Mitología germano-nórdica (IV)

11, abril, 2007 at 7:25 pm (Vikingos)

DAGR (Día): hijo de Nott (Noche) y de Dellingr, es el día personificado. Es el ancestro fundador del linaje de los Döglinggar, al que pertenece Helgi, el Asesino del Rey Hundingr. Dagr cabalga el caballo Drasill.

DAINN (Muerte): 1.- enano que, con Nabbi, fabricó el jabalí Hildisvini, la montura de la diosa Freyja; 2.- uno de los cuatro ciervos que pacen en las ramas del árbol cósmico Yggdrasill.

DESTINO: mientras el castellano, el francés y otras lenguas latinas disponen de pocas palabras, el antiguo escandinavo tiene al menos quince términos para expresar la noción de destino, lo que atestigua la importancia del concepto, cuyos más finos matices pueden así evocarse: destino neutro, objetivo, subjetivo, activo o pasivo, benéfico o maléfico, colectivo o individual, personificado, simbólico, etc. Es normal, pues, que su eco se encuentre en la mitología. Es el caso de las Disas y las Nornas que lo encarnan, siendo estas últimas representadas como hilanderas.

DIAR (Dioses): nombre que Snorri Sturluson da al grupo de doce sacerdotes de Asgardr al servicio de Odín. «Su función es presidir los sacrificios e impartir justicia. La gente del país les debía servicio y homenaje.»

DIOSAS-MADRES: su culto es atestiguado, sobre todo, por algunas inscripciones votivas encontradas en la parte de la Germania ocupada por los romanos, con una fuerte concentración en las provincias renanas —y por otras, descubiertas en Inglaterra junto al muro de Adriano—. Todas datan de un período comprendido entre el siglo I y el siglo V de nuestra era. En el curso inferior del Rhin, la epigrafía habla de Matronae, más allá de la Mancha de Matres, y es difícil saber qué diferencia puede encubrir esta doble denominación. Los escultores representan casi siempre tres mujeres de pie o sentadas, y una de ellas sujeta un cesto de fruta. Los nombres cambian dependiendo del lugar. Los que más a menudo se encuentran son las Aufaniae, las Suleviae, las Vacallinehae, las Austriaenae y Nehalennia. Eran, pues, protectoras de clanes, de pueblos, de lugares, como indican inscripciones del tipo: «A las Madres suevas; a mis Madres frisonas paternas». Se ha podido relacionar así a las Albiaheniae con la ciudad de Elvenich, las Manhlinehae como Malinas, y las Nersihenae con el río Nierse. La interpretación etimológica de los ciento dieciocho nombres encontrados en los ex-votos muestra que las diosas-madres tenían una función tutelar y dispensadora de bienes, y que algunas son sin duda divinidades de ríos o manantiales. Su culto parece haber sobrevivido a la Edad Media a través de las Disas.

DIOSES (Moradas de los d.): véase Alfheimr, Asgardr, Breidablik, Folkvangr, Gladsheimr, Glitnir, Hel, Himinbjörg, Noatun, Sokkvabekkr, Thrudheimr, Walhalla (Valhöll), Ydalir.

DIOSES: véase Aegir, Baldr, Bragi, Forseti, Freyr, Frigg, Freyja, Hlin, Hoenir, Idunn, Loki, Njördr, Odín (Wodan, Voden), Saga, Skadi, Thor, Tyr, Ullr.

DISABLOT (Sacrificio a las Disas): ofrendas hechas a las Disas a comienzos del invierno, mediados de octubre en Noruega y en febrero en Suecia. Sabemos pocas cosas sobre esta expresión del culto doméstico, salvo que se celebraba un banquete. Verosímilmente se intentaba hacerse propicias a las Disas, entendidas aquí como divinidades vinculadas a la fertilidad. El origen de estas pequeñas divinidades es, ciertamente, indo-europeo, y las Disas germánicas tienen sus compañeras en las Dishanas védicas.

DISARSALR (Sala de la Disa): nombre de un templo de Uppsala (Suecia) consagrado a las Disas. El singular es inusual y extraño pues, por lo general, sólo se utiliza el plural, siendo las Disas una entidad indiferenciada.

DISAS: divinidades femeninas que tal vez sean idénticas a las Idisi que cita el primer Conjuro de Merseburg, y cuyo nombre se encuentra en Tácito, en Idisiaviso, nombre de una llanura donde se enfrentan Germánico y Arminio (Hermann). La tradición está muy enmarañada pues las disas están próximas a las valquirias, las Nornas (Parcas germánicas), y desempeñan también el papel de genios tutelares, lo que las emparenta con los fylgjur. Se dice que acuden cuando nacen los niños, lo que las aproxima a las hadas romanas. Las Disas fueron también entendidas como genios del terruño que presidían la fertilidad, como atestiguan las landdisasteinar (Piedras de las Disas del País) de la región del Fiordo de los Hielos (Islandia). Algunos topónimos atestiguan, por otra parte, la realidad del culto que se les rendía. Las Disas deben colocarse, sin duda, en la esfera de las diosas-madres. Se advertirá que la diosa Freyja es denominada «Disa de los Vanes» y la giganta Skadi «Disa con los esquíes».

DOFRI: gigante que habita en la montaña que lleva su nombre, el Dofrafjall. Su nombre aparece en una enumeración y en el Dicho de Harald de hermosos Cabellos.

DÖKKALFAR (Elfos oscuros): seres que aparecen sólo en la Edda Snorra; debieran ser enanos y no elfos. Son más negros que la pez, viven en el mundo que lleva su nombre, Svartalfheimr, y se oponen a los Elfos de luz. Son herreros que fabrican los atributos de los dioses.

DOMALDI: rey sueco mítico, de la gran familia de los Ynglingar (los descendientes de Yngvi-Freyr). Tras tres años de hambruna, los Svaer, sus súbditos, le mataron: «Decidieron además que le ofrecían en sacrificio para obtener el regreso de los años fértiles» (Snorri Sturluson).

DONAR: nombre que lleva Thor entre los germanos del sur. En viejo inglés, el nombre es Thunor. En la epigrafía. Donar suele asimilarse a Hércules, de acuerdo con la interpretación romana de los dioses autóctonos. Su nombre se encuentra en la apelación del jueves en viejo alemán y viejo inglés (Donarestâg; Thunresdaeg). En 725, san Bonifacio destruyó en Geismar (Hesse) el roble que le estaba consagrado. Una fórmula sajona de abandono del paganismo dice: «renuncio a Thunaer, a Wodan y a Saxnot, y a todos los demonios compañeros suyos.»

DRAUGR (Aparecido): en las antiguas creencias, el doble del muerto, su alter ego físico, continúa viviendo en la tumba y la abandona si hay por su parte algún motivo de descontento. Ese muerto mal intencionado provoca el fallecimiento de gente y ganado. Para librarse de él, es necesario quemar por completo su cuerpo e, incluso, a veces, sumergir las cenizas en el mar o en agua viva. El miedo a los aparecidos está comprobado en todos los países germánicos. La arqueología nos enseña que es muy antiguo: en las tumbas se han encontrado cadáveres mutilados —muerto decapitado con la cabeza depositada a sus pies, por ejemplo— y atados, para que no pudieran regresar entre los vivos. El aparecido germánico tiene la particularidad de ser corporal, aunque puede fundirse con el suelo y desaparecer como por ensalmo; pero si ha sido herido, se encuentra la señal de las heridas en su cuerpo cuando se le exhuma. Pese a una opinión errónea, el muerto-viviente no existe: lo que regresa es sólo el doble físico.

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