarcófagos
Los Textos de los Sarcófagos sustituyeron a los Textos de las Pirámides como hechizos funerarios mágicos al final del Imperio Antiguo. Aunque son un fenómeno del Imperio Medio principalmente, hay ejemplos de estos textos de épocas tan tempranas como finales del Imperio Antiguo. Previamente, el derecho a ser embalsamado y la garantía de llegar a la Otra Vida estaba restringido a la realeza y sus parientes más cercanos, pero la introducción de los Textos de los Sarcófagos comenzó a eliminar la exclusividad de los Textos de las Pirámides, acercándolos a los otros nobles y otras gentes de la administración. Se inscribían por todo el exterior de los ataúdes antropomórficos para que los propietarios pudiesen acceder a ellos, y usualmente también se pintaban jeroglíficos cursivos en las caras interiores. Los textos se encuentran habitualmente en los ataúdes de los oficiales del Imperio Medio y de sus subordinados, aunque los hechizos pueden estar también inscritos en las paredes de las tumbas, en estelas, cofres canópicos, papiros e incluso en las máscaras de las momias.
Se conservan cerca de un millar de estos hechizos, y muchos de ellos derivan de los iniciales Textos de las Pirámides. Una parte de los Textos de los Sarcófagos son conocidos como “Libro de los Dos Caminos”, y es una guía del Más Allá que incluye un mapa con una serie de rutas a elegir por el difunto, y siete puertas con tres guardianes cada una, a través de las que hay que pasar para llegar a la Otra Vida. Los Textos de los Sarcófagos intentan garantizar la supervivencia en la Otra Vida, e incluye títulos como “Hechizo Para No Morir una Segunda Muerte”. Muchos de estos hechizos evolucionaron posteriormente hacia el Imperio Nuevo en el llamado Libro de los Muertos.

El Libro de Amduat
Los egipcios se referían a él como “El Libro de la Cámara Secreta”, y es el más antiguo de todos los libros funerarios de la realeza. El Libro de Amduat docuemnta el viaje del dios del sol Ra a través de las doce divisiones del Mundo Subterráneo, comenzando en el horizonte del Oeste y reapareciendo como Khepri, el sol naciente en el Este, correspondiéndose con las doce horas de la noche. El significado de Amduat puede ser interpretado como “aquéllo que Está en el Mundo Subterráneo”. En este libro, el rey muerto viaja a través del Mundo Subterráneo hacia la Otra Vida en su barca solar. El texto describe lo que el difunto encontrará allí, además de hechizos específicos para sobrepasar ciertos obstáculos que encontrará a lo largo del camino. Muchas tumbas del Valle de los Reyes contienen pasajes de este libro, pero las cámaras funerarias de Thutmosis III y Amenhotep II contienen casi todo el texto completo.

La Letanía de Ra
Este texto se trata de una “Letanía del Sol” en dos partes que muestra al dios solar Ra bajo 75 formas diferentes en su primera parte. La segunda parte es una serie de oraciones en las que el rey asume varias formas de la naturaleza y de varias deidades, particularmente las del dios Ra. Se desarrolló en la Dinastía XVIII, y también insta al rey a su unión con Ra y con las otras deidades. El texto se colocaba a la entrada de muchas tumbas desde la época de Seti I, aunque la primera forma que conocemos proviene de la cámara funeraria de Thutmosis III.

El Libro de las Puertas
El Libro de las Puertas aparece a finales de la Dinastía XVIII, y sus pasajes se encuentran en las cámaras funerarias y en las primeras salas columnadas de muchas tumbas posteriores. Como el Libro de Amduat, pero con un texto más sofisticado, este libro hace referencia a las horas de la noche, llamándolas “las Doce Puertas”, haciendo énfasis en que esas puertas son barreras. Las deidades guardianas sólo te dejarán pasar a través de las puertas si conoces sus nombres. El viaje se hace en la barca solar, y la primera hora es seguida por una primera puerta, que da entrada a la segunda hora con su segunda puerta. En la quinta puerta, encontramos a Osiris sentado para juzgar a los difuntos, y el viaje finaliza en la duodécima puerta cuando llega el día, simbolizando el renacimiento del sol.
El viaje a través de las doce puertas trata de los problemas del Mundo Subterráneo, como Apep – la gran serpiente destructora y adversaria de Ra-, la justicia, las bendiciones materiales o el tiempo.Los textos más completos que se han descubierto es el de la tumba de Rameses VI y el del sarcófago de Seti I. 

El Libro de los Muertos
Conocido por los egipcios como “Hechizos Para la Salida al Día”, el libro es una colección de hechizos mágicos, muchos de ellos derivados de los anteriores Textos de las Pirámides y los Sarcófagos. Aunque a diferencia de éstos, solían estar escritos en rollos de papiro y colocados dentro del sarcófago del difunto, presumiblemente porque así podía ser cogido y llevado fácilmente por su cercanía.
El Libro de los Muertos intenta ser una guía para el difunto a través de varias pruebas que se encontraría antes de llegar al Más Allá. El conocimiento de los hechizos apropiados era considerado algo esencial para conseguir la felicidad después de la muerte. Los hechizos o encantamientos varían de distintas formas entre los textos de distintos sarcófagos, dependiendo de la importancia del difunto y de otros factores de clase social. Hay unos 190 capítulos en algunas versiones, y aunque tienen muchos elementos comunes, cada uno es distintivo para cada momia particular.
Los Libros de los Muertos solían estar ilustrados con imágenes que mostraban las pruebas a las que el difunto sería sometido. La más importante era el pesado del corazón de la persona contra  Maat -la Verdad y la Justicia-, y era algo que llevaba a cabo Anubis. El corazón del difunto se colocaba en un platillo de una balanza y se usaba como contrapeso una pluma de avestruz, el símbolo de la diosa Maat. Si era considerado respetable y no caía con el peso del pecado, pesaría menos que la pluma.  El dios Thot estaba presente para anotar los resultados, y al lado de la balanza esperaba el monstruo Ammyt, que devoraría el corazón si el sujeto no superaba la prueba.

El Libro de las Cavernas
Este libro nos da una visión del Mundo Subterráneo como una serie de seis pozos o cavernas a través de las que pasa el dios sol Ra. Aquí se nos ilustra la mayor parte del Mundo Subterráneo, mientras que el texto es básicamente una alabanza a Osiris. Hace incapié en la destrucción de los enemigos de Ra, y nos habla de las recompesas y castigos del Más Allá. Para completar su viaje por el Otro Mundo, el rey muerto debe saber los nombres secretos de las serpientes y ser capaz de identificar a sus deidades guardianas. El Libro de las Cavernas se divide en dos mitades mediante dos grandes imágenes del dios solar con cabeza de carnero, y cada mitad se divide a su vez en otras tres partes, haciendo un total de seis secciones. Una versión bastante completa del libro puede encontrarse en la tumba de Rameses VI, aunque también aparecen pasajes sueltos en las zonas superiores de otras tumbas.

El Libro de los Cielos
Después de la muerte de Ajenaton, aparecieron un nuevo grupo de libros relacionados con la Otra Vida. Estos libros se centran principalmente en la diosa del cielo Nut, que se traga al dios del sol cada atardecer para luego darle nacimiento otra vez cada mañana. Durante el día, el dios Ra es visible sobre el cuerpo de la diosa, pero durante la noche se lo traga y él viaja a través de su cuerpo de vuelta al lugar donde reaparecerá otra vez. Este libro, que se desarrolló a finales del Imperio Nuevo, describe el viaje del sol por los cielos, y algunos de sus pasajes pueden ser encontrados en las tumbas del periodo Ramésida.
Tenemos una serie de libros individuales contenidos dentro del Libro de los Cielos, pero los mejor documentados son “El Libro del Día”, “El Libro de la Noche” y “El Libro de Nut”. Relacionado con todos ellos está “El Libro de la Vaca Celestial”.
“El Libro de la Vaca Celestial” nos cuenta una historia que mezcla hechizos mágicos con detalles exactos de la vaca divina y es un relato de carácter eminentemente mitológico. Al principio, la luz del día estaba siempre presente, y los humanos y los dioses cohabitaban en la tierra. Ra, el dios del sol, gobernó en la tierra durante mucho tiempo. Todo ésto se nos es mostrado como un paraíso, pero los humanos comenzaron a rebelarse contra Ra. Ra envió a Hathor en su forma de ojo ardiente para aplastar la rebelión y destruir a los rebeldes con su fuego. De todos modos, al final Ra sintió pena por los humanos y retiró a Hathor para dejar a algunos con vida. Entonces Ra reorganizó el cielo y el Otro Mundo, apartándolos de la tierra sobre las espaldas de la vaca celestial.

El Libro de la Tierra
Este libro está dividido en cuatro partes que describen el paso del sol durante la noche a través del Mundo Subterráneo, y se desarrolló en la Dinastía XX, apareciendo en las cámaras fuenerarias de muchas tumbas del periodo Ramésida. También aparece algunas veces en algunos ataúdes antropomórficos del mismo periodo. Su contenido es similar al del Libro de las Cavernas, aunque hay claras diferencias entre ambos. Por supuesto, es Osiris la figura central del texto, así como la transformación de Ra, junto al ba del difunto. Un tema interesante es el del viaje del sol a través del dios de la tierra Aker, representando una expansión de la idea de la undécima escena del Libro de las Puertas, con su “barca de la tierra”.
Esta es la última gran composición que tiene que ver con el Más Allá, donde el disco solar es alzado de las profundidades de la tierra por numerosos pares de brazos, y donde los enemigos de Egipto -aquellos cuyas almas no han sido benditas- son castigados y destruidos en el Lugar de la Aniquilación.

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Los sacerdotes en el Antiguo Egipto (I)

21, mayo, 2007 at 8:56 pm (Egipto)

Los sacerdotes en el Antiguo Egipto eran conocidos como hem-netjer (sirviente del dios) y eran esencialmente empleados en el templo para oficiar y cuidar las necesidades diarias del culto de la representación oficial del dios (usualmente una estatua de oro -plata en el caso de algunos dioses lunares). Los sacerdotes no eran necesariamente religiosos de oficio, algunos heredaban el puesto de sus padres; en ciertas circunstacias, los títulos sacerdotales podían incluso ser comprados. Había grupos de sacerdotes que eran especialistas en algún tipo de conocimiento, otros que enseñaban a escribir y que copiaban textos, y otros que atendían a la organización económica del templo. Los templos eran las residencias de los dioses, pero los recintos templarios podían incluir talleres, bibliotecas y fincas. Como tal, los sacerdotes egipcios tenían un rol muy distinto al de los sacerdotes actuales.

Algunos tipos de sacerdote
Hem-Netyer
(Sirviente del Dios): Este sacerdote preparaba y llevaba las ofrendas para el dios, y asistía en las ceremonias y procesiones. Tenía acceso al santuario donde se guardaba la imagen divina, y controlaba la entrada al templo.
Hem-Netyer Tepey (Sumo Sacerdote): La posición del hem-netyer tepey, o Supervisor, era habitual en los centros de culto donde había un gran número de hem-netyer. Habitualmente trabajaban en sus propias posesiones o tenían trabajos en la administración estatal cuando no estaban realizando servicios en el templo. Este papel, generalmente, pertenecía a individuos de alto rango social, a menudo hijos o yernos del faraón, y en ocasiones los visires.
Uab (Puro): El uab asistía al hem-netyer realizando tareas menores en el mantenimiento del templo y sus rituales. Aseguraba la pureza de las habitaciones donde se realizaban las ceremonias, de las personas, los instrumentos y las herramientas del culto. Era una ocupación básica pero importante; todos los sacerdotes aprendían su oficio ejerciendo como wab, y como tal, podían actuar de ese modo si era necesario.
Jeri-Heb (Sacerdote Lector): El jeri-heb recitaba, cantaba o entonaba los ritos directamente de los libros y textos sagrados en las ceremonias y procesiones. También recitaban fórmulas y oraciones a los dioses (realizaban la función de magos), y funcionaban como oráculos para la gente que acudía a buscar consejo ante los dioses. Se les distinguía por una ancha banda que llevaban diagonalmente sobre sus pechos. Muchos jeri-heb podían vivir en el templo, haciendo turnos para realizar sus funciones.
Sacerdote Sem: Los sacerdotes sem realizaban los elaborados rituales en las momificaciones y los entierros. Estaban particularmente asociados con el ritual de “Apertura de la Boca”, y solían mostrarse vestidos con una distintiva piel de leopardo.

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La economía en el Antiguo Egipto (III): Granjeros y agricultores

21, mayo, 2007 at 8:51 pm (Egipto)

Cultivando la tierra
La vida en el Antiguo Egipto estaba enormemente vinculada con la agricultura. Una gran parte de la población se dedicaba a las tareas agrícolas, durando la estación de la cosecha unos ocho o nueve meses. Los cultivos más importantes eran los del trigo, la fruta y las verduras, aunque también había dedicación ganadera, criando vacuno, ovejas o cabras.
Los egipcios cultivaban tres tipos distintos de trigo, varios de cebada; y lino, que era de donde obtenían la fibra textil para su ropa. Como segundo tipo de cultivo, o en terrenos ajardinados, plantaban una amplia variedad de verduras y hortalizas, incluyendo las cebollas, el ajo, el apio, la lechuga, los rábanos, el repollo, los espárragos, los pepinos, las lentejas, los guisantes, las judías y varias especias.
Extraían valiosos aceites vegetales de las semillas de sésamo, lino y ricino. La época de inundaciones era un periodo de respiro para la dura vida del granjero, a menos que fuese llamado para servir en el ejército o en los trabajos públicos (obras, sobre todo). En el punto álgido de las inundaciones, que solía ser alrededor de mediados de agosto, cada granjero debía recorrer sus tierras de labor para cerrar las aberturas de los diques circundantes.
Cuando las aguas del Nilo volvían a bajar y el agua iba desapareciendo poco a poco, dejaba tras de sí una gran cantidad de barro y cieno fertilizante que penetraba profundamente en la tierra de cultivo. Aproximadamente un mes y medio después, el granjero volvía para achicar el agua restante, que se habría vuelto salobre por la evaporación.
Una vez que el agua se había drenado completamente y el suelo era lo suficientemente firme para caminar sobre él, los campos eran arados una o dos veces con bueyes, y usando azadas, se rompían los últimos terrones. Cuando las semillas se echaban sobre los campos, se volvían a usar los animales para enterrarlas bien en la tierra.

El riego
El riego era esencial para una buena cosecha. Los granjeros solían usar dos métodos principales de riego artificial:
1- Canales de riego: pequeños canales que llevaban el agua desde el Nilo y se conectaban mediante pequeños diques. Los canales guiaban las aguas de las inundaciones a los diques, y el granjero podía abrirlos para que el agua entrase en los campos.
2- Shaduf: Introducido durante el Imperio Nuevo, el shaduf era ideal para regar cualquier tierra amplia. Un poste largo en equilibrio sobre una viga transversal con una cuerda y un caldero en uno de sus extremos, y un contrapeso para equilibrar en el otro extremo. Tirando de la cuerda, el caldero entraba en las aguas del Nilo y el contrapeso elevaba el caldero hasta un nivel donde pudiese ser vaciado dentro de un canal o cisterna en uno de los bordes del campo.
El shaduf incrementó la cantidad de grano recolectado y el área de tierra cultivable. Aún es posible ver shaduf en funcionamiento en la actualidad a las orillas del Nilo en el Alto Egipto.
El aprovisionamiento de agua para los campos y el mantenimiento de los trabajos de riego eran responsabilidades comunales de todo el Estado, pero los propietarios locales, particularmente los nobles provinciales, se veían mucho más implicados en estas tareas que el gobierno central.

Los propietarios
La agricultura y la ganadería eran un pilar central para la sociedad del Antiguo Egipto, como ya se ha dicho, y como tal, la mayor parte de la población estaba directamente relacionada con estas actividades, con la excepción de la realeza, la nobleza y los escribas. Los miembros de la nobleza, de todos modos, se veían envueltos en las actividades económicas de la agricultura, ya que eran ellos los que solían poseer las tierras de labranza y debían supervisar todas las labores del campo.Los granjeros a tiempo completo generalmente trabajaban la tierra de propietarios ricos, y se les pagaba con comida, ropa y refugio. Las familias podían alquilar la tierra algunas veces a estos propietarios, y estaban obligados entonces a dar un porcentaje de sus cosechas al arrendador como pago.
Otros, quizás menos afortunados, debían dragar canales, recuperar la tierra y preparar el suelo como pago al gobierno central. Si intentaban eludir estos trabajos, el grangero y su familia podían ser castigados.
Los granjeros normalmente estaban vinculados a la tierra que trabajaban. Esta tierra podía ser administrada por el estado, pertenecer a un templo, o incluso formar parte de la dotación de una tumba. Incluso si la tierra era vendida o cambiaba de manos, los granjeros estaban todavía obligados a trabajar esas tierras.
La propiedad de la tierra podía cambiar de manos ocasionalemente por eventos políticos, aunque se cree que estos cambios no debían alterar demasiado la naturaleza o la forma del trabajo del granjero.

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Menjeperura Dyehutymesu, Thutmosis IV

12, mayo, 2007 at 2:13 pm (Egipto)

Thutmosis IV

“Establecido en las Formas de Ra, Nacido de Thot”

Hijo de Amenhotep II y la dama Tiaa, que procedía del norte y era una esposa menor. Ascendió al trono siendo muy joven y gobernó durante unos 8-10 años. Es incierta su posición entre los príncipes, pero seguramente no era el primogénito ni el mayor de los varones.
Amenhotep II murió sin designar heredero, así que parece ser que la ascensión al trono no fue tranquila ni sencilla. El cambio en la política real, centrándose más en la política interior que en la exterior, ya había comenzado con su padre y él la continuó, tal y como se observa por la desaparición de títulos militares y el aumento de los oficiales administrativos, tanto en número como en cargo.
Se sabe que intentó, de todas formas, al inicio de su reinado afianzar el poder de la monarquía egipcia en las tierras sirio-palestinas, con una campaña en esa zona que fue más un paseo político que militar. Las formas diplomáticas se impusieron a las militares casi hasta el final de la Dinastía.
Para evitar el aumento del poder hitita y de sus dominios, firmó un tratado de paz con Artatama I de Mitanni. El tratado se selló con una princesa como regalo para el rey egipcio –lo que continuó siendo habitual en esa época tras esta primera entrega.
La continua ausencia de reyes anteriores en sus campañas bélicas, y el creciente poder que se otorgó al clero de Amon de Tebas ya en el reinado de Hatshepsut, hizo que estos sacerdotes se convirtieran, a lo largo de los años, en otro gobierno dentro del gobierno oficial. El templo de Amon tenía grandes posesiones tanto de tierras como de riquezas. El dios se convirtió en la deidad dominante y suprema, en detrimento de Ra, el dios sol de Heliópolis, del que se suponía que descendían los reyes egipcios –excepto la propia Hatshepsut, que por el apoyo que recibió del clero amonita, y sobre todo del Sumo Sacerdote Hapuseneb, se hizo hija del propio Amon.
Pero todo esto comenzó a cambiar con la llegada al trono de Thutmosis IV, un rey que, como ya dijimos, descendía de gentes del norte, cuyas simpatías estaban más enlazadas con Ra de Heliópolis que con Amon de Tebas. El documento que mejor nos lo demuestra es la llamada “Estela del Sueño”, con la que el rey, al comienzo de su reinado, pretendía dejar bien claro sus derechos al trono por vía divina. En ella nos relata cómo siendo niño se quedó dormido a los pies de la Gran Esfinge, y el dios dentro de ella le habló y le designó como heredero real de origen divino a cambio de limpiar la arena que la cubría desde hacía mucho tiempo. La estela fue colocada entre las patas de la propia Gran Esfinge, otro símbolo solar del norte, y que era Hor-em-Akhet, el “Horus en el Horizonte”. Muchos egiptólogos creen que en este texto queda pantente, no sólo la lucha entre los príncipes por el trono, sino también el apoyo del clero heliopolitano de Ra al rey, siendo una especie de “desafío” al clero tebano de Amon. Esto queda claro también en la disminución que hubo, -tanto en el reinado de Thutmosis IV como en el de Amenhotep III- de sacerdotes de Amon en la administración.
Además, desde este momento, comenzó a hacerse eminente la figura de un pequeño dios insignificante hasta este momento: Aton –y que en el futuro, con el nieto de Thutmosis IV, se haría muchísimo más importante. El Aton pasó en este momento de ser un aspecto de Ra, el Disco Solar, su forma física en el cielo, a ser un dios independiente como se puede observar en un escarabeo, el Escarabeo del Aton, en el Museo Británico, y que se hizo para conmemorar la llegada del tributo de Mitanni diciendo de los extranjeros que “están sometidos para siempre al gobierno de Aton” bajo su rey Thutmosis IV.
Thutmosis IV murió joven e inesperadamente, cayendo el trono en manos del mayor de los hijos varones que tuvo: Amenhotep III, fruto de su unión con una esposa menor –igual que lo había sido él- llamada Mutemwiya, y que se cree que pudiera ser la princesa mitanni enviada para sellar la paz con Artatama I.

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La escritura egipcia

1, mayo, 2007 at 3:37 pm (Egipto)

Tipos de jeroglíficos

Cada jeroglífico representa algo real que existió en el Antiguo Egipto: aves, partes del cuerpo, estructuras arquitectónicas, … Pero había distintos tipos de jeroglíficos dependiendo del uso que se les diera.
1-Ideogramas: la escritura ideográfica es simple y directa, aunque limitada a las cosas que representan, cuando pintas una boca, quiere decir “boca”.
2-Fonogramas: éstos son los signos que se utilizaban para “deletrear” palabras. Se solía usar el sonido de la primera letra de la palabra del dibujo representado. Usados de esta forma, los jeroglíficos son sonidos más que dibujos de cosas.
3-Determinativos: En Egipcio Medio, las palabras que se escribían por medio de fonogramas solían ir acompañadas de otro signo que mostraba a) que los dibujos debían ser leídos como fonogramas y no como ideogramas, y b) indicaban la idea general de la palabra. Así, la palabra para “subir” solía acompañarse de un par de piernas en movimiento que indicaban que los dibujos precedentes eran un fonograma y que indicaba movimiento.

La dirección de la escritura

Al contrario que con lenguas como el castellano, que tiene un único sentido de escritura, que es de izquierda a derecha, en líneas horizontales, los jeroglíficos podían escribirse en cuatro direcciones:

-en horizontal, de izquierda a derecha 

-en horizontal, de derecha a izquierda

-en vertical, de izquierda a derecha

-en vertical, de derecha a izquierda

 

Aunque a nosotros nos parezca raro o incómodo, los egipcios lo usaban a su favor para crear inscripciones simétricas, de agradable aspecto, ayudando a completar así el aspecto visual de sus relieves o pinturas.
Para saber en qué sentido habría que leer la inscripción, habría que fijarse en signos como , o cualquier otro signo que sea fácilmente identificable, que nos indicaría claramente que se debe leer de izquierda a derecha.

Grupos

Aunque nosotros arreglemos los textos para que sean fácilmente legibles, poniendo un signo tras otro, pero en los textos originales no se van a encontrar siempre este tipo de facilidades. Existen tres tipos de signos según forma y tamaño:

-Signos altos: como

Signos planos: como

Signos pequeños: como

Los signos altos suelen colocarse solos, de forma simple, pero los signos planos y los pequeños aparecen normalmente colocados en agrupaciones formando un cuadro, igualando la altura de los signos altos. Por ejemplo:

-Arreglo de signos altos y pequeños: , para el nombre de la diosa Bastet.

-Arreglo de signos altos y planos: , para el nombre del dios Bujis.

-Arreglo de signos altos, pequeños y planos: , para el nombre de la diosa Amonet.

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El Predinástico egipcio (6000-3500 a.n.e.) 4ª parte

21, abril, 2007 at 1:57 pm (Egipto)

Anteriormente, se creía que la transición entre el Predinástico y el Dinástico fue el resultado de una brutal serie de revoluciones y guerras como resultado del descubrimiento de la metalurgia y de las nuevas estructuras sociales así como la aparición de las ciudades, las casas individuales y la escritura. Ahora, según se van descubriendo más y más detalles de este periodo, vemos que no sucedió nada de eso, sino que fue un proceso lento de evolución tecnológica. Las nuevas tecnologías ya mencionadas pudieron ser de origen mesopotámico, ya que se encontraron en esta zona antes que en Egipto (y se ven también anteriores en el horizonte temporal), aunque hay pocas pruebas de ello. El único artefacto propiamente mesopotámico encontrado en Egipto son los cilindros-sellos, y sólamente apuntan a una conexión estrictamente político-mercantil. Unos pocos artefactos de origen egipcio muestran rasgos de diseño mesopotámico, pero de nuevo podría ser simplemente el resultado de un artesano copiando un artefacto importado.

 
Por supuesto, el sistema de escritura egipcio es una marca distintiva, pero ¿cuándo comenzó y cómo? Algunos han dicho que la escritura fue importada, pero tras un amplio estudio de los motivos encontrados en la cerámica proveniente de los periodos Nagada podemos descartar esta opción, y considerarla una posibilidad muy remota. Los motivos cerámicos se desarrollan de modo diferente, a lo largo de un periodo de tiempo, hacia un grupo regular de imágenes que recuerdan enormemente a los tradicionales jeroglíficos. Así mismo, también muestran el principio fundamental de la escritura jeroglífica: una combinación de pictogramas y fonogramas. Un pictograma es una representación realista del objeto que representa. En un sistema como este, el pictograma para un hombre es el dibujo de una figura humana, o el pictograma para el agua es un dibujo de agua. Un fonograma es un dibujo que no representa esa imágen, sino el sonido o el grupo de sonidos de esa imágen. Por ejemplo, el dibujo de un pájaro acuático sería “sa”, y la palabra “sa” no significa “pájaro” sino “hijo”, o “sa” incluso podría estar combinado con otros fonogramas para crear una palabra más larga. Estos sistemas de escritura existen aún hoy en día en países como Japón (que tiene un sistema que combina un par de alfabetos fonéticos -hiragana y katakana- con palabras completas -los conocidos kanjis, de origen chino). Estos símbolos encontrados en la cerámica y en otros objetos del periodo Amratiense podrían ser escritura, aunque es más bien en el Gerzeense cuando se convierten definitivamente en un sistema de escritura.

Ningún periodo del Predinástico produce tantas preguntas como el de la Unificación del norte y el sur de Egipto. Exactamente quién conquistó a quién es la primera. Muchos recursos que poseemos apuntan a que fue la victoria del sur sobre el norte, aunque el sistema social resultante se parezca más a aquél que había antes en el norte que al del sur. Kurt Sethe y Hermann Keese fueron los primeros en mostrar conclusiones acerca de este periodo con una combinación de teorías: que Egipto fue primero unificado bajo el estantarte del norte, pero que por una u otra razón esta civilización se colapsó y los reyes del sur tomaron el poder, por lo que así el sistema de gobierno permaneció siendo el del norte. Las evidencias arqueológicas recientes discrepan con esta teoría, aunque continúa siendo una de las explicaciones más lógicas. Otra teoría al respecto es que el sur conquistó al norte, pero adoptó la cultura del norte como propia. Esto era algo usual también en el Egipto posterior, por ejemplo, los Ptolomeos fueron gobernantes griegos de Egipto después de Alejandro Magno, pero absorvieron la cultura egipcia en casi todos los ámbitos, haciéndose llamar “faraones” e incluso haciéndose enterrar siguiendo las costumbres egipcias en vez de las griegas.
Otra cosa difícil a la hora de unificar criterios es quién fue el primer rey del Egipto unificado, o incluso cuándo sucedió exactamente la unificación. El recurso más importante que tenemos a ese repecto es la Paleta de Narmer, una pieza triangular de basalto negro que muestra a un rey cuyo nombre aparece en jeroglíficos como Nar-Mer. En el anverso de la pieza se muestra a este rey llevando la Corona Blanca del sur y sujetando una maza con la que está a punto de golpear la cabeza de un habitante del norte; y en reverso aparece la misma figura, esta vez llevando la Corona Roja del norte mientras un toro (símbolo del poder del rey) corre iracundo ante él, aplastando las murallas de una ciudad y pasando por encima de otro habitante. Otro artefacto, la Cabeza de Maza de “Escorpión”, muestra una figura similar, sólo que esta vez su nombre es representado por la imágen de un escorpión (de ahí el nombre que se le ha dado a este rey, y a otro que ostenta el mismo símbolo en su nombre pero que es un individuo diferente identificado como “Escorpión II”). Esta figura de rey unificador es llamada alternativamente en diferentes documentos como Narmer, o Aha, y si creemos a lo dicho por el historiador Eratóstenes, sería el legendiario rey Menes (o Meni). El que el llamado “Rey Escorpión I” sea la misma persona que Narmer es algo que todavía no se sabe, pero algunos académicos lo han aceptado así. Si estos dos artefactos, y otros similares del mismo periodo, representan realmente al primer rey del Egipto unificado, entonces la fecha de la Unificación podría colocarse en algún momento entre el 3.150 y el 3.110 aC.

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El Predinástico egipcio (6000-3500 a.n.e.) 3ª parte

19, abril, 2007 at 1:14 pm (Egipto)

 

El periodo conocido como Predinástico Primitivo marca el inicio de las auténticas culturas Predinásticas tanto en el norte como en el sur. Las culturas sureñas, particularmente las Badarienses, eran casi completamente agrarias, pero los norteños, como los habitantes de El-Fayoum que vivían en los oasis, aún tenían una abundancia de caza y pesca en su dieta. El trabajo de la piedra, que incluía la factura de armas de corte y puntas de flecha, consiguió un nivel bastante parecido al de las posteriores industrias del Reino Antiguo. También los bienes muebles eran objeto de una amplia producción, y muchos se parecían a los que serían usados con posterioridad. Los objetos comenzaron a ser creados no sólo para tener una función, sino también por su valor estético. La cerámica era pintada y decorada, particularmente ciertas vasijas de arcilla con la parte superior pintada de negro, muy típicas de esta época; peines de hueso y marfíl, figurillas, objetos de mesa… se han encontrado en gran cantidad, así como joyería de todo tipo y materiales. Parece que mientras el resto del mundo estaba todavía en una fase mucho más primitiva, los egipcios del Predinástico eran ya grandes creadores de bellos objetos.
En algún punto alrededor del 4.500 aC se sitúa el inicio del Predinástico Antiguo, -conocido antiguamente como periodo Amratiense-, llamado Nagada I, ya que muchos de los sitios y descubrimientos de esta época se corresponden con el horizonte temporal de la ocupación de Nagada. El cambio que mejor se observa en este periodo se corresponde con el sucedido en la cerámica: donde antes se decoraba simplemente con bandas de pintura, en esta época se encuentran complicados diseños geométricos inspirados por el mundo que rodeaba al artista, así como imágenes de animales, tanto pintados como grabados en la superficie de la vasija. Las formas también se hicieron más variadas, tanto por razones prácticas debidas al uso que se le daría, como por motivos estéticos. También se hicieron muy populares los objetos de arcilla, especialmente las figurillas de “danzarinas”, pequeñas figuras pintadas de mujeres con los brazos levantados. Pero tal vez el detalle más importante de este periodo sea el desarrollo de una auténtica arquitectura. Como con la mayoría de la cultura egipcia de la época, nuestro conocimiento se basa en los enterramientos, y en el caso de la arquitectura, se han descubierto en las tumbas gran cantidad de modelos de casas hechos en arcilla, modelos que guardan un enorme parecido con las casas rectangulares hechas con ladrillos de arcilla y que eran las habituales en el Reino Antiguo. Esto nos muestra que la idea de casas individuales, pueblos y mapeado urbano ya estaba presente en una época tan anterior como es el quinto milenio aC.
El tercer periodo del Predinástico comenzó alrededor del 4.000 aC y es llamado Periodo Gerzeense o Nagada II. El Amratiano y el Gerzeense son bastante diferentes uno del otro, y se puede ver con facilidad la creciente influencia del norte en el sur. Esto resultó muy pronto en una auténtica mezcla de gentes y culturas: la del Predinástico Tardío, o Nagada III. La mayor diferencia entre el Amratiano y el Gerzeense se muestra en sus industrias cerámicas. Mientras la cerámica Amratiense tenía algunos aspectos decorativos, su principal propósito era el funcional. La cerámica Gerzeense, al contrario, fue desarrollada principalmente como una línea decorativa. Esta cerámica está adornada con motivos geométricos de inspiración orgánica, y plasma de un modo enormemente realista tanto animales como gente, y todas las demás cosas que rodeaban a la gente de este periodo. De todas formas, hay más de una sorpresa entre estos motivos representados. Animales poco usuales como las avestruces o los íbices muestran la posibilidad de que las gentes del Gerzeense cazaran en el desierto, ya que estos animales no se encontraban cerca del valle del Nilo. También encontramos las que son probablemente las primeras representaciones de dioses, que son mostrados casi siempre navegando en botes y llevando estandartes que se parecen enormemente a los estandartes que posteriormente serán representados en las distintas provincias de Egipto. Es posible, del mismo modo, que se trate simplemente de algún tipo de archivo histórico (visitas de jefes de tribus, batallas, …), pero como casi siempre se representan sobre artefactos votivos enterrados con los muertos, es más plausible la explicación de tipo sacro.
Cuando se compara con los periodos Faraónicos, la cultura Gerzeense no es muy diferente, habiendo desarrollado un gran nivel de civilización, especialmente en los aspectos religiosos, y particularmente aquellos relacionados con las costumbres funerarias. Los entierros Amratienses eran a menudo simples hoyos cavados en el suelo, cubiertos con un armazón sobre el que se colocaba una piel de animal; pero con el Gerzeense, la construcción de tumbas se convierte en un prototipo de lo que será después, con habitáculos subterráneos amueblados, creando réplicas de los hogares que los muertos habían ocupado en vida. También son muy comunes los amuletos y otros objetos ceremoniales, muchos de ellos mostrando las tempranas formas de los dioses de forma animal, tan famosos posteriormente. La forma Gerzeense de la Otra Vida se desenvolvería posteriormente dentro del Culto a Osiris y los magníficos enterramientos de las Dinastías.

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