Dinastía I (2920-2770 a.n.e.) 1ª parte

15, junio, 2007 at 10:15 pm (Egipto)

Paleta de Narmer anverso

Paleta de Narmer reverso

 La Dinastía I egipcia vio crecer la emergencia de una tierra unificada desde el Delta hasta la primera catarata en Asuán, una distancia de unos mil kilómetros a lo largo del valle del Nilo.
Aquellos años memorables que dieron a los egiptólogos el primer vislumbre del periodo predinástico también les puso cara a cara por primera vez con las primeras dinastías, que comenzaron alrededor del año 3.000 aC. El pionero en este campo fue E. Amelineau, un académico copto sin ninguna experiencia previa en excavaciones. Con la ayuda de fondos de origen privado comenzó sus trabajos en Abydos en 1.895, trabajando hacia el oeste hasta que llegó a una zona baja del desierto conocida como Umm el-Ka’ab “Madre de los Pucheros”, debido a los innumerables restos de cerámica que cubrían su superficie. En este remoto punto, a una milla de distancia de los cultivos, se encontró con un cúmulo de tumbas-pozo de ladrillo que luego se probó que habían pertenecido a los reyes de las Dinastías I y II. De acuerdo con sus cuentas, había dieciséis, y, por lo que pudo comprobar, los nombres reales eran todos del tipo “nombre de Horus”, sin corresponderse ninguno con los nombres dados por Manetón o las listas reales, por lo que concluyó que estos nuevos reyes eran aquellos “Seguidores de Horus” de los que el Canon de Turin decía que eran los predecesores de Menes (el supuesto primer rey del Alto y el Bajo Egipto Unificados), y a quienes Manetón describía como Semidioses de Manes. Un estudio más exhaustivo por filólogos competentes descubrió rápidamente este error. La excavación de Amelineau fue muy mal conducida y muy mal publicada, y fue una suerte cuando, en 1.899, Flinders Petrie obtuvo permiso para investigar el sitio una vez más. Los resultados enormemente gratificantes de su trabajo se hicieron accesibles muy rápidamente en las muchas memorias publicadas por el Fondo de Exploración de Egipto (Egypt Exploration Fund- EEF). Se encontraron con que el cementerio fue tristemente muy devastado antes de que Amelineau añadiera aún más confusión al lugar. Las tablas de madera quemada de las tumbas y el enorme número de fragmentos rotos fueron localizados y expoliados por los cristianos coptos de los siglos V y VI. A pesar de estas desventajas, Petrie fue capaz, haciendo planos de las tumbas, de recobrar una gran cantidad de objetos importantes, incluyendo vasijas de piedra inscritas, sellos de jarras, tabletas de marfíl y ébano, así como numerosas estelas de imponente tamaño magníficamente talladas.
Mientras tanto, académicos de toda Europa se marcharon a trabajar con las inscripciones que había encontrado antes Amelineau. Entre los primeros en reconocer la presencia de restos de las que Manetón llamaba las Dinastías I y II fueron en Inglaterra Griffith y en Alemania Sethe. Un artículo que hizo época, escrito por Sethe en el 1.897, prestaba especial atención al hecho de que en algunos casos el “Nombre de Horus” del rey iba acompañado por otro nombre que se introducía con el título de “Rey del Alto y el Bajo Egipto”, o se acompañaba por este nombre y otro con el título de las “Dos Señoras”. Eran estos nombres secundarios los que se correspondían con aquéllos que se encontraban en las listas reales de la época ramésida y en la Historia de Manetón. Así, el Usaphais a quién Manetón coloca como quinto rey de la Dinastía I (y que se correspondería con Den) se encontró en un grupo de jeroglíficos que se leían probablemente como “Zemti”, mientras el sexto rey de la lista de Manetón (que se correspondería con Anedyib), Miebis, se escribió como Merpibia. El séptimo rey (correspondiente con Semerjet), el Semempses de la lista de Manetón, aparece como una figura sacerdotal que sujeta en la mano un bastón corriente en Umm el-Ka’ab y un bastón ceremonial en la lista de los reyes de Abydos; mientras el octavo y último rey de la Dinastía, llamado Qa’a según su Nombre de Horus y que también podría ser su nombre personal, se correspondería con el Kebh de la lista de Abydos y el Canon de Turin. Es necesario decir que se asume que la lista de los reyes de la Dinastía I incluiría a Narmer, Aha, Dyer, Dyet, Den, Anedyib, Semerjet y Qa’a, aunque muchas listas actuales colocan a Narmer en la Dinastía 0 anterior a la unificación, con lo que sólo habría siete reyes durante la Dinastía I -según esas otras listas. La secuencia histórica de los cuatro primeros reyes fue afortunadamente confirmada por dos vasos de piedra incisos que fueron descubiertos muchos años después. Debemos decir que la transcripción de los jeroglíficos pertenecientes al periodo más temprano es algo realmente dificultuoso, ya que los propios académicos los suelen escribir de modos muy diferentes. Así nos encontramos con que el cuarto rey, el que se suele llamar Dyet, aparece como Zet en los textos de Petrie, igualando claramente a su portador con la diosa cobra, cuyo nombre probablemente sonaría algo así como “Edyo” más que como indican otros (“Uadyi”). Y si para el quinto rey Petrie da el nombre de Den, Sethe se refiere a él de otra forma que también es muy aceptada en general: Udimo, que significa “el vertedor de agua”, es así porque se trata de un nombre que ofrece mucha especulación, y parece mejor mantener los valores usuales de los dos signos alfabéticos con los que el nombre está escrito (aunque lo más probable es que en la época pudiesen leerse o significar algo totalmente diferente).
Los problemas que causan los cuatro primeros reyes de la Dinastía I, con Menes a la cabeza, son de solución bastante difícil y demandan una perspectiva mucho más amplia de la que se necesita para los cuatro últimos. Aquí debemos mostrar algunos datos sobre algunas de las excavaciones anteriores a los decisivos descubrimientos de Petrie en Abydos. En 1.897, el compañero de Petrie, J.E. Quibell, estuvo excavando en El-Kab, un importante yacimiento en la orilla este del río Nilo que se encuentra al norte de Edfú. La diosa local de este lugar era el buitre Nejbet, que junto a la diosa cobra Uadyet de Buto en el Delta proveían al rey con el título de “Las Dos Señoras”. Viendo la gran antigüedad de este título se esperaba un gran descubrimiento, pero los resultados que obtuvo Quibell fueron decepcionantes. Lo más importante, de todos modos, fue el éxito que le esperaba al año siguiente en Kom el-Ahmar, cruzando el río. Se conocía este lugar en la antigüedad como Nejen y era mencionado en varios títulos oficiales del Reino Antiguo, además de como lugar de culto principal del dios halcón Horus. El gran premio fue la famosa paleta de Narmer. Se necesitó muy poco estudio para reconocer este objeto como vínculo indisputable entre el periodo Predinástico Tardío y los primeros momentos del Dinástico Temprano. El material, el diseño, y los sujetos de la paleta nos son ahora muy familiares, además de que nos encontramos con el Nombre de Horus de Narmer, haciendo una aparición temprana en Umm el-Ka’ab. Los otros restos que nos han llegado de él son las ofrendas votivas que se encontraron en el templo de Hierakónpolis.

Una de las cosas encontradas más interesantes durante este periodo fue una impresionante y gran cabeza de maza rota, hecha de caliza dura y que contenía escenas incisas atribuídas a un líder que se conoce en la actualidad como rey Escorpión. La escena principal es ceremonial, como en muchos de los restos encontrados pertenecientes a la Dinastía I, y tiene como figura central al rey que sujeta con ambas manos a un individuo. Esta figura lleva una túnica sujeta sobre su hombro izquierdo y una cola de toro, un atributo común entre la realeza, sujeta alrededor de la cintura, sobre el fajín. Sobre su cabeza lleva la corona del Ato Egipto. Son de gran importancia histórica las representaciones que hay registradas en la parte superior. Aquí vemos una procesión de estandartes militares sobre los emblemas de varios nomos o provincias, incluyendo los de Min y el animal de Seth. Atado a cada estandarte por una cuerda, que pasa alrededor de su cuello, hay unos pájaros muertos o casi muertos. Mirando en la dirección contraria, hay otra procesión de estandartes que tienen arcos atados de forma similar, pero sólo se conserva completo uno de los estandartes. El significado general es claro: el rey Escorpión reclama victorias sobre los Nueve Arcos, que se refieren a las gentes variadas que se encontraban dentro y en los límites de las fronteras de Egipto, y también sobre una parte posteriormente mencionada de la población egipcia conocida como los Erjeye o “la gente-chorlito”, sobre los que muchos egiptólogos creen que fueron subyugados por los habitantes del Delta. Es importante hacer notar que, de todas formas, a pesar de la gran cantidad de victorias de las que Escorpión hace alarde, no se muestra en ningún momento como rey de un Egipto unificado.
Ese honor fue reservado para Narmer, quien en un lado de su paleta lleva la Corona Blanca del Alto Egipto, mientras en la otra, así como también lo hace en una cabeza de maza de casi igual importancia, ha asumido la Corona Roja del Bajo Egipto; aparentemente es el primer monarca en hacerlo. Es precisamente este hecho el que justifica la creencia de que Narmer fue el mismo Menes. No es necesario comentar escenas que se explican a sí mismas, pero dos rasgos de la paleta son demasiado interesantes como para no decir algo sobre ellos. A la derecha de la figura de Narmer con el brazo levantado para golpear al enemigo al que tiene sujeto por la coleta hay un enigmático grupo de emblemas combinados como una sola unidad. Está claro que todavía no se había desarrollado el poder de escribir frases completas. Lo máximo que podían hacer era exhibir un complejo de dibujos que el espectador podría traducir a palabras. Que el halcón de Horus representa a Narmer es evidente, y la cuerda atada a la cabeza del enemigo barbado y que el halcón lleva sujeto tampoco necesita comentarios. El objeto parecido a un cabezal del que sobresale la cabeza del prisionero es obviamente su país nativo, y ahora se supone que las seis plantas de papiro creciendo representan al Bajo Egipto, del que el papiro es símbolo. Así que el complejo entero podría significar “El dios-halcón Horus (Narmer) tomó cautivos a los habitantes del País del Papiro”. Tal vez no sea fantasioso interpretar el aparato que ocupa la mitad de la sentencia como símbolo de la unión de las dos mitades de Egipto. Los dos felinos de cuello largo parecen contenidos por su lucha con el hombre barbado que está junto a ellos. Arriba sobre la imágen, Narmer como rey del Bajo Egipto, es visto inspeccionando los resultados de su victoria. Frente a él están los estandartes de su confederación y hay un barco que parece haberle llevado al sitio donde decapitó a los enemigos que todavía están yaciendo allí. Así esta paleta votiva expléndidamente concebida y ejecutada, puede ser razonablemente entendida como conmemorativa de los hechos sobre los que creció la fama de Menes como fundador de la monarquía faraónica.
Sin embargo, la identidad de Menes continúa siendo sujeto de la controversia académica, y está bien repasar las razones que ya se avanzaron antes. Entre los sellos de jarras descubiertos en Umm el-Ka’ab hay una enla que los signos “mn” sin título precediéndoles se encontraron inmediatamente tras el Nombre de Horus Narmer, y esto se ha tomado como una prueba de que Narmer y Menes son el mismo individuo. Razones similares parecen igualar al Horus Dyer y al Horus Edyo (Dyet) (el Zet de Petrie, el rey Serpiente) con los reyes llamados Iti e Ita en la lista de Abydos. Desafortunadamente, como apuntan tanto Griffith como Sethe, el mismo argumento nos ha proporcionado dos nombres distintos para el Horus Aha, y ninguno de ellos se encuentra en las listas de reyes, y hay otras objeciones del mismo tipo. Consecuentemente, este criterio no se toma demasiado en serio, aunque esto no prueba que Narmer no haya sido Menes. De más interés es la tableta de marfil que fue encontrada por De Morgan en 1.897 en una gran tumba hoyo de Naqada, el escenario de los primeros descubrimientos prehistóricos de Flinders Petrie. No hay ninguna discusión sobre la naturaleza de esta pieza. Se ha etiquetado indicando la fecha y los contenidos de algunas vasijas que servían de receptáculo a lo que contenían. En la fila superior a la derecha del centro está el Nombre de Horus del rey Aha (“El Luchador”), que también se encuentra en sellos de jarras de la tumba y algunos otros lugares. Bajo el serej está el barco en el que el rey se supone que ha sido llevado. En frente se ve un grupo de jeroglíficos cerrados en una especie de cabina o pabellón, y es sobre este grupo que se han concentrado las diversas opiniones de los académicos. No hay duda de que el buitre y la cobra sobre dos signos con forma de cesto constituyen el título de Las Dos Señoras que, como se ha visto, era usado a menudo para introducir los nombres personales de los reyes de la Dinastía I. Es irracional negar, como muchos académicos han hecho, que el jeroglífico que hay debajo sea el que se lee como “mn” o que da el nombre personal de Menes. L. Borchardt fue el primero en reconocer este hecho tan obvio, pero desafortunadamente llegó a la conclusión de que Aha y Menes eran el mismo individuo, una visión aceptada también por Sethe. Consecuentemente se asumió que la tumba de Naqada era la del propio Menes. A esta interpretación hay dos serias objeciones: en primer lugar ignora la estructura tipo pabellón dentro de la que está escrito el nombre de Menes; y en segundo lugar se olvida del hecho de que el jeroglífico de Las Dos Señoras mira aquí a la derecha, en la misma dirección que el Nombre de Horus, cuando la regla universal hace que los signos del Nombre de Horus y el nombre personal del rey se miren el uno al otro. Hay que añadir a estas objeciones el hecho de que este registro superior debería conmemorar algún tipo de evento destacado por el cual el año de fabricación de la tableta debería de ser recordado, y debe concluirse que Aha aquí se muestra visitando algún lugar conectado con Menes.Grdseloff, a quien, siguiendo una sugerencia de Newberry, debemos el haber insistido sobre estos puntos, ingeniosamente cita un pasaje de los Textos de las Pirámides donde el rey es descrito erigiendo las estructuras temporales necesarias para un funeral real, y esta podría ser posiblemente la misma ceremonia mostrada en la tableta. Aquí, entonces, aunque no hay pruebas de que Narmer era Menes, obtenemos finalmente la seguridad de que Menes no era Aha, pero que debió de ser su predecesor. La elección ciertamente recae entre Narmer y Aha, cuyos Nombres de Horus comparten la peculiaridad de mostrar el halcón en una postura agachada y habitualmente descansando sobre una base con forma de bote o barco, en vez de la de los últimos reyes de la Dinastía I que dibujan al halcón en pie y sobre una línea recta en la parte superior del serej. Otro motivo para rechazar la identidad de Aha como Menes es que, si fuesen el mismo, esperaríamos encontrar a Aha mencionado en Hieracónpolis, y allí no hay ni rastro de él. Aquí podemos aludir únicamente a un misterioso rey Kaa (o Qa’a) cuyo Nombre de Horus se encuentra en Umm el-Ka’ab y algún otro lugar, y está escrito al modo arcaico; nadie ha dado su nombre como candidato, y podemos fácilmente desechar esa posibilidad.

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2 comentarios

  1. FELIPA HERNANDEZ said,

    ESTA PAGINA ME PARECIO INTERESANTE, PERO HAY ALGO QUE NO ENTENDI,… ENTONCES ¿CUAL ES EXACTAMENTE EL EMBLEMA QUE ACOMPAÑABA A NARMER EN LA GUERRA?
    GRACIAS..

  2. calderobruja said,

    ¿Te refieres a los estandartes que lo acompañan en la Paleta de Narmer? Son varios y representan a todos los nomos que estaban bajo su dominio, no era uno solo.

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