Mitos y Falsedades sobre Espadas y Armaduras (V)

12, mayo, 2006 at 11:51 pm (Esgrima Antigua)

Pasamos ahora a la parte de armaduras (y sólo quedará una última parte, sobre armaduras y justas).

LAS ARMADURAS
En torno a las armaduras medievales giran normalmente dos mitos: Su peso y la movilidad; Es decir, la creencia general es que las armaduras pesaban tanto y eran tan engorrosas que el caballero o guerrero de turno apenas si podía moverse, y si tenía la desgracia de caer al suelo ya no podría levantarse. Gran parte de la culpa en este tema la tiene la película “un americano en la corte del Rey Arturo” en la que se podía ver que a los caballeros los tenían que alzar mediante unas grúas con poleas para subirlos en los caballos. Bien, para comenzar, todos sabemos que existen varios tipos de armadura, como por ejemplo la cota de malla, la armadura de cuero endurecido, la brigantina, la coraza, etc… Como norma general, estas armaduras son metálicas, lo que implica necesariamente que pesarán un buen número de kilos, y algunas son rígidas, lo que significa que impedirán la total libertad de movimientos de su portador, pero de ahí a pensar que no se podrá mover media un abismo. Como cualquiera puede imaginar, una armadura sirve para protegerse, ya sea de los tajos de las armas, ya sea de las flechas, ya de los golpes aplastantes, y a ser posible de todos ellos, de modo que si se piensa un poco es bastante absurdo llegar a la conclusión de que las armaduras no permitían moverse al guerrero, pues de ser eso cierto, en lugar de una protección sería una trampa mortal, y absolutamente nadie con dos dedos de frente las usaría. Con respecto a la libertad de movimientos cabe exactamente el mismo comentario. Las cotas de malla venían a pesar entre 14 y 20 kilos, y son un tipo de armadura extremadamente flexible, que se adapta al cuerpo del usuario y no le impide ningún movimiento por amplio o complicado que sea. Casi todo su peso descansa sobre los hombros del guerrero, y ahí reside su mayor incomodidad, pues cansaban la espalda hasta que uno se acostumbraba, claro. Eran efectivas para detener los tajos de casi cualquier arma (no se abrían al primer golpe Como se suele ver en las películas) y las cotas remachadas podían parar casi cualquier flecha, con la excepción de las de los arcos largos y las ballestas. Su mayor defecto es que no reducen los efectos aplastantes de las armas contundentes, y llevarse un espadazo de lleno podía significar la rotura del hueso, aunque no se sufriera el corte.Las armaduras de placas, o Arnés Blanco, que se usaban ya en el siglo XV y principios del XVI, es decir, las más completas, venían a pesar unos 35 kilos. Ese era también el peso de las mochilas de los soldados de la primera guerra mundial, y todos hemos visto que con ellas a cuestas caminaban y corrían. Además, la mochila carga su peso sobre los hombros, igual que la cota de mallas, pero la coraza está repartida por todo el cuerpo, resultando mucho más llevadera. Las corazas eran una impresionante obra de ingeniería medieval repleta de detalles que tenían como fin desviar los golpes de las armas desde donde vinieran, y a la vez permitir la mayor movilidad posible al usuario. En efecto, con una coraza puesta se puede uno mover perfectamente, y tan sólo se verá constreñido para algunas posturas extremas que no se solían adoptar mientras se lucha. Con una coraza se puede pelear, correr, cabalgar y lo que hiciera falta, y por supuesto se puede uno subir normalmente al caballo y levantarse si se cae. Como detalle revelador, podemos comprobar que lo que acabó convirtiendo a los escudos en obsoletos fue precisamente la armadura de placas, y podemos estar seguros de que eso no habría sucedido si ésta no fuese extremadamente efectiva. Evidentemente, un guerrero luchando con una armadura se cansará antes que uno que no la lleve, pero irá mucho mejor protegido y tendrá más posibilidades de sobrevivir que el otro. El auténtico defecto de las armaduras es el calor. Cualquier armadura y su correspondiente acolchado interno producen un calor considerable, que viene muy bien en invierno, pero que podía ser asfixiante en verano, más teniendo en cuenta que el metal se recalienta con el sol. Por eso los soldados y caballeros usaban sobrevestas y gualdrapas, para impedir que el sol incidiera directamente sobre el metal de sus armaduras

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Mitos y Falsedades sobre Espadas y Armaduras (IV)

12, mayo, 2006 at 3:23 pm (Esgrima Antigua)

Continúo con el artículo, que aún le queda un poco más (toda la parte de armaduras, por ejemplo).

COMBATES INTERMINABLES
Estamos hartos de ver películas en las que los protagonistas se enzarzan en combates a espada que consisten en una larga serie de golpes, paradas y contragolpes que se resuelven al cuarto de hora cuando el malvado de turno, tras haber dedicado una perorata al héroe sobre sus planes de futuro, lanza un ataque clarísimo y muy lento, que el héroe aprovecha para despacharlo de la misma manera que lo podía haber hecho a los cinco segundos de empezar la pelea. Como en otras ocasiones, también se ha aceptado esta manera de “combatir” como cierta. En la vida real, lo primero, no se charla con el contrincante, segundo, se aprovechan todas las oportunidades, no como en las películas en las que se ven decenas de puntos abiertos por donde atacar sin que ninguno de los “guerreros” los aprovechen. Si tú no aprovechas una abertura de ésas, tu adversario sí lo hará. Para que nos hagamos una idea más certera de qué es un combate a espada auténtico, diremos que en la realidad la media de tiempo que dura un combate es de unos 4 segundos, más o menos, y eso si uno no está inmerso en una batalla. En el caso de las batallas, los combates duran lo que se tarda en lanzar un ataque, a lo sumo dos. Si en este lance no se ha alcanzado al enemigo, se ha sido alcanzado por él, sin más. En los duelos, la cosa se alargaba bastante más, pero porque los contrincantes se pasaban varios minutos observándose, y probando cambios de guardia o tocando hierro para ver las posibles reacciones del oponente. Luego, una vez lanzados al combate, la cosa se resolvía en pocos segundos.

EL MANEJO DE LAS ESPADAS
En este caso la culpa no es totalmente de las películas, pues también podemos ver muestras sobre como NO debe usarse una espada en teatros, exhibiciones medievales y números circenses. En estas ocasiones, vemos cómo los rivales se lanzan ataques muy lentos y claros, simulando que sus espadas pesan un quintal (ayudando así a alimentar el mito del peso exagerado de las armas) con el objetivo de marcar bien a su contrincante/compinche por dónde va el golpe para que lo pueda parar o esquivar tranquilamente y de paso poder hacerlo con mucha fuerza para que la maniobra resulte espectacular. En este caso es perfectamente razonable que se manejen las armas así, pues entendemos que se trata tan sólo de dar espectáculo y como tal debemos juzgarlo. Los actores tratan de divertir a los espectadores, no asesinarse entre ellos, y el objetivo queda cumplido de esa manera sin necesidad de ninguna sofisticación.En el otro extremo están los actores que interpretan a superguerreros, o espadachines fantásticos, que hacen un uso totalmente irreal de sus armas pero por demasiado sofisticado y rápido. Les podemos ver moviendo las espadas como si fueran de cartón (que en efecto lo son) o goma, saltando por los aires y haciendo toda suerte de piruetas para evitar que les alcancen o distraer a sus enemigos, haciendo giros y volatines con las armas que carecen de sentido en una lucha real, pero que, eso si, quedan muy espectaculares en la película. Todo esto choca en fuerte contraste con la sobriedad y eficiente elegancia de una técnica real de esgrima, y siempre sorprende a las personas que contemplan por primera vez alguna clase o combate de esgrima histórica en la que se usen técnicas auténticas, efectivas y directas, que sí resuelven una contienda en pocos instantes. Esto no es de extrañar, por otra parte, teniendo en cuenta la equivocada idea que tiene casi todo el mundo sobre el tema, propiciada por ese bombardeo de películas y series televisivas en las que se hacen los absurdos antes mencionados constantemente.

LOS ESPADONES DE DOS MANOS
Pocas armas están tan mitificadas como ésta, que ciertamente es imponente y lleva a pensar al que contempla una que debía ser casi imposible usarla. Bien, en primer lugar, y en contra de lo que casi todo el mundo cree, los auténticos mandobles no son medievales, pues no existieron hasta pasado el siglo XV, ya en el renacimiento. Me refiero a las espadas que todos conocemos y más espectaculares resultan, que miden entre 1,60 y 2 metros, con una empuñadura extraordinariamente larga, gavilanes amplios y dotados de arcos para la protección de las manos, púas a los lados de la hoja, recazo recubierto de cuero y hoja de doble filo y a veces serpenteante. Estas impresionantes armas pesaban entre 4 y 5 kilos y, efectivamente, se necesitaba un hombre fuerte y a ser posible alto para manejarlas, pero no porque alguien más débil no pudiera. Se necesitaba fuerza para manejarlas DEPRISA. Al contrario de lo que se supone, una de estas armas se puede mover con una velocidad bastante respetable, sin que medie demasiado tiempo entre tajo y tajo. Si se tira un golpe directo sujetando la espada por la empuñadura sí que cuesta recuperarlo, pero la cuestión es que un guerrero experto en el uso de estas espadas nunca hacía eso a no ser que estuviera seguro de que el ataque iba a ser detenido por la cabeza de algún infeliz. En caso de necesitar moverse más rápido o de tener que luchar de cerca se recurría a la técnica de coger la espada con la mano derecha en la empuñadura y la izquierda en el recazo de la hoja, que por eso se recubría de cuero. De esta forma el mandoble se puede mover casi como un bastón, al colocar el centro de gravedad del mandoble entre nuestras manos. Las púas que tienen a los lados de la hoja, y que siempre están en el final del recazo, no tienen otra función que la de servir de segunda guardia para cuando tengamos la mano izquierda allí.En siglos anteriores también existían grandes espadas de guerra, que necesitaban de las dos manos para blandirse, como el Claymore Escocés, pero no eran auténticas Mandobles, como entendemos este término, ni su uso estaba tan especializado. Sencillamente eran usadas por los guerreros más capaces para tratar de desmontar jinetes de un golpe, o partir en dos a los enemigos. Los mandobles se usaban para guardar torres y murallas, para la guardia de las puertas, para los asaltos a formaciones de piqueros, y para barrer a la infantería cuando se estuvieran retirando tras la carga de la caballería.

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