Evolución de la espada hasta la Edad Media

17, abril, 2007 at 4:43 pm (Esgrima Antigua)

Artículo de Adolfo R. Bernalte Sánchez (AEEA).

 Los Inicios 

Desde el inicio de los tiempos, el hombre en su necesidad de defensa frente a fuerzas de índole superior, sin olvidar su propio afán de conquistas, ha ido desarrollando un tipo de armamento acorde con el momento histórico que vivía. De esta forma, y partiendo de las primeras piedras y garrotes de madera o hueso nos encontramos con un proceso evolutivo en cuanto al armamento ofensivo se refiere, que nos ha conducido a través de los siglos en la búsqueda, por un lado, de nuevos materiales cada vez más resistentes y duraderos que permitiesen la fabricación de mejores armas, y por otro lado, de un desarrollo morfológico que adecuase dichas armas a las necesidades conceptuales de cada periodo histórico.
El descubrimiento de los metales y su forma de trabajarlos, supuso un avance gigantesco en la incipiente industria armamentística, pudiéndose fabricar nuevos instrumentos de ataque y defensa, en un material a la vez más fácil de trabajar y por supuesto más duradero. El inicio de esta nueva etapa, surgiría con la obtención de cobre a partir del mineral, fabricándose primitivos utensilios, pero debido a su blandura en estado puro, se buscaron formas de endurecimiento, inicialmente mediante batido, y posteriormente mediante distintos aditamentos que añadidos conseguían que la pieza finalmente obtenida fuese más resistente. El desarrollo del horno metalúrgico, partiendo posiblemente de un horno de cerámica o de cocción de alimentos, iniciaría la producción en masa del armamento primitivo, al poder fundir los minerales existentes en la Edad del Bronce: plomo, cobre, estaño y por supuesto oro y plata. De esta forma con la obtención de nuevas aleaciones o con los metales en un estado semi puro, podrían conseguirse nuevas formas que ni el más experto tallista habría conseguido en piedra o hueso, sin olvidar que un arma de metal una vez rota era más fácil de restituir volviéndose a fundir, cosa imposible con la piedra.

La posibilidad de nuevas formas a partir de la fundición del metal, llevó a los primitivos armeros a desarrollar un modelo portátil de armamento que no ha dejado de evolucionar hasta nuestros días. Nos referimos por supuesto a la Espada, máximo exponente de la panoplia armamentística del guerrero y fiel acompañante a través de los siglos en toda suerte de contiendas. Desde el martilleo y batido del metal puro, pasando por las distintas innovaciones en materia de fundición, buscando nuevas aleaciones más fuertes y duraderas, hasta la forja y templado en la Edad de Oro de la espada renacentista y barroca, y finalmente los últimos modelos de espadas y sables fabricados mediante estampación, la espada ha sufrido un proceso evolutivo en su fabricación, forma, tamaño y técnica de uso, que vamos a ir analizando a lo largo de próximos capítulos.

La Edad del Bronce 

Con el fin de mostrar el proceso evolutivo de una forma clara y concisa, situaremos el origen de la espada como arma moderna en la Edad del Bronce. Las primeras espadas en metal fueron fabricadas en cobre, pero debido a la blandura del material en estado puro, los artesanos endurecieron las mismas mediante la técnica de batido y aditamentos como el arsénico, añadiendo estaño al cobre al inicio de la Edad del Bronce, y posteriormente plomo como segundo aditamento hacia el final de la citada edad, va a ir desarrollándose un tipo de aleación cada vez más resistente. Las primeras espadas de bronce obtenidas por fundición serían simples hojas afiladas, que se sujetarían a la empuñadura mediante una serie de remaches (Espadas de Remaches) resultando de ello un conjunto sumamente frágil que tendería a romperse por la unión de hoja y empuñadura al ser utilizada como arma de corte, dejando desarmado a su portador, posiblemente en el momento menos oportuno. Esta fragilidad debida a la unión de dos piezas distintas, fue subsanada con la fabricación de un nuevo modelo, en el cual la empuñadura era parte integrante de la hoja. De esta forma, a partir del nuevo conjunto más rígido y funcional, y por supuesto al continuo avance de las técnicas de fundición, se fueron adoptando espadas de hoja cada vez más largas y pesadas que aguantaban bastante bien el golpe contra el armamento enemigo. Llegamos entonces a la fundición de espadas enteras, a las que posteriormente se les añadiría unas piezas de diversos materiales, como el metal, el hueso o la madera, a modo de cachas, sujetas unas veces con remaches y otras mediante tiras de cuero conformando una empuñadura firme y resistente.

La necesidad de diferenciar estas dos partes (empuñadura y hoja), va a dar lugar al nacimiento de primitivas protecciones, en principio como simples apéndices que delimitaban el fin de la parte afilada o contundente, y por supuesto protegían la mano frente al deslizamiento de la hoja enemiga. En esta primera época nos encontramos con que las hojas van ganando en longitud debido en gran parte, a la mayor rigidez del conjunto, pero esta longitud deberá apoyarse en secciones demasiado gruesas, ó en su defecto, provistas de una nervadura central que recorrerá la hoja en sentido longitudinal. Al experimentar nuevas aleaciones cada vez más fuertes, la sección de la hoja irá disminuyendo en grosor volviéndose más plana, y ganando por supuesto en filo.

 La Edad del Hierro 

Evolución espadas Edad del Hierro

Con el descubrimiento del hierro empieza la segunda gran edad en la fabricación de armamento portátil. Los primeros en usar el nuevo metal para fabricar sus espadas fueron el imperio Hitita, quedando de manifiesto su superioridad frente al resto de los materiales como el cobre o el bronce, en sus interminables luchas contra los egipcios, con el desmembramiento de dicho imperio hacia el 1200 a.C. los secretos de su fabricación empiezan a difundirse por todo el oriente próximo, de esta forma, y usando como prototipos las antiguas espadas de bronce, se inicia hacia principios del siglo XI y finales del siglo IX a.C. la producción de nuevas espadas y dagas. Las más antiguas halladas son las de los valles altos de Luristán, región fronteriza entre los actuales Irán e Irak. Las empuñaduras de estas espadas, evolucionan a partir de los modelos anteriores en Bronce, en forma de espigas aplanadas a las que se sujetan unas cachas, para posteriormente añadir un pomo de forma discoidal aplanado.

En Europa la producción de espadas de hierro aparece de forma más tardía, siendo el yacimiento más antiguo que se conoce el de Hallstatt que data del siglo VIII a.C. y que da nombre a la primera edad del hierro. Este yacimiento, formado por una gran necrópolis situada en un valle de los Alpes (Tirol Austriaco) cerca de la aldea de las minas de Sal de Hallstatt, es de una gran riqueza técnica y artística; en él encontramos espadas de una gran longitud, hasta 140 cm. con ricas guarniciones realizadas en oro y marfil, así como espadas y dagas de menor tamaño (sobre 80) cm, correspondientes a un periodo posterior, lo que nos hace suponer que las espadas de gran longitud no podían aún apoyarse en una buena técnica de forja, por lo cual la tendencia vuelve a la espada más corta, confiando más en la resistencia del arma que en la distancia ganada en combate con algunos centímetros de más. Algunas de estas espadas, iban provistas de vainas de madera, forradas con una ligera lámina de oro y otras con vainas de bronce finamente cinceladas.
Sabiendo que el conocimiento del hierro surge en Oriente, es de suponer que su paso a Europa fuese a través del Mediterráneo, y de esta manera se tuviesen los primeros contactos en la Península Ibérica, antes incluso del descubrimiento de dicho metal en la misma. De esta primera edad existen pocas muestras en la Península, salvo en el noroeste, donde se encuentran algunos puñales de antenas correspondientes al último periodo Hallstatt, en los cuales las antenas suelen ser de bronce y el resto del arma de hierro. Esta tipología que toma su nombre por los apéndices situados en el extremo superior de la empuñadura (lo que muchos siglos después sería el pomo), continúa en las espadas de la segunda Edad del Hierro o de La Téne donde las antenas van a ir desapareciendo o atrofiándose pero manteniendo una ligera separación en su puño, en lo que en opinión de algunos historiadores evolucionará posteriormente hacia los denominados puñales de orejas.

En una segunda etapa, denominada La Téne II, va a aparecer en la península, un tipo de espada característica del guerrero ibérico, nos referimos como no, a la Falcata, espada ibérica por excelencia. Fiel compañera del guerrero de a pie y del jinete, se trata de una espada corta de unos 65 cm de longitud de hoja curvada y filo al interior de la misma y contrafilo en la punta, presentando un fuerte lomo; su empuñadura es parte de la hoja vuelta hacia la punta, formando un guardamanos, unas veces con forma de cabeza de ave y otras de cabeza de caballo. Su filo de forma cóncava con el centro de gravedad desplazado hacia la punta la convierte en un arma terrible que inspiró no pocos cambios en el equipamiento y tácticas del entonces poderosísimo ejército romano. Cita Polibio como los bordes de los escudos tuvieron que ser reforzados con metal, para aguantar el poder lacerante de la Falcata. Su origen no es muy claro y Homero en su Iliada narra como los guerreros griegos portaban un tipo de espada idéntica que aparece en muchas representaciones de época, sobre todo en cerámica, la denominada Machaira, evolución griega del Kopis oriental y que inspiró claramente nuestra Falcata.
La Edad Antigua 

El desarrollo de la espada como equipamiento básico del guerrero, no pasó desapercibido para la poderosa máquina de guerra romana, la cual armó a sus legiones con dos tipos de espada principalmente. El ejército romano compuesto básicamente por infantería, dependía en cierta manera de sus tropas aliadas para formar una caballería efectiva, organizándose ésta última a partir de tropas nativas que vestían y se armaban de forma propia. Durante la guerra de la Galia, Cesar levantó un fuerte cuerpo de caballería que usaba un tipo de espada larga que daría lugar más tarde a la denominada Spatha. Sobre el origen de ésta, existen varias teorías, siendo la más aceptada, que surja de la evolución de las espadas célticas del último periodo de La Tene III. Por el contrario la infantería, se dotaba de una espada más corta llamada Gladio, que se portaba en bandolera sobre el costado derecho. Originalmente estas espadas eran de punta roma, desarrollándose posteriormente una espada ancha de aguda punta triangular basada en la espada hispana, surge entonces el llamado Gladio Hispaniense, “Hispano punctim magis quam caesim adsueto petere hostem”. Escribiría Tito Livio en sus crónicas ponderando la agudeza de la espada hispana.
La Edad Media 

Evilución espadas medievales I

El declive de Roma y el incremento de importancia del Imperio Romano de Oriente, no trajeron en principio cambios sustanciales, en el diseño de las armas de corte. La espada romana de caballería Spatha, fue usada tiempo después de la caída del imperio, incluyéndose eventualmente en la panoplia armamentística del guerrero medieval. La historia de la espada hacia el siglo V es razonablemente fácil de establecer gracias a una serie de importantes yacimientos aparecidos en Kragehul Mose en Dinamarca y en Vendel en Suecia hacia mediados del pasado siglo XIX, donde aparecieron muestras de Gladios y Spathas de un periodo de unos cuatrocientos años, desde el siglo 1 d.C. hasta el siglo V d.C. Pero es a partir de la Alta Edad Media cuando el desarrollo de la espada y del armamento defensivo del guerrero, se inicia de forma paralela. Así, la antigua espada de la caballería romana, va a ir ganando en longitud convirtiéndose en un arma fuerte y pesada, ideal para el combate de corte, siendo la hoja y el pomo los componentes que más cambios sufren, una para adecuarse a las nuevas tácticas de combate y protecciones, y el otro, pieza clave que se encargará de equilibrar el conjunto. “Así en la manzana es toda la fortaleza, que es la virtud de la espada, ca en ella se sufre el mango y el arriaz y el fierro”. (Doctrinal de Caballeros Tit.III)

El armamento defensivo del guerrero a lo largo del siglo XI, consistía principalmente en un gran camisote de cota de malla, denominado Hauberk, fielmente descritos en el tapiz de Bayeux, magnífico documento de la batalla de Hasting en el año 1066. Las espadas representadas en dicho tapiz se caracterizan por su ancha hoja de doble filo, diseñada para cortar y tajar. La empuñadura de dichas espadas era corta, de una sola mano, a pesar de la tradición que cuenta cómo Harald Hardrada desdeñaba el uso del escudo para empuñar la espada con ambas manos. Muchas de las espadas de esta época fueron fabricadas en algunos centros europeos, y ocasionalmente, presentaban inscripciones con el nombre del espadero damasquinado en cobre o latón e incluso en oro y plata. El nombre INGELRI aparece en algunos de estos casos. El sistema de forja usado consistía en introducir una barra de hierro en el interior de una V de acero, soldando todo el conjunto a la calda; luego se retorcía mezclando ambos materiales y se volvía a martillar formando una pieza homogénea, la cual era carburizada para conseguir su dureza final, es decir, se calentaba en un fuego de carbón para que mediante absorción, se produjese una fina capa de material muy duro sobre todo en los filos. Este proceso se siguió usando en Europa hasta fines del siglo XI aproximadamente.
Desde fines del siglo VIII los armeros vikingos habían desarrollado una tecnología para fabricar hojas de un acero homogéneo, que igualaban o incluso superaban en calidad las producidas mediante el método descrito anteriormente. En las últimas hojas de esta tipología es corriente encontrar el nombre de ULFBERHT, atribuido a un armero o familia de armeros, posiblemente originarios de Rhineland (cerca de Solingen). El tipo de guarnición usado no varía prácticamente en Europa, predominando el estilo escandinavo, consistente en un gran pomo aplanado de tres o más lóbulos y una empuñadura formada por dos cachas de madera, hueso, asta, etc, que se fijaban mediante tiras de piel o cuero. La cruz de gavilanes suele ser corta, de brazos rectos o ligeramente caídos.

Hacia fines del siglo X y principios del XI la decoración encontrada en las hojas suele ser letras o patrones geométricos, en raras ocasiones aparece el nombre del armero, como por ejemplo LEOFRIC ME FEC (Leofric me hizo) o HLITER. Por otro lado, el tipo de pomo Trilobulado, va a ser sustituido en el norte y centro de Europa, por el denominado de “Nuez de Brasil”, apareciendo por primera vez hacia fines del siglo X, simultáneamente con el pomo en forma de disco plano probablemente originario de la zona sur. Este tipo discoidal llegará a ser muy popular durante la primera y segunda cruzadas (1096-99) (1147-49). La forma de la guarda también va a evolucionar, alargándose los gavilanes hasta formar una cruz recta, motivada en muchas ocasiones por el sentir religioso de la época.

A lo largo de todo este periodo la espada va a ser portada dentro de una funda suspendida del cinturón en el lado izquierdo, como puede apreciarse en el mencionado tapiz de Bayeux, y muchas de las representaciones escultóricas de la época. Esta vaina va a consistir principalmente en dos finas laminas de madera con la forma de la hoja, recubiertas de piel o cuero, con mayor o menor trabajo de decoración, en algunas ocasiones el interior de las mismas estaba recubierto de lana la cual prevenía en alguna manera la oxidación. En siglos posteriores este recubrimiento interior desaparecerá cambiándose por una apretada vaina de madera, que en algunos casos no iría suspendida directamente del cinturón sino de una nueva pieza denominada tahalí.
Una serie de cambios de índole sociocultural van a producirse en la mentalidad del hombre del siglo XII. En general, el armamento defensivo usado en Europa a lo largo del siglo XI va a seguir en uso durante gran parte del nuevo siglo. Después de la Era de los Normandos, y bajo las leyes de los nuevos monarcas, las reglas del caballero fueron reforzadas social y militarmente, dando lugar a una importante evolución tanto en la forma de pensar como de armarse del nuevo guerrero, basada en el espíritu de la cruzada. El desarrollo de la espada durante el siglo XII va a ir marcado por una serie de patrones establecidos durante el último cuarto del siglo XI. Morfológicamente la hoja de la espada va a ir ganando en longitud, a la vez que el ancho vacéo (que recorre la misma en sentido longitudinal hasta la punta) va a ir retrayéndose y estrechándose en algunas ocasiones, formando un canal que se extenderá hasta algo más de la mitad de la hoja. La guarnición de gavilanes rectos también ganará en longitud, y se seguirá usando el pomo de “Nuez de Brasil” y el discoidal aplanado, realizados principalmente en hierro y alguna vez en bronce, y de forma más rara en materiales más nobles como el cristal de roca, piedras semipreciosas o metales como el oro y la plata. En algunos casos incluso alojando reliquias de Tierra Santa traídas por los cruzados, como reflejan muchos romances medievales. Otra característica a tener en cuenta son las inscripciones de temática religiosa que van a proliferar en las hojas del siglo XII, así como los nombres de los artesanos, demostrando una vez más el sentir espiritual y religioso de los caballeros, los denominados “Hombres de Dios”. Es muy corriente encontrar frases como: HOMO DEI (Hombre de Dios), IN NOMINE DOMINI (En el Nombre de Dios), BENEDICTUS DEUS ME S (Bendito Dios mío), o incluso conjuntos de letras sin sentido aparente que formarían autenticas letanías: NEDRC NEDRU (Nomine Eterni Dei Regis Caeli/Universi). BOAC (Beati Omnipotensque Angeli Christi). El motivo de estas frases no era otro que la bendición del caballero y su espada en la lucha incansable por la defensa de la Fe verdadera. Asociadas a estas inscripciones empezamos a encontrar los nombres de algunos artesanos espaderos, que van a dar origen a determinadas tipologías como por ejemplo: IN NOMINE DOMINE/CICE LINE ME FECIT, en espadas encontradas en centroeuropa y sobre todo en Inglaterra.

En España son menos corrientes las espadas datadas entre los siglos XII y XIII con este tipo de inscripciones, dándose, sin embargo más comúnmente a partir del siglo XIV. No obstante poseemos una importante muestra en las espadas de Sancho IV de Castilla conservada en la catedral de Toledo, las de los hijos de Alfonso X el Sabio, el infante D. Juan de Tarifa, muerto en 1319, también conservada en la catedral de Toledo, y la del infante D. Fernando de la Cerda que se encuentra en el monasterio de las Huelgas en Burgos, o las espadas de Fernando III el Santo, conservada una en la catedral de Sevilla, y la otra denominada “Lobera” en la Real Armería de Madrid. La primera aparición del término Lobera, que según afirma Clonard en su discurso histórico sobre el traje de los españoles “No figura con aplicación a las armas en los léxicos españoles, se llevaba con el traje talar denominado Loba “, la menciona D. Fernando III de Castilla en su lecho de muerte al bendecir a su hijo menor el infante D. Manuel. “Otrosi: Pero non vos puedo dar heredad ninguna, mas dovos la mi espada Lobera, que es cosa de muy grand virtud, et con que me fizo Dios a mi mucho bien” (Tractado que fizo D. Juan Manuel de las armas que fueron dada a su padre el infante D. Manuel).

Evolución espadas medievales II
A partir del siglo XIV la espada medieval va a conseguir su máximo desarrollo que culminará en los ejemplares del siglo XV. La hoja perderá progresivamente el paralelismo de sus filos, adoptando la forma de un largo triángulo isósceles de punta muy aguda, a la vez que el canal o vacéo irá menguando hasta desaparecer, formando robustísimas secciones romboidales con filos a dos mesas. Este fortalecimiento de las hojas, unido a los refuerzos de placas de los nuevos arneses y armaduras, propiciará el uso cada vez más extendido de la punta de la espada frente al filo. Surge así la era de los Estoques. Por su parte, la empuñadura va a mantener la cruz simple de gavilanes ligeramente caídos hacia la hoja. Los puños de una o dos manos empezarán a alternar el sistema tradicional de dos cachas recubiertas por un puño entero, también recubierto, que se introducirá por la espiga de la hoja y se afianzará con el pomo, los cuales ganarán en tamaño y peso, manteniéndose la forma discoidal con pequeñas diferencias.
Como hemos dicho anteriormente, el desarrollo del nuevo armamento defensivo, una vez abandonado el antiguo Hauberk de cota de malla, consistirá en el añadido progresivo de placas de metal, hasta ir formando un sólido conjunto articulado denominado arnés ó comúnmente armadura. Este nuevo concepto de protección va a requerir de una nueva técnica de uso de la espada, ya que las antiguas hojas pensadas para cortar y tajar van a resultar poco efectivas ante la nueva protección. El desarrollo del Estoque será la solución, concentrando toda la energía del golpe en una aguda punta capaz de reventar, y en determinadas ocasiones atravesar, las placas de defensa que constituyen el arnés. Surge de esta necesidad una técnica esgrimista que combinará el uso de la punta por un lado y del golpe de filo por otro, apoyándose en la todavía robusta sección y considerable peso de las hojas. La era de los Estoques tendrá sus máximos exponentes en los ejemplares de los siglos XV y XVI, estos últimos con muy pocas variaciones morfológicas frente a sus predecesores. Las hojas ganarán en longitud, superando los 120 centímetros y volverán a acanalarse en su primer tercio, con uno, dos e incluso tres canales que restarán peso al conjunto y ganará en rigidez. Las empuñaduras también ganarán en longitud, adecuándose para el uso con una o dos manos, y los pomos abandonarán el modelo discoidal para adoptar la forma facetada de pirámide truncada, o de pera (periformes).
Paralelamente a este desarrollo, y propiciado por el cada vez más extendido uso de la punta para dar estocadas, encontramos hojas en las cuales el inicio o talón de la misma carece de filo, lo que en siglos posteriores se denominará recazo, con el fin de permitir la colocación del dedo índice de la mano, ganando de esta forma en precisión a la hora de golpear de estocada. Esta nueva técnica surgida hacia mediados finales del siglo XV, va a dar lugar a uno de los cambios más importantes en la guarnición de la espada medieval.

Evolución espadas medievales III
La cruz de gavilanes rectos que durante siglos había resultado eficaz a la hora de parar los golpes de tajo, endientes y reveses, se mostraba inadecuada desde el momento en que el mencionado dedo del caballero se colocaba por delante de la protección con el fin de dirigir la punta. Surgen de esta forma las primeras protecciones añadidas a la cruz, inicialmente en forma de pequeño apéndice que protegerá el dedo, y dará lugar posteriormente a los denominados bigotes tan característicos de las guarniciones españolas de pitones en espadas como la de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, o la denominada de armas de la Reina Isabel la Católica, conservadas ambas en la Real Armería de Madrid, o la firmada por el espadero CATHALDO, en el Instituto de Valencia de Don Juan, también en Madrid.

A partir de este momento, la guarnición de cruz recta que ofreció protección a la mano de guerreros y caballeros durante cerca de seiscientos años, cedía su lugar a las nuevas técnicas y corrientes renacentistas, la Edad Media había finalizado.

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2 comentarios

  1. alberto said,

    puede haber una espada de luristan que sea de bronce?

  2. mica said,

    me parece muy completo todo estoi!! esta muy bue<no, gracias por la enseñanza!!
    em, buenoo vamos boquitaa vamos vamoos a ganar el domingo!!!!!!!!

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