El Sable

5, octubre, 2007 at 11:16 pm (Esgrima Antigua)

Por Juan José Pérez, de la AEEA.

Si pedimos a cualquiera que nos dibuje a un soldado a caballo, de forma casi indefectible nos mostrará a ese soldado blandiendo un sable curvo. En efecto, en el ideario colectivo la imagen del sable está asociada indefectiblemente al estamento militar, y más concretamente a sus cuerpos, ya lamentablemente extintos, de tropas montadas a caballo.

No obstante, el sable no ha sido siempre patrimonio exclusivo de las tropas a caballo, y además merece en todo caso una definición más amplia. Podemos decir que un sable es un arma blanca larga, generalmente de hoja curva, generalmente de un solo filo, usado normalmente a una mano y preponderantemente de corte.

Con las cursivas anteriores quiero significar que ha habido armas denominadas como sables rectos de caballería (aunque prefiero en estos casos, como el de los conocidos modelos Puerto-Seguro, la denominación de espadas de montar, o en el peor de los casos espadas-sable), sables de dos filos (muy raros, aunque sí que es habitual la presencia de un falso filo en el exterior del último tercio de la hoja), sables de mano y media o a dos manos (los conocidos grosse messer suizos del siglo XVI, o las katanas japonesas) y que, por supuesto, muchos sables presentan en su diseño características que les hacen igualmente útiles para asestar estocadas.

El origen del sable tiende a ser atribuido con cierta ligereza a los pueblos orientales, más concretamente los de influencia islámica (los pueblos turcos, persas, etc.). No obstante, esto no se ajusta por completo a la verdad. Si bien estos pueblos hicieron uso extensivo del sable y produjeron ejemplos verdaderamente magníficos en su belleza y funcionalidad (pocas hojas tienen un diseño más depurado que un buen shamshir persa), quizá fuera más correcto asignar su origen entre los pueblos magiares de Europa central y balcánica a principios de la Edad Media. De hecho, una de las dos espadas tradicionalmente asociadas a Carlomagno es un sable de este tipo. Hay que señalar además que las espadas tradicionales de los pueblos árabes eran rectas, como lo serian, por ejemplo, durante toda la existencia de Al-Andalus en nuestra península.

Sí se sabe, no obstante, que las espadas medievales europeas de un solo filo y hoja en algunos casos curva (los bracamartes italianos o cuytellos castellanos – cuchillos -, que los ingleses denominan falchions) no son en modo alguno los antepasados del sable que posteriormente gozaría de enorme popularidad. Son los regimientos de húsares polacos y húngaros quienes, al formar parte de ejércitos de otras potencias centroeuropeas durante los siglos XVII y XVIII, lo introducen en el resto del continente, donde se demuestra un arma particularmente adaptada a su uso por la caballería ligera, por su capacidad para el combate en melé, la persecución y el escaramuceo. No resulta tan apto para su uso en la carga por la caballería de línea, y de hecho algunas naciones, como España, fueron bastante reacias a su uso generalizado, aunque parece que temporalmente lo adoptaron los dragones a mediados del XVIII, aunque posteriormente retornaran a la hoja recta. Sólo muy a finales de dicho siglo, al popularizarse los regimientos ligeros de húsares y cazadores a caballo, el sable tendría presencia en nuestros ejércitos.

No obstante, el sable había llegado para quedarse. Durante el siglo XIX, aparte de su uso masivo por la caballería ligera, algunas tropas de infantería, como los cazadores y granaderos a pie, lo tuvieron a su disposición en versiones de hoja algo más corta, y en la marina adoptó formas destinadas a la oficialidad y a la marinería, recibiendo en este último caso el nombre de sables de abordaje. Tampoco fue ajeno a las modas y se adoptaron temporalmente tipologías de naturaleza exótica como, por poner un ejemplo, los sables a la mameluca que trajeron de Egipto los oficiales de Napoleón, y fueron portados con entusiasmo por la alta oficialidad de media Europa, España incluida, una vez producidos localmente de forma más o menos fiel a los originales islámicos.

La popularidad del sable como arma de combate llegó hasta bien entrado el siglo XX. Junto a su uso por parte de las tropas españolas durante la Guerra de Marruecos en cargas a caballo, es de destacar que en plena Segunda Guerra Mundial los cosacos (tanto los pertenecientes al Ejército Rojo como los aliados de Alemania) disponían de sus famosas shaskas como armas plenamente eficaces para los consumados jinetes que eran.

Finalmente, la aparición de las armas automáticas pronto hizo que el sable abandonara su último reducto de combate, la caballería, para quedar relegado a una mera función decorativa como complemento aún indispensable del uniforme de gala de numerosos ejércitos. O bien, tras su uso como arma de duelo individual, convertirse en el arma que hoy se utiliza en una de las modalidades de la esgrima deportiva, asemejándose ya tan sólo en apariencia al arma original.

En el siguiente gráfico pueden apreciarse algunos de los elementos constitutivos del sable, en este caso sobre un modelo en uso por la caballería rusa durante las guerras napoleónicas que reúne muchas de las características esperables en un buen sable de caballería ligera:

Como vemos, presenta una hoja curva, con filo corrido en todo su exterior y contrafilo en el sólo en el tercio próximo a la punta por el interior. En este caso la montura (o guarnición) de este sable presenta un diseño con guardamano y tres gavilanes, estéticamente muy acertado y que cumple su función de protección de la mano que lo empuña sin resultar aparatoso:

A partir de esta morfología es relativamente sencillo entender que su esgrima se basaba fundamentalmente en el corte, favorecido (al menos en teoría) por su hoja curva. En esgrima a pie, se hacía abundante uso de cortes saliendo de molinetes con la mano baja y la punta alta, tratando así de descubrir lo menos posible el cuerpo y cabeza durante esta maniobra. Según los tratadistas del XIX, la estocada de sable nunca debía tirarse de primera intención, y algunos no la consideraban útil en absoluto con este arma, asegurando que nunca debía tirarse.

El sable militar, no obstante, derivó paradójicamente hacia su uso de punta, pues según los teóricos de finales del XIX era la forma natural en que la caballería debía usarlo, especialmente durante las cargas. No hacían sino redescubrir un hecho que las espadas rectas de la caballería española del XVIII ya atestiguaban. Un gran defensor de esta doctrina fue el Marqués de Puerto-Seguro, Luis de Carvajal, quien desde su empleo de Capitán de Caballería diseñó, y consiguió tras muchas tribulaciones que se adoptase, el sistema de armas que llevan su nombre.

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4 comentarios

  1. Marinha de Allegue said,

    Parabens polos cambios!!!, esta estética gústame moito.

    Unha aperta.
    😉

  2. calderobruja said,

    Gracias. Persoalmente gustoume moito WordPress e os skins que ofrece (ademáis de tódolos servicios que ten).

  3. JUAN said,

    Muy interesante el articulo, los origenes del sable militar, me gustaria saber el porque el sable militar lo portan hoy dia no como arma si no como decorativo de uniformes militares, asi mismo, en una familia quien hereda el sable militar, a que edad y por que?. Gracias.

    • calderobruja said,

      Quizá deberías contactar con el autor del texto, puedes encontrarlo en la página de la Asociación Española de Esgrima Antigua (AEEA).

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