Buenos Presagios, por Neil Gaiman y Terry Pratchett

24, diciembre, 2005 at 9:14 pm (Uncategorized)

Ésta es una de las novelas más divertidas -si no la que más- que he leído en mi vida. La escriben dos de mis escritores favoritos: Neil Gaiman y Terry Pratchett.
Imaginaos que está a punto de desencadenarse el Fin del Mundo, que los Cuatro Jinetes del Apocalipsis andan sueltos por la Tierra, y que un ángel venido a menos -Azirafel- y un demonio en cuyo coche cualquier cinta de música se convierte con el tiempo en los Grandes Éxitos de Queen -Crowley-, intentan ayudar a detenerlo.
Está muy bien escrita (no es para menos, con los autores que tiene), y en ella aperecen algunas de las escenas más delirantes y simpáticas que he leído jamás.
Si sois fans del Mundo Disco o The Sandman, no podéis dejar escapar esta novela, pues os enamorará.
Por cierto, en la foto están ambos autores al estilo Azirafel y Crowley; se la sacaron como promo para el libro, y es de mis fotos favoritas de ambos.

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Las Fuerzas Armadas Egipcias (III): Armas y armaduras

24, diciembre, 2005 at 6:19 pm (Egipto)

El Imperio Antiguo tenía soldados equipados con una gran variedad de armas: escudos, lanzas, porras, mazas, dagas, arcos y flechas. Los carcajs y las hachas de batalla se introdujeron antes del Segundo Período Intermedio, que fue una época de revolución en las artes marciales egipcias. Las puntas de flecha metálicas más tempranas datan de la Dinastía XI (hacia el 2.000 aC), hechas de cobre endurecido por martillo.
El arma principal del ejército egipcio eran el arco y las flechas. Los mercenarios nubios formaban las mejores unidades de arqueros. El arco fue transformado en un arma formidable con la introducción por los Hyksos del arco compuesto hecho de cuerno, tendones y madera, combinado con la armadura corporal –que habitualmente no eran más que tiras anchas de cuero- y el carro de guerra, permitiendo ataques rápidos a largo alcance.
La infantería del Imperio Nuevo llevaba lanzas, hachas de batalla, cimitarras y dagas. La cimitarra (xpS=khepesh o kopesh) llegó a Egipto desde Siria, donde Tutmosis III fue el primer faraón egipcio en usarla. Hay muchas imágenes de los dioses entregando al faraón este “arma de la victoria”. Rápidamente se convirtió en parte del equipo básico del infante.
El militar tuvo al alcance las nuevas tecnologías,- como fue el uso del bronce en el Imperio Medio, o el hierro en el Imperio Nuevo y sobre todo en el Período Dinástico Tardío-, más rápido que la población general, quienes usaban todavía las herramientas de piedra cuando el bronce ya estaba disponible, pero era demasiado caro. Incluso, las puntas de flecha de bronce del Imperio Medio debían ser importadas de Oriente Próximo y sólo en la época de la Dinastía XVIII su producción en Egipto se hizo más común.
Después de que los arqueros, tanto a pie como en carro, limasen las fuerzas enemigas con una ducha de flechas, la infantería podía entrar, rompiendo sus líneas con armas de mano, mazas con mangos de madera y cabezas de piedra–más tarde metal-, hachas de batalla, hachas pequeñas, porras, espadas, cimitarras (kopesh) y dagas.
Mientras Egipto producía por fin parte del cobre que necesitaba, debía importar todo el estaño necesario para fabricar el bronce y también era completamente dependiente de la importación del hierro, lo que les puso en desventaja ante los crecientes imperios del Este durante el primer milenio aC.
Las técnicas para trabajar el cobre y el bronce, por ejemplo el marcado y subsecuente martilleado, pudieron ser desarrollados por los propios egipcios; el forjado, la única forma en que podía ser trabajado el hierro en el mundo antiguo, fue importado desde Europa.
La lanza fue usada para el “apuñalamiento” (entendido esto como que se usaba para lancear a mano, sin ser lanzada, valga la redundancia), dando gran alcance al soldado.
Los carros llevaban, además de sus arcos y flechas, un buen número de lanzas y así no se quedaban desarmados después de disparar todas sus flechas.
Muchas de las armas nuevas que comenzaron a usarse durante el Imperio Nuevo tuvieron su origen en Asia. Los cascos que Ramsés III ordenó distribuir entre sus soldados se parecían a los cascos sirios, la principal diferencia era que el casco sirio estaba decorado con una cola de caballo, mientras que el egipcio tenía cuerdas terminadas en colgantes. La armadura corporal era de origen asiático también. Consistía en una chaqueta de cuero cubierta con pequeñas escamas de metal, no protegía completamente al soldado de las flechas, como los egipcios pudieron comprobar con sus propias victorias, o los sirios cuando un tiro afortunado mató al disfrazado Ahab.
Pese a tantas deficiencias, los carros de Tutmosis III llevaban ocasionalmente armadura de escamas siglos antes del contratiempo de Ahab, pero muchos preferían bandas anchas (de cuero posiblemente) cruzadas sobre el pecho o llevando un escudo. Su torso estaba más o menos protegido, mientras la parte baja del cuerpo permanecía tapada por el propio carro. Los faraones llevaban a menudo armaduras con piedras semipreciosas engastadas, que ofrecían mejor protección, las piedras eran más duras que el metal usado para las puntas de las flechas. Es difícil estimar cuán extendido estaba el uso de armadura o de cascos realmente, pues los relieves nos muestran egipcios que raramente llevaban más protección que los escudos.
En tiempos de paz las armas estaban almacenadas en armerías reales. Su distribución entre los soldados antes de una campaña era la ocasión para una espléndida ceremonia llevada a cabo por el faraón. Ramsés III habló en un evento similar a sus soldados desde un balcón: “Levantad vuestras armas, sacad vuestras armas para destruir a las tierras rebeldes que no conocen Egipto, ni la fuerza de Amón mi padre.”

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Las Fuerzas Armadas Egipcias (II): El Carro de Guerra

24, diciembre, 2005 at 6:10 pm (Egipto)

Historia
Parece ser que los carros tienen su orígen en Mesopotamia en el tercer milenio aC. El carro de guerra de dos ruedas con gran movilidad, llevando un conductor y un arquero con un arco corto compuesto revolucinó las tácticas militares después del 1.700 aC. Esta cara arma se propagó por Oriente Próximo y se cree que llegó a Egipto con la conquista de los Hyksos, aunque no hay ninguna evidencia que avale este punto de vista. Se extendió por Asia Menor, Grecia y fue conocido en el Norte de Europa sobre el 1.500 aC. Con la llegada de la equitación en el 1.000 aC perdió su gran importancia militar.
El carro egipcio delata su orígen asiático de varias formas: por los nombres de sus partes, que son semíticos; y por su decoración que a menudo toma la forma de hojas de palma datilera o animales oponiéndose unos a otros, ambos motivos de origen sirio.
Diseño
Los egipcios mejoraron el diseño del carro haciéndolo más ligero, cambiando la posición del conductor de modo que estaría más próximo al eje del carro, y cubriendo el eje con metal para reducir la fricción. Algunas partes de madera se reforzaron cubriéndose con láminas metálicas. Estes cambios aligeraron la carga de los caballos y mejoraron enormemente su rendimiento. Se colocaron almohadillas en las espaldas de los caballos y se sujetó a ellos la percha. Las cinchas de cuero alrededor de los pechos y vientres de los caballos previno que se escurrieran. Un simple astil unido a la percha tiraba de los carros.
El carro estaba construido con piezas de madera las cuáles eran curvadas de la forma requerida sumergiéndolas en agua hirviendo durante muchas horas, doblándolas y luego dejándolas secar. Eran usados varios tipos de madera: olmo, fresno para los ejes y sicomoro para la el estante.
Los radios de las ruedas se hacían doblando seis piezas de madera enforma de V. Éstas eran pegadas juntas de un modo que cada radio estaba compuesto de dos mitades de las piezas en forma de V, formando una estrella hexagonal. Las puntas de las V’s se unían al eje con intestinos de ganado húmedos, que se endurecían al secarse.
Las llantas se hacían de secciones de madera, unidas a la rueda con tiras de cuero que pasaban a través de ranuras en las mismas secciones de las llantas. Las correas no entraban en contacto con el suelo, haciendo el carro más fiable al reducir el desgaste y las roturas. Los carpinteros alemanes que reconstruyeron un carro entero necesitaron unas seiscientas horas para completarlo.
Uso
Los carros no eran válidos en terreno rocoso debido a su falta de muelles, se rompían o volcaban fácilmente, e incluso en los mejores momentos debía ser una tarea complicada disparar flechas apuntando desde un carro tan rápido. Los carros luchaban por lo tanto cerrando filas abrumando al enemigo por la cantidad de misiles más que por su puntería. Si el carro iba a volcar, la tripulación podía intentar saltar por la parte trasera que estaba abierta antes de que sucediese, luego, si el carro rompía, podían coger los caballos y cabalgar hacia un lugar seguro. Los carros eran ciertamente mucho mejores a la hora de perseguir a los enemigos en una zona llana abierta, cuando las lanzas podían ser usadas para matarlos por la espalda.
Los egipcios conocían dos tipos de carros: el de guerra que tenía ruedas de seis ejes y el carro de transporte que tenía sólo cuatro ejes. El de ruedas de seis ejes podía hacerse más ligero y era más estable que el más pesado con ruedas de cuatro ejes, haciendo al carro entero más fiable.
Servir en los cuerpos de carros no era barato. Al recluta se le asignaba un equipo de caballos de los establos reales y cinco ayudantes, a los que tenía que equipar. El carro en sí mismo le costaba, -de acuerdo con un escriba que tal vez tuviese prejuicios -, tres deben de plata para el astil y cinco para el cuerpo, una pequeña fortuna que sólo los hombres nobles podían afrontar.
Los carros de guerra eran guiados por un conductor que llevaba un látigo y las riendas y un guerrero, que generalmente manejaba un arco o, después de gastar todas sus flechas, una lanza corta de las que tenía varias. Cuando cazaba, el faraón podía dar una dispensa al conductor algunas veces y disfrutar persiguiendo él mismo a su presa.

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Las Fuerzas Armadas Egipcias (I): El Ejército

24, diciembre, 2005 at 1:35 pm (Egipto)

Éstos son unos artículos que presenté al foro de una web de temática militar (De Re Militari, a ver si la pongo en los links) hace un par de años. Los pongo aquí porque así los tengo a mano, y si a alguien le interesa el tema, pueda leerlo sin problemas.

El ejército

Hasta la toma del Bajo Egipto por los Hyksos, muchos conflictos en los que los egipcios habían luchado eran guerras civiles, donde los ejércitos principales compuestos de campesinos y artesanos liderados por nobles se oponían unos a otros, o eran campañas relativamente cortas en Nubia extendiendo las fronteras del reino, o hacia el este y el oeste en las regiones desérticas. Desde el Imperio Antiguo los extranjeros fueron incorporados alejército. Los egipcios posiblemente incluso firmaban contratos conpotentados extrangeros para asegurarse el apoyo de los mercenarios. Los Medjay nubios entraron en Egipto durante los tumultos habidos en el Primer Período Intermedio, formando unidades de arqueros mercenarios ysirviendo como policía armada. Se sabe que lucharon bajo el mando de Kamosis contra los Hyksos.

El ejército cambiante del Imperio Nuevo

El equipo era básico al inicio de la historia egipcia: algo que lanzar a los enemigos o con lo que golpearlos y un gran escudo para ocultarse detrás, y la necesidad de mejorar este armamento no fue demasiado grande durante un largo tiempo.

Después de que los Hyksos tomasen el control del Delta, los faraones tebanos de las dinastías XVII y XVIII adoptaron nuevas armas y estrategias, un prerrequisito para construir un imperio en el Oriente Medio, una región donde el constante desarrollo de nuevas armas y estrategias era necesario para la supervivencia. Su presencia también provocó cambios en el rol de los militares en la sociedad egipcia. Según el número de campañas iba aumentando, el uso de reclutas no profesionales se hizo impracticable, y el ejército se hizo profesional, con la nobleza ejerciendo de oficiales y usando carros, y el rey luchando con ellos, generalmente cerrando filas. Evolucionaron muchas tropas especializadas, como los encargados de debilitar muros con escudos pesados usando arietes y escaleras de escalada, los primeros zapadores y, después de la reconquista de Nubia, tropas de choque kushitas y arqueros nubios.

Este nuevo ejército no tenía todos los siglos de viejas tradiciones que tenían otras instituciones sociales. De todas formas fue relativamente fácil para los individuos talentosos ascender de rango (y de clase social). Se podían mover entre otros segmentos de la sociedad y mantener posiciones altas gracias a los regalos de tierras y esclavos que recibían de los faraones, a partir del reinado de Ahmosis. El aprecio por esta nueva nobleza, de su corage y conquistas, se expresaba habitualmente en distintas inscripciones.

El nombre del hombre valiente perdurará por lo que ha hecho. Nunca desaparecerá de esta tierra.

Algunos de estos comandantes del ejército llegó a ser faraón, entre ellos Horemheb y Ramsés I (Dinastías XVIII y XIX) y muchos faraones se rodeaban de soldados conocidos por su lealtad y sacrificio. Didu, un soldado profesional, fue nombrado responsable de los desiertos al este de Tebas, luego se convirtió en el enviado del faraón en tierras extrangeras, luego Portaestandarte de la Guardia del Faraón, Capitán del barco Meri-Amón y finalmente Comandante de la Fuerza Policial. Después de un largo e intachable servicio Neb-Amón, otro Portaestandarte, fue nombrado Jefe de la Policía del oeste de Tebas.

Amenhotep IV (Akhenaton), cuya guardia personal consistía en su mayoría de extrangeros –sirios, nubios y libios- usó el ejército para terminar con el poder de los sacerdotes y los burócratas. Pero tras su muerte el estamento militar firmó la paz con el servicio civil y el clero. Subsecuentemente los faraones tuvieron que empezar a tener en cuenta los intereses de los tres sectores.

Con el imperio en expansión y la necesidad de encontrar soldados capaces, los egipcios comenzaron a introducir a los prisioneros de Guerra en su ejército, así como sherden capturados durante las incursiones de los Pueblos del Mar. Su lealtad al trono era tal, que sólo entre los sherden estaban los elegidos para formas parte de la guardia personal de Ramsés II. Fue probablemente durante el reinado de Ramsés II que la primera caballería regular –como oposición a los carros- fue introducida en todos los ejércitos, pero sólo los persas en el siglo VI aC fueron quienes lograron su mayor potencial.

Las Dinastías XIX y XX vieron la más espectacular expansión del poder egipcio así como su declive, con Egipto a penas capaz de defender sus fronteras y confiando fuertemente en los mercenarios. Hacia la mitad del siglo XII aC el sesenta por cien de los soldados era no egipcio. Sheshonq I (Dinastía XXII) logró recrear el ejército real tras años de negligencia.

Sesonchosis creó una elite de los más robustos hombres… levantó 600.000 soldados de a pie, 24.000 de caballería y 27.000 carros de guerra. Compartió el gobierno con sus compañeros de juventud, todos luchadores con experiencia, llenos de valor, en un número de 1.700 y más. Sesonchosis les dio la mejor tierra por lo que pudieron dedicarse enteramente a la guerra, permaneciendo económicamente seguros.

Diodoro (I,54)

La organización del ejército

Los ejércitos antiguos eran generalmente pequeños en comparación con los masivos ejércitos modernos. El ejército egipcio del Imperio Nuevo estaba compuesto de tres divisiones bajo Seti I en su campaña cananea, llamados Sutekh (Set)-“Los Arqueros Heroicos”-, Amón-“Los Arqueros Poderosos”- y Ra-“Los Muy Armados”-; y de cuatro divisiones bajo Ramsés II en su campaña de Qadesh, la cuarta llamada Ptah.

Una division estaba formada por varios miles de hombres, habitualmente 4.000 de infantería y 1.000 carros, organizados en diez batallones de unos 500 soldados, que estaban divididos a su vez en compañías de 250, pelotones de 50 hombres y escuadras de 10.

El mando supremo recaía en manos del propio faraón o de uno de sus parientes cercanos, generalmente un hijo. Similarmente a la administración de todo el imperio, el ejército estaba dividido en un cuerpo Norte y otro Sur supervisados por Jefes Representantes. La línea de mando incluía rangos correspondientes a los modernos generales, comandantes de batallón, portaestandartes y ayudantes a nivel de compañía, tenientes liderando los pelotones, y oficiales no comisionados al cargo de las escuadras.

Los carros eran liderados por los mariscales (jmj-rAssmwt=Ami-Ra-sesemut). Estaban divididos en brigadas, cada una de las cuales se componía de dos o más escuadrones. Cinco compañías de diez carros cada una constituían un escuadrón. Los carros egipcios llevaban dos soldados, un conductor y un arquero.

Paralelamente a la línea de mando en combate había una administración de escribas organizada en líneas jerárquicas y distinta de los oficiales de combate.

Estándars de comportamiento después de la victoria

Mientras los egipcios eran tal vez menos crueles que los asirios, -quienes borraban ciudades de la faz de la tierra y destruían pueblos enteros para atemorizar a otros y que se sometiesen-, todavía dejaban ver a los conquistados quién era el amo, matándolos algunas veces como nos muestran las imágenes de la Paleta de Narmer y los cuerpos decapitados descubiertos cerca de las fortalezas en Nubia durante el Imperio Medio; algunas veces esclavizaban a los supervivientes civiles y militares, destruyendo el sentido de sus vidas y quedándose sus posesiones.

Los enemigos caídos a veces eran mutilados y sus cuerpos abandonados a los cuervos, los buitres y otros carroñeros.

Después de la conquista de Meggido por Tutmosis III, los príncipes supervivientes rendidos al faraón, -y después de aceptar al rey egipcio como su amo supremo-, continuaron gobernando sus ciudades.

El botín era importante como un recurso de remuneración a los seguidores y era algunas veces la razón por la que no se conseguía la victoria militar. Durante la batalla de Qadesh los carros hititas parecieron abandonar la persecución de Ramsés II y al resto de sus fuerzas para saquear el campamento egipcio, lo que dio tiempo al faraón de reorganizar sus fuerzas y conducir a los hititas de vuelta hacia Qadesh. Tutmosis III ejerció mejor control sobre sus tropas en Meggido. El saqueo empezó después de que la victoria sobre los carros enemigos fue completa, lo que previno, de acuerdo con el cronista, la toma del pueblo al asalto. El botín pertenecía al faraón que lo distribuía entre aquellos que él consideraba meritorios.

Algunos territorios conquistados como Nubia y el Sinaí fueron anexados, siendo administrados por oficiales egipcios y controlados con la ayuda del ejército, mientras en otros sitios, como Canaán, los reyes locales sometidos a los faraones gobernaban con sus propios ejércitos.

La armada

De distinto modo que los griegos posteriores, quienes desarrollaron técnicas navales especiales (usados incluso por el Egipto del PeríodoTardío), las batallas marítimas del Imperio Nuevo egipcio y sus oponentes, los Pueblos del Mar, se luchaban con tropas terrestres llevadas en barcos. El despliegue egipcio de arqueros y el hecho de que los barcos egipcios podían ir tanto a vela como a remo, les dio una ventaja decisiva, a pesar de la inferioridad de los propios barcos, que iban a veces completamente llenos llevando doscientos cincuenta soldados.

Pero la armada era poco más que un medio de transportar a las tropas de manera rápida a la costa asiática. Tutmosis III empleó esta técnica con gran éxito.

Egipto perdió su rol de superpotencia maritima después del final del Imperio Nuevo. Los fenicios y los griegos se convirtieron en los principales ejes del Mediterráneo. Poderes continentales como los persas usaron a estas naciones de poderío marítimo para imponer su control sobre los mares.

Egipto renovó su armada bajo Necho II, invistiendo grandes cantidades en el desarrollo de birremes, y se halla posiblemente entre los inventores de los más poderosos trirremes en su intento de vencer a los persas. No fue un éxito y después su flota estuvo bajo el poder extranjero que controló el país. Docenas de barcos egipcios se unieron a la flota persa para luchar contra los griegos. La última de los Ptolomeos, la reina Cleopatra VII, unió fuerzas con el romano Marco Antonio en un intento de preservar la independencia de Egipto. Pero su flota fue vencida en Actium, lo que significó el fin del Egipto faraónico.

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