Salmo 104, Alabanza al Creador

16, febrero, 2006 at 3:39 am (Egipto)


Bendice, alma mía, a Yahvé,
Yahvé, Dios mío, tú eres muy grande;
te has revestido de esplendor y majestad,
te envuelves de la luz como de un manto.

Desplegaste los cielos como una tienda,
construyes sobre las aguas tus altas estancias,

pone en las nubes su carroza
y camina sobre las alas del viento,
hace de los vientos sus mensajeros

y del fuego llameante sus ministros.
El que afirmó la tierra sobre sus cimientos

no vacilará por los siglos;
del abismo como de un vestido la cubriste,

las aguas se pararon sobre los montes;
a una amenaza tuya emprendieron la huida,

a la voz de tu trueno se precipitaron;
se elevaron los montes,

se abajaron los valles,
al lugar que tú les señalaste;
pusiste un límite que no sobrepasarán,

no volverán más a cubrir la tierra.
Haces brotar fuentes en los valles,

que se deslizan entre las montañas;
abrevan a todas las bestias del campo

y de los asnos salvajes sacian la sed;
junto a ellas hacen su morada las aves del cielo,

hacen oír su voz entre sus ramas.
Riegas los montes desde tus estancias,

se sacia la tierra con el fruto de tus obras;
haces crecer la hierba para el ganado

y el pasto para el servicio del hombre.
Para que saque el pan de la tierra,
y el vino que alegra el corazón del hombre;

para que hagan brillar la faz con óleo
y el pan refocile el corazón del hombre.
Se sacian los árboles de Yahvé,

los cedros del Líbano que él plantó;
allí anidan los pájaros, allí, en sus copas

tiene la cigüeña su casa;
las montañas altas son para las gamuzas,

las rocas madrigueras para los damanes.
Hizo la luna para señal de los tiempos,

el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y llega la noche,

en ella se agitan todas las bestias de la selva.
Rugen los leoncillos por su presa

y buscan de Dios su alimento.
Nace el sol, ellos se retiran,

para echarse en sus cubiles.
Sale el hombre a su trabajo

y a su faena hasta la tarde.
Cuán numerosas son, Yahvé, tus obras,

todas las hiciste con sabiduría,
llena está la tierra de tus criaturas.
He aquí el mar, grande y vasto en todos los sentidos,

allí un pulular sin número
de animales pequeños y grandes;
allí se pasean las naves,

el Leviatán que tú formaste
para que en él retozase.
Todos esperan de ti

que les des a su tiempo el alimento;
se los das, ellos lo recogen,

abres tú la mano, se sacian de bienes;
escondes tu rostro, quedan aterrados,

retiras su aliento, mueren y vuelven a su polvo.
Envías tu soplo y son creados

y renuevas la faz de la tierra.
Sea gloria a Yahvé para siempre,

alégrese Yahvé en sus obras.
A él que mira la tierra y tiembla,

toca los montes y humean.
Cantaré a Yahvé durante mi vida,

salmodiaré a mi Dios mientras exista.
Que mi poema le sea agradable,

yo me gozo en Yahvé.
Que los pecadores desaparezcan de la Tierra

y no existan ya más impíos.
¡Bendice, alma mía,
a Yahvé!
Alleluya.

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