Los mitos de creación egipcios (II). El mito Hermopolitano.

18, febrero, 2007 at 7:51 pm (Egipto)

En la cosmogonía Hermopolitana, el dios principal era Thot, pero no toma parte en la creación del mundo, ni siquiera en la doctrina que observaban sus adoradores. Se decía en Hermópolis que en el principio existió un grupo divino formado por cuatro parejas de genios, los Hehu, que constituían una Ogdóada, un grupo de ocho dioses. Si se tienen en cuenta una serie de textos de origen heliopolitano delante de estos dioses habría que colocar a Atum-Re, e incluso a Shu, puesto que los documentos más antiguos le atribuyen la paternidad de la Ogdóada. Está claro que este sistema cosmogónico está muy relacionado con el helipolitano. La Ogdóada fue indiscutiblemente, desde los orígenes, el elemento característico del panteón de Hermópolis. Su culto es tan antiguo que dio su nombre a la ciudad, llamada en su honor Khemenu, “la ciudad de los ocho”. Estos ocho dioses constituían una entidad indisoluble que funcionaba como una divinidad autónoma, porque sus ocho componentes obraban siempre al unísono, jamás individualmente, como ocurre generalmente con la Enéada helipolitana. La Ogdóada se componía de cuatro parejas divinas formadas por un macho y una hembra. Los machos fueron generalmente representados con cuerpo de hombre y cabeza de rana; las hembras con cuerpo de mujer y cabeza de serpiente. Sin embargo, la iconografía puede presentar diferencias notables cuando la Ogdóada se adapta a otros sistemas o se introduce en un mito que no reconoce su papel de demiurgo (la Ogdóada se compone otras veces de cuatro parejas de monos cinéfalos). También pueden cambiar los nombres de sus miembros, pero cada pareja recibe siempre un nombre masculino y su correspondiente forma femenina, nombres que traducen los diferentes aspectos del abismo inicial. Nun y su compañera Naunet son el Caos, el agua primordial. Heh y Hehet encarnan una noción imprecisa que pudiera ser el Extravío de las aguas que buscan una meta cuando recubren la tierra. También podría tratarse del Infinito espacial o temporal. Kek y Keket son las tinieblas. Amón y Amaunet son los Escondidos, lo Desconocido. Otros textos ignoran a Amón y a Amaunet, y nombran en su lugar a Niau y a Niaunet, las personificaciones del Vacío. Todas estas nociones son negativas e indican bien la naturaleza incoherente del Caos. Los egiptólogos han señalado el paralelismo estrecho que existe entre los términos egipcios y aquellos utilizados en el Génesis para describir la creación. Los Textos de los Sarcófagos influenciados por la tradición heliopolitana, consideraban a los miembros de la Ogdóada como a una emanación del demiurgo solar, mientras que la estricta doctrina hermopolitana no admitía a Re por demiurgo, sino que afirmaba, al contrario, que sus ocho dioses locales eran los creadores de la luz, los padres y las madres de Re. Una isla había surgido en Hermópolis entre las aguas del abismo primordial, y en esta isla, llamada de los Dos Cuchillos, los dioses ranas y las diosas serpientes habían depositado un huevo que al romperse dio nacimiento al sol, el creador y organizador de nuestro mundo. Los hermopolitanos no tenían una idea muy clara del origen de este huevo y sus explicaciones revelan la influencia de otros sistemas teológicos, particularmente el tebano. Los textos religiosos más antiguos no están ni siquiera de acuerdo en atribuir la postura del huevo cósmico a un ave determinada. A veces el ave parece ser un ganso, y otras un halcón; y el Libro de los Muertos parece a veces referirse al huevo de un pájaro macho. Al final no se sabe quién es el demiurgo no nombrado que se oculta en la cáscara del huevo cósmico. Quizás se trate de Shu, el dios del aire “que separa la tierra del cielo”, y la cáscara del huevo primordial habría sido el receptáculo del soplo de la vida universal. Esta sería al menos una explicación evidente para los egipcios, ya que “cáscara” (suhet) y “soplo de aire” (suh) eran, en su lengua, palabras prácticamente homónimas y que derivaban de la misma raíz. Un himno de inspiración tebana dice que en el interior del huevo se encontraba el demiurgo y lo identifica con el dios solar Re y con el dios nacional Amón. Shu, el dios del aire, ha perdido, por consiguiente, su papel de demiurgo. El mito del polluelo que rompe la cáscara del huevo cósmico y alza inmediatamente su vuelo, describe las experiencias de los hombres primitivos que habitaban los pantanos del Nilo y nada es más evocador que el grito estridente del animal divino difundiéndose en el abismo y llamando las cosas a la existencia.

Extraído de un texto de Elisa Castel

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1 Comentario

  1. Augusto Castellanos said,

    Hola Elisa Castel:

    Mi hija menor se llama Elizabeth Castellanos ¿coincidencia?…

    Estoy estudiando sobre las creencias del antiguo Egipto, como parte del desarrollo del pensamiento occidental y como modelo de interpretación de “la cosa” social.

    Buscando, buscando, me encontré con estos (tus) artículos, que me han sido de gran utilidad.

    Bueno ahora, por favor, sientete mas complacida, pues tu trabajo, aparte del gusto que te da al hacerlo, tiene mucho valor para otros, entre ellos, yo.

    Felicidades

    Cordialmente

    Augusto Castellanos

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