Los mitos de creación egipcios (III). El mito Menfita.

19, febrero, 2007 at 5:13 pm (Egipto)

En la cosmogonía Menfita, el papel del demiurgo recae sobre su dios preponderante, Ptah-Tatenen, y no hay presencia de la colina primordial como en las dos anteriores. En este texto, Atum el demiurgo helipolitano, interpreta un papel secundario: se le considera únicamente como a una de las manifestaciones de Ptah. Lo mismo ocurre con los otros dioses iniciales, el abismo primordial (Nun) y su contrapartida femenina (Naunet). Ptah es por consiguiente, el padre y la madre de todas las criaturas, un dios hermafrodita. Pero entre todas las hipótesis de Ptah, se ha atribuido una importancia especial a “Ptah-el-Grande, el corazón y la lengua de la Enéada”. Este dios Ur (el Grande) sería, si se acepta la teoría discutible de Junker, el dios creador por excelencia, a pesar de que los sacerdotes de Menfis hablen de él como de una simple manifestación de Ptah, y de que los sacerdotes de Heliópolis no mencionen su nombre y le llamen Atum (el Total, el Universal). Los sacerdotes de Menfis explican a continuación cómo Ptah creó el mundo sirviéndose del corazón, que es la sede de la inteligencia, del pensamiento que concibe a los seres, y de la lengua, que es el órgano del Verbo creador. La función que desempeñan el corazón y la lengua es tan importante que los mismos teólogos sintieron la necesidad de divinizar estas dos facultades del demiurgo, personificándolas en dos genios, Sia (la inteligencia y la clarividencia), y Hu (el poder del Verbo, la voluntad). Atum está presente en el mito pero su importancia es secundaria, hallándose convertido en una de las múltiples hipóstasis de Ptah demiurgo; Ptah es quien dió la existencia a los dioses, a los hombres y a todos los seres, gracias a los pensamientos de su corazón y a las palabras de su boca. Otras influencias heliopolitanas se manifiestan cuando la estela menciona a la Enéada y explica que el poder creador de .la palabra (de la lengua) reside, concretamente, en los dientes y en los labios, “es decir, el semen y las manos de Atum”. Más adelante se llega a un pasaje específicamente menfita, en el que se trata de la invención de los trabajos manuales y de las artes, las actividades predilectas de Ptah, el dios de los artesanos. Y la conclusión del pasaje hace pensar en el relato del Génesis, cuando se describe la aparición del mundo vegetal y de los diferentes elementos minerales que forman el paisaje. Como ocurre en el relato bíblico, el demiurgo menfita podía estar satisfecho de la perfección de su obra. La Enéada, son los dientes y los labios de Ptah, de la boca que pronunció el nombre de cada cosa, de la cual salen Shu y Tefnut. La visión de los ojos, el escuchar de las orejas y el oler de la nariz, informan al corazón, y de él surge todo el conocimiento, y la lengua anuncia lo que el corazón piensa.
Elaborado a partir de un texto de Elisa Castel

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