Murió Juan Antonio Cebrián
Yo tampoco me lo podía creer cuando me lo dijeron ayer por la noche. Es una de esas cosas que, por inesperadas, son increíbles (no porque alguien no pueda morir, sino porque es lo último que te esperas, porque siempre piensas que esa persona está ahí pase lo que pase).
Yo comencé a oír “La Rosa de los Vientos” hace relativamente muy poco, unos tres años y cuatro meses más o menos, porque mi pareja me habló de un programa que seguro que me iba a gustar, porque en él había de todo un poco y el hombre que lo conducía era genial. Y sí, aunque a veces me enfadaba un poco con algunas cosas que decían (no puedo evitarlo, el alma de historiadora me puede), adoraba ese programa, y sobre todo a Juan Antonio Cebrián, porque era una voz mágica, narraba como nadie la historia y te hacía interesarte por cosas que jamás hubieses creído. Eso es lo que lo hacía grande, pienso yo (y como yo, seguro que muchos).
Mi más sincero homenaje a este hombre, que como tantos, no se merecía morir, porque los buenos merecen vivir eternamente (y aunque él lo vaya a hacer en el recuerdo de todos sus seguidores, ¡qué queréis que os diga!, no es lo mismo).
La noticia:
Algunos homenajes: